domingo, septiembre 03, 2017

¡Maquillaje!

Empieza el curso político. Perezón.

Lo ha inaugurado Mariano Rajoy, que representa al conjunto de la clase política española (o a lo mejor no), en un acto cerca de su casa de Pontevedra, porque una cosa es empezar el curso, y otra bien distinta tener que ir al cole con la que está cayendo. Luego el pobre tuvo que acercarse un momento al Congreso de los Diputados a no contestar a unas preguntillas incómodas que le hacían los grupos de la oposición. Desalmados.

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En el tocador.
A la vez los medios de comunicación revelan que Emmanuel Macron (uno que manda en Francia toda) se gasta 9.000 al mes en maquillaje (algo menos, para que el diablo no se lleve la mentira, 26.000 en tres meses). ¡Quién lo diría! Resulta que no es tan buen mozo, que parte es alquimia. Una parte importante por lo que se ve: conozco personas que con un poquito de colorete, algo de rímel y un toque de brillo labial dan fantásticas y se gastan algo menos.


Y ahora es cuando mi conciencia proletaria se enerva y, de repente, todo se me hacen preguntas.

¿No podría maquillar Rajoy esa connivencia maldita suya con la Iglesia Católica y dejar de financiar campañas insultantes (las de Hazte Oír son un buen ejemplo), de vetar pactos de Estado como el de la educación, por decir alguno, de abominar sobre el matrimonio homosexual, el aborto, la eutanasia…?
Seguro que se hace con menos de 26.000. Es más, igual hasta se gana un poco de dinero aplicando correctamente el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI) a las propiedades de la Iglesia no destinadas al culto de los fieles.

Otra más: ¿no podría este Mariano nuestro disimular esa cercanía a la derecha más estrambótica del país (toda ella dentro del PP porque a su derecha no hay nada) y convertir su partido en uno no cavernario, aunque fuera con un contouring, tan de moda, de ese que se hace Macron para realzar su aura napoleónica?

Y aún otra: ¿cómo es posible que, siendo el PSOE un partido más bien centrado, integrado y dirigido por personas nada sospechosas de rojos peligrosos, la distancia política que le separa del PP sea tan abismal? ¿Esto con un poco de crema antiedad y un antiojeras eficaz no se podría suavizar un poco?

¡Maquillaje!

Esto no se exige, es un ruego… ¡Sean menos de derechas! O, por lo menos, maquíllense un poco.

A estas alturas tengo la seguridad de que muchas personas del PP menores de 500 años (sí, he escrito quinientos), comulgan a la perfección con la separación definitiva de la Iglesia y el Estado, con un pacto por la educación alineado con la modernidad, con leyes como la de la eutanasia… Aunque la distancia política seguirá siendo grande (en lo que toca a la economía, a los servicios públicos, ectétera), este inicio del curso político sería un momento fantástico para distanciarse de las vetusteces y anacronismos que les hacen defender sus socios imposibles, sacudirse ancestros insoportables en estos días y aparecer como un partido moderno, liberal, ya se comprende, pero moderno. Esto con algo de crema base lo mismo se arregla.

Para la cosa de la corrupción me temo que no hay maquillaje que valga, ni con kilos de ácido hialurónico y toneladas de colágeno. A lo mejor también el arranque del curso político es buen momento para sacudirse de encima a tanto corrupto y aparecer de una puta vez, con la cara lavada. Evitaríamos el bochorno de volver a ver al presidente del Gobierno, todo sin pintar, en otra comparecencia ante el Congreso para no defender lo que, de todos modos, es indefendible.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 27, 2017

Supremacismo oftalmológico.

A veces pasa en Barcelona, otras veces en Charlottesville, en Kabul otras. Otras pasa en el propio salón de tu casa. El asunto es que siempre hay uno que se cree que es mejor que otro y, en algunas ocasiones, uno de los dos piensa que el otro no tiene derecho a la vida. Si consigues juntarte con varios y mezclas algún dios en tu razonamiento, ya tienes con quién y por qué matar.

Puede tener que ver con el color de la piel. Un amigo mío, de Madrid, ingeniero, alto y blanco (lo que así junto parecen atributos de un título nobiliario) me contó hace tiempo que había comprendido el racismo cuando sus padres, al terminar la ingeniería, le mandaron a hacer el correspondiente máster a la Escuela de Negocios de Chicago y descubrió que los nativos del lugar eran más blancos que él. Y lo sabían. De repente se había convertido en un vulgar latino. Supongo que se esforzaría en hacer comprender a sus compañeros de clase que él era en realidad europeo, aunque del sur. Que los latinos eran otros, que a él no había que odiarle tanto.

IMG-20170827-WA0000También puede tener que ver con la religión de tus padres. Digo la de tus padres porque las religiones no se eligen; más bien te tocan. A mí me tocó católico, de la confesión madrileña, que se debe parecer bastante poco a la de México DF que, a su vez, debe distar lo suyo de la de Charlottesville. Me borré al adquirir el uso de razón. Pero ahí quedan secuelas de la educación recibida, de eso que se han dado en llamar “los valores” en los que fui criado y de los que, en realidad, no llegué a renegar.

La cosa es que por un motivo o por otro, resulta sencillo encontrar razones para odiarse. Y las encontramos inmediatamente en el momento en el que advertimos alguna diferencia con cualquier otro, ya sea esta étnica, social, cultural… cualquiera vale.

Al colmo de la perversión se llega cuando aquellos a los que se escucha, los generadores de opinión, los dirigentes, las personas que influyen, pierden la cabeza y, lejos de invitar a la concordia, lanzan a la sociedad sus mensajes de odio por unos u otros medios. Un cura fascista en Madrid desde un púlpito, un presidente imbécil en EEUU desde Twitter, un imán enloquecido desde una mezquita, una periodista enferma de su propio fanatismo desde la columna de su medio.
Si además, como así sucede, no les pasa nada, el odio se convierte en la forma de estar en el mundo de pueblos enteros. De civilizaciones.

Yo, que soy un señor de gafas de toda la vida, he encontrado mi motivo. Sé que es confuso, porque hay mucho hipócrita andando por ahí con lentillas. Pero encontré mi diferencia. ¡Sea usted un señor con gafas! ¡Señora: no olvide sus lentes! ¡A las ópticas! Los demás, ellos, ellas, los que no llevan gafas, son especímenes menores de la raza humana, ínfimos seres carentes de dignidad. Pequeñeces de la naturaleza con las que el gran dios Rompetechos se ceba en su Gran Venganza.

Lleve usted gafas.

¡Y a por ellos!
El supremacista es obra de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 20, 2017

No tenim por.



(El texto en castellano está a continuación)

Avui el català és la llengua de tots, perquè és la llengua en què ploren els pobles que han perdut a 14 dels seus ciutadans.

És igual si eren o no d’allí. Un ha de tenir el dret a sentir-se d'allà on mor. O al fet que el sentin d'allà on l’han matat.

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Tenien fam de morts. Disset anys i tanta fam de morts que, quan se'ls va desbaratar la seva arma del terror a la casa d'Alcanar, es van tirar al carrer a saciar-com bèsties encegades per la ira. Ira de Déu. Quines coses! Quanta collonada li cap al cap a un tan curta edat! Quanta maldat a qui li convenç que onze o dotze mil verges l'esperen al paradís!

Es van tirar Rambla avall per assassinar. Rambla avall, morts. Es van tirar al carrer pel passeig marítim per apunyalar. Morts al passeig. Morts barats, morts low cost. Morts per un déu que necessita sang per engreixar. Morts d'una forma de matar inevitable.

La mesquinesa d'alguns (El Mundo, Arcadi Espada) els ha convidat a destil·lar tot l'odi que tenien guardat. La professionalitat d'altres (El País, José María Irujo) els ha donat ocasió per posar de manifest el mèrit dels diferenets serveis d'intel·ligència de l'Estat que, a les ordres d'un partit polític o un altre, han sabut contenir i evitar fins ara el que era tan difícil d' evitar (o inevitable). Els més vils aprofiten aquest crim per sembrar la intolerància insultant Catalunya o l'Islam. Els altres, tots els altres, ens adonem de quant ens estimem, de quant ens necessitem, de quant ens assemblem, encara que siguem tan diferents. I vam plorar en català.

Estàvem molt a prop. Ja han vingut a buscar-nos.

I no tenim por.

Texto en castellano.

Hoy el catalán es la lengua de todos, porque es la lengua en la que lloran los pueblos que han perdido a 14 de sus ciudadanos.

Da igual si nacieron o no allí. Uno debe tener el derecho a sentirse de allá dónde muere. O a que lo sientan de allá dónde le han matado.

Tenían hambre de muertos. Diecisiete años y tanta hambre de muertos que, cuando se les desbarató su arma del terror en la casa de Alcanar, se tiraron a la calle a saciarla como bestias cegadas por la ira. Ira de Dios. ¡Qué cosas! ¡Cuánta gilipollez le cabe en la cabeza a uno de tan corta edad! ¡Cuánta maldad a quien le convence de que once o doce mil vírgenes le esperan en el paraíso!

Se tiraron Rambla abajo para asesinar. Rambla abajo, muertos. Se echaron a la calle por el paseo marítimo para acuchillar. Muertos en el paseo. Muertos baratos, muertos low cost. Muertos para un dios que necesita sangre para engordarse. Muertos de una forma de matar inevitable.

La ruindad de algunos (El Mundo, Arcadi Espada) les ha invitado a destilar todo el odio que tenían guardado. La profesionalidad de otros (El País, José María Irujo) les ha dado ocasión para poner de manifiesto el mérito de los diferentes servicios de inteligencia del Estado que, a las órdenes de un partido político u otro, han sabido contener y evitar hasta ahora lo que era tan difícil de evitar (o inevitable). Los más viles aprovechan este crimen para sembrar la intolerancia insultando a Cataluña o al Islam. Los otros, todos los demás, nos damos cuenta de cuánto nos queremos, de cuánto nos necesitamos, de cuánto nos parecemos, aunque seamos tan distintos. Y lloramos en catalán.

Estábamos muy cerca. Ya han venido a por nosotros.

Y no tenemos miedo.

En el momento de cerrar esta entrada, leo con estupefacción los siguientes tuits:
“Malditos seáis, islamistas hijos de... Ya os echamos de aquí una vez y volveremos a hacerlo. España será occidental, libre y democrática.”
(Creo que en los puntos suspensivos viene la palabra "puta".) Es Isabel San Sebastián llamando a la guerra santa.
“Quizá habría que pedir ahora cuentas a los políticos que potenciaron la emigración a Cataluña de no hispanohablantes”
Este es de Alfonso Rojo. Y no sé bien a qué llama. Debe estar haciendo uso de su libertad de expresión.

El de Hermann Tertsch me da vergüenza reproducirlo aquí.

Tres verdaderos demócratas salvando la patria. Me cago en ellos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 13, 2017

Un tonto es un tonto.

Un tonto es un tonto, financie a Podemos o no lo financie. Y el que defiende o sostiene las posiciones de un tonto es difícilmente listo. O no es listo. O es otro tonto.

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Chávez y Maduro, charlando de sus cosas.
Maduro es un tonto. Luego le pasan más cosas, ahora lo vemos. Pero es sobre todo y antes que nada, un tonto.

(Me contaron que aquello del pajarito, esto que lo definió como un tonto delante de la humanidad toda, es una superstición ancestral venezolana por la que todo el que se muere se convierte en pájaro y que, por eso, cuando Maduro contó lo del pajarito que era Chávez y que le silbaba, no lo echaron a gorrazos del lugar, sino que todos lo entendieron, lo creyeron y lo aplaudieron. Pero sigue siendo un tonto.)

Esto no le quita un ápice de grosería a la derecha venezolana. Ni un ápice. La derecha burguesa de los países latinoamericanos es una derecha sin ningún tipo de escrúpulos, entregada a intereses económicos nada confesables y, seguramente, vendida a socios que tampoco se pueden confesar. En esto igual tiene razón el líder “empoderado” de IU, Alberto Garzón, aunque el resto de su discurso pro gubernamental caraqueño lo descalifique a mi juicio.

Maduro se ha desvelado como un dictadorzuelo bananero sin recursos intelectuales, ni de carisma, ni personales, ni de ninguna otra índole. Sin capacidad de liderazgo, sin soluciones a la crisis económica y del petróleo que vive la región, sin discurso, sin posición política, sin ninguna idea en la cabeza distinta de aquellas que pretende le sujeten en el poder: una asamblea constituyente al margen del Parlamento, una Fiscalía a su medida, un poder electoral controlado por el Gobierno, son tres buenos ejemplos de entre muchos. Un verdadero tonto. Y defender la dictadura en la que ha devenido su gobierno, con sus muertos, sus medidas antidemocráticas, su discurso hueco contra el imperialismo yankee, es una memez. Es una gilipollez, por temprano que se levanten.

Esto podría acabar aquí: Un tonto que jodió un pueblo.

Sin embargo, el PP ha convertido Venezuela en un asunto de interés nacional.

En esta dialéctica, de un lado y para algún sector del pensamiento político en España defender a Maduro es apostar por la “izquierda verdadera”, como si ese bobo representara a izquierda alguna, y atacarlo es alinearse con los intereses espurios de aquella derecha ultra liberal y malévola. Del otro lado, cada vez que con frecuencia machacona el Telediario de la 1 nos narra el detalle de todos los males de Venezuela parece señalar a Podemos (¿a toda la izquierda?) con el dedo acusador. De paso, distrae la atención sobre la pésima gestión del asunto catalán o la corrupción insoportable del propio partido. Ahí debe estar la génesis de la sobreinformación que soportamos acerca del particular.

Nada que defender de la oposición venezolana. Me pasa con toda la derecha latinoamericana, con la exclusión de Santos, que ha logrado la paz en Colombia mediante un complejo proceso de negociación política con las FARC. Nada que defender, decía, de la oposición venezolana, aunque sea injustificable el encarcelamiento arbitrario y sin proceso de sus líderes, como es injustificable, igualmente indefendible, la caricatura en la que Maduro, seguramente para no tener que volver a conducir un autobús, ha convertido su mandato.

Apenas hace unas semanas me sobrecogía al leer que ya no cabe el diálogo, que la única solución radica en el ejército. Hoy ladeo la cabeza y encojo los hombros. A lo mejor va y es verdad. Y el PP le seguirá sacando ventaja política a la situación, siendo, como es, que le sale totalmente gratis.

Qué aburrimiento de caudillos a uno y otro lado (de la escena política, del Atlántico, del pensamiento). Y qué difícil futuro se granjea la humanidad, que solo parece poder conformarse con ellos.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 06, 2017

Posado veraniego.

Esta mañana Mariano ha elegido un polito con la bandera de España en el cuello. Es muy veraniego y la bandera no recuerda al conflicto de Cataluña, sino que hace más bien de motivo náutico. Calzón azul marino, sobrio, para completar el atuendo.

Hoy es el día. Se tiene que hacer el encontradizo con los medios, que le esperan en una curva del camino. Se acerca a ellos desenfadado, con ese andar pulidín que nos trae y ese movimiento de brazos que parece que fueran de otro. Como Mariano no tiene abdominales que lucir, ni esquía en la intimidad, tiene que aprovechar un recodo del camino para dejarse sorprender e improvisar unas declaraciones que ha ensayado delante del espejo apenas unos minutos.
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Porque Mariano ya tiene muchas tablas con los periodistas. Y los de aquí son como de casa, no le pondrán en ningún compromiso. Es verano. Bastará con unas pinceladas sobre la recuperación económica y la caída del paro y un repasito rápido a Puigdemont.

Le ha pedido a su amigo José Benito que salga aseado a este paseo matutino, que hoy va a salir en todas las televisiones estatales. Todos los amigos de Mariano tienen un carguito, este es el presidente de la Autoridad Portuaria de Marín y Ría de Pontevedra. Un sueldo muy aseado y un presupuesto pingüe para gastar, comisiones aparte. Pero José Benito sabe que la novia es Mariano, así que se ha puesto más discreto para no eclipsarlo. Y en las fotos mira como para otro lado, así como quien no quiere que le pregunten a él. Y no le preguntan.
¡Es todo tan naif! Y queda tan natural.

El mes de agosto se presta a estas gilipolleces. Hace calor, la peña está con sus vacaciones. Nadie quiere leer noticas de pateras naufragando. Las casas reales y presidenciales preparan posados en los que destacar el lado humano de nuestros líderes. Ese lado humano en el que el presidente puede salir sudando como un cerdo, porque su asesora de imagen le ha dicho que no hay problema, que España necesita conocer sus imperfecciones, más allá de esa pasión incontrolable por el dinero B.

Los reyes ya posaron en Marivent. Estos, como todos tienen sueldo (la reina, él, la princesa de Asturias, que ahorra todo lo que no se gasta en chuches…) posan en familia. Toda la familia es patrimonio del común de los españoles y por ello celebramos esta unidad que trasladan, esta vida en unión, en comunidad, que nos hacen llegar. Diría que se cruzaron miradas cómplices si esto no se fuera a prestar a dobles interpretaciones, que la cosa está como está con los compiyoguis. A la reina, además de rebanarle y rellenarle todas las imperfecciones de su rostro e impurezas de la piel, le han quitado también el Smartphone y le han puesto un móvil de prepago sin datos, de los de antes, para que no envíe mensajitos, que se le daba fatal. Y luce espléndida. Las niñas, arreglás pero informales, están guapísimas tan sencillas. Miran a su padre con arrobo, es el Rey.

La mujer de Rajoy debe andar en zapatillas de estar por casa. Y el chico por ahí en chándal. No posan. No se visten más que para la cena y no todas las noches, que a veces se hacen un sándwich y se lo comen de dos bocados viendo Sálvame Naranja. Ella no tiene sueldo, así que no se siente obligada y no se expone más que lo imprescindible a la cosa mediática. Esa discreción hará que llegue lejos.

Ya es verano. Ya estamos todos en familia disfrutando de las tan merecidas jornadas de asueto. España descansa por unos días del ajetreo de la vida política. Nuestros prohombres adoran la vida en familia. Mariano suda, Felipe Rey no. Pero hoy no importa. Es el lado más humano de quienes rigen los destinos patrios. Y nos gustan así.

Bueno, a mí no. Yo, que soy un clásico, disfrutaba más de los posados veraniegos de Ana Obregón. Por… todo.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 30, 2017

El "trumpismo" o la aplastante lógica de aquel sentido común.




Donald Trump ya demostró en campaña que era algo muy parecido a un animal irracional (una bestia parda, un oso) y a pesar de todo salió del embate como presidente de los Estados Unidos de América. Notable.

Esto nos da una pista de la cantidad de bestias pardas que andan por ahí votando (no hablamos del caso de España, porque acaba mal).

Pero claro, esto da alas. Las bestias pardas del mundo se ven legitimadas para aplicar en directo, en vivo, todo el torrente de aquella suerte de sentido común que acopian. Y suele ser mucho.

Es el caso del sheriff del condado de Butler (Ohio) que, lisa y llanamente, ha decidido cortar la asistencia a los drogadictos y dejarlos morir sin hacer más por ellos. Sentido común de este que se debe almacenar por toneladas en el Medio Oeste: ayúdate a ti mismo. Tú tienes la culpa: no haberte llevado la jeringuilla a la vena. A esta monstruosidad la han llamado la solución Middletown (toma el nombre de un pueblo del mismo condado del que nace la idea). Y es la solución tipo Trump a un problema que ha cobrado dimensiones extraordinarias.

En EEUU crece exponencialmente el consumo de opiáceos y los casos de sobredosis se multiplican hasta llegar a cifras más que alarmantes (1,3 millones de atenciones hospitalarias en 2016). Es el paro, la inseguridad, el miedo… A este fenómeno, irreversible a juicio de algunos expertos, lo llaman ya “la epidemia”.

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La cosa es que por 40 dólares se puede arreglar el problema puntual. Es el coste de administrar a una persona que presenta una sobredosis un medicamento llamado Narcan (naloxona, para los que entiendan). El efecto del Narcan como antagonista de la heroína es inmediato. Y la persona se cura. Bueno, no se cura, pero no se muere de esa.

Lo llevan todos los equipos de asistencia en EEUU, paramédicos, policías, bomberos, primeros auxilios. Pero el sheriff Richard K. Jones se ha puesto en modo oso y ha resuelto que se acabaron las tonterías. Que tampoco le pone la insulina a los diabéticos. Que él está ahí para otra cosa y que lo que hay en su condado es mucha escoria humana a la que no él no va a ayudar a sobrevivir.

Los datos que nos ofrece Jan Martínez Ahrens en su reportaje de El País de hace unos días dan escalofríos. 60.000 muertos por la “epidemia”, más que en la guerra de Vietnam, más que por accidentes de tráfico, mayor causa de mortandad en menores de 55 años, estado de emergencia en Maryland, 28 millones de estadounidenses sin acceso al sistema sanitario que buscan el Narcan para conservar la vida.

Pero el sheriff de Butler, Ohio, ha encontrado la solución: se les deja morir y ya está. Sentido común. Puro sentido común de aquel, al más puro estilo Trump. Un concejal de Middletown, el católico y republicano Daniel Picard, ha matizado la cuestión con una propuesta más sosegada: a la tercera. Si a la tercera no ha pagado sus 40 dólares, se le deja morir. No vamos a estar pagando siempre los mismos para ayudar al que no quiere ayudarse, ha pensado. Puro sentido común.  Ha nacido la solución Middletown.

Me aterroriza pensar cuántas de las personas que conozco, con las que tomo café, con las que intercambio mensajes de WhatsApp o coincido en el autobús piensan igual y se preguntan “cuando la epidemia llegue a España ¿quién hará de sheriff Jones?”
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 23, 2017

Residuos humanos (países productores de)


Nuestra derecha nunca defrauda. Nunca.



Las declaraciones del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, no dejan lugar a dudas. Él no ha tenido la culpa.

¿Qué culpa? La de que hayan perecido 49 personas en el naufragio de una patera en el mar de Alborán. (En realidad no venían en una patera, sino en una neumática, pero patera* se ha acuñado como “transporte de negros muy pobres que se pueden morir en el Mediterráneo porque son irregulares”).

Y esa culpa ¿quién la tiene? Pues, obviamente, los países productores de residuos humanos.

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¿Existen los residuos humanos? Parece que el ministro opina que sí. Y por eso, precisamente por eso, es por lo que el Gobierno de España no tiene responsabilidad alguna sobre el hecho de que en sus aguas jurisdiccionales naufraguen y mueran las personas por miles. Porque no son exactamente personas… son migrantes.

¿Quién es el responsable de que quieran huir de sus países? Las mafias, los gobiernos que no saben gobernar… La pobreza. Nosotros no somos.

¿Y quién más lo sabe? Nadie más. O lo sabemos todos. El mismo ministro ya regañó la semana pasada a las ONG por empeñarse en salvar personas de su natural muerte por ahogamiento, porque “favorecen o potencian” la migración irregular. Pidió perdón. Pero lo que opina, dicho queda. “Favorecen o potencian” la migración irregular, dijo. Hay que ser ruin.

El ministro abruma después con los datos: no nos habla de las nuevas unidades que se han fletado para evitar la desgracia repetida, porque no las han fletado. Nos cuenta que vienen muchísimos. Más de diez mil en el primer semestre de este año, el doble que el año pasado, brama. Muchísimos. Asústense. Negros, hambrientos, ¡cuidado con el efecto llamada! Que no se enteren de que aquí aún se sobrevive. Que no se coman nuestra comida. Que no perturben nuestras calles. Que no asusten a nuestros niños ni trabajen nuestros campos. ¡Que no vengan! Que no vengan. Que no vengan aquí. Que se mueran en origen sin que nuestra conciencia occidental se tenga que estremecer rescatando sus cadáveres del agua.

IMG_0532_.jpgNosotros ya hacemos lo nuestro. Ya vamos a “hacer el esfuerzo” (Sáez de Santamaría dixit) de acoger a otros 500 (¡de 17.500!) de los que vienen de la guerra de Siria, total por un quítame allá esas bombas de racimo, que es que no aguantan nada. Será para septiembre. O incluso antes. ¿Qué más quieren? Migrantes dispuestos a sobrevivir a cualquier precio, aunque el precio sea no sobrevivir.

Mar de Alborán. 5 de julio. 2017. Se han ahogado otros 49. 49 de los mejores, de los que tuvieron los huevos o los ovarios de arrear con todo y escapar de la miseria. De los que no tenían nada y se atrevieron a buscar un poco, aunque fuera más allá de sus fronteras. Había niños, había mujeres, había hombres. Pero estamos tranquilos. Zoido no ha sido. Ahí tienen los datos. Vienen muchísimos. Protéjanse. Protejámonos (de Zoido).

*Una patera es una embarcación pequeña de madera, sin cubierta, con el fondo plano y poco calado, que se utiliza para pescar en aguas poco profundas. Solo cuando se llenan de negros son peligrosas.
Los dos dibujos son de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 16, 2017

La receta de la hostia


La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos no debía estar muy ocupada estas últimas semanas. Tampoco el Papa parecía tener muchísimo que hacer así que, ante la proliferación de vendedores de hostias no certificados, han escrito al alimón la circular “Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo”, cuyo texto, preñado de profundísimas consideraciones teológicas, viene a prohibir las hostias sin gluten.

Lo ha leído bien, hostias sin gluten.

Es talmente una circular, por lo que ha circulado (esto se comprende) por cada unidad administrativa de la sacra institución, haciéndose llegar a los ordinarios (los obispos con diócesis) con el encargo de que vigilen la calidad de la producción de obleas mediante la solicitud, incluso, de los certificados necesarios. No parece adecuado a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos que producto destinado a tan alto misterio se venda alegremente en los supermercados o por Internet, sin tener seguridad de si ha sido fabricado por persona suficientemente pía.

¡Señor, Señor!

No es doctrina oficial de la Iglesia Católica que zurdos y pelirrojos sean criaturas de Belcebú. Es solo la apreciación de algún obispo menos lúcido que nos regala de cuando en cuando a los ateos estas perlas para nuestro solaz y recreo. Debemos no obstante indagar sobre si lo son o no los celíacos (criaturas de Belcebú) o si, por el contrario, el empeño en administrarles hostias con veneno obedece a otras circunstancias. Por ejemplo, a que deban estos alérgicos ofrecer un sacrificio mayor al Cielo que sus correligionarios, por el mayor coste que soportan sus familias en su crianza y mantención.
También pudiera ser que guarde la Iglesia en el Cielo lugar preferente para celíacos y que, por ello, les exija un dolor extra en el tránsito terrenal que dignifique y haga merecedor a este extenso grupo de su mejor posición para la eternidad.

También (me inclino yo por esta última opción) puede ser que la Santa Madre Iglesia no se haya enterado de nada en estos últimos dos mil años.

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El asunto es que una hostia baja en gluten, inválida para el Sacramento por lo tanto, no es que contenga menos Dios, es que no tiene Dios en absoluto y, por lo tanto, el que la ingiere no entra en comunión con el Altísimo. Esto me hace recordar a aquellos curas cumbayá de los años setenta, que practicaban la eucaristía con pan común (de pistola, eso sí, nada de bagettes), en la creencia  de que a Dios, en realidad, no le importaba un pimiento convertirse en una u otra clase de pan. Bienintencionados e ignorantes, hicieron que toda una generación se pasara una década sin comulgar… Y así nos luce el pelo.

La cristiandad no celíaca respira hoy aliviada. La pureza de la hostia está a salvo de las veleidades gastronómicas que asolan nuestra cultura impía. Han quedado prohibidas las hostias de miel y quinoa, las de cinco cereales y las de sal del Mar Muerto enriquecidas con Omega 3, que empezaban ya a comercializarse. La receta no se puede consultar en Internet, eso sí, pero los textos de la legalidad vaticana la han definido con la precisión de un maestro asador.

Cuidado: la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos sí considera materia eucarística válida la elaborada con alimentos modificados genéticamente. O sea transgénicos. Quizás haya sido la ingesta de alguno de ellos por parte de sus reverencias lo que ha provocado tamaña estupidez.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 09, 2017

Tres presidentes vivos.



tres presidentes

¿Los han visto?

Los tres posaban en el photocall de Vocento con la gravedad que la situación se merece.

De derecha a izquierda de la imagen, González el primero, maudro, interesante, bronceado, seguro de esa seguridad de tener el Estado en la cabeza, que favorece tanto y abre tanto la sonrisa. En el centro Aznar. Pequeño, delgadito, con la chaquetita que se le ha quedado algo grande por lo que adelgaza el dolor de España. Él no tiene a España en la cabeza (pobre) la tiene en el corazón, y el sufrimiento le deja las chaquetas como caídas de hombros. El gesto lo desvela todo. Gravedad, aunque vista él de claro. A la derecha Zapatero. Zapatero, el quinto presidente de la democracia, sonríe con amabilidad. No se descojona, no, sonríe con amabilidad. Inocencia hecha presidente. Se irá enseguida. Se tiene que ir a Venezuela. Y su sonrisa es sincera, amigable. A este sí le compraría yo un coche de segunda mano.

Vocento los ha juntado para hablar por España. Bueno, no, para hablar contra Cataluña. Tampoco. Para hablar de los malos malísimos que quieren romper España.

Son los tres presidentes vivos. Los otros dos están muertos y el otro está gobernando y no tiene tiempo casi de nada. Ni de hablar de Cataluña siquiera. Ni de gobernar, prácticamente.

20170708_220012.jpg¡Qué bonita imagen! Tres hombres de Estado en pleno ejercicio de responsabilidad.

No veía nada igual desde las Azores. ¡Hay que ver lo que le gustan a José María estas fotos de tres en tres en las que él siempre es el bajito!

¡Cuánto interés ponemos en parecer de derechas! Cómo nos gusta darle la razón a los que hablan de vieja política. Que insensatez tan clamorosa aparecer en una foto con José María Aznar, verdadero padre del independentismo catalán de nuestros días, mentor honoris causa de Esquerra Republicana de Catalunya, que apenas tuvo representación parlamentaria hasta que la política territorial de mierda de aquel PP con mayoría absoluta exacerbó los ánimos nacionalistas hasta el infinito.

¿Qué necesidad habría de ponerse al lado de quienes no han hecho absolutamente nada para evitar que se llegara al estado de cosas que hoy padecemos? ¿Por qué tengo que permitir que se me asocie ideológicamente o por razones tácticas (ya hubiéramos querido algo de estrategia en esto) a esta derecha corrupta, antidemocrática y ultranacionalista?

¡Qué agotamiento!

A fuerza de querer parecer iguales, terminaremos pareciendo la misma cosa.
 
El dibujo es de mi hermana Maripepa. La foto de ABC.

domingo, julio 02, 2017

Orgullo


Uno se siente orgulloso cuando su hija termina una ingeniería o cuando acaba esa catedral de palillos que empezó a construir allá por los años 90. La condición sexual dudo que produzca una satisfacción determinada, más allá de las muchas que conlleva la libertad de follar con quien te dé la realísima gana.

Ser marica, pelirroja, lesbiana o zurdo, no produce nada. Luego uno escribe con la izquierda, se acuesta con otro de su mismo sexo o explica que, realmente, no es irlandés y aquí acaba el conflicto. Pero ¿acaba aquí?

Escucho a Juan Cruz en la SER decir algo así como que Pedro Zerolo se había convertido en “el patrón laico de una fiesta que llenaría de amor las calles de Madrid”. Veo a la alcaldesa pedir permiso a París para quitarle por una semana su bien ganado título de “ciudad del amor” para enarbolarlo en Madrid con motivo de este World Pride 2017. Orgullo mundial. La ciudad llena de banderas arcoíris. Hasta Cristina Cifuentes se contagia del fenómeno y la hace ondear en la sede de la Comunidad. Y siento cierto pudor.

IMG_4018Me joden tanto las banderas como los patrones (laicos o no).

Después veo el despliegue de medios de comunicación que se estaban haciendo eco de la carrera de tacones. La calle Pelayo cerrada al tráfico y un montón de locas sobre plataformas imposibles corriendo a todo correr para demostrar… demostrar… Bueno, corriendo a todo correr bajo un mar de cámaras retransmitiendo el evento en directo.

Mejor cobertura mediática, dónde va a parar, y mayor movilización social, que ante el naufragio de la última patera en el Mediterráneo, cuyo número de muertos nadie sabe determinar con exactitud. Muchísima más que ante el enésimo asesinato por violencia machista.

Pues ya me joden tres cosas: las banderas, los patrones y las carreras mundiales de zapatos con plataformas. (Sobre el III Campeonato de Destreza y Rapidez en Poner Preservativos no puedo opinar. Confieso no haberle prestado demasiada atención a pesar del llamativo récord obtenido por el joven ganador, capaz de colocar correctamente once en un minuto).

Estamos viviendo la crisis migratoria más dramática que se ha producido en la historia del mundo. Estamos padeciendo los procesos de “gentrificación” como una de las amenazas que se ciernen sobre las ciudades de todo el Globo. Y estamos celebrando un evento comercial de proporciones extraordinarias y carácter mundial en Madrid, so pretexto de reivindicar el orgullo que deberíamos sentir si fuéramos lesbianas, gays, transexuales, bisexuales, intersexuales o raros (traducido este último del inglés “queer”, que le pone la “q” a las siglas LGTBIQ, con las que se nombra al colectivo que defiende la diversidad sexual).

Oye, tú: ¡qué pereza!

Yo me siento orgulloso, muy orgulloso, de que España, con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, liderase mundialmente la legalización del matrimonio de personas del mismo sexo. De que Madrid se haya convertido en un estandarte de la tolerancia a la diversidad (sexual y de muchos más tipos). De que en Europa no se persiga la homosexualidad, sino que se asuma y se avance en su reivindicación, sin más trauma que un puñado de voces disonantes.

Habrá que seguir. Claro. Singularmente en aquellos países en los que estas conductas se consideran delictivas y se penan con prisión, cuando no con la muerte. Más cerca de casa, en algunos sectores especialmente homófobos que se empeñan en negar lo que ya es una evidencia y es que no todos vivimos bajo las mismas claves. Pero no estoy seguro de que esta exaltación de las plataformas, los tangas y las boas de plumas sean la fórmula.

Para llamar a las cosas por su nombre, vamos a incardinar este nuevo formato de la fiesta del orgullo gay entre las actividades de fomento del turismo, como un gran evento comercial. O sea, dinero y nada más: “Las grandes marcas se suben a la carroza del Orgullo en España”, titulaba El País. “Compañías populares como Vodafone, Spotify, PayPal, eBay y Facebook contarán con una carroza propia en el desfile del próximo 1 de julio del World Pride Madrid 2017”. Dinero. No es orgullo gay o LGTBIQ, no es lucha contra la homofobia. Es más fácil. Es negocio.

Yo prefiero las reivindicaciones sin patrones laicos, sin banderas, sin concursos de poner condones. Sin el patrocinio de Vodafone o Spotify.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 25, 2017

Metamorfosis urbana.

Si usted piensa en un alcalde con “a” grande de los que han pasado por España desde la democracia y tiene edad suficiente para recordarlo, probablemente se le vendrá enseguida a la cabeza Enrique Tierno Galván.

Si en un ejercicio de estos de asociación rápida de palabras le dicen “Ana Botella”, probablemente lo primero que se le ocurra sea “bochorno”.

El alcalde, la alcaldesa, de una gran ciudad es una persona singular, que adquiere con el bastón de mando una responsabilidad tan enorme como la de hacer de la ciudad un espacio amable para los vecinos, un proyecto en el que creer. Solo se le exige un requisito: tener un modelo de convivencia en la cabeza. Una idea de qué quiere hacer de la urbe en los cuatro años que tiene por delante para gobernarla. Qué hacer de la urbe, no en la urbe, que eso se nos puede ocurrir a cualquiera.

El ámbito rural tiene otros requerimientos. El alcalde, la alcaldesa, de un pequeño municipio tiene la misma responsabilidad, pero ha de acopiar más requisitos: el conocimiento directo de la ciudadanía, la comprensión de los sistemas de abastecimiento de agua o alumbrado público, la capacidad de gestionar en directo a los empleados municipales. Esta es otra cuestión. Muy otra. Da para otra reflexión.

Enrique Tierno Galván era politólogo, sociólogo y filósofo. Era bonachón, gran comunicador y comprendedor de la idiosincrasia madrileña, cuyo hecho diferencial consiste en la ausencia de hecho diferencial. Y no gestionaba. No gestionaba. Pensaba. Y muy bien. Por detrás tenía una compleja organización política liderada por Juan Barranco, de quién ignoramos si tenía  o no un modelo de ciudad en la cabeza porque el rato que fue alcalde, a la muerte de Tierno, no dejó opción y después nunca supo ganar unas elecciones en Madrid. Gestionaba. Barranco y la enorme organización política en la que se apoyaba gestionaban. Tierno Galván tenía un modelo de convivencia en la cabeza y transformó Madrid en un momento crucial de la historia de España.

Pascual Maragall fue el gran alcalde de Barcelona. Otro gran hombre, su hermano Ernest, se ocupaba de la cocina del consistorio, a la cabeza de la organización que tenía por oficio el de dar salida a aquello que se dieron en llamar las “maragalladas”. Siempre de habló de las maragalladas en tono peyorativo cuando, en realidad, eran las ocurrencias de un hombre genial que, cuando hablaba de Barcelona, hablaba del arco mediterráneo y de la implicación de la ciudad en su contexto geo-político-económico. Del papel de la ciudad en el ambicioso círculo de las grandes ciudades de Europa, al que Barcelona pertenece por derecho propio. Maragall transformó Barcelona hasta ponerla en los puestos de cabeza de esa red y la puso mirando al Mediterráneo.

20170624_235451.jpgManuela Carmena es, en mi opinión, una de las políticas más serias, formadas, inteligentes, capaces, del panorama español, ya busquemos en el ámbito municipal, autonómico o estatal.

¿Por qué, entonces, el único gran proyecto del que tenemos noticia en Madrid es la minoración de la deuda? ¿Por qué no conocemos su modelo de ciudad más allá del incremento del gasto social o el empeño por la calidad del aire (ambos fantásticos)? ¿Por qué la única gran infraestructura de la que estamos hablando es una tibia remodelación de la Gran Vía? ¿Por qué no se emplea el dinero presupuestado más que en un 60%, si es que se llega? La gran pregunta es: ¿quién dirige la ciudad mientras Manuela Carmena la imagina y la diseña?

¿Qué está sucediendo con esas fantásticas figuras políticas nacidas del empuje de la gente, como Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, de la que solo conocemos su lucha por ordenar el turismo en la ciudad (enorme, por cierto) y por remunicipalizar servicios públicos entregados a manos privadas por anteriores corporaciones? ¿No parece poco?

¿En quién se apoyan? ¿Quién, además de los votantes en los próximos comicios, tutela sus movimientos? ¿Quién aconseja sus decisiones, les ayuda a formar criterio sobre los grandes problemas urbanos? ¿Quién está diseñando la metamorfosis de las ciudades? Se producirá de todos modos, pero sin concierto aparente y, desde luego, sin beneficio para las personas que la habitan, si alguien no la ordena. Porque casi todo lo que pasa solo pasa para mal y en beneficio de muy pocos. Y todo el vacío que deja la política, que piensa en todos, lo ocupan otros con objetivos bastante más concretos y no siempre confesables.

Transparencia, honestidad, cercanía, credibilidad, son atributos de la política. Siempre debieron acompañar a la política y la “nueva política” los reivindica, abandera y ejemplifica. Pero no son la política.

Reducir la deuda seguramente importa muchísimo en términos macroeconómicos. En Bruselas deben estar encantados con nosotros. Pero no mejora un ápice la vida de las personas. Es un ejercicio de responsabilidad, sin duda, pero no es la aspiración de los ciudadanos, no es aquello que ilusionó a los votantes para dar un vuelco en el gobierno de sus ciudades. Falta el diseño de las políticas y la gestión de las cosas públicas. El tedioso ejercicio de convertir las ocurrencias en ideas y las ideas en proyectos tangibles que los ciudadanos valoren a pesar de las incomodidades que se producen por la ejecución de las obras.

La metamorfosis urbana se imagina desde el pensamiento político. La gestión de lo público materializa, hace verdad las ideas. El proyecto de ciudad ilusiona, convence, se interioriza por sus habitantes que se sienten identificados con lo que está sucediendo en sus calles. Y ahora no está.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 18, 2017

¡Y es que los pobres arden tan bien!



Mire a su alrededor. Todavía no tiene claro si la tele de 50’’ que se compró a plazos en El Corte Inglés es demasiado grande para el salón. La vitrina no, la vitrina es perfecta. En la habitación más cercana al sillón donde se descalza cuando vuelve del trabajo duermen los pequeños. A la niña la pusieron en el otro cuarto y acaban de instalarle una habitación de jovencita, porque ya va para quince.

Ahora imagínese que todo está en llamas. Sí, también los niños.

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¿Acojona?

Hacinar a una muchedumbre de personas que no tienen nada en una torre de veinticuatro pisos y forrarla de poliuretano no es una buena idea.

Ciertamente no sé a quién se le ocurrió, ni si las normas técnicas que regulan la construcción por aquel imperio lo permiten o no, ni cuánto dinero se ahorraron, pero no es una buena idea.

Theresa May no ha tenido valor para enfrentarse a las víctimas hasta el sábado. La Reina sí fue enseguida, a esta le importa un huevo. La premier ha puesto cinco millones de libras para echar una mano a los damnificados. Había escrito que “para lavar su conciencia” pero lo he borrado, no creo que su conciencia se haya estremecido lo más mínimo, lo sustituyo por “para lavar su imagen”. Va a impulsar una investigación. Muy seria.

El primer cadáver identificado, el de un refugiado sirio que vino a morir al primer mundo porque en el suyo se moría fatal. ¡Qué puto despropósito! Las crónicas cuentan que los musulmanes fueron los primeros en ponerse a las tareas de rescate, porque andaban de cena de Ramadán y les pilló despiertos en la madrugada. La Sexta decía que pudo haber sido la nevera de un taxista etíope. Computados cincuenta y ocho muertos a la hora de cerrar este texto. Desaparecidos hasta cien. Quizás nunca se lleguen a identificar todas las víctimas, dice la policía.

La cosa es que el edificio quedó esquelético en treinta minutos y lo vimos en directo, que las personas tiraban a sus hijos por las ventanas gritando para que alguien los cogiera al caer… antes de caer. ¿Usted se lo imagina? Pero es que todo está en llamas ¿no cambiaría una muerte segura por otra casi segura? Todo es en treinta minutos.

¡Qué imbéciles! Nos habíamos creído que lo primero eran las personas. ¡Pero qué imbéciles!

Las prioridades presupuestarias no pasan por la dignidad de las personas. Muchísimo menos si tienen apellidos raros o facciones poco comunes en esta latitud. Entonces muchísimo menos.

Y si hay que forrar un edificio de veinticuatro plantas de poliuretano, lo forramos. En realidad lo que arde no es el poliuretano. Lo que arde son los pobres.
El dibujo de la torre Grenfell calcinada es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 11, 2017

¡Ha sido el negro!


No creo incurrir en un delito contra los sentimientos religiosos si digo que José María Aznar es imbécil.

Me pongo así la venda antes de la herida, porque las cosas están muy serias en esta España de hoy y no se sabe a quién venera cada quién: uno trata de preservarse en libertad a cualquier precio.

Echarle la culpa al negro, sin embargo, ha sido excesivo incluso para mí, amante de Max Estrella y de don Ramón María. Hasta el esperpento tiene un límite.

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Señalando al culpable.
Y lo ha dicho: “Sin los errores de Obama, Trump nunca hubiera sido presidente de EEUU”.

Finísimo estratega, conocido mundialmente por haber visto armas de destrucción masiva donde no las había, y por ser el único en no reconocer su error y disculparse después de la masacre inútil, José María Aznar preside hoy el Instituto Atlántico de Gobierno, creado por él mismo, a mayor gloria de sí mismo, y que pasa por ser (así se autodefine) “factor de transformación, que plantea nuevas exigencias”. Casi nada… ¡Casi nada! ¿Cómo permanecer en FAES, esa organización pequeña y sin miras transoceánicas, con su potencial?

¡Echarle la culpa al negro! ¡Por el amor de Dios! ¿No le dijeron a este muchacho en casa que con los negritos no se mete uno?

Hablamos del hombre de estado. El jarrón chino (jijijijiji). El gobernante que se fue a los Estados Unidos a por la medalla de oro del Congreso y se volvió sin ella, aunque hablando un tejano de lo más académico, porque no fue nadie a verle pronunciar su discurso. Un discurso de tal altura, que ha pasado a los anales de la historia antes de que nadie lo escuchara (entiéndase aquí anal como el sustantivo que es y no como el adjetivo -relativo o perteneciente al culo- en el que está pensando). Hablamos del intelectual que compaginaba las clases magistrales en la Universidad de Georgetown con brillantes reflexiones públicas sobre quién era el Estado para decirle a él lo que tenía que beber y lo que no antes de conducir. El azote de la corrupción durante cuyo mandato el vocablo “sobre” adquirió significados -y valores- inalcanzables y al que ahora la Hacienda Pública reclama unos impuestillos que se olvidó de pagar.El dueño de una ley del suelo que causó la burbuja inmobiliaria más importante de la historia de España. Él. El analista con ínfulas de influencer que conjuga en sus declaraciones los atentados de Manchester con la duodécima del Madrid en puro ejercicio de dialéctica socrática.

Ahora es “factor de cambio”. Analista. Gurú. Europa debe estar tranquila: Él vigila. Nos guarda, escruta el panorama internacional y lo disecciona con certero bisturí. Denuncia al indolente, corrige al errado, señala en la correcta dirección el destino de los pueblos. El Instituto Atlántico de Gobierno desafía a los líderes mundiales con sus propuestas audaces: China, Rusia, EEUU. Todos, en suma, le escuchan temerosos de sus dardos incisivos.

Y no crea que es tan fácil: pruebe usted a decir “ha sido el negro” con los ojos entornados a la par que perdidos en lontananza, sin mover el labio superior y apenas el de abajo. Verá como la cosa tiene su mérito.

La profundidad de su mirada, los recios abdominales, el labio leporino, la labia leprosaria, el tono quedo, todo en él mueve a risa.

Una lanza esta vez a favor del Partido Popular: han intentado hacer que se calle. Vano afán; no se calla. Ni debajo del agua. No se calla. Es un verdadero insulto a la inteligencia de los españoles. Y de los de más sitios.

José María Aznar es el azote atlántico. Es el fiel de la conciencia de occidente. Así que todos con él: ¿Cuál es la causa de que los estadounidenses se decidieran por poner a Donald Trump a regir sus destinos? Los errores de Barak Obama. Ha sido el negro. José María Aznar dixit.
La foto de los muñecos de plastilina es de mi hermana Maripepa. Los muñecos también.

domingo, junio 04, 2017

PROCÉS.

James Cameron tuvo una idea genial cuando, para sortear los conflictos internos 10 minutosen su partido, inventó el BREXIT. La idea fue tan buena que… ¡ganó! Después se tuvo que marchar, eso sí, porque lo de sacar a Gran Bretaña de la Europa Común, en realidad no se lo creía ni él. La historia aclarará las consecuencias que tendrá para los británicos la ocurrencia de un político mediocre de intentar resolver un problema local mediante una decisión global.
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Superestellat

Artur Mas tuvo una idea similar. Afloraba la podredumbre que después le llevaría a cambiar de nombre a su partido para aislarlo en lo posible de los terribles casos de corrupción que comenzaban a asediarlo (sedes de CiU embargadas, caso Palau...). Lidiaba, además, con una situación de bancarrota institucional para cuya solución (no se debe olvidar que hablamos de un político altamente de derechas) no se le ocurriría otra alternativa que practicar las políticas de recortes más reaccionarias que ha vivido Cataluña, las mismas que sirvieron de guía meses después para el resto del Estado español. El adelgazamiento de los servicios públicos de la Generalitat estaba siendo tan brutal y el azote de la corrupción tan escandaloso que, para desviar la atención de todo aquello y después de una Diada memorable (2013) en la que las calles de Barcelona y otras grandes ciudades catalanas se llenaron literalmente de gente, Artur Mas inventó el PROCÉS. Luego también se tuvo que ir, porque la estrecha mayoría que la idea consiguió en las urnas (2015) después de haber planteado las elecciones como un plebiscito, le obligaba a contar con los votos de un socio, la CUP, que no le quería ni en pintura.
Es verdad que la política hace extraños compañeros de cama. La marca Junts pel Sí, que consiguió 62 escaños, era una mezcla entre la derecha burguesa y el nacionalismo de izquierdas, si es que aceptamos el hecho de que exista una izquierda nacionalista. Un  fenómeno exclusivamente catalán, si existiera, porque la izquierda siempre es internacionalista.
Aclaración: La idea obtuvo minoría en las urnas (47,74% de los votos) pero, traducida a la adjudicación de escaños, resultó mayoritaria. Milagro de la ley d’Hont.
Otra aclaración: Artur Mas y Carme Forcadell, presidenta por entonces de la Asamblea Nacional Catalana, dieron por supuesto que aquella muchedumbre en la Diada de 2013 era una aglomeración de independentistas enardecidos. Pero era 2013,  un momento de crisis importante, de destrucción de empleo, de pobreza, de desesperanza. Las calles no se llenaron solo de nacionalistas: era un grupo muy diverso movido por la necesidad de hacerse oír y  liberar la rabia contenida. Claro que también había nacionalistas, muchos de los cuales, seguro, serían además independentistas.
Una parte muy importante del pueblo catalán sueña desde tiempo inmemorial con un estado independiente. También  es cierto que dos legislaturas de Aznar vuelven separatista al más pintado. Tampoco ayudaría que después el PP impugnara un Estatut democráticamente aprobado, cuya literalidad coincide ce por be con otros, como el de Valencia o Andalucía, que siguen su curso legal sin tacha alguna. Menos, que el Tribunal Constitucional le diera, además, la razón.
Súmese a todo lo anterior lo bien que funcionan en las redes sociales, actuales medios de comunicación de masas, las ideas que se resumen con facilidad como libertad, independencia, hambre o justicia. Habrá cocinado un caldo de cultivo inmejorable.
Hablar de demagogia populista en este contexto es como de monjas. "¡Prefiero ser pobre, pero ser libre!", bramaba en la tele una señora con aspecto de estar bien alimentada, ante la pregunta de si asumiría el empobrecimiento de su comunidad a cambio del estatus de nación. Me temí que ni conocía qué es la pobreza, ni se resintió de la falta de libertad cuando no la hubo en Cataluña ni en el resto de España. Me sonrojé un poco.
Plebiscito perdido y todo, vetado y todo el gran hacedor, Carles Puigemont toma el relevo y proclama junto a Forcadell, ahora presidenta de la Cámara autonómica, que no cabe la marcha atrás. Que lo que nació como una inmensa cortina de humo se ha convertido en un telón infranqueable. Que la independencia de Cataluña es un hecho y que le importa un huevo que los ciudadanos, en realidad, hayan votado mayoritariamente a fuerzas no independentistas, porque la aritmética del Parlament es la que es y les da para imponerse.
El primer gran hito, el referéndum. La gran soflama: ¡Las urnas jamás dañan! ¡Una cosa es el referéndum y otra la independencia! Demagogia pura. Permitir la celebración de un referéndum sobre la independencia de un territorio es tanto como admitir que un territorio se puede segregar de España legalmente. No se puede separar la idea del referéndum de la voluntad de conseguir la independencia. Decir lo contrario es, simplemente, no sabérselo. Decir lo contrario sabiéndoselo es mentir. Populismo, decir lo que se quiere oír so pretexto de la seguridad de que la hipotética consulta fracasará. Pero ¿fracasaría? ¿Como el Brexit? Téngase presente que la lógica de los plebiscitos ha cambiado mucho últimamente. (Recuérdese también Colombia).
El PP, como de suyo, decidió hacer nada, salvo pedir el voto en catalán (haga el esfuerzo de recordar a Rafael Alonso recitando la frase "aixó no es veritat" en la lengua de Miquel Martí i Pol).  Ya hemos dicho en estas páginas que Rajoy se pone a no hacer nada y es un no parar. Solo nuestro brillante exministro de Asuntos Exteriores, el inefable José Manuel García-Margallo propuso una solución brillante al “asunto catalán”: como hombre de impecable trayectoria conciliadora e innegable capacidad intelectual, propuso quitarles las urnas, en el buen entendimiento de que sin urnas… ¿dónde iban a echar los votos? Porque lo que sí han dejado claro es que referéndum, lo que se dice referéndum, no va a haber.
No ha habido una propuesta de diálogo, un ensayo de solución constitucional que resuelva en definitiva el problema de la configuración del estado español para evitar la escisión de Cataluña y la subsiguiente del País Vasco, una oferta creíble de federalización que el PSOE enuncia pero no define. Ha habido dos posiciones: Los separatistas catalanes dicen “nos vamos” y el gobierno del PP responde “ni de coña”.
A todas luces se impone una negociación de altura (de políticos de altura, de política de altura) que, también a todas luces, pasa por una reforma de nuestra ya más que madurita  Constitución que determine de una vez por todas la organización de España como un estado federal, sin miedos, sin eufemismos.
Tampoco conocemos la propuesta de Estat Català que las formaciones independentistas tienen en la cabeza y dudo que los propios catalanes tengan asimilada una idea de organización política autónoma bien conformada. En realidad ¿qué sabemos del Procés? Volvemos a la postverdad. Se ha vociferado la palabra “¡independencia!” con tanta fuerza que todo un pueblo se ha sentido sojuzgado. ¿Sojuzgado? ¿De veras? ¿Por quién? Se grita “¡libertad!” tan alto y con tanta insistencia que, de pronto, los catalanes se sienten oprimidos. ¿Oprimidos? Por… ¿los de Madrid? ¿Los de mi barrio? ¿Es desde Murcia que los oprimen? ¿Ciudad Real, acaso?
Y ahí están las cosas.
El presidente del Gobierno de España ha asegurado que hará todo lo que tenga que hacer para evitar el referéndum y ha subrayado, todo. El president de la Generalitat ha respondido con una pregunta: ¿utilizará el señor Rajoy la fuerza contra el pueblo catalán? A esto llamamos diálogo porque, sorprendentemente, ambos dirigentes no han cruzado una sola palabra. Más bien se trata de ver quien la tiene más larga… pero sin enseñarla. Sin hablar. Sin acordar. Sin mirarse a la cara. Que me voy. Que ni de coña.
Un amigo me envía este recuerdo: El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, el día 7 de octubre de 1934, siendo presidente de la República don Niceto Alcalá-Zamora (conservador) y del Gobierno don Alejandro Lerroux (populista y demagogo), escribía en su página 51:
“En Cataluña, el Presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Català.
Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país.”
El dibujo del superhéroe es de mi hermana Maripepa.
La imagen digitalizda del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra pertenece a la Biblioteca virtual del Ministerio de Defensa.
Diario Oficial de la Guerra

domingo, mayo 28, 2017

Matar.

Un chico de 18 conduce a toda velocidad por las calles del pueblo con una chica al lado. Un anciano le increpa desde la acera por no respetar el paso de cebra por el que se disponía a cruzar. El chico detiene el vehículo, se baja, lo encara, le pega una hostia y lo mata. Después huye.
Un par de días antes, otro muchacho de 22 se probaba un traje de bombas con el que inmolarse en un concierto rodeado de adolescentes. Le sentaba bien. Se lo puso. Y también mató a unos pocos. 22 muertos. Casi sesenta heridos.
Este lo hizo por Dios, porque creía en uno que se pone muy contento cuando matas infieles.
El otro fue por sí mismo, porque cree estar en el derecho de golpear a un anciano que le regaña.
¿Qué coño nos pasa?
El uno ya está muerto. El traje de bombas se lo llevó al cielo de los que se inmolan en nombre de su Dios.
El otro está encerrado. Alguien se tomó la molestia de anotar la matrícula del coche que conducía.
IMG_0708Y, en realidad, los dos están muertos.
No hay cielo para los que mueren matando, ni para los que matan sin morir hay encierro que no se parezca demasiado al infierno. Solo hay muerte.
Solo hay la muerte del intelecto humano, que ya agoniza. Es parecida a la muerte cerebral del individuo, pero colectiva. Es cuando el encefalograma plano afecta a los pueblos en lugar de a las personas.
El ISIS reivindica la muerte del chico que se vistió de bombas y proclama su entrada premiun en el cielo de los que matan por su Dios. La familia del otro muchacho dice que al anciano debió darle un infarto o algo, porque el crío en realidad es todo corazón, incapaz de algo semejante a eso.
Muerte del intelecto humano.
Hay quien piensa que se puede matar. Por derecho propio o divino. Que se puede matar.
Y ¿saben qué? Que no se puede. En serio, no se puede.
Comparta esta entrada quince millones de veces y verá como mañana muere otra mujer a manos de su expareja. Compártala veinte millones y verá como otro muchacho se inmola entre una muchedumbre. No la comparta y verá como otro conductor borracho asesina a otro ciclista.
La humanidad no ha comprendido todavía que no se puede matar.
Incluso delante de la misma muerte uno puede escribir:
Donald y Melania
Algo no está funcionando.
El dibujo del joven con la cabeza hueca es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 21, 2017

Mercados 5, política 0.

Hoy es el día más triste.
El puto día más triste.
Es domingo de primarias.
A esta hora se decide aparentemente entre la continuidad y la ruptura, entre dos candidatos (el tercero no está, en realidad, jugando la partida) a los que hay que elegir por descarte.
Poco importa quién vaya a ganar (quién ganó si usted está leyendo esto el lunes). Mi pronóstico es un parlamento con el PSOE como cuarta fuerza política, con 50 diputados. Es una España sin PSOE. Como ya hay una Grecia sin PASOK, una Italia en PDSI, una Holanda sin PVDA, una Francia sin PSF.
Cuando esto sea verdad (a lo mejor nunca) alguien se preguntará qué no hemos hecho. Permítame anticipar la respuesta: No hemos hecho nada.
En julio de 2014, después del estrepitoso fracaso en las elecciones europeas de mayo (de 14 a 9 eurodiputados) y entendiendo el PSOE, por alguna razón desconocida, que debía “centrarse” para no asustar a los poderes económicos (IBEX 35), el aparato del partido apuesta por la opción más conservadora y encumbra a Pedro Sánchez a la Secretaría General, contra Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. Y ello con la inestimable ayuda de la federación andaluza, liderada por Susana Díaz. Ella, Ella (así escrita no por ser principio de frase sino por su propia condición mayúscula), Ella decía, retira su confianza al candidato a los 20 minutos de su proclamación, a lo mejor porque su apoyo estaba ya hipotecado desde el principio. El PSOE empieza a meterse hostias como panes. Públicas y privadas, en procesos electorales y en procesos internos. Como panes. De los de pueblo, de los grandes.
Pero esto no es más que el pasado.
Ahora son ellos dos. Hoy elegimos, de entre ellos, a uno. Ella, la que lo apoyó para derrocarlo quién sabe si pensando ya en sí misma, y él, el que se revolvió contra el aparato que era más grande que él mismo, que nació para la moderación y, por colocarse dónde las circunstancias le pusieron, aparece ahora como la izquierda más izquierda. La que representa la continuidad que quieren los notables del partido, el que representa la ruptura que parece querer la militancia. Por descarte, decía, intentando intuir cuál de ellos significará un desastre menor.
Dicen las encuestas que el uno ganará más votos que la otra en unas elecciones generales. Y sospecho que los dos, el que de los dos sea, quedará por debajo del 17% de los votos con el resultado en escaños que determine en cada circunscripción electoral la ley d’Hont.
IMG_0681Y ¿qué hemos hecho para evitarlo? Había que construir un discurso que convenciera de que tenemos un proyecto de Estado por el que merece la pena salir a votar (no digo a luchar, porque mueve a risa). Necesitábamos buscar hasta encontrarlo un líder al que no dé pudor escuchar. Importaba consolidar un puto partido de izquierdas que representara a la sociedad española y se supiera anticipar a la catástrofe ideológica y electoral que se avecina y que ya se anuncia por las socialdemocracias de todo el continente. Sin embargo, hemos entablado una contienda entre hermanos con un nivel de agresividad absolutamente impropio de correligionarios que persiguen un mismo bien común. Una reyerta/pelea/bronca tabernaria cuyas consecuencias en la organización están por escribir, pero no será gratis. Nos hemos dedicado, en suma, a mirar a ver quien la tiene más larga.
A la vez, la socialdemocracia se muere en Europa. Y simultáneamente, el sistema de partidos políticos, único que conocemos hasta hoy para el ejercicio de la soberanía por los ciudadanos, se desvela viejuno y se cambia por otro que no sabemos cuál es, basado en “movimientos” que conectan mejor con el sentir de las personas en la redes sociales. Ahí está Trump, contra su partido. Macron, sin partido.
La política desaparece. Todo el espacio que desaloja lo ocupa el dinero. Entran los mercados: Mercados 4, Política 0. Así está el marcador. Pero la partida sigue.
Y acojona.
Hoy es el día más triste. Se termina el PSOE en España.
Mercados 5, política 0. Este es mi pronóstico.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 14, 2017

Por Dios y por España.

No hay leyes, comisiones de expertos, informes, ni dictámenes, que consigan traicionar la memoria de todos. Ni siquiera la falsa Historia que escribieron y nos contaron lo consiguió.
A pesar de que la sociedad española ha demostrado sobradamente tener memoria de pez (aproximadamente tres segundos) para según qué cosas, hay otras que no se olvidan, que no se han olvidado. Algunas sí, pero hay otras que no.
Se ha olvidado, por ejemplo, que el embalse de Riosequillo, en Buitrago de Lozoya, fue un  campo de trabajos forzados que el general Franco, ganada la guerra civil, utilizó para resolver el grave problema que representaba tanto rojo preso obstinado en sobrevivir. Pero no se ha olvidado que el Valle de los Caídos fue otro. Eso no se ha olvidado, seguramente, porque el propio monumento y la intención con la que se construyó son de una infamia y proporción tan enormes que es imposible olvidarlo.
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En sentido homenaje
Espero que nadie asome un amago de sonrisa al leer estas líneas, pues ello podría dar con mis huesos en la cárcel y nada más lejos puedo apetecer. De otra parte, maldita la gracia que tiene el asunto.
No se trata de reabrir viejas heridas como insisten en decir quienes siguen disfrutando de la victoria tantísimo tiempo después. No se reabre lo que sigue abierto. Es cerrar viejas heridas. Muy viejas. Muy profundas.
La muerte del general dictador y el posterior proceso de transición que nos trajo hasta donde estamos pasó de puntillas por un asunto mayor: la reconciliación. Así se decidió que interesaba en aquella España de golpes de estado, de salvadores de la patria, de Rey restaurado. Y así se optó por olvidar para construir, sobre la falsa idea de que este era un país sin rencores, sin cuentas que saldar. Sobre la reconciliación se pasó de puntillas. Sobre la verdad se habló poco o muy poco. Y la reparación a las víctimas del franquismo ni siquiera se planteó.
Los actores de la transición olvidaron reconocer que España era un país post-genocidio. Y que una sociedad que ha padecido la persecución hasta pretender el exterminio de una de sus dos partes, es una sociedad que guarda rencor. Y no hay leyes, ni dictámenes, ni comisiones de expertos, que muevan ese odio hacia el amor fraterno. Ni democracia que pueda madurar sobre tanta indignidad.
No hablo de la guerra y ya sé lo de Paracuellos. Hablo de la postguerra. Y del miedo, de la persecución, el exilio, de los robos de niños, de los juicios sumarísimos, de la humillación, los paseillos, de las fosas comunes.  Hablo del genocidio.
Rendir culto cristiano al general genocida en la basílica megalómana construida a mayor gloria de sí mismo por los presos del bando perdedor es un insulto a la sociedad española. Incluso a la de los vencedores que, después de vencer, tuvieron que seguir venciendo año tras año hasta la Restauración.
Establecer simetría alguna, como así se pretende en estos días, entre los contendientes de uno y otro bando es una barbaridad histórica de tamañas proporciones. No hay simetría. Es mentira. Los unos se resarcieron entre vítores de los horrores de la guerra en cada uno de los días que mediaron entre el 1 de abril de 1939 y el 20 de noviembre de 1975. Los otros aún buscan a sus muertos por las cunetas del Estado. No hay simetría.
(Es obligatorio recordar aquí las inefables palabras de Rafael Hernando, que se atrevió a insinuar que sólo desentierran a sus muertos cuando hay subvenciones. El imbécil. Me encantaría saber si se hubiera atrevido a decir algo así refiriéndose a cualquier otro colectivo de víctimas. Pero las víctimas del franquismo no existen, se ve. De la querella que se interpuso en su momento por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica no se sabe nada. La chica que contó un chiste de Carrero en Twitter ya tiene sentencia. Condenatoria, por cierto.)
El enaltecimiento del franquismo no es un delito en España. Todavía. Nuestra democracia puso sus cimientos sobre el olvido. Claro, era el olvido de cosas que no se pueden olvidar. Y, claro, no se han olvidado. Solo tenían que olvidar unos pocos: los masacrados, los perseguidos, los arruinados, los rojos. Era como si hubiera que pedirles perdón por ocupar legítimamente el poder tras la muerte de Franco. Hubo que darles las gracias por permitir que los partidos políticos ayer prohibidos, hoy votados, electos, se sentaran en el Parlamento.
Incomprensiblemente, la figura histórica del general Franco, golpista, criminal de guerra a juicio de tantos, genocida al mío, aún no ha sido colocada en el sitio que le aguarda. El Partido Popular no quiere porque se sabe el heredero de su historia.
Y una parte de la sociedad sigue rindiéndole honores. En público. Brazo en alto. Con el beneplácito de los distintos gobiernos que se suceden desde entonces y el de la Iglesia Católica. En el Valle de los Caídos por Dios y por España.
El dibujo de los señores muy de derechas homenajeando al Caudillo es de mi hermana Maripepa

domingo, mayo 07, 2017

Redes.

No son ni buenas ni malas. Son solamente verdad.

Alguien ha dicho ya que no es que estemos en una época de cambio, sino que estamos en un cambio de época.

Otras veces usted se informaba como se informaba: Iba al kiosco, compraba el diario de su elección, ponía la radio, miraba las noticias en la cadena que mejor cuadraba con su forma de entender las cosas.

Las líneas editoriales y los intereses no siempre lícitos de los grandes grupos de comunicación guiaban nuestra forma de hacer criterio, unas veces para bien, otras no tanto.
Los intereses ya casi nunca lícitos de los grandes grupos de comunicación siguen guiando nuestra forma de hacer criterio sobre las cosas que pasan. Pero menos. Antes contábamos con la opinión más o menos cercana de nuestros compañeros de trabajo, de tertulia, de escalera.
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Personas informándose esta mañana.
Ahora también, solo que todas las opiniones de todos los opinadores están en todo momento y en tiempo real en nuestro teléfono móvil, tablet, ordenador, smartTV... Ya no se hace verdad la opinión sensata y sosegada de los padres de la comunicación. Ahora se hace verdad lo que se hace viral, sea esto cierto o mentira. Se hace verdad lo que a cada quién le da la gana, porque todo está en todas partes, todo, y puede uno escoger la verdad que más le irrite y convertirla en la suya. O la que más le conmueva, la que más le convenga, la que esté contando en cada momento el que acierte mejor con el modo de contarla, esa será la suya.

Lo bueno: Es imposible que le engañe uno solo, o que oculte cualquier suceso un interesado grupo de comunicadores. Lo malo: Usted ya no contrasta, no mide la calidad de la información que devora. La da por buena o mala según consiga o no alcanzar a su fibra sensible. Y a esto llamamos la postverdad, a lo que, sea o no cierto, se da por bueno porque se lo han contado muy bien o muchas veces. Usted ha perdido el interés por verificarlo. Piénsese que Le Pen está pasando como la candidata de los obreros de Francia. Y esto no es verdad, en serio (nada más turbio que intentar hacer bueno que un partido xenófobo y de ultraderecha represente a nadie pobre), pero lo han convertido en viral y, por ende, en certeza.

Así se devalúa el contenido del pensamiento político. La verdad de cada quién, para que se haga viral, esto es, para que sea certeza en el contexto social en el que nos movemos, ha de caber en 140 caracteres. Y eso hace que los mensajes que nos llegan sean realmente pobres. Muy muy pobres.
La comunicación política ya no se hace desde le tribuna parlamentaria, ni en las trabajadas páginas de la prensa especializada. Se hace en las redes sociales. No es bueno ni malo, es simplemente así. A nosotros nos toca, pues, la parte más difícil: la de discernir. No se lo van a enseñar en la Universidad, ni hay cursillos on line para aprender a detectar lo que tiene calidad y separarlo de la basura informativa. La inteligencia para filtrar la información la tiene que poner usted. Declárese harto de leer bajo la presunta firma Antonio Fraguas (Forges) el relato que un señor de derechas escribió un día que estaba muy enfadado y denunciaba que nuestros gobernantes no saben inglés: La red hace cosas extrañas.

Donald Trump, cuyo pensamiento político, verdaderamente, cabe en un tuit y le sobran caracteres, puede ganar unas elecciones y gobernar el país más poderoso del mundo valiéndose de un social manager habilidoso y de una aplicación de móvil. Incluso Le Pen le recortaba distancias a todos los demás juntos, resumidos en Macron, a base intoxicar la red con el mensaje delirante de que representa al pueblo. En este mismo momento alguien lo estará dudando camino de las urnas.

Las redes sociales están. Han venido a quedarse y a formar parte de nuestra manera de interpretar lo que sucede. De usted, solo de usted, depende que la verdad que escoja de entre todas las que ponen a su disposición sea realmente una verdad asumible por el pensamiento crítico.

También puede escoger la otra, pero eso no le convierte en nada de lo que se pueda sentir orgulloso. (De que sus hijos se puedan sentir orgullosos olvídese: Si es menor de 20 solo le prestará atención a los youtubers de éxito. Están en la red.)
El dibujito es de mi hermana Maripepa.