domingo, abril 15, 2018

Barcos de guerra



El Príncipe Heredero de Arabia Saudí viene a España y se hace pública su intención de negociar un contrato para la construcción por Navantia de cinco corbetas “Avante 2200”.

La ONG se ponen en pie de guerra y piden por todos los medios a su alcance que el contrato se paralice. Que no se le vendan armas de guerra a un país del que se pueda sospechar que va a usarlas para vulnerar los derechos humanos o para emprender acciones bélicas contrarias a los tratados internacionales.

Rafael Hernando, que no es un tipo listo (ni discreto), se enfrenta a ellas diciendo algo así como que todas estas ONG que se oponen al encargo y viven de los impuestos de los españoles deberían contratar a las personas que dependen de él.

El negocio de las armas nos repele a todos (menos a Rafael Hernando). Sirven para matar las venda quién las venda. Lo que pasa es que, según quién las compre, intuimos que las usará para matar mejor o peor (si se puede diferenciar entre matar mal o bien).

Nadie tiene dudas de que el naval constituye uno de los sectores estratégicos más importantes de España, que carece de otra industria pesada desde que Aznar decidiera venderle la gran ENSIDESA a un coleguita en plena fiebre privatizadora.

En el sector naval militar solo otras siete u ocho empresas compiten con la española Navantia en todo el mundo. Es un sector altísimamente especializado, complejo y lo representa una empresa pública que, entre Ferrol, Cádiz y Cartagena emplea a 5.500 trabajadores y generó en 2010 en torno a 38.000 empleos entre directos e indirectos.

20180415_011822.jpgDe otro lado, las relaciones comerciales entre España y Arabia Saudí pasan por los contratos petrolíferos y los de infraestructuras ferroviarias, unos hacia acá y otros hacia allá. Este de los barcos podría suponer unos 2.000 millones. Fomento está identificando oportunidades por 32.000 millones más en contratos para los próximos 10 años.

A lo mejor estas cifras son las que hacen que tengamos tan buen concepto de essa gran nación y otro mucho peor sobre, por ejemplo, Venezuela, que no sabemos que esté escabechando ningún país cercano, pero cuyas cifras de negocio con España no alcanzan, ni con mucho, estas magnitudes. En cualquier caso, también a Venezuela le vendemos armas.

La lista de países a los que exportamos material de guerra es larga y la legislación que controla este negocio laxa porque, si bien es cierto que exige como condición que el comprador certifique que no las va a usar para hacer con ellas cosas feas (usarlas para vulnerar los derechos humanos o para emprender acciones bélicas contrarias a los tratados internacionales), también lo es que la autorización de la venta se firma en un acta secreta en el seno de una comisión interministerial de la que poco o nada se sabe.

Al final, por resumir, los extremos del debate parecen ser dos:

Uno, que Arabia Saudí no es una democracia. Ni se parece. Su actividad bélica en Yemen en la actualidad está horrorizando al mundo.

El otro que España vende armas. Y no pocas. Y que son para matar.

Y la conclusión es difícil.

Podríamos dejar de vender armas. Nadie duda de la turbiedad de este negocio. Luego vemos cómo estabilizamos la balanza comercial,  como reconvertimos esta industria, o cómo nos proveemos de las necesarias (si es que es necesario proveerse de armas), porque tendríamos que dejar caer nuestra industria naval militar: los encargos de la Armada Española no alcanzarían ni con mucho para mantener el sector, mucho menos en un nivel tecnológico puntero, como es el caso.

También podemos, solo, dejar de vender armas a los “malos”, como así se exige en los tratados internacionales y en la legislación europea y española. Ahora tocaría que listáramos el censo de “malos”. Pero elijamos antes con mucho cuidado a quien haya de determinarlos, por si no pensáramos todos lo mismo y cada cual se pudiera construir su propio “eje del mal”. De paso, podríamos poner un punto de transparencia en estas decisiones y en los currículos de quienes las toman, no sea que la cosa sea más turbia de lo que parece. Curiosamente, Arabia Saudita no está en lista alguna que le impida este tipo de compras. A saber por qué.

También podemos romper las relaciones comerciales y diplomáticas con Arabia Saudí (decisión que, sin duda, sería muy celebrada entre otros por mí). Entiéndase que dejamos también de construirles infraestructuras de “alta velocidad” o de comprarles el petróleo con el que echamos gasolina a nuestros coches y encendemos la calefacción.

En mi opinión, lo que no se puede hacer es, solo, dejar de venderle cinco corbetas “Avante 2200” a Arabia Saudita. Sirva de aclaración que la corbeta se destina habitualmente a la vigilancia y protección de las aguas territoriales, que no suele desplegarse a escenarios alejados del país en acciones de guerra, a pesar de que lleva un cañón en la proa que la diferencia claramente de un barco de recreo.

Esta manía de buscar (y a menudo encontrar) soluciones fáciles a problemas tan complejos, conduce directamente a la melancolía. La geopolítica es una disciplina que exige de cierto conocimiento global sobre las cosas del mundo, amén de algún entrenamiento y sobre la que, para hacer criterio, se precisa de mucha información.

Opinar sobre todas las cosas es bien fácil y ahora también lo es propagar nuestra opinión a los cuatro vientos, pero valore que le vendemos armas para la guerra a regímenes de los que ni usted ni yo nos enorgulleceríamos. Es solo que, como no lo sabemos, no ponemos el grito en el cielo por ello.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Los datos técnicos sobre la industria naval militar, de mi amiga Montse, que es de Ferrol.

domingo, abril 08, 2018

Elefantes

Usted creyó ver elefantes. Pero no era eso.

Parecían vagar por la autopista, despistados, pero no.

El que avanzaba con más decisión, autopista adelante, escondía a la pequeña hija de los reyes de España quitándose del hombro de un manotazo el brazo de su abuela sin mover un ápice la sonrisa hierática que no se desfiguró ni por un instante. Porque para ser reina hay que sonreír sostenidamente durante lapsos de tiempo larguísimos, hasta que el protocolo te permite meterte en el váter y sonarte los mocos. Y esto doña Leonor lo sabe. Doña Letizia se lo ha aprendido ahora, pero doña Leonor lo ha interiorizado desde el fondo del moisés Luis XVI en el que hizo sus primeras cacas regias.
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Elefantes en la pista principal de un circo enorme

Lo otro que parecía un elefante caído desde un camión caminando hacia ninguna parte, era la presidenta de la Comunidad de Madrid, que estaba falsificando unas cosillas para seguir manteniendo la suya. Esto, sin duda, tiene que ver con el interés público: No hay elefante más inamovible que el que no quiere dimitir, pero no vayan a creer que es cabezonería, es que doña Cristina –Cifuentes, que cristinas con cosas turbias encima hay por lo menos otra— sabe que su digna Presidencia beneficia a Madrid y a España toda.

Otro tomaba el aspecto de un elefante muerto (¡trampantojo!). Camuflaba en realidad la doctrina que vende una editorial de libros de texto, Casals, que bajo la apariencia de cosa científica difunde entre los adolescentes la extraña especie de que la forma más efectiva de lucha contra el SIDA y otras enfermedades de origen sexual es la abstinencia. Acompaña a esta medida la de la fidelidad, lo que parece indicar que la especie no está en riesgo, habida cuenta de que solo sin follar, el SIDA se acabaría, pero la humanidad también. Y tal impacto causó sobre la bestia muerta el hallazgo de un conocimiento de tanta envergadura moral, que optó por sacrificar la vida y entregarla a mejor fin.

La que sangraba y daba vueltas sobre sí misma no era una elefanta, era la mismísima Cataluña. En el interior del enorme animal se hallaban Puigdemont, el que fuera major de los Mossos d’Esquadra, consellers huidos, jueces españoles, jueces alemanes, consellers presos, gobiernos enteros usurpando la acción (inacción) de otros gobiernos, los Comités de Defensa de la República… prestidigitadores varios ocupando la pista principal del gran circo en el que hemos convertido este viejo país nuestro.

A lo mejor el último animal inmenso de los cinco que se desparramaron por la autopista eran tuiteros diciendo por ahí que hubieran preferido que se matara el domador.

¿Elefantes? ¡Eso es lo de menos! En España un autobús lleno de elefantes se puede meter una piña en la carretera y dejar suelta la manada a la altura de Albacete. Pero el verdadero circo no es el Gottani, no nos engañemos. El circo lo llevamos puesto. Y no da ni un poco de risa.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 01, 2018

Cornetas, mantillas y otros exorcismos


En este frenesí involucionador que nos lleva a la lucha por la cadena perpetua, a la segregación de los territorios, al diseño de contenidos curriculares delirantes o a la persecución de según qué tipo de manifestaciones artísticas… En este frenesí, digo, las banderas a media asta en señal de duelo por la muerte de Jesucristo en todas las instalaciones militares del país, nos recuerdan que la aconfesionalidad del Estado también está en crisis.

Quiero suponer que cuando resucite (no me hagan mucho caso, pero a la hora de escribir estas letras tengo la sospecha de que el domingo ya todo estará resuelto) las banderas ondearán a asta y media, mostrando así regocijo y exaltación.

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Un novio de la muerte.
Este año se nos ha hecho viral el video de la Legión llevando a cuestas un cristo enorme a la voz unánime de la cancioncilla popular 'El novio de la muerte', que viene a recordarnos en modo cuplé las heroicidades de un valeroso soldado que, con tal de reunirse con su amada ya difunta, se dejó matar en la Guerra del Rif (1911-1927). Tan viral, que los noticiarios televisivos se han hecho eco y nos han enseñado a cuatro ministros (¡cuatro!) del Gobierno de España presenciando el acto religioso-castrense.

¡Si Carme Chacón levantara la cabeza!

Lo magnífico del caso es que los cuatro ministros ¡se la sabían! y la entonaron con marcial fervor haciendo una su voz con la Legión Española. Íñigo Méndez de Vigo, con su carita de pan no apto para celíacos, María Dolores de Cospedal, presidiendo la cosa, Juan Ignacio Zoido, que le pillaba al lado de casa y Rafael Catalá, acompañaron a la Legión en el traslado del Cristo de la Buena Muerte, más conocido como el Cristo de Mena, a su trono procesional. Y se la sabían.

Tal derroche de inconstitucionalidad y en fechas tan señaladas, me trae a la cabeza la reciente puesta en marcha de una nueva edición de cursillos para exorcistas a cargo de los legionarios, en este caso los de Cristo. No los del Cristo de Mena, los Legionarios de Cristo a secas.

La organización creada por el padre Maciel, violador de niños, lleva ya años impartiendo entre sus adeptos formación en esta disciplina, que busca luchar contra el Maligno en cualquiera de sus manifestaciones y, más especialmente, cuando se encarna en un ser humano y le hace girar la cabeza 180 grados y proferir blasfemias e insultos de todo orden, preferentemente en lenguas muertas.
Mézclense sin agitar estas pasiones y habremos obtenido la solución a nuestros innumerables problemas. Imaginen, legiones y legiones de personas bienpensantes, armadas con cuenquitos de agua bendita, expulsando demonios de independentistas, raperos, feministas, titiriteros, escritores, ‘yayoflautas’, fotógrafos, políticos que dicen que tienen un máster, enemigos todos de la madre patria.

¡Sal de ese cuerpo! Le gritaría enfebrecido  el exorcista al buen Junqueras, clavando los ojos en el espíritu que lo habita. ¡Sal! Proferiría amenazante salpicando enérgico con el rociador el rostro desencajado del abuelo protestón. ¡Sal! Ordenaría al ser diabólico que se incrusta en el cerebro atormentado de Valtonyc.

Y, entre tanto, Cospedal, Méndez de Vigo, Catalá, Zoido, entonando con la mirada perdida en el infinito El novio de la muerte.

Imágenes de preciosismo político, de liberación del intelecto (de completa liberación del intelecto… de ausencia de intelecto, me atrevería a asegurar), adornando el camino en marcha atrás que conduce a esa sociedad perfecta que han diseñado para nosotros. Esa en la que solo unos pocos elegidos se encuentran en plenitud, aunque sea a costa -eso sí- de todos los demás.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 25, 2018

Cárcel



Otro puñado de políticos independentistas catalanes han pasado estas dos últimas noches en la cárcel. Y apunta a que van para un rato. Una más ha salido de España para eludir a la Justicia.

Y no hay nadie hablando.

La crisis política más grave que se ha vivido en España desde la muerte del dictador se está resolviendo en los tribunales, a golpe de auto.

Rajoy gana.

Ya quedó establecido que se trata del único animalito del bosque que, sin necesidad de moverse, avanza. (Lo dijo Iñaki Gabilondo en uno de sus post multimedia en los que siempre la clava). Y ya “causa estado”; no se discute: sin necesidad de moverse, avanza.

El coste parece no importarle a nadie. En este caso el coste es España.

A Rajoy no le interesa el diálogo, no le interesa el pacto, no le interesa la solución política de este problema que es exclusivamente político. Rajoy quiere rendición. Ya le ha pasado más veces. Rendición. Con ello rinde culto a su parroquia. Nada que negociar. Ninguna concesión que hacer.
A Rajoy le interesa el enorme rédito electoral que le proporcionan estas decisiones judiciales que le llegan (¡oh grandeza de los calendarios!) cuando el Partido Popular vive sus horas más bajas atenazado por la corrupción, por Ciudadanos, por su inmensa minoría parlamentaria, por la incapacidad para la negociación de los presupuestos…

Su estrategia: resucitar el nacionalismo españolista que creíamos felizmente acorralado en un reducto ínfimo de señoras y señores muy de derechas. Y resucita a mayor gloria de Mariano Rajoy, envuelto en banderas constitucionales y blandiendo amenazante papeletas del PP para las próximas 100 contiendas.

El nacionalismo catalán, al que hemos visto crecer y multiplicarse ante nuestros propios ojos, se enfebrece y clama. Burla a la Justicia, sortea las leyes, juega al no gobierno  mientras los dueños del 155 manejan las instituciones antes autónomas de Cataluña. Una declaración institucional que no representa a la Institución, llama al movimiento por la salvaguarda de los derechos humanos.

Ya me sé lo de la separación de poderes, pero insisto (sé que me repito) en que el Estado es trino, pero uno. Y sus tres personas se hablan, se miran, se complementan, recorren como uno solo, el propio Estado, ese mismo camino al que, hasta aquí, conocíamos con el nombre de “bien común”.

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Cinco más.
Cinco políticos más en la cárcel y otra más huida no contribuyen en alcanzar solución alguna. Más bien sucede todo lo contrario.

Pero esto al Gran Mariano le importa un carajo. Él quiere derrota. Y va a ganar esta batalla.

Apostamos sobre el final de este episodio fatal: El gobierno de Ciudadanos amnistía a los condenados del Procés cuando, dentro de ocho o diez años, el asunto se crea olvidado. Un gobierno de gelatina mandando en Cataluña. Medio pueblo catalán odiando al resto del pueblo español. La mitad del resto del pueblo español odiando a esa misma mitad del pueblo catalán. Medio pueblo catalán odiando a la otra mitad de su propio pueblo que, a su vez, los odia a ellos. Y un grupo encastillado de nacionalistas recalcitrantes insistiendo en no reconocer otra república que la catalana para volver a empezar desde cero. En ocho o diez años. Política 0, Mariano 1, aunque le valga para muy poco esta victoria, porque será solo de una batalla y no de su guerra.

Pero esto será después. Hoy lo que importa es que cinco compatriotas más están en presidio, por haber creído en una idea y haberla defendido a costa de la legalidad vigente. No conduce a nada, pero delinquieron y la paz jurídica así lo exige. Rendición. Mariano 1, España 0.

Cinco nuevos políticos independentistas catalanes llevan dos noches durmiendo en la cárcel. La política no ha servido para nada. Hablan los autos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 18, 2018

Sed



¿Cuál es la dosis exacta de odio que necesita usted para sentirse bien?

La media es alta. Los comportamientos aberrantes generan una extraña reacción en la sociedad.
Sobran los ejemplos. Y la cosa es como cíclica.

Recuerdo el episodio que protagonizó la periodista Nieves Herrero, allá por el año 1992, en torno a la desaparición de las tres niñas de Alcàsser y que fue el detonante de una repulsa generalizada sobre el abuso de los medios de comunicación en el tratamiento de estos dramas, mucho más en busca de aumentar su audiencia que de prestar un servicio público de mediana calidad.

Poco duró la moderación. Y de poco ha servido esa lección no aprendida.

A estas alturas ya no me sorprende (me jode, pero no me sorprende) que la lucha por las audiencias degrade estas noticias dramáticas (tan dramáticas) hasta hacerlas pasto de la caricatura que implica toda exageración. No me sorprende que se prescinda del respeto más elemental por los hechos en sí mismos y por las personas que están a su alrededor, convertidas en protagonistas involuntarias del espectáculo aterrador de su propia tragedia.

Algo más me asombra la lucha por sacar de ellas ventaja política. El bochorno que vivimos el jueves en el Congreso de los Diputados, después de invitar a la tribuna a madres y padres de chicas y chicos víctimas de la brutalidad con la intención de obtener un clima de movilización política a favor de unos y en contra de los otros, mueve a la indignación. Aunque ya no sorprenda. Los cambios de opinión a la carta de según qué fuerzas políticas... Eso sí sorprende, aunque ya no indigne porque los sepamos capaces de eso y de más por lograr su objetivo.

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La ración de hoy.
Sin embargo, no puedo evitar dar un paso más en el intento de comprender qué pasa. ¿Por qué las horas y horas de información morbosa y repetitiva despiertan ese interés casi unánime? ¿Por qué suben las audiencias? Las cadenas no demuestran el pudor más mínimo: saben lo que buscan, lo obtienen y lo tuitean apenas terminan los programas especiales: ¡¡22% de cuota de pantalla!! ¡¡26%!! ¡¡Récord!! Y lo proclaman a los cuatro vientos.

Es su logro. Es su negocio.

Pero usted y yo lo consumimos.
Mirando, odiando, profiriendo las barbaridades más groseras, deseando el mal, el peor de los males. Las redes sociales se incendian de odio, del odio más soez, los noticieros ayudan ofreciendo todo tipo de datos, de ellos, de sus familias, de su pasado… los políticos movilizan a propios y extraños en busca de su rédito electoral, llamando a esa especie de rabia colectiva que pretenden convertir en votos, y todo se vuelve odio que se consume con avidez por todos. Y por usted. Y por mí.

Cadena perpetua, pena de muerte o, simplemente, muerte. Lapidación pública, venganza.

No es por los niños que mueren a centenares en Alepo, víctimas de una guerra que no hemos hecho ni siquiera el esfuerzo de intentar comprender. Estos nos producen apenas una lástima lejana que se vuelve ira cuando el problema toma la forma de los refugiados que buscan una tierra en paz donde esconderse de las bombas. Esos son demasiados niños y están demasiado lejos para hacer el ejercicio odiar a quienes los masacran.

Necesitamos un odio más próximo, uno que seamos capaces de abarcar sin esfuerzo intelectual, un odio doméstico que nos sujete al sofá mientras nos mastican los datos precisos (y todos los demás también) para darle forma humana.

Unos necesitan las audiencias, los otros las voluntades, unos por dinero, los otros también. Pero usted y yo lo que necesitamos es rabia, un motivo para sentirnos unidos colectivamente frente a la desgracia individual, una excusa para desatar la furia acumulada y clamar en nombre de la humanidad por la justa muerte del criminal.

La ración de este mes está ya consumida.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 11, 2018

¡Tú sí que eres gualda!

Un millón de mujeres (y hombres, pero menos) se manifiestan por la Gran Vía de Madrid; seiscientas mil más (más o menos) por el Paseo de Gracia de Barcelona; y aún otro millón más por las avenidas principales de las ciudades de España. A esa misma hora en un par de despachos de la capital se prepara el proyecto “Conocimiento de la Seguridad y la Defensa en los Centros Educativos”. Según la información de la que a esta hora disponemos, los alumnos de primaria entonarán en las aulas el pasodoble “La banderita” como parte del aprendizaje de los símbolos patrios.

No es una broma.

La ministra de Igualdad y alguna cosa más no quiere, entre tanto, que se la encasille como feminista, porque no le gustan, dice, las etiquetas, como si ser ministra de un gobierno fuera una marca indeleble de la independencia, del libre pensamiento.

Un cura de cierto rango jerárquico brama contra el demonio (lo prometo, contra el demonio) y desvela cómo, con sus malas artes, le ha metido un gol en propia puerta a las mujeres (todas) encarnándose en quién sabe cuál de ellas para conducirlas al sacrificio numantino.
Y un exfiscal define a una feminista como una tía fea que lo que quiere es pillar cacho, porque ofreciéndose a los hombres, así, sin gritar ni nada, no se come un colín. Luego, dice, se va a misa a rezar por las mujeres que se quedan en casa comprendiendo su papel en el universo.

La ausencia de pensamiento es un pensamiento en sí mismo. Débil, pero un pensamiento.

Y el Estado, magistralmente gobernado por personas que sí tienen un posicionamiento ideológico claro -son fascistas-, ha decidido rellenar las mentes yermas de los que practican el no-pensamiento con los suyos propios.

Y, ¡coño! Lo están consiguiendo.


20180311_012457.jpgUna ministra de Igualdad que no pelea por la igualdad no necesita de más etiqueta: es imbécil. Un cura que brama contra el demonio y pretende haber comprendido su fatal estrategia contra el género femenino, tampoco lo es menos. Una recua que clamó al cielo cuando los peligrosísimos rojos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quisieron incorporar al currículo de la Educación Primaria la asignatura “Educación para la ciudadanía” y que ahora prepara sigilosamente la de “Valores sociales y cívicos” que versa sobre el conocimiento de la seguridad y la defensa… no tiene definición posible. De lo del fiscal prefiero no opinar.

Pero el no-pensamiento se impone. Y gana terreno. ¿Qué ve usted de malo -me preguntarán- en inculcar los valores de la patria en las tiernas mentes de nuestros infantes? Y yo no sabré contestar:

¡Banderita, tú eres roja! ¡Banderita, tú eres gualda!

Educar contra el miedo a pensar diferente; educar contra el miedo a pensar; enseñar a razonar, a leer con ojos críticos lo que cae en nuestras manos, a no confundir con textos de Forges lo que Forges, a todas luces, no pudo haber escrito nunca. Aprender a hacer criterio sobre las cosas del mundo, más allá del no-criterio que ya nos dan pensado cuando nos adoctrinan de forma inmisericorde desde las instancias del pensamiento oficial.
Hace tanta falta…

“Allá por la tierra mora, allá por tierra africana, un soldadito español de esta manera cantaba”:

¡Tú sí que eres gualda!

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 04, 2018

8M



Los medios tradicionales están dando enorme importancia a la huelga (o el paro) que se se ha convocado para el 8 de marzo, día de la mujer, en defensa de la igualdad.

Es curioso que, con la que está cayendo, solo jubilados y mujeres estén poniendo el grito en el cielo en estos tiempos de zozobra en la que todas, todos, estamos sufriendo los desmanes de un sistema que ha dejado de responder a lo político y a lo social y solo se pone en marcha cuando se trata de abordar problemas económicos. Y solo se pone en marcha cuando se trata de favorecer a los poderes económicos, por decirlo de una manera más cordial.

El apoyo social de las reivindicaciones de estos dos colectivos está siendo, sin embargo, desigual. Solo se escuchan loas al movimiento de los mayores, supongo que porque todos pensamos que algún día vamos a llegar a serlo (algunos estamos a punto), pero como no todos vamos a llegar a ser mujeres, no sucede igual con la ola en la que se ha subido el movimiento feminista.

Inicialmente solo se escucha denostarlo al PP y a Ciudadanos (los dos han perdido el pudor y así, sin pudor, dicen lo que piensan y allá te las compongas). Pero rascando un poco se ve claramente que no todos vamos a llegar a ser mujeres. Hay más: ni siguiera todas las mujeres se sienten en la necesidad de reivindicarse como tales respecto del papel que los hombres les estamos dejando jugar.

Excusas del tipo “qué vamos a ganar con un paro dos horas” o “yo soy la primera que reconozco que soy un poquito machista” están al cabo de todas las conversaciones, ello seguramente porque los atavismos culturales de esta sociedad nuestra en general y de este país nuestro en concreto, nos llevan a no reconocernos como iguales aún en nuestros días.

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Los últimos meses han supuesto un estallido de reivindicaciones feministas que van desde el mítico “me too” (señoras del mundo del cine hasta los ovarios de que los machitos del negocio se la tengan que meter para llegar a algún lado), hasta la pelea por denunciar la brecha salarial que es una circunstancia simplemente insoportable. Pasa por la desigualdad en el tiempo de trabajo o el acceso al empleo, por la infinitamente mayor dedicación a las tareas domésticas o al cuidado de los hijos o de los mayores, el dificilísimo ascenso a los puestos de responsabilidad…   De la violencia machista mejor ni hablamos.

Pues bien, me sé una excusa o varias para cada una de estas realidades sociales exasperantes. Y las he oído esgrimir insistentemente a muchísimos hombres y a no pocas mujeres en estos últimos días.

A las reivindicaciones del colectivo de jubilados solo se oponen los ricos y los imbéciles; solucionarlo con planes de pensiones privados a base de ahorrar dos euros al mes, es una idea tan peregrina que defenderla queda para sujetos de la catadura moral y nivel intelectual de Celia Villalobos. A las reivindicaciones de las mujeres, sin embargo, además de los ricos y los imbéciles, calladamente, nos estamos oponiendo todos. Todos (casi todos) y muchas (muchas más de las que se dejan oír). El status quo actual no nos parece desmesurado. Ni mucho menos.

Ahora ya no es el tiempo de tomar conciencia. Este ya pasó. Ahora hay que salir a la calle y firmar, una por una, cada una de las denuncias y exigencias del Manifiesto 8M que, desesperadamente, grita ¡MUJERES LIBRES, EN TERRITORIOS LIBRES!

Y creo que no hay más excusas.

Por cierto, dice un cura que la Virgen haría la huelga. Alabado sea Dios.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 25, 2018

¡Nos vemos, maestro!



Preocupa terriblemente la involución que está sufriendo esta sociedad en todos los órdenes.

Preocupa cómo están sucediendo las cosas: Sentencias que condenan a multas o incluso a años de cárcel a personas que, simplemente, ejercen con mejor o peor gusto su libertad de expresión, obras de arte que se retiran de las exposiciones, libros que se secuestran, delitos que deberían estar ya desaparecidos que cobran actualidad y recrudecen la acción de los tribunales llevándola a cotas desconocidas hasta estos días.

¿Es normal que por el delito de enaltecimiento del terrorismo haya hoy más condenas que en el tiempo en que ETA mataba? ¿Lo son las condenas por tuits más o menos afortunados sobre chistes de Carrero Blanco, por canciones de raperos, por injurias a la patria?

¿Toca que, en los tiempos que corren, los tribunales de Justicia estén tan aplicados en perseguir la palabra o las ideas?

El Informe 2017/2018 de Amnistía Internacional “La situación de los derechos humanos en el mundo”, en lo relativo a España, es devastador. Solo una píldora:

“Se procesó a decenas de personas por “enaltecimiento del terrorismo” y “humillación a las víctimas” en las redes sociales. En muchos casos, las autoridades presentaron cargos contra personas que habían expresado opiniones que no constituían incitación a cometer un delito de terrorismo y que se inscribían entre las formas de expresión permisibles con arreglo al derecho internacional de los derechos humanos. Veinte personas fueron declaradas culpables en el curso del año.”

Pero hay más. Échele un vistazo. Y nada es casual.

Esta sociedad involuciona. Y no es casual.

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Escuché el terrorífico himno nacional que se ha inventado Marta Sánchez. Horroroso. A mí me importa un huevo que esta señora pague sus impuestos en donde los pague (ya hubiera querido yo una letra de Leonard Cohen para el himno que, por cierto, como mejor está es mudo). También me da lo mismo que sea una cursi impenitente y que sea tan de derechas, la pobre. Mi escándalo viene de las reacciones de propios y extraños. Ese común “pues a mí me gusta” que se escucha por todas partes porque “no ofende a nadie”. Es involución. Hemos proscrito intelectualmente la capacidad crítica más elemental y no sabemos, ni leer, ni escuchar. Y hemos perdido la capacidad de escandalizarnos con las cosas que producen escándalo. De verdad que no puede ser casual. Todo ello, siendo perfectamente comprensible que miles de mariposillas revoloteen en el estómago de Mariano Rajoy o Albert Ribera al escucharlo.

Entre tanto, le secuestran un libro a un escritor y le retiran una exposición a un expositor, a uno que el año pasado en la misma feria que ahora se duele del concepto –poco acertado a mi juicio– de “presos políticos”, le permitieron dos cruces gamadas de singulares proporciones que, al parecer, a nadie ofendieron.

Solo ver a los jubilados recorrer en masa las calles de ciudades de toda España conforta un poco. Al menos ellos, los jubilados, se están revolviendo contra la ignominia de este gobierno infame que persigue a los tuiteros, arruina a las clases medias y los asfixia a ellos como si de la peste misma se trataran.

Y, claro, Forges se ha tenido que morir. Lo ha matado el cáncer, no la estulticia, porque si la estupidez matara así la especie estaría en serio riesgo de extinción. El caso es que se ha muerto a la vez que agoniza la libertad de expresión en España, a la vez que se adormece el intelecto.

Vamos, Marta: ¡A la Copa del Rey!
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 18, 2018

Discapacidad (social)



De un país en el que un niño de 19 puede comprar un arma de guerra al precio de un teléfono móvil se puede decir que tiene problemas.

Si después de una matanza de 17 chicos en un colegio, el presidente del país reflexiona sobre el grave problema de la salud mental de quienes las disparan, ya no hay ninguna duda: el país tiene problemas.

De un país en el que una señora de 83 años mata a su hijo de 64, sordo, mudo, ciego y con problemas de movilidad e intenta suicidarse después con el mismo cóctel medicamentoso con el que perpetra el homicidio, todo ello porque ya se ve sin fuerzas para seguir haciéndose cargo de él tras 64 años de dedicación, se puede decir que tiene problemas.

Si después la Fiscalía acuerda con la defensa una pena que no implica privación de libertad, ni limita el ejercicio de los derechos de la anciana, más allá de someterse a tratamiento psiquiátrico, algo conforta nuestra maltrecha conciencia de ciudadanos. Esto ha sucedido esta misma semana y nos ha hecho congraciarnos con el “sistema”, aunque sea por unas horas.

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En el primer caso, los defensores de la libre tenencia de armas declaman henchidos la Segunda Enmienda de su Constitución: “Siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, el derecho del pueblo a poseer y portar Armas, no será infringido”. El texto y su significado se comprenden mejor al saber que fue escrito en 1789, año en que las Cortes de Castilla, de la mano del Rey Carlos IV, aprobaban una Pragmática Sanción, también vigente e igual de antigua, que otorgaba al heredero varón la preferencia en la sucesión al Trono volviendo así al orden sucesorio de las VII Partidas. Todo muy antiguo. Aquella enmienda se introdujo en aquel tiempo para que la ciudadanía se pudiera defender del poder del propio Estado en el caso de que este abusara de su fuerza, evitando así la indefensión de mujeres y hombres ante el “aparato” que se constituía. Los constituyentes no se fiaban mucho de lo que estaban construyendo, por lo que se ve. Mucho parece pretender que, a su amparo, los niños de 19 puedan comprar, portar, usar, armas de guerra.

En el segundo caso, a pesar de la tranquilidad que nos produce saber que la sentencia no impondrá sino el tratamiento psiquiátrico de la anciana, no proclamamos nada. Solo nos preguntamos qué hará una señora de 83 años al cargo de un hombre de 64 que no se mueve, que no ve, que no oye, que no habla. Y nos preguntamos quién se vería con fuerza moral para condenarla por haber intentado, 64 años después, descansar en paz ella y su hijo.

En el primer caso hablan también de la discapacidad, pero solo de eso. Los fabricantes de armas tienen dinero y, por ende, poder suficiente como para que de ellos no se hable. Se preguntan cómo evitar que las personas que la padecen molesten a la sociedad hasta el punto de liarse a tiros en los institutos o en los supermercados. No se habla de lo inconveniente que resulta que las personas puedan armarse libremente hasta los dientes.

Algo muy raro está pasando en el mundo. Sin embargo, mientras allá se preguntan cómo evitar que sus discapacitados sean molestos hasta el punto de matar, aquí, como no matan, nos preguntamos cómo la sociedad no protege a sus madres de la pena de 64 años de cuidados absolutos, esa pena brutal que conduce a la cordura —locura por eufemismo para que opere la eximente absoluta— de pensar que, lo mejor, lo mejor sin duda, es hacerla acabar.

Dos formas diferentes de entender el mundo. Esta manera nuestra de entenderlo conforta, abriga. La estulticia de nuestros políticos no alcanza según qué cotas. A pesar de todo, el grado de civilización que ha alcanzado nuestro pensamiento no puede por menos que resultarnos amable.

La nuestra es una sociedad avanzada. Consigamos que los defensores de la cadena perpetua, los amantes de la venganza, los perseguidores de la diversidad, en suma, los que odian, no nos la jodan.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 11, 2018

La cara de Dios y las piernas del apóstol

Poseer un sentimiento tutelado por la justicia debe ser muy hermoso. Que jueces y fiscales, secretarios, ujieres y administrativos estén pendientes de que no se ofendan las intimidades de uno, debe dar una sensación agradable. Aún más si es gratis, claro.

Parece más difícil que toda esta legión de servidores públicos posean en su fuero interno, cada uno, la verdadera imagen de todos los dioses y, aún más, la coincidencia de que ninguna de ellas se parezca a la que el aceitunero de Jaén eligió para representar al que impera por aquí: la suya propia. Pero bien pudiera ser que el Dios de los cristianos se pareciera más al amante en el que dicen que Miguel Ángel se inspiró para esculpirlo, que al tal Daniel Christian, que se ha llevado un multazo de 480 por atrevido. El fiscal pedía más: 2.160 euros de multa y una responsabilidad civil subsidiaria de 180 días de privación de libertad en caso de impago. Insensato aquél que pretenda que Dios se parece a él y no él a Dios, aunque este razonamiento nos conduciría al absurdo ya que el hombre (como concepto global, no sé si la mujer también) se parece a Dios al estar hecho según cuentan a imagen y semejanza suya y, por ende, como algo que se parece a algo ha de ser esencialmente parecido a aquello que se le parece, Dios se debe asemejar un poco a Daniel Christian. Ello salvo criterio mejor  fundado en Derecho.

20180210_210655.jpgLa Hermandad de la Amargura (¡qué amargura!) presentó una denuncia ante los tribunales al ver en la cara de Dios la del aceitunero, ellos seguros de que Dios no debía, en absoluto, parecerse a tan poco agraciado muchacho. Estos de la Amargura deben ser los dueños legítimos del aspecto de Dios. Y los tribunales, uno en concreto, lo piensa también. Total: confesión de culpabilidad aconsejado por su abogado para evitar males mayores y 480 de multa.

Algo muy parecido sucede con las piernas de los apóstoles. En este caso el patrón puede ser otro porque las piernas deben tener en común más características que los rostros y, además, la Hermandad de la Amargura (¡qué amargura!) todavía no ha tomado cartas en el asunto ni, en este caso, la Justicia.

Las piernas de los apóstoles hay que pintarlas con otro respeto, no así por las buenas. Las piernas de los apóstoles, según es sabido, no han de resultar apetecibles a la feligresía. Se sabe que los apóstoles tenían piernas. Cada uno dos, pues no se conoce de ninguno con amputaciones tan notables, pero es altamente dudosa la existencia de sus muslos. O quizás no. Por el común conocimiento de tan elevadas cuestiones, se llega a determinar que a quienes únicamente les faltan cosas es a los ángeles (de tronos y querubines no está dicho), pero esto son dignidades celestiales que nada tienen que ver con la condición terrenal de los apóstoles. Esta afirmación nos podría llevar a concluir que los apóstoles sí deberían tener muslos. Aunque así fuera, aunque conviniésemos en que los apóstoles estuvieran dotados de “sobrepiernas”, es cosa bien distinta que fueran muslos sensuales, tersos, torneados de tal suerte que llegaran a ser apetecidos por quien contemplase la pintura que los representa. No. Eso no. No.

El cura de La Membrilla (capital del melón según se dice en La Mancha, y tal como quedará demostrado en las siguientes líneas), celoso vigilante de la pureza de su grey, merecedor sin duda de un lugar destacado en la junta directiva de la Hermandad de la Amargura (¡qué amargura!), lo vio claro. Y tal inquietud, desolación y arrobo le produjeron las piernas del santo, según la representación de Antonio Ximénez, que las tuvo que esconder. Cabe contemplar aquí el renombre del autor,  el pintor local que donó el cuadro, un tipo que expuso con Pablo Picasso por resumir en este detalle el hecho de que no hablamos de la tal Celia Giménez que repintó (sin resultar ella penada) el tristemente célebre Ecce Homo de Borja hasta hacerlo parecer talmente un primate.

Pero Dios es generoso y nos salva todos los días. A veces con la ayuda de los tribunales de Justicia. A veces, solamente, con la intercesión de los ministros de su Iglesia. Menos mal.
Lástima que en una democracia avanzada como esta de la que los españoles nos beneficiamos sin darnos mucha cuenta, no esté penada también la ofensa a los sentimientos laicos. A los ateos ya nos gustaría que resultaran penados también "los que, para ofender los sentimientos de las personas normales, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de la lógica, de la ciencia, de las libertades, del sentido común, o vejen, también públicamente (*), a quienes los defienden, luchan por ellos o los practican.

(*) En cursiva, expresiones literales del artículo 525 del Código Penal, que solo alcanza a establecer que “Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.” 
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 04, 2018

PEACE!

¿No le dan pena estos pobres dueños de la Opel?
En el primer semestre de 2017, los beneficios del grupo PSA apenas alcanzaron los 1.356 millones de euros. En 2016 ya había duplicado los de 2015.
Venían de pasar muchas penas, de años de pérdidas. Y Opel no era una excepción. PSA se hizo con la firma alemana a principios del año pasado e ideó un plan para hacerla rentable. ¿Ingeniería? No, no.
El nuevo plan de negocio de Opel se llama PACE!. PACE! (así, con interjección final) no significa paz, como cualquier lector poco avisado podría deducir. Debe querer decir algo así como Plan Astral de Contención del gasto en el Empleo, pero lo del gasto les jodía el acrónimo (¿quién quiere presentar ante la prensa un plan que se llama PACGE!?), así que se lo ahorraron.
El objetivo del plan, claro, era hacer rentable la marca (además de otros de posicionamiento estratégico del grupo) y debieron pensar en empezar por el principio de las cosas: la mano de obra; los empleados. Empleo competitivo, creo que lo llaman. Lo que nunca se sabe es con quién comparan los números, porque bien pudiera ser que si es con según qué zonas del continente asiático vengamos a salir siempre malparados.
El convenio alcanzado entre los trabajadores y la dirección para la fábrica de Zaragoza representa un año de congelación salarial, un incremento de solo el 50% del IPC durante tres años y del 60% para 2022 (el cuarto), y un recorte del 5%  en pluses de festivos y nocturnidad. (La empresa quería 3 años de congelación, rebaja del 6%  y el 10% de recortes en los pluses).
Alcanzado el acuerdo lo han echado a votos. Los trabajadores han dicho que sí.

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Trabajador eligiendo.

¿Y qué iban a decir?
La otra opción era el cierre. Dejar de fabricar no sé qué modelos en la factoría… el cierre. El paro.
Esta opción, sin embargo, conduce solo a la melancolía. Al desestimiento, al empeoramiento de las condiciones laborales y de la calidad (¿calidad?) de vida de los empleados.
El cuento no va a cambiar nunca. El puto cuento no va a cambiar nunca. ¿Quién va a pagar este pato? Y calladitos, porque mañana podremos volver a la fábrica. Y con una mueca de resignación porque, en definitiva, podría haber sido muchísimo peor. Y no te preocupes, Pablo, porque aún nos alcanza para pagar la hipoteca y tú encontrarás trabajo cualquier día y las niñas podrán estudiar. Y ya solo quedan dos meses de frío y para el año que viene, quién sabe si, a lo mejor, podemos poner la calefacción una hora más por las noches.
Porque el papel de las empresas es obtener beneficios. Y no es otro. La sociedad todavía no ha sabido encontrar una función más digna para este tejido denso y opaco que constituye el sector. Las empresas solo tienen que ganar dinero, sin que los gobiernos les puedan decir nada mucho más allá de cuál es el salario por debajo del cual no se puede contratar a las personas. Y el de España lo tiene fijado en 24,53 euros al día; 735,90 al mes. Haga números.
El ministro de Guindos estará contento con el acuerdo, porque andaba siguiendo el asunto con preocupación. La economía no se ha de resentir porque un puñado de mecánicos ganen un poco de dinero menos y los derechos de los trabajadores… bueno, los derechos de los trabajadores… “vamos mejor a ocuparnos de las cosas que nos conciernen”, se habrá dicho emulando a su jefe.
¿Recuerdan de dónde veníamos? ¿Recuerdan cuando los sindicatos se partían el pecho en las negociaciones con la patronal? ¿Cuando las medidas de presión eran efectivas en el mundo laboral y los trabajadores, bien representados, con voz propia, alcanzaban derechos que se convertían en inalienables? ¿Cuando la negociación colectiva era un derecho más y era eficiente y la Ley la protegía como un eslabón imprescindible del modelo productivo? Pues ya no está.
Bajaron un 5% a los funcionarios pero, como los funcionarios caemos tan gordos, la sociedad se alegró un poco en lugar de clamar por los derechos de los servidores públicos. Y, desde ahí, quedó claro que los salarios de las personas no son suyos, que pertenecen a quienes los pagan y ellos son quienes deciden cuánto hay que pagar. Pasó también con la liberalización de facto del despido que operó la última reforma laboral, con la aniquilación de la negociación colectiva, en definitiva ha pasado con todo. El trabajador es el mal necesario de la cadena de producción. Este dato terrible informa ya la legislación laboral, que protege al empresario contra su enemigo natural que es, curiosamente, quien lo enriquece.
Para rematar el mal, la conciencia de clase se ha perdido y, por ende, el papel de los sindicatos de clase se hace pequeño día a día. Así hasta que los salarios dejen de representar un problema para la única clase, la de los muy poderosos, que se ha enriquecido en esta crisis de locos de la que parece imposible salir.
Los trabajadores de Figueruelas han perdido pero, como no lo han perdido todo, solo están tristes, no muertos.
A mí me da tanta vergüenza, o más, que los tuits de Puigdemont.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 28, 2018

Una desgracia

No hace tantos domingos felicitábamos al Estado Islandés por la aprobación de una ley ejemplar que, en resumidas cuentas, sancionaba la igualdad de las mujeres y los hombres en lo que se refiere a los salarios que han de percibir por su trabajo.
Esto parecía una buena idea universal. Incontestable. Parecía un avance social a imitar, sin marcha atrás, inequívocamente necesario.
De forma similar, veníamos opinando que la corrupción política (la política en particular, porque los políticos son los que están llamados a cuidar lo que es de todos y los que exhiben su honestidad como valor diferencial) era un mal reprobable, a perseguir, a investigar, a erradicar de las conductas de nuestros representantes en las instituciones, en los que está tan acendrada.
¡Cuánto error!
El Gran Mariano nos enseña lo contrario.
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Mariano Rajoy, sentando cátedra
Es el presidente del Gobierno de España. Lo recuerdo porque a la luz de sus reflexiones lo podríamos confundir con un repetidor de primero de bachillerato que se acaba de arrancar la pava del cigarrillo de marihuana de la comisura de los labios y responde tartamudeando a las preguntas del tutor de su grupo con la excusa de que eso no entraba en la lección de hoy. Pero no: Es el presidente del Gobierno de España.
Respecto de la igualdad salarial entre mujeres y hombres opina que eso no entraba en la lección de hoy, que pa’qué nos vamos a meter en esos líos con la que está cayendo. Y abunda, no está en la competencia del Gobierno decirle a las empresas lo que tienen que cobrar los trabajadores. Las empresas caminan en la buena dirección. Y no pestañea.
De la corrupción que asfixia a su partido, opina que son cosillas del pasado, que hay que mirar pa’lante, que a los malos ya los han echado y que hay mucho que hacer como para estar ocupado en menudencias. Un exalto cargo del PP en Valencia acaba de reconocer en sede judicial que se financió ilegalmente, pero eso le parece una pesadez, el monotema de la insidiosa oposición. ¡Llevan ya diez años con lo mismo!
A propósito de Puigdemón, detención. Puigdemón, detención. Ya está. Total solo es la mayor crisis política vivida en España desde la muerte del dictador.
De todo lo demás, o no sabe, o no contesta. O, más lúcidamente si ello fuera posible, sostiene que no hacer nada es también una forma de hacer cosas; ninguna en realidad.
Como es el presidente del Gobierno de España, disculpe mi insistencia, algún espectador poco avezado podría pensar que este tipo de reflexiones o este frenesí descontrolado por la inactividad, esconden en realidad algún trasfondo, algún viso de inteligencia oculta, como si suponer vida inteligente en el cerebro del presidente fuera algo que viene de suyo.
Pues no. El cerebro del presidente está vacío. Ya ha anunciado que volverá a presentarse y ya anuncio yo que volverá a concitar la voluntad de varios millones de españoles. Pero no hay nada en su cabeza.
Mariano Rajoy es una desgracia.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 21, 2018

Se llamará Albert

Es muy difícil hacer un análisis sosegado de lo que anda ocurriendo en el país y en el mundo con la cosa de la política.
Parece que el tiempo de las espantadas populares  a pie de urna y la “postverdad” se va pasando lentamente de moda, merced a que la necedad incontestable de Donald Tump o a la zozobra que se ha creado en el Reino Unido con la penosa aplicación del “brexit”, invitan a reflexionar más serenamente lo que cada uno hace con su voto.
Esta no es una buena noticia para Unidos-Podemos+confluencias, que venían arropados por esas mareas de populismo radical imperante, de izquierdas en el caso español, extremadamente de derechas en otras partes del mundo. Pero tampoco es una buena noticia para los llamados “partidos tradicionales”, que no avanzan un pimiento en este río revuelto.
Seguramente porque no hay tal revolvimiento en río alguno. O la peña no lo siente en sus carnes más allá de lo que lee sobre Diana Quer o lo que escucha sobre la fortuna incomprensible de los Franco. Así, lo que parece instalarse en el ánimo de la gente es una apatía monstruosa que reniega de la política (corrupta, inoperante, incapaz), de los políticos (incapaces, corruptos, inoperantes), de las instituciones (inoperantes, incapaces, corruptas).
A falta de ideas fuerza, de líderes que aglutinen corrientes de pensamiento, de organizaciones políticas capaces de modular en propuestas valientes las inquietudes de los ciudadanos, que son tantas y algunas tan imperiosas, se impone otra manera de alcanzar el poder y de ejercerlo, de obtener el plácet ciudadano: la mercadotecnia.
Y he ahí a Emmanuel Macron, nadie, rigiendo los destinos de una de las naciones más poderosas del mundo sin más programa, sin más pensamiento, sin más bagaje que la nada. Pero guapo y moderado, dueño de una propuesta que tira al neoliberalismo 2.0 con cierto tinte social para que no escandalice y con carita de haberse hecho pocas pajas y haber roto pocos platos o ninguno. El yerno que cualquiera querríamos sentar a nuestra mesa en Nochebuena.
Y todos adoran a Macron.
Prisa lo ha convertido en el paradigma de lo político del primer cuarto del siglo… Como a Rivera.
Igual que a Macron, ahora todos adoran a Rivera. Lo adora Prisa, lo adora el IBEX 35, lo adoran González y Aznar.
Y aquí llegan nuestros males.
La apuesta por Albert Rivera ha quedado tan patente que pocos dudamos ya del nombre del próximo presidente del Gobierno de España. Editoriales y portadas de El País, declaraciones de González en la Ser, loas de Aznar, la invitación de Cebrián a la reunión del Club Bilderberg de este último junio, avalada por Ana Patricia Botín… todo conduce a encumbrar a este monaguillo de plastilina a la más alta representación democrática del Estado (matizo “democrática” porque la más alta magistratura del Estado Español no lo es y, de momento, no está al alcance ni siquiera de Rivera).
Rivera
Los ciudadanos hemos abandonado la política. Hemos perdido las ideas. Hemos renunciado al compromiso, al pensamiento, a la necesidad de avanzar hacia una sociedad más justa que antes nos enardecía. Seguramente con razón. Pero la consecuencia es de una nadería exasperante. 
Ciudadanos es exactamente la nada, la no política, la no ideología, el no progreso. Un conjunto de medidas de carácter económico y corte liberal encaminadas al mantenimiento del “status quo” de la pequeño-burguesía a la que representa, que nada molesta a las clases dominantes. Un tibio racimo de medidas sociales que sirvan para callarle la boca a la socialdemocracia. Un cuidadísimo discurso de equidistancia desideologizada entre los buenos y los malos. Y la nítida imagen de uno al que definitivamente sí le comprarías un coche usado. La perfección de la talla “M”.
Un producto mercadotécnico que empezó a construirse en el gran juego hace más o menos cuatro años (aunque su marca llevara más tiempo en Cataluña), perfectamente diseñado, cuidadosamente envuelto, al que la caricatura en la que se ha convertido la crisis catalana ha empujado a lo más alto de las encuestas nacionales, amén de ser allá el partido más votado.
Es la imagen de la nueva derecha española, despojada –eso sí— de los ancestros que lastran a la vieja. Sin izquierda que le tosa. Sus creadores no podrían haber imaginado un escenario mejor.
Albert Rivera va a ser el próximo presidente del Gobierno de España. Y a mí me jode.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 14, 2018

Rodrigo Rato o la hipertrofia del ego

A veces engordan las cosas. Los seres humanos tenemos esto. Tu cavidad ventral puede adoptar dimensiones que hagan que se te olviden el color o el aspecto de alguno de tus miembros. Esto es verdad.

Si lo que torna en inabarcable es tu ego, entonces estás en problemas, porque lo que habrás olvidado es la medida de las cosas mundanas como la moral, la educación, la hombría de bien o, simplemente, el respeto por lo que afecta a todos los demás.

Rodrigo Rato ha pertenecido a varios gobiernos de España, ha sido vicepresidente económico en dos de ellos, presidente de Caja Madrid, el instrumento financiero de la comunidad autónoma más importante de España, amén de buque insignia de la transformación de las cajas de ahorro. Se le elevó después  a los altares de la economía mundial con el cargo de director gerente del Fondo Monetario Internacional. En su formación política había ocupado la Secretaria General Adjunta en el Partido Popular, la portavocía de su grupo parlamentario en el Congreso y llegó a figurar en el mítico “cuaderno azul” como posible sucesor de Aznar para  la Presidencia del Gobierno.

Utilizó el sucesivo ejercicio de responsabilidades institucionales, financieras y orgánicas, simplemente, para enriquecerse. Tanto y con tan malas artes que hoy en día está procesado más o menos, en una causa por cargo ejercido.

Administración desleal, apropiación indebida, corrupción entre particulares, falsedad contable e irregularidades fiscales de diversas índoles.

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Su primera condena se debe al escándalo de las tarjetas “black” durante su presidencia en Caja Madrid y lo ha sido a cuatro años y seis meses de cárcel por apropiación indebida. Las causas pendientes lo son por comisiones a cambio de la adjudicación de contratos publicitarios, presuntas irregularidades en la contratación de parientes, irregularidades fiscales en sus negocios particulares que incluyen evasión de capitales con destino al paraíso fiscal de Guernsey (Reino Unido), comisiones ilegales del banco de inversión Lazard y de Teléfonica, fraude fiscal por casi siete millones de euros entre 2004 y 2015.

Podríamos resumir este currículum en la idea de que Rodrigo Rato es un presunto montón de mierda.

Y he aquí cuando se obra el milagro. La hipertrofia de su ego le convierte a sus propios ojos en un desairado hombre de negocios que, cuando comparece en el Congreso de los Diputados, en la comisión parlamentaria que investiga la crisis financiera española, da lecciones a los miembros de la cámara y se permite el chascarrillo infame de asegurar que “esto es el mercado, amigo”, desafiando a quienes representan a la voluntad popular con una chulería digna de quien se sabe el fiel de todas las balanzas. Rato no es para sí mismo, virtud a esta extraña patología, el malhechor que encarna en su sola persona todos los vicios de la crisis, acreedor a cientos de años de cárcel por ladrón. No. Es la víctima propiciatoria de un complot de sus propios compañeros de filas para redimir en él los pecados de su Partido al completo.

Pues veamos: Para dejar las cosas moderadamente en su sitio y que las informaciones de uno y otro género no nos confundan más allá de lo que es asumible… fuera caretas: Este hombre nos ha robado. Nos ha robado a todos mientras ostentaba altísimas responsabilidades del Estado o incluso después de encumbrarlo a puestos internacionales.

La actitud desafiante de Rodrigo Rato ante la comisión parlamentaria ante la que compareció para dar explicaciones sobre la crisis financiera que ha dejado en la miseria a miles de españoles, solo se explica por un ego desmedido. Una patología más propia de ser tratada por un especialista clínico, que de ser exhibida en el Congreso de los Diputados.

Un montón de mierda.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 07, 2018

Igualdad, pero en Islandia



Islandia ha dado el paso. Así de fácil: Por Ley.

En España estamos tan ocupados de cosas mayores (mucho mayores) que ni siquiera hemos tenido ocasión de prestarle oídos a la noticia. Sin embargo ha sucedido. Un país que apenas tiene desempleo y donde (amén del frío negro que debe hacer) se debe vivir bastante bien, ha decidido acabar con las tonterías y regular por Ley el fin de la desigualdad salarial entre hombres y mujeres.


A las islandesas los magos de Oriente (en ningún lado se cuenta que fueran reyes) les han traído una dosis de igualdad que para nosotras la quisiéramos. Es ilegal pagar más a un hombre que a una mujer por el mismo trabajo. ¿Verdad que parece sencillo?

Por estos lares más bien se nos llena la boca de medidas de impulso, de marcos de acuerdo, de interminables relatos sobre la discriminación, de mesas de negociación y solemnes declaraciones de intenciones. Allá lo han visto más rápido y hablando menos: ¿es usted empresario? ¿Tiene más de 25 trabajadores? Pues ajuste su nómina  en los próximos meses. Publíquela. Pague igualmente por igual trabajo a unas y a otros.

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¡Qué despacio avanzamos en la vieja Europa! (Islandia no forma parte de la UE, aunque sí de la Asociación Europea de Libre Comercio). Qué fácil nos gusta ponérselo a tanto retrógrado como anda mandando por aquí. Qué de intereses ayudamos a proteger nosotros mismos a esos cuyos intereses nada tienen que ver con los nuestros.

Los pasos para la igualdad existen. Y se pueden dar.

Nos da tanto miedo conocerlos que noticias como esta pasan de soslayo por los medios de comunicación tradicionales. Ni siquiera las tan traídas y llevadas redes sociales se hacen eco. Estamos demasiado ocupados en el turbio asunto de Diana Quer, que ha llenado nuestros informativos y nuestras vidas estas navidades. Nos ocupa la pugna feudal por los territorios del norte que se libra entre Bruselas y Estremera (nada que ver con el bienestar de los ciudadanos ni la evolución de los servicios públicos). Nos ocupamos tanto de cosas tan importantes que no nos hemos dado cuenta de que en Islandia, aquella isla sin apenas desempleo, se ha promulgado una verdadera ley de igualdad de géneros que prohíbe que los hombres ganen más que las mujeres e impone un régimen sancionador para las empresas que la incumplan.

Ahí los tienen, haciendo Política con pe grande. Avanzando en derechos, cambiando la sociedad con medidas de las de verdad. De esas que cuando se adoptan ya no tienen marcha atrás y permiten el progreso de los pueblos.

¡Qué ganas de que los conflictos por el poder dejen paso a la política! ¡Qué ganas de volver a ver en los gobiernos de los sitios a mujeres y hombres dispuestos a hacer avanzar a la ciudadanía en bienestar, en igualdad, en derechos, en cultura, en servicios públicos de calidad…! ¡Cuánto echo de menos aquel "buenismo" de José Luis Rodríguez Zapatero!

Lo sé, lo sé, parece que he vuelto a creer en los reyes magos… aunque fueran de Oriente.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, diciembre 31, 2017

Aporofobia



Nos faltan palabras para tantos vicios.

No me refiero al de fumar, ni al de morderse las uñas. Me refiero a los que le corrompen a uno por dentro, por más dentro, a los que hacen de uno un ser detestable aunque no le conviertan en indigno de comparecer en cualquier ambiente, porque todos los demás también lo esconden. Y uno lo sabe.
Aporofobia.

La aporofobia es el odio a los pobres, la aversión contra todos aquellos que no tienen nada. Y aunque apenas aparece en nuestros noticiarios, la Fundéu la ha convertido en “palabra del año”, después de que la Real Academia Española de la Lengua le hiciera sitio en el Diccionario.

Tenemos que nombrarla para que exista. Nos creíamos que era xenofobia, que odiábamos aquello que era diferente, pero no, porque a los gitanos, cuando se llaman Antonio Carmona o Camarón de la Isla, no los odiamos, ni a los árabes o a los chinos cuando compran equipos de fútbol, ni a los negros cuando se llaman Barak Obama. Odiamos a los pobres.

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Por eso de cuando en cuando unos jovencitos apalean o prenden fuego a alguno que duerme en un cajero automático y lo graban con su móvil para morirse de risa con sus amiguitos ¡hace tanta gracia ver quemarse a un pobre! Por eso aceleramos el paso cuando se nos acerca uno con la mano extendida. Por eso subimos la ventanilla cuando otro nos quiere vender pañuelos desechables en el semáforo o limpiarnos el parabrisas por la voluntad. Porque odiamos a los pobres. Padecemos aporofobia.  Le explicamos a quién nos acompaña que estamos seguros de que es para droga o para alcohol, que si fuera para comida seríamos los primeros en darle unos céntimos. Lo hacemos para que no piense que estamos enfermos y él lo entiende igualmente, porque también los odia y comparte inmediatamente nuestra opinión, incluso la amplía: ¡son mafias! Los recoge un Mercedes enorme por la tarde para hacer la recaudación del día.


—¿Todos los días?
—Todos
—¿Y es enorme?
—Enorme. Ya te lo digo. Mafias. Tienen más dinero que tú y que yo.
—¡Caramba!

Aporofobia.

Ahora que ya tiene nombre (se lo ha inventado una autoridad en Sociología que investiga para la Universidad de Valencia y se llama Adela Cortina) molaría investigar si también tiene cura. Porque falta hace, y no poca.

Jugamos a que se nos quita un poco en Navidad, porque el advenimiento anual del Niño Jesús nos hace recordar la importancia de la caridad y la necesidad de compartir, pero para Reyes ya se nos pasa la tontería y volvemos con lo nuestro.

Yo ya le he dicho a mi tratamiento de textos que no la subraye en rojo cuando la escriba, que existe, que es verdad. Y voy a ir viendo si me la curo para 2018, porque el propósito de ir al gimnasio se me hace algo aburrido.

Anótela: Aporofobia. No se sabe aún si tiene cura. Pero sí que está. Investigue. No vaya a ser que usted se crea que padece de otro mal y lo que tenga, en realidad, sea eso.
El dibujo de los pobres esperando su Mercedes es de mi hermana Maripepa.

domingo, diciembre 24, 2017

310



Sobre las elecciones en Cataluña ya se ha dicho todo.

La ganadora no tiene apoyos en la cámara para formar gobierno, el segundo en votos, que sí los tiene, no puede volver a España porque está huido de la Justicia e irá preso,  el tercero está en prisión preventiva y el cuarto no sabe o no contesta.

La aplicación del artículo 155 de la Constitución en Cataluña y la consecuente convocatoria de elecciones en la comunidad autónoma ha servido, solo, para evidenciar lo que ya era evidente: la mitad de sus ciudadanos quieren conformar un estado independiente. Y la otra mitad no. Ya está.

El gran Mariano se ha vuelto a equivocar. La verdad es que este buen hombre se muestra más lúcido cuando no hace nada. Porque cuando toma una decisión lo rompe todo gravemente. Lo que pasa es que ahora ha hecho el ridículo y, a más a más, ha conseguido que Puigdemont parezca un tipo listo. ¡Qué enormidad! Ahora Puigdemont parce un jefe de Estado en el exilio. La estrategia del Partido Popular lo ha entronizado.

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Una persona que no entiende nada.
¿Cuándo se termina la intervención del Gobierno de España en Cataluña? Lo ha establecido el Senado: Cuando se conforme un nuevo gobierno. Y ¿cuándo se podrá conformar el Gobierno de la Generalitat? Pes esto no se sabe: La mayor parte de los líderes independentistas (estos que vuelven a tener mayoría absoluta en el Parlament tras las elecciones supuestamente convocadas para volver a la "normalidad"), están procesados por delitos cuyos años de condena, si se suman, deben alcanzar ampliamente los cuatro o cinco siglos.

El Estado es uno y trino. Sus poderes están repartidos y esta división funciona, pero sigue siendo uno. Y estos poderes no son ajenos los unos a los otros. Se hablan, se miran.
Ahora que ya hemos visto que las soluciones procesales puestas en marcha desde el Poder Judicial no sirven, que las soluciones que se pueden proponer desde la letra de la legalidad vigente se han desvelado inoperativas, que la lógica de las decisiones de las estructuras económicas que creíamos aplastante no funciona como pensábamos, que en definitiva no va a ser posible imponer desde fuera de Cataluña el modelo de convivencia en Cataluña… Ahora que hemos visto que tenemos que reinventarnos para resolver la mayor crisis que ha soportado España desde el advenimiento de la democracia, reinventémonos.

Imaginación, visión de Estado, altura de miras, concierto entre los pueblos. No se trata de ganar o perder una guerra. Este asunto es muchísimo más gordo. La mitad de los catalanes quieren ser un estado independiente. La otra mitad quieren permanecer en el que hay. Los unos y los otros hemos conducido la situación a un momento imposible, sin encaje en la estructura política actual ni, lo que es peor, en el entendimiento humano. Cada paso que se da en la senda de lo estatuido empeora las cosas.

Basta ya.

En mi opinión, está llegado el momento de declarar esta partida en tablas, volver a la casilla de salida, sacar de las cárceles a los presos (que no son presos políticos, que sin duda han delinquido, pero contra una realidad legal que a lo mejor ya no sirve), hacer volver a los huidos y empezar a hablar de la política, de la Constitución, del Estado. Sabemos que la soberanía nacional reside en el pueblo español porque todas las soberanías residen en todos los pueblos, pero a lo mejor hay que entenderla como un concepto mucho más prosaico, que es divisible, que no es inalterable, que no puede ser la excusa para prohibir lo que, evidentemente, no se ha podido prohibir. Probablemente tengamos que reinventar el concepto de soberanía en este momento en el que todos los conceptos se están reinventando. Creo que estamos en el momento de hablar del federalismo y reinventarlo también para adecuarlo a este tiempo de globalización económica en el que vivimos que no se parece en nada al tiempo en el que apareció la idea de los estados nacionales, ni a ese en el que al barón de Montesquieu formuló la doctrina de la separación de poderes. Es el tiempo de construir un modelo de estado en el que todos sus integrantes sepan que están justo ahí donde querían estar y no en otro sitio.

En las elecciones catalanas han ganado la derecha nacionalista y la derecha nacionalista: La derecha catalanista, la derecha españolista (excepción hecha del PP, que se ha ido al Grupo Mixto junto con la CUP). Dos derechas que se odian entre sí, que se detestan, que no se hablan. Y la izquierda ya no está.

Desde la izquierda, desde donde sabemos (¿sabíamos?) escuchar y proponer, desde donde se han operado los grandes cambios que han vivido las sociedades en todo el mundo, tenemos que hacer una propuesta valiente de ruptura de los viejos conceptos que ya solo están en el Boletín Oficial, porque la sociedad los desterró hace dos décadas. La izquierda que agoniza tiene que resucitar y abanderar la solución de un problema que solo desde la izquierda se puede resolver, sin odios, sin venganzas, sin perdedores, con el entendimiento puesto en un futuro que hay que diseñar para que salga bien en un mundo en el que todo es nuevo. Porque todo lo que pasa solo sucede para mal y esto ya lo tenemos aprendido en España.

Por eso y porque otro 155 solo serviría para conseguir 310… 310 de nada.
La señora que no entiende nada es de mi hermana Maripepa.

domingo, diciembre 17, 2017

Cuento de Navidad



Una semana convulsa esta. Ha venido llena de campaña electoral catalana, de tiroteos, asesinatos, de juicios de políticos, de juicios de violadores, de publicidad insultante en la tele (no se me va de la cabeza ese de un chico guapísimo y sofisticadísimo que cuando se echa colonia en el rabo produce el desmayo de las muchachas igualmente guapísimas y sofisticadísimas que le observan). Otra semana convulsa en este tiempo convulso.

Sin embargo el otro día algo me reconcilió con el género humano, este con el que mantengo una relación menos apasionada a medida que voy cumpliendo años.

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Ordenando el tráfico
Miraba la calle Preciados de Madrid desde la Puerta del Sol y observaba que el tránsito de las personas se producía en sus dos sentidos posibles, hacia Callao y hacia la misma Puerta del Sol. Eran alrededor de las doce de la mañana del lunes y recordé la ignominia de que la indeseable alcaldesa de la capital estaba obligando a los madrileños a circular en una única dirección (hacia Callao) por esta calle y en la contraria (hacia Sol) por la paralela del Carmen. Lo había visto por la tele y después las redes sociales lo habían repetido hasta la saciedad.

Asombrado por lo que me pareció una ejemplar manifestación de desobediencia ciudadana me acerqué a un guardia. Este era un hombre más cercano a la jubilación que al día en que sacó la plaza, cuyo aspecto no hacía sospechar que estuviera añadido al grupo de chat en que sus compañeros tan lúcidamente criticaban semanas atrás a la alcaldesa y loaban a Adolf Hitler y sus acertadísimas políticas xenófobas. En fin, me acerqué a un guardia.

Le pregunté. Le hice saber mi asombro sobre la evidencia de que las personas estuvieran caminando a su libre albedrío por calles cuya circulación había sido tan torpemente regulada por la alcaldesa Carmena.

¿Pero no ve usted que ahora no hay casi gente? —Espetó el policía—. Esa medida —continuó— se aplica cuando esto se peta de tal manera que por aquí no hay quien camine, a horas en que la aglomeración es tal que hace temer por una avalancha humana, tal y como ya ha sucedido en algunas capitales europeas. O sea —finalizó—: que vale para ciertos días y solo a ciertas horas. Todo lo demás son las tonterías de las televisiones.

Imposible salir de mi asombro. Este servidor público, no solo estaba de acuerdo con la decisión de su jefa, sino que la defendía y la explicaba a los viandantes que se interesaban por ella criticando sin paliativos a quienes la habían vituperado y convertido en motivo de burla.

No. No salgo de mi asombro. Hay personas (no lo van a creer) capaces de razonar por sí mismas, de analizar las cosas y de defenderlas en contra de lo que los regidores del pensamiento único promulgan como verdades universales.

En este momento trato de hacer criterio sobre si lo que procede es proponer una sanción disciplinaria contra el funcionario o pedirle matrimonio. Pero esto me hizo pensar que, a lo mejor, la alcaldesa de Madrid no es gilipollas y que la medida de ordenar la circulación de las personas podría tener su sentido.  Para desgracia del común de los mortales, el lunes descubrí que quedan personas dispuestas a acatar las decisiones que legítimamente toman los responsables públicos e incluso a defenderlas contra el pensamiento que se nos impone.

Así que, mientras los dos criticamos la decisión de la alcaldesa Carmena, me atrevería a plantear una pregunta: ¿Cuánto hace que no ha caminado usted por la calle Preciados un 23 de diciembre a las ocho de la tarde? ¿De qué concreta experiencia hemos partido para ridiculizar esta medida? ¿Nos hemos parado a pensar que, a lo mejor, hacía falta? El funcionario con el que me encontré, uno de los tantos que tiene como misión procurar el normal devenir de los acontecimientos en las calles, también en el mes de diciembre en Madrid, la veía acertada.

Un servidor público del que sentirse orgulloso. Al menos en Madrid hay uno. Un guardia.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.