domingo, julio 08, 2018

Ca-Cos ¿cacos?



Contra pronóstico, al menos contra el mío, Soraya Sáenz de Santamaría se hizo con la mayoría de los votos de los escasos militantes que pudieron participar en el proceso de primarias del Partido Popular.

El aparato del partido no estaba con Cospedal, como cabría suponer al ser ella la responsable última de la organización. Difícil de leer.

IMG-20180707-WA0012.jpgSe diría que se impuso el sentido común entre la militancia, que prefirió la cordura más serena y la capacidad de hacer cosas, la inteligencia de la candidata más cercana a las instituciones que al poder interno, a la estridencia del discurso crispado de su contrincante femenina o al apoyo incondicional de los ancestros del pasado a su contrincante masculino que, bien pensado, poco más puede ofrecer.

El hombre de Aznar quedó en segunda posición a escasa distancia de la vencedora. Uno que, con toda probabilidad, se las verá ante los tribunales de Justicia más pronto que tarde por no tener nada limpio el currículum académico que exhibe en los papeles.

Y aquí viene el lío. Casado se convierte en el hombre llave y tiene dos posibles alianzas: una con Soraya Sáenz de Santamaría, que le ofrecerá el máximo rango interno después de ella misma y otra con María Dolores de Cospedal, que le ofrecerá el máximo rango interno sin más, seguido por ella misma. No tengo ninguna duda de con quién va a intentarlo. La tentación de crear un frente anti-Soraya (si ya no existiera), que ha acopiado enemigos suficientes durante su largo período como vicepresidenta, es demasiado fuerte. Cómo mantendrá el discurso de que el que tiene más votos es el que tiene que gobernar ya lo escucharemos en los próximos días. Por ahora solo habla de las reglas que se han dado para legitimar su derecho a seguir en la pelea, pero olvida que esas mismas reglas, las que nos hemos dado, apoyadas por la intolerable aparición masiva de corruptos en su partido, son las que han propiciado el salto de Sánchez a la Moncloa, que el mismo Casado se ha hartado de criticar por ilegítimo.

Los compromisarios llamados a resolver la segunda vuelta en el propio congreso tienen una decisión difícil de tomar. Todo el proceso ha sido difícil en realidad: sin ninguna cultura democrática interna, sin ninguna experiencia (¡sin papeletas impresas!), sin directrices a las que obedecer o no pero que marcaran un norte concreto, el Partido Popular se ha lanzado a la aventura de las urnas. No ha podido ser más parco. No ha habido debates, no ha habido ni un solo proyecto de partido sobre la mesa, no ha habido más que personas, con su sola presencia, sin ofrecer nada más que la promesa de ganar al Partido Socialista en la próxima contienda.

La operación ‘cacos’ está en marcha. ¡Pelea de gatas! Ya ven que el bueno de Casado es el que menos importa en este caos interno. Las verdaderamente poderosas son ellas. El frente anti-Soraya no lo lidera él, a pesar de haber sido el segundo en la liza.

El reto de recomponer un partido en estado de putrefacción, solo sujeto a estas horas por la vaga necesidad de no desintegrarse; la tarea de desasirse de la derecha reaccionaria que aún campa por sus respetos incrustada en su ADN y comparecer ante la sociedad como un partido saludable, más comprometido con la modernidad que con el pasado del que es prisionero, capaz de representar a un país que necesita avanzar para reencontrar su propio camino, le corresponderá a uno de los dos clasificados en el proceso previo.

Imposible para mí pronosticar (no acierto nunca), pero fácil intuir qué representa cada uno de ellos. No puedo dejar de soñar con una derecha moderna, que entable su disputa con la izquierda en el terreno de las ideas, de las políticas y no en el del odio ancestral o el desprecio. Y me temo que esa derecha no es la del pupilo del expresidente, compañero de correrías de su yerno. No es la de Cospedal.

Aprecie el lector el notable esfuerzo de empatía que contienen estas líneas, por tal de comprender el momento en el que se encuentra el Partido Popular. Pero no nos engañemos: por mí, en realidad, como si se sacan los ojos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 01, 2018

66.000... Mal contados



Nos dijeron que eran casi 870.000. Y nos lo creímos.

Se hartaron de decirnos que no necesitaban financiarse ilegalmente. Que lo hacían con las cuotas de sus más de 869.500 afiliados… Eso no nos lo creíamos. Pero lo mismo les daba.

Ahora resulta que no. Que son 66.000. ¡Vaya! Apenas  el 8% de los que decían ser.

Curioso despiste. Les debe faltar dinero en la caja A, porque la partida ‘cuotas de afiliación’ no les tiene que cuadrar a final de año. Para algo está la B.

IMG-20180701-WA0000De Cospedal ya había demostrado no ser muy lista (recuérdese por encima la bochornosa explicación que nos dio a los españoles sobre el turbio asunto Bárcenas) y sí muy soberbia (recuérdese también la bochornosa comparecencia que nos brindó en la Comisión de Investigación sobre la financiación ilegal de su partido en el Congreso de los Diputados), pero ocupando la Secretaría General de su organización, algo debía olerse.

Lógicamente está encantada: Van a votar los concejales. Y este no es un asunto menor o, para explicarme en el modo Rajoy, es un asunto mayor.

Porque ha quedado en evidencia que el PP es un partido de cuadros. Sin militancia. 66.000 son los concejales, los diputados y senadores, los parlamentarios autonómicos, los asesores de Bruselas, los que han salido de los cargos del Gobierno, los que mantienen sus cargos allá donde aún gobiernan para desgracia de la ciudadanía. 66.000 son los que De Cospedal y la organización que dirige desde la Secretaría General, han colocado en sillas, sillones, atrios y bancadas. Son el aparato que De Cospedal ha urdido cuidadosamente. Muy mal habría tenido que hacerlo para no salir triunfante de este envite, en el que solo aquellos que le deben su sustento van a comparecer ante las urnas.  Es su aparato.

La buena mujer tiene a su marido en los ‘papeles de Bárcenas’, pero le importa un huevo, porque dice que ‘I. López del Hierro’ hay muchísimos en el entorno del PP y cualquiera sabe a quién se referían (con qué cosas tan grandes hemos comulgado, por Dios). Además no tiene contrincantes: nadie se ha creído del todo que Casado se sacara Derecho en seis meses, ni a Margallo le va a servir para mucho el lifting que se ha hecho, a pesar de que se ha quitado cinco o diez años de encima. Solo le queda Soraya para batirse.

Soraya ha sido la mujer que más poder ha concitado desde Josefina de Beauharnais (la de Bonaparte), pero mandaba sobre funcionarios (que votan lo que votan pero no en las primarias del PP), sobre espías, en Cataluña con la cosa de la aplicación del artículo 155 de la Constitución… Su predicamento en el Partido debe ser menor, aunque su presencia en las encuestas sea de más calado. Muy mal debería haber hecho su trabajo De Cospedal para que esta mujer tan pequeña, con esa carita de monja, le gane la partida.

Joserra… Nada, nada. Creo que solo le apoya Wyoming y y me parece que es de broma.

Inexperto yo en los asuntos que se mueven en el Partido Popular, me atrevo a pronosticar la  victoria de De Cospedal en la contienda por la sucesión de Mariano Rajoy, ex gran Mariano. Me hace feliz imaginarla en los debates televisados exhalando veneno contra Zapatero (quise decir Sánchez) por tropelías tales como devolver la cartilla sanitaria a los inmigrantes, quitar el co-pago farmacéutico a los pensionistas, sacar al dictador del Valle de los Caídos por Dios y por España, regular la eutanasia, arrancar las cuatro medallas del pecho henchido del torturador ‘Billy el Niño’, instaurar un impuesto sobre las transacciones tributarias para asegurar el sistema de pensiones, derogar la LOMCE, imponer las energías renovables como eje para la lucha contra el cambio climático, quitar los privilegios de la Iglesia Católica, aprobar una ley de igualdad laboral entre hombres y mujeres, propiciar un acuerdo europeo digno para afrontar el gravísimo problema de la inmigración frente a la bomba demográfica que supone África, estudiar un ingreso mínimo vital o un pacto de rentas que sitúe el SMI en 1.000 euros para 2020 o plantear un nuevo pacto constitucional que rescate el ya enquistado asunto territorial o blinde el estado del bienestar.

Ánimo, María Dolores: Tienes el discurso hecho.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 24, 2018

Provocación


Quisimos entenderlo porque no teníamos más remedio que confiar en nuestro Poder Judicial para seguir teniendo algún lado al que mirar sin ruborizarnos, después de que ocho años de gobierno popular hubieran roto todo o casi todo aquello que constituían nuestras instituciones.


Así que lo quisimos entender. Nos dejamos llevar por la estrepitosa corriente de argumentos jurídicos ininteligibles con los que intentaron enseñarnos a diferenciar entre violación y abuso.  Incorrecto: la cosa está entre la agresión y el abuso porque penetración puede haber en ambos casos y el quid de la cuestión está en el uso o no de la violencia para follarse entre cinco maromos a una jovencita de 18, aunque parezca tan obvio. Pero lo quisimos entender.

Al fin y al cabo, pensamos, los cinco gilipollas que violaron a la muchacha (al parecer sin violencia) iban a estar en la cárcel para mucho, mucho rato. Porque nueve años nos pareció tiempo suficiente en comparación con los doce que (como mínimo) les podrían haber caído de aplicarse el tipo penal agravado de ‘agresión’ (agresión con acceso carnal).

Lo quisimos entender a pesar de que la calle se enfebreció y por todas las ciudades españolas corrieron ríos humanos pidiendo justicia para una agresión que, a todas luces, había de reprobarse penalmente con toda la fuerza de la Ley y no con la aplicación de la pena que se impone a un delito menos grave. Aún así, lo dejamos correr.

Y ahora están sueltos.

Cinco bigardos que resuelven sus fiestas violando chicas en portales y contándolo vía WhatsApp, a sus amigotes, que tienen pendiente otra causa penal por hechos muy similares, que no han mostrado ni un asomo de arrepentimiento por lo que hacen, que nadie puede haber supuesto que lo vayan a dejar de hacer, que tienen una condena de nueve años de cárcel, han quedado en libertad hasta tanto la sentencia que los manda confinar sea firme. La Sección Segunda de la Audiencia de Navarra así lo ha decretado.

Dicen dos de sus tres señorías (mujer una de ellas por más intensidad) que el riesgo de fuga es mínimo porque no tienen dinero, que no van a poder volver a hacerlo porque, como ya se conocen sus caras, las chicas se van a ir corriendo en cuanto los vean, que no tienen antecedentes penales porque la causa que tienen pendiente aún no ha sido juzgada…

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Una señoría
Y el argumentario se repite: la técnica jurídica no está al alcance de nosotros, pobres legos, que no comprendemos el complejo mecanismo de las decisiones judiciales. Solo sus señorías, tocados de esa suerte de sabiduría universal, cuasi divina, pueden y deben interpretar y aplicar la norma. Y sin derecho a crítica por parte la sociedad que, ignorante, mortal, ha vuelto a salir masivamente a la calle para clamar, una vez más, justicia.

¿Cómo puede estar tan separado el sentido común que usan los jueces del sentido común que tiene por bueno la sociedad entera? ¿La sensibilidad de la norma de la sensibilidad de la sociedad en que está llamada a aplicarse?

Lo cierto es que no lo está.

El Código Civil no tarda nada en despejar esta incógnita: su artículo 3, dentro del capítulo que se ocupa de la ‘Aplicación de las normas jurídicas’ establece en su punto primero  que ‘Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos, y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas.’

La realidad social a la que apela el tercer artículo del Código Civil, no es la que se desprende de la ideología del juzgador ni de su más o menos estrecha moral, es la que es. Y en la realidad social de este tiempo en que la norma ha de ser aplicada, los violadores tienen que estar en la cárcel.
Ahora no sé seguro de hasta cuando uno es un presunto violador. Si es cuando se le condena que ya es violador o es cuando la sentencia por la que se le condena adquiere la condición de firmeza. Pero me importa un huevo.

La Audiencia de Navarra, Sección Segunda, ha cometido con su auto un acto de provocación incomprensible, además de innecesario.

Solo un último matiz sobre el auto en cuestión: la víctima de La Manada no podrá ir a Peñíscola de vacaciones. La Manada solo tiene prohibido violar en la Comunidad de Madrid.

Esos cinco violadores no pueden estar en la calle.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 17, 2018

Jauría


A ex Rafael Hernando le resulta insoportable que el presidente Sánchez haya tardado más de ocho horas en resolver la crisis ocasionada con motivo del descubrimiento de los trapicheos fiscales del ex ministro Huerta. ¡Qué flaca es la memoria!

También le resulta insoportable que no se haya celebrado aún el debate sobre el Estado de la Nación, cuando Sánchez lleva ya más de una semana detentando el poder de manos de los etarras.

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Ex ministro; jauría.
Al ex ministro Huerta le resulta insoportable que la jauría de dónde él mismo procede se haya vuelto contra él y se lo coman vivo, total por 218.000 de nada que se dejó sin pagar al fisco entre 2006 y 2008 (ya hubiera querido yo ganarlos). Eso sí, nos dejó claro que ama la cultura y que, tanto la ama, que prefiere pirarse que mancillarla. Nos dejó igualmente claro que ama el proyecto de Sánchez y que, tanto lo ama, que prefiere pirarse que mancillarlo. Vamos, que se pira.

A Luis Rubiales le resulta insoportable que un entrenadorcillo (el seleccionador nacional) se le escape vivo rumbo a Valdebebas cuarenta y ocho horas antes de debutar en el mundial de fútbol. Así que lo echa. Ya está. Cesado el perro se acabó la rabia. Pero estaba rabioso, joder: El tal Florentino se lo había limpiado sin consultar y, encima, había tenido la desfachatez de contárselo al mundo sin haber podido digerir la noticia todavía. Rabioso. A casa con Lopetegui, por enteradillo.

A Florentino Pérez, uno que nunca será un ex nada, le resulta insoportable que pasen cosas en España sin estar él mismo de por medio. Así que ha tenido que comprarse al seleccionador nacional de fútbol justo el día en el que aparecía la sentencia del caso Nóos (que se jugaran o no unos mundiales le importaba un carajo), del mismo modo que tuvo que esperar al día en que se debatía una moción de censura para permitir el anuncio de que su ex entrenador abandonaba el Real Madrid por motivos personales. A ex Zinedine Zidane le debía resultar insoportable (esto lo pongo yo de mi cosecha) tener que aguantar a tanto gilipollas en el vestuario y a tanto marimandón por los despachos.
Y ¿al Rey? Le debe resultar insoportable que su ex cuñado (el ex duque de Palma, marido de su ex hermana, la ex duquesa homónima) vaya a pasar un buen rato en la cárcel, total por unos delitos continuados de ‘choricismo regio máximo’ que apenas salen tipificados en el Código Penal. Menos mal que el buen Florentino ha estado al quite y le ha suavizado las portadas del día, como a ex Mariano se las suavizó en su momento más crítico.

A los prebostes del PP,  que todavía no son ex prebostes pero lo serán cuando haya pasado el verano excepción hecha de Javier Arenas (no los cito uno a uno porque han sido muchos), les resulta insoportable que el Aquarius vaya a atracar en Valencia y que la vicepresidenta Calvo se haya ocupado personalmente de coordinar las tareas de recepción de seiscientos veintinueve negros de solemnidad, sin oficio ni beneficio, que vienen a quitarnos el trabajo. Bueno, a mí no, porque soy funcionario, ni a mis hijos, porque trabajan en cosas de blancos, ni a los hijos de usted que, si todavía no trabajan, no van a querer  los empleos que les ofrezcan a estos, pero, sin duda, vienen con la malsana intención de quitarnos el trabajo. Les resulta insoportable esto que llaman ‘efecto llamada’: la gran excusa que se ha buscado Europa para seguir desatendiendo la pandemia de insolidaridad (esta sí que es insoportable) que se ha incrustado en el ADN de la conciencia colectiva del viejo continente. El no nato Ribera (este no es ex, porque nunca fue nada) mira hacia Europa con exigencia.

Pero no es la jauría. Le explicaremos al ex ministro Huerta que no es la jauría, sino la ciudadanía, la que se ha cansado y, de repente, parece que se da cuenta de todo. Así que después de tantos años dejándolo pasar todo, a pesar de estar sucediendo las cosas más enormes, la ciudadanía está despierta  y, por lo que se ve, dispuesta a no transigir con ni una más. Ni una insolidaridad, ni una injusticia, ni una golfería más.

La ciudadanía quiere un mundial con el que sentirse parte de alguna cosa al fin, y no nos lo van a permitir tener en paz, por si un buen resultado apaciguara a las bestias y glorificara un minuto de Pedro Sánchez. Quiere un gobierno con más chicas que chicos que se comprometa más con las personas que con las corporaciones financieras. Quiere ver atracar al Aquarius en sus costas y que le quiten las medallas a los torturadores. Quiere que pasen cosas de las que sentirse orgullosa y que, a ser posible, dejen de pasar esas otras que avergüenzan tanto.

La ciudadanía lo que está es hasta los cojones. Y eso sí que es insoportable.
El dibujo es de mi hermana Maripepa, aunque ya sé que es más que obvio.

domingo, junio 10, 2018

Aznarcronismo



Trepidante semana.

Pedro Sánchez, flamante presidente del Gobierno tras ganar contra todo pronóstico y por primera vez en España una moción de censura, convoca a un conjunto de notables del Estado (y otros no tan notables) para configurar un consejo de ministras y ministros (de acuerdo con la nueva nomenclatura) que causa asombro por el número de mujeres, por la relevancia de los personajes, por la celeridad en la toma de decisiones.

El ex Partido Popular se retuerce desde el más allá exigiendo la inmediata convocatoria del debate sobre el estado de la nación (ellos mismos lo vienen obviando desde 2015) y barbarizando sobre las intenciones que le presumen al nuevo Gabinete. Todo ello mientras se remueven en sus filas hablando de un señor que se saca fotos en la popa del yate de un narco famoso, con él a bordo, y de dos señoras que pronto mostrarán los arañazos y moratones producidos por lo que no tiene pinta de ir a ser una contienda pacífica por la sucesión.

El partido de Rivera, hace apenas dos semanas firme candidato a ocupar con sus filas palacios y palacetes, se lame las heridas de su estupidez contenido en el viejo casón del pueblo que el padre de alguno les cedió para sus reuniones, hoy en la semiclandestinidad, después de haber dado noticia al país entero de quiénes son en realidad y cuáles sus intenciones.

Pablo Iglesias lamenta lo pronto que se produce el olvido y lo largo que es, para lo corto que ha sido el amor.

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Y en esto ¡aparece Aznar! Grande Aznar. Enorme.  Como un ‘aznarosaurio’ aparecido de  pretéritas glaciaciones, Aznar comparece ante la humanidad y, comprendiendo que la derecha española está en crisis, sabedor él y solo él de cuáles son las verdaderas claves del delirio en el que se halla sumida y conocedor, igualmente solo él, de qué pulsiones de la sociedad, qué fibras del complejo tejido neuronal de las Españas se hallan en estado de desgarro, se ofrece generoso, inmenso, para restañarlas.

Y es que hay que ser muy tonto o estar muy poseído de uno mismo, para creer que la propia mismidad de sí es el único ente en el mundo capaz de nada en absoluto y, mucho menos, de volver a poner orden en aquello de cuyo caos es principal hacedor. O sea, un tonto.

Aznar no solo nos ha regalado la mejor caricatura de sí mismo en estos días; también nos ha hecho comprender que se trata de uno de esos especímenes que forman parte de un pasado que no va a volver: el del triunfo de los contadores del Estado, de los registradores de la propiedad, de los inspectores de Hacienda. YouTube los ha ocultado, Facebook los ha dejado sin amigos, Instagram los repudia, Twitter los ignora. Simplemente ya no están. Solo que Aznar no lo sabe.

Este nuevo gobierno de astronautas, comunicadores, hombres y mujeres de la economía, del mercado, de la gestión pública, está llamado a modernizar el lenguaje y las maneras, a sacar  la naftalina de los despachos, a ventilar las cloacas, a cambiar las ventanillas por ventanas que se abran a las voces de la calle. A convertir el aparato del Estado en la herramienta de progreso de la sociedad que nunca debió dejar de ser.

Y entonces Aznar, los ‘aznares’, ya no nos harán falta. Ni puta falta.

La derecha, sin ‘aznares’ ni registradores ya, abrirá un proceso de cambio profundo que la aleje por fin (estaría cojonudo) del franquismo del que son herederos todavía, que reconozca el pasado y no lo justifique, que se crea de verdad que estamos en un estado laico, que pierda la capilla, el ardor guerrero, y se aleje del convencimiento de que son los dueños del chiringuito y que este solo sirve a sus intereses y a los de los amigos que pueden comprarlo.

A lo mejor entonces se puede hablar de aquellos grandes pactos que hoy son impensables y que tanta falta hacen: reforma constitucional, educación, igualdad salarial sanidad, dependencia, jubilación… Tantos.

Solo queda esperar unos milenios.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.



domingo, junio 03, 2018

Y, sin embargo, se llama Pedro Sánchez

Nunca celebré tanto estar equivocado.
Existe el error generalizado de pensar que a La Moncloa se llega por los votos. Y no es exactamente así. Se parece mucho, pero no es así. Por los votos se llega a la carrera de San Jerónimo y es desde ahí, desde el Congreso de los Diputados, desde dónde se llega a La Moncloa.
Digo esto porque parece que Pedro Sánchez ha cometido una tremenda felonía desalojando (él con la connivencia de 180 diputados que representan doce millones de votos) a Mariano Rajoy de la Presidencia del Gobierno. Y no. Nada más lejos. La Cámara, compuesta de diputados democráticamente elegidos, estos sí por los votos, otorga su confianza a un ciudadano al que convierte en presidente del Gobierno. Y si este la caga mucho, la propia Cámara lo pone de patitas en la calle utilizando el instrumento que la Constitución diseñó para cuando un presidente la caga mucho, que es la moción de censura.
Ya está.
El bueno de Rivera, líder de la única formación que ha apoyado al Partido Popular en esta singular aventura de marcharse a casa, tiene un cabreo de oro. Ya se le ha olvidado la cosa de la ‘pureza de raza’ en la que pretendidamente ha basado sus apoyos a diversos gobiernos, mayoritariamente populares. Le importaba un carajo, se ve. Esto que ha pasado no le interesaba nada de nada, porque él (como yo mismo, error que tanto celebro) ya se veía presidente, aclamado en olor de multitudes ante la indigestión de corruptos de su partido amigo. Él quería que Mariano, el ex gran Mariano, se humillara, reconociera sus culpas y convocara elecciones, ahora que Ciudadanos subía en las encuestas como la espuma, con el PSOE desaparecido en combate y el jefe de Podemos comprándose chalets por la sierra de Madrid. Y esta moción le ha sentado igual igual que una patada en la parte inguinal (en la zona de los huevos, para entendernos).
Así que, de momento, Rivera no será presidente. Y no va a ser lo mismo comparecer a los comicios convocados por un Rajoy más que tocado y hundido, los que él esperaba, que a unos convocados (cuando los convoque) por un Sánchez presidente, ya no desaparecido, después de un más o menos corto período de gobierno en el que malo será que no mejore un poco el desastre que deja su predecesor.
Pero ¿qué ha hecho Pedro Sánchez?
No parece que lo sucedido se pueda deber únicamente a la ambición desmedida del sujeto: todos los grupos del Congreso, todos, con la lógica excepción del Popular y la esperable pataleta de Ciudadanos, cuyo líder nos dio el admirable espectáculo de cómo se enrabieta un chico cuando le quitan el móvil, estuvieron de acuerdo en la solución. Dudo sinceramente que el variopinto conglomerado de partidos que lo apoyaron tuviera como objetivo político de la legislatura la entronización de Sánchez. Algo más debía estar pasando y, de hecho, pasaba.
Lo que hizo fue utilizar legítimamente el recurso constitucional habilitado para sacar del Gobierno de España a un partido que no aguantaba un minuto más, una sentencia más. El acto patriótico de librarnos de un partido podrido que se aferraba a los sillones del Consejo de Ministros sacando a vociferar a María Dolores de Cospedal a la orden de ¡Cospe, mata!
Y yo se lo agradezco. Aunque se equivoque se lo agradezco. Peor no puede ser. Y el devenir de las cosas según estaban diseñadas nos traía un futuro muy de derechas y de muy largo recorrido, que no creo que fuera lo más beneficioso para esta maltrecha nación. Me refiero, claro, para las clases menos favorecidas de esta maltrecha nación.
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Por otra parte, este tipo de coalición ‘Frankenstein’ que tanto miedo produce en la derecha española (PP, Ciudadanos…) o sea, que tanto miedo produce a quienes no están involucrados en ella, sino expulsados de ella, no extraña a nadie en Europa.
Los gobiernos en minoría, las coaliciones entre varios partidos, incluso de muy diferentes ideologías, se producen con toda naturalidad en nuestro entorno donde, por cierto, son la norma. Países como Portugal y Bélgica (el primero ejemplo de gestión de la izquierda en el mundo, el segundo nada sospechoso de república bananera), están gobernados ya por coaliciones no lideradas por el partido que ganó las elecciones. Ambos con ensayos inéditos en sus historias respectivas.
Sumemos a estos a Austria, donde el ÖVP gobierna con el ultraderechista FPO; Holanda, otra coalición de diferentes ideologías; Dinamarca, un Ejecutivo de minoría, apoyado por tres formaciones; Suecia; Finlandia; Estonia; Reino Unido, donde los conservadores de Theresa May  han necesitado a los unionistas de Irlanda del Norte para poder gobernar con 316 escaños de un total de 650; la misma República de Irlanda; y Rumanía, Bulgaria, República Checa, Eslovaquia y Croacia en Europa central, donde solo en Hungría hay un gobierno con mayoría absoluta.
Poderse, se puede.
Ahora lealtad, solo lealtad institucional, y veremos a un presidente socialista sacar de la ‘marca España’ (de la que tanto gustaba alardear a los gobernantes del Partido Popular) la mancha pútrida de la corrupción con que la habían embarrado. Veremos parar la involución monstruosa en la que la derecha estaba sumiendo al país. Veremos desaparecer leyes represivas con las que, admirablemente, estábamos conviviendo sin chistar. Veremos parar la injerencia indigna del Gobierno en Fiscalía y Judicatura. Veremos diálogo político en la crisis territorial. Veremos unos medios de comunicación públicos dignos… Con un poco de suerte, y un poco de lealtad, veremos volver a este pueblo a la senda de la conquista social.
Y, entonces sí, elecciones.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 27, 2018

Vergüenza patria

Si usted logró sobreponerse a la vergüenza de escuchar a Marta Sánchez interpretando, como estreñida, la letra que había compuesto para llenar de contenidos ‘lácrimo-cristianos’ el himno nacional y tuvo la suerte de tener a los niños acostados aquel 17 de febrero de infausto recuerdo, el ‘tiempo goma’ en el que nos encontramos le habrá castigado con revivir idénticas emociones esta misma semana, de la mano de Albert Rivera y su nueva plataforma patria.
¿Nueva? ¡Señor, Señor!
Quienes habían puesto sus esperanzas en que este cachorrito de falangista aspirante a la Presidencia del Gobierno de España, representaría la moderación política, confiados en su juventud, su aspecto virginal y su discurso inocuo, tienen ya la verdadera medida intelectual del sujeto. No era ese.
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Rivera ya no ve altos ni bajos, rubios ni morenos, pobres ni ricos, hombres ni mujeres. Rivera solo ve españoles. ¡Qué atropello! En su búsqueda del modelo Macron, se ha corrido de ligero y se ha marchado al estereotipo Trump (‘Spain first!’)…
En esa ceguera intelectual que le impide distinguir a personas tan distintas, supongo que no habrá alcanzado a vislumbrar al buen Zaplana, reo de la Justicia en estos momentos con carácter preventivo, a la espera de que se aclare tanto dinero como el que ha ido introduciendo en nuestras fronteras en presuntas operaciones de blanqueo de sumas procedentes de sus también presuntas corrupciones por cuenta del Partido Popular en Valencia.
Y, puesto a no distinguir, tampoco se habrá dado cuenta de la catadura moral y política de sus compañeros de viaje en esta legislatura, esos alegres muchachos del Partido Popular que ahora la propia Justica tacha poco menos que de asociación de malhechores y los deja a los pies de los caballos, justo un día después de que, estrábico Rivera, con el voto de su formación les aprobara los Presupuestos Generales del Estado con el que garantizan su permanencia en el poder hasta el fin de los días de este mandato. Qué grande, ahora que me acuerdo, esta nuestra independencia del Poder Judicial, que calza la sentencia de la Gürtel 24 horas después de la aprobación por la mínima de los Presupuestos Generales del Estado.
Peregrina idea la de blandir el nacionalismo español como único y gran remedio de los males que aquejan al país, orquestándolo a base de discurso cero, banderitas de plástico y Marta Sánchez sin hacer caca a modo de musa (Ciudadanos ha encontrado a su Norma Duval). Insultante el oportunismo ventajista del aspirante Rivera al negarse a apoyar la moción de censura propuesta por el PSOE, que tiene como finalidad liberar al país de tanta inmundicia, so pretexto de interponer la suya (sin diputados suficientes) que esa sí que va a servir para librar al país de tanta inmundicia.
Tanta necedad, tanta estulticia, tanta mediocridad intelectual, tanto oportunismo, no pueden pasar desapercibidos a un electorado que, si bien se había movido hacia la derecha corrupta en busca de algo de estabilidad, no debería ahora perder por completo el raciocino dando la alternativa a esta nueva derecha que, si cabe, se intuye aún más peligrosa por su vacuidad ideológica que la que ya conocemos.
Y, sin embargo, Rivera va a ganar las próximas elecciones. Vergüenza patria.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 20, 2018

Narcos



O hemos vuelto a los ochenta o  nunca salimos de los ochenta.

Una pandilla de encapuchados libera a mamporros a un narco de un hospital en el que se mantenía detenido bajo custodia policial. Luego un grupo de personas sin encapuchar apaliza en un bar a un grupo de guardias civiles fuera de servicio. Luego uno haciendo exhibición de su planeadora pasa por encima de un niño y lo mata.

Entre medias, el silencio. El tráfico de drogas y el miedo.

Tres sucesos espeluznantes (uno más que los otros dos) nos traen de bruces a una realidad que, no solo no es nueva, sino que es viejísima, pero que está callada por los medios de comunicación, por las autoridades, por la sociedad. Solo en el escueto ámbito donde acontece las madres y los padres la sufren cada día respecto de sus hijos, y los jóvenes y las jóvenes (más ellos que ellas: también el narcotráfico es un negocio de hombres pero aquí no pediremos igualdad), creen aprovecharse de ella hasta que se ven abocados a rendir cuentas.

20180519_234936.jpgDe momento cobran: hasta 300 por "dar agua", hasta 2.000 por descargar los fardos, hasta 4.000 por conducir el todoterreno con la mercancía. Rápido y fácil. Arriesgan, pero en la conservera, si tienen suerte de conseguir el empleo, no llega 600 al mes por trabajar sesenta horas semanales. Eso sí que es arriesgado. Es difícil discernir lo conveniente.

Antena 3 y la Farinha de Nacho Carretero nos han contado estos días las cosas que pasaban en la Galicia de los años 80. En esta Cádiz de la segunda década del siglo XXI no parece que sucedan cosas tan distintas, pero no nos las cuentan por alguna razón que trataremos de entender cuando Antena 3 lance otra serie de televisión. Porque Zoido, este que es ministro pero que no es espabilado (el pobre), nos trata de convencer de que la cosa no es para morirse y que, de hecho, la lancha que mató al crío no estaba dedicada al tráfico de estupefacientes (omite que sí al contrabando de otras cosas) y se calla la circunstancia de que los tipos a los que fostiaron en un bar eran guardias civiles. Lo que pasa es que si uno es guardia y lo forran a palos, al final la peña lo acaba sabiendo.

¿Recuerdan? La economía española creció un 4,5% cuando se incorporó al cálculo del PIB por recomendación de la Unión Europea el rendimiento de las actividades de prostitución, producción y tráfico de estupefacientes y contrabando. Fue en 2014. No sé si Román Escolano (el desconocido sujeto que sustituyó a De Guindos al frente del Ministerio de Economía) se peleará con su compañero de Interior para proteger el crecimiento patrio.

Todos los demás callan también. Y los que no callan tienen miedo. Los narcos no. Estos no callan y no tienen miedo. Estos lo que tienen –a todas luces– es razón. Porque en la escalera y en el barrio los protegen, las autoridades están puestas de perfil, los medios de comunicación solo se hacen eco de los éxitos policiales en forma capturas (en franco crecimiento) y ellos, como aquél mítico Miñanco (que ya fue detenido en el Campo de Gibraltar) chulean de coches carísimos, lanchas aún más rápidas y restaurantes todavía más exclusivos. Porque no son culpables. Son los señores del narco. Son respetados (temidos) y envidiados por muchos más que esos que no callan.

Y esos que no callan no tienen voz, porque nadie los oye.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 13, 2018

Santas pascuas



Querida Carmen:

El otro día, en Alicante, formando parte del séquito del Gran Mariano, se le escapó eso que llamó un “comentario jocoso dentro de una conversación privada” que, al pasar a lo público, “se convirtieron en palabras inadecuadas en fondo y forma”.

Por si la memoria le jugara una mala pasada y, si me lo permite, se lo recuerdo: el comentario jocoso fue "¡Qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles: 'Pues os jodéis!'", y ello referido al grupo de jubilados españoles que se habían dado cita en la inmediaciones del lugar en el que se celebraba el acto para protestar delante del presidente del Gobierno por la situación infame a la que sus políticas les han conducido.

Mire, señora, un comentario jocoso sería, por ejemplo “¡Mira con qué gracia sube Mariano las escaleras: Parece una bailarina!” o “¡Qué calor hace en Alicante! Si el presidente rompe a sudar lo tendremos que evacuar en helicóptero, aprovechando que Esperanza Aguirre no ha venido”. Querer hacerles a los jubilados un “corte de mangas de cojones” y decirles “¡que se jodan!” no es un comentario jocoso. Es una puta grosería, amén de una enorme falta de respeto.

20180512_231352.jpgDebo decir en descargo de lo sucedido que es muy poco frecuente escuchar a una política decir lo que piensa y que ese tono de frescura se agradece en sobremanera en unos escenarios comunicativos tan encorsetados y poco naturales como son los que se preparan desde su Secretaría de Estado. Así que asumo su disculpa y, por mi parte, disculpada. Al fin y al cabo nadie debería ser afeado por algo tan natural como decir lo que piensa.

Pero ¿qué es lo que piensa?

¿Usted, señora, de verdad piensa que hacerle un corte de mangas de cojones a los jubilados y decirles ¡jódanse! es lo que toca en la situación a la que les han abocado? ¿Esa es la reacción que le inspira? ¡Caramba!  ¡Qué sencilla...!

¿Y cree de verdad que puede seguir ejerciendo el cargo de secretaria de Estado de ¡Comunicación!, después de que España toda conozca sus verdaderas inclinaciones por un colectivo tan problematizado como este?

¿Qué piensa usted, señora, sobre las feministas que salieron a la calle el 8-M en el que, según nos consta, la política de comunicación de su Gobierno, esa que usted diseña y dirige, consistió en que sus ministras repitieran el cantito de que lo mejor que se podía hacer era trabajar mucho ese día para demostrar su valía? ¿Su posición personal también es ¡Qué se jodan!?

Lo sé, lo sé, se ha disculpado (¡mandaría cojones!). En la Cope, con sus excompañeros de la radio… con un Herrara tan comprensivo al otro lado que daba hasta lastimita escuchar el relato de la utilización malévola de sus palabras inocentes.  Lástima que su disculpa no haya llegado a jubilado alguno. Usted le ha pedido disculpas a aquellos que se hayan podido sentir ofendidos por sus palabras y, ¿sabe qué? No hay nadie ofendido. Las personas de su catadura moral no pueden ofender, por más que quieran.

Sea usted una señora de verdad (¿podría?), demuestre un mínimo de respeto por las personas a las que insultó y, en lugar de pedir disculpas y “santas pascuas”, deje usted el cargo en buena lid y entonces sí que santas. Los españoles jubilados, las españolas en activo, las españolas en paro, las personas de este país, en suma, no nos merecemos seguir viéndola en la tele.

Váyase. Y santas pascuas.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 06, 2018

El PP se descompone. ¡Larga vida a Ciudadanos!



El peso de la corrupción, de los escándalos políticos, el desgaste de los casi siete años de gobierno, las disensiones entre sus lideresas del segundo escalón, son síntomas evidentes de  la podredumbre de un partido que, utilizando tantas malas artes como supo o como pudo, alcanzó el poder en el año de gracia de 2011 derrotando a un PSOE sin imaginación para capear la poderosísima crisis planetaria que se le había venido encima.
Las crónicas que han venido de la mano de la disolución de ETA han puesto, además, de manifiesto la inmensa deslealtad institucional (la mezquindad) con la que actuó Mariano Rajoy en su calidad de aspirante al título de presidente del Gobierno, cuando José Luis Rodríguez Zapatero trataba de articular cualquier medida que hiciera posible la desaparición de la banda armada que finalmente logró, a pesar de que en el relato oficial de los hechos todo el mérito haya quedado atribuido a la cosa de la Democracia misma.
Así que se fue a Burgos a comprometer el apoyo del Gobierno a la conmemoración del VIII centenario de su catedral y presenciar la firma de los convenios a través de los que se financiarán las obras de rehabilitación del Hospital de la Concepción o las de ampliación del Museo. Alta política.
A aquellas mismas horas en la capital del Reino, Cospedal y Sáez de Santamaría descoyuntaban sus naturalezas a fuerza de mirar para otro lado cuando la casualidad o el protocolo les hacían coincidir en el mismo escenario durante los actos conmemorativos del día 2 de mayo.
Mientras Rajoy, en brillante discurso, afirmaba que da mucho gusto asistir a esos actos bonitos, porque en política hay actos bonitos y otros que no lo son tanto y —añadía— los que más le gusta disfrutar son estos más bonitos porque de los otros no se acuerda, el PP desfilaba por la Real Casa de Correos. Solo faltaban los cuatro ex presidentes de la comunidad que, los unos por los otros, no encontraron el momento de pasarse por los fastos. Uno en la cárcel, otro en la incertidumbre de si se libra o no, la otra agazapada viendo a ver si consigue que nada salpique su apellido de casta y la última, supongo, escribiendo a todo escribir un trabajito que necesita presentarle a unos amigos de la Rey Juan  Carlos para salvar sus muebles. Ninguna, ninguno.
El PP se descompone en Madrid. Ya se descompuso en Valencia, sufre en Murcia, ni está ni se le espera en Cataluña (curiosamente gestiona allá el Gobierno de la Generalitat). Se mantiene firme en sus bastiones de Castilla y León, Galicia y Ceuta…  pero se descompone.
Entre tanto, la izquierda española (entiéndanse ‘los partidos de’ la izquierda española) lleva tomados un par de lustros sabáticos y se resiste a organizar una estrategia progresista bien trabada que sirva para atajar la otra gran descomposición, que es la de España toda, convertida por mor de los acontecimientos y del letargo en el que se ha sumido en un espacio de desagrado con poco o nada que ofrecer, con poca o ninguna ilusión, en el que la convivencia ha dejado de resultar amable.
La socialdemocracia está desparecida de la escena política porque se ha quedado sin discurso ideológico y sus votantes nos negamos a apoyar a un señor o a una señora que simplemente dé bien en la tele.
No es un mal exclusivo de España. La crisis de las izquierdas es mundial, pero aquí, en casa, es más visible porque la distancia entre izquierda y derecha es abismal. Por cierto que, siendo que el modelo de socialismo que se estila por estos lares no se puede tachar de radical ni de revolucionario, cabría concluir que esa distancia entre los bloques se deba a las posiciones ideológicas cada vez más extremas de la derecha, que se aleja de la democracia cristiana (si existiera), con posiciones y militantes de todo pelaje, cercanos al Opus Dei y al liberalismo más thacheriano en la mayoría de sus postulados morales y económicos.
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En descomposición el partido en el gobierno y sesteando los dos grandes partidos de la oposición emerge, gran hallazgo de la cosmética, el Macron español: ausente de ideología pero esposo que cualquier matrimonio de bien querría para su primogénita, blandiendo la espada de la mediocridad para dar la batalla en todos los frentes. Sin despeinarse, sin perder la sonrisa distante, sin decir gran cosa pero sin ofender mucho  a nadie. Apoyado por las grandes corporaciones del país, Albert Rivera cosecha el producto del desgaste de los unos y la inoperancia de los otros, aglutina la decepción, el hartazgo, la militancia desideologizada que se va cayendo de las opciones clásicas. Puede que estemos delante de ese fenómeno de liberalismo absoluto que tanto bien haría a las clases dominantes a las que permite albergar la ilusión de seguir campando por sus respetos a lo largo y ancho del Estado, sin más intervención que la imprescindible para que la sociedad no entre en pánico.
PSOE y Podemos no saben hablarse. La deriva ideológica y de liderazgo del primero y lo vieja que está resultando la nueva política del segundo, despistan tanto el discurso que nadie sabe leer bien lo que quieren decir. Y no saben hablarse. Ya deberían saber que están obligados entenderse. Un votante progresista mueve los ojos a un lado y a otro con la cabeza quieta y gesto de incredulidad, a la espera de una izquierda que convenza.
¡Larga vida a Albert Rivera!
El dibujo de Rivera en la catapulta es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 29, 2018

Romperlo todo

Parecía que romper las cosas no sería tan fácil porque siempre habíamos pensado que la pesadísima inercia de las instituciones haría que sobrevivieran a los avatares de sus gestores, por necios o malintencionados que estos fueran.

Y sin embargo, ya ven: todo es ponerse.

Una falacia aquí, una corruptela allá, una prevaricación pequeña primero, después una grande. Luego otra, pensando en que, si somos nosotros los que escribimos en el Boletín Oficial del Estado, por qué no poner en él lo que más nos convenga… o lo que nos dé la gana.

Entonces el tiempo va pasando y un día miras a tu alrededor y resulta que ya lo han roto todo.
Y ¿qué ha pasado? Pues prácticamente nada porque, aparentemente, todo funciona.
Solo, pequeñísimo matiz, que hemos perdido la confianza en las instituciones.

Primero dejamos de creer en el Gobierno, porque no era de recibo que a los mandos estuviera un partido a punto de ser condenado por corrupción y dirigido por corruptos. Luego en la Universidad, porque no se falsifican masters para las vicepresidentas de los sitios, por más que hayan sido ellas quienes te han colocado en esa posición en la que los puedes falsificar. Luego en los partidos políticos que arman cacerías contra quienes no les interesan (en lugar de vencerlos lícitamente en sus órganos internos) y almacenan primero y después exhiben vídeos pornográficos e ilegales para rematar a sus presas.  Luego dejamos de creer en los parlamentos democráticamente elegidos, cuando vimos cómo se trapichea con las leyes de presupuestos a cambio de enormes puñados de euros, bien para inflar la financiación de unos a costa de otros, bien para garantizar medidas populistas y sin recorrido, como la falsa subida de pensiones que ha arrancado el PNV al partido en el Gobierno. Y ahora dejamos de creer en la Justicia, porque no se le hacen guiños a los violadores. No. No se le hacen guiños a los violadores. No se juega con los artículos para convertir la violación de una cría por cinco delincuentes en un asunto menor.

Y ahora todos a la palestra a bramar contra nuestro Código Penal, a exigir formación para los operadores jurídicos, a gritar que endurecerán no sé cuántas penas y reformarán no sé cuántos títulos de la Ley que tipifica y sanciona las conductas criminales. Ahora, como cuando aquella señora mató a aquél niño, todos a decir a voz en cuello, vóteme a mí, que yo se lo arreglo.

Nosotros, los que no vamos a reformar nada, los que solo nos comemos la corrupción de unos cuantos, las sentencias aberrantes, los escándalos escabrosos de políticos mediocres, las universidades podridas, las prácticas parlamentarias deleznables, nosotros, digo, miramos a nuestro alrededor para comprender que, simplemente, estamos solos. Y salimos a la calles para gritar, solo para gritar, que nos hemos dado cuenta, valga para algo o no.

La distancia que separa a las instituciones de la sociedad a la que supuestamente sirven ya tiende a infinito. La sensación de impotencia que embarga a quienes padecemos la estulticia de las decisiones que se toman entorno a las cosas que nos afectan es igualmente infinita. Y se puede empeorar, pero el infinito es por sí mismo inalcanzable, no puede agrandarse y, por ende, casi no lo vamos a notar: por bárbara que sea la cosa que pase esta semana que entra, la distancia será idéntica. Ya es infinita.

20180429_000815Lo han roto todo.

(Iba a escribir ‘lo hemos roto todo’ pero, bien pensado, ni usted ni yo hemos sido. Nosotros estábamos mirando la televisión y dejándonos hacer).
 
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 22, 2018

Adiós, ETA



Parece ser verdad que hay víctimas de varias clases, según denuncia la Asociación de Víctimas del Terrorismo al analizar el comunicado en el que ETA anuncia su disolución. Y ¡cuánto nos gustaría que fueran solo de una!

Nos gustaría, nos encantaría, que todas las víctimas fueran de primera división, o de división de honor si fuera el caso.

Nos encantaría que el Partido Popular hubiera tratado por igual a todas las víctimas, ya fueran las del terrorismo etarra, las del terrorismo de origen islamista o las del genocidio franquista. Y todavía nos gustaría más que las decisiones del Gobierno de España no hubieran estado secuestradas por una asociación concreta, desoyendo las pretensiones de todos las demás.

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ETA dejó de asesinar en 2011. Nadie se atribuyó el éxito de ese ‘cese definitivo de la lucha armada’ comunicado por la banda aquel 20 de octubre. Cinco años después, la banda fija para el 8 de mayo, apenas dentro de 15 días, su  disolución definitiva.

Pero queremos más.

El PP, por boca de Alfonso Alonso (su presidente en el País Vasco), ya ha dicho que el comunicado es ‘una profunda humillación a las víctimas del terrorismo’. La Asociación de Víctimas del Terrorismo asevera y amplía: ETA ‘justifica su actividad terrorista una vez más’.

Ninguno dice algo así como ‘bien, coño, bien: se acabó al fin’. Eso no lo dicen. Dicen otra cosa; dicen de la fortaleza de la democracia, del triunfo de la Ley… Solo algunas voces ‘no alineadas’ se han mostrado felices por este final, reconociendo a pesar de sus heridas que esto acaba aquí y que es muy bueno que así sea.

Los unos quieren asegurar que la ‘política vencedora’, la de no ceder, la de no negociar, la de no hacer política, esta a la que han obligado al Gobierno a través de toda la presión que un grupo de presión puede ejercer, no se mueva ni un ápice. Asegurar, por ejemplo, que la política penitenciara diseñada para la lucha contra un grupo terrorista en activo, continúe siendo la misma tras la evidencia de su desaparición y no otra, como cualquiera podría reputar sensato.

Y ¿los otros? Los otros quieren seguir sacándole partido a la posición. Buscan que la asociación a la que alimentaron cuando no gobernaban para garantizar su voto y el desgaste máximo del partido en el poder, esa asociación de la que después han sido presos durante su ya largo período de gobierno, no se les vuelva en contra. Garantizar el puñado de voluntades que les tocan, no poner en riesgo, en horas tan bajas, ni una sola de ellas.

Lo de los unos ya se comprende porque, desde el dolor, las cosas se ven como se ven y se dicen como se dicen. Por eso se recalca tanto (y es tan evidente)  que desde el dolor (desde la ira) no se puede gobernar, ni legislar, porque se producen aberraciones no deseables desde la consideración del bien común. Lo de los otros también se comprende. Y tiene un nombre. Lo que pasa es que es muy feo: se llama ruindad. Ruindad política. Eso que podríamos definir como ‘administrar la cosa pública con actitud mezquina, despreciable, anti-patriótica o vil’.

Estas víctimas, las víctimas del terrorismo etarra, sí que son víctimas. No como las del 11-M, que son mucho menos víctimas porque cometieron la impudicia de no prestarse al juego de mantener la falacia de que la autora de aquel atentado había sido ETA. No como las del genocidio franquista de la posguerra, que siguen enterradas por las cunetas de España (y en algún monasterio) sin que la Ley para la Memoria Histórica obtenga ni un céntimo para su financiación de los Presupuestos Generales del Estado. Estas, las verdaderas víctimas, tienen voz. Y tienen votos. Para muestra, piénsese que durante los años en que el terrorismo no ha existido (no ha matado) se han multiplicado en los tribunales de Justicia las condenas por enaltecerlo.

Pues bien, las políticas de lucha contra el terrorismo (que incluyen necesariamente las penitenciarias) no pueden ser las mimas cuando una banda armada está matando que cuando no lo está. No hablemos de negociación si no se quiere (aunque lo hayan intentado todos). Pero huyamos de la venganza, porque el Estado no se venga.

El escenario del 8 de mayo próximo será que ETA está disuelta. Esperamos del Gobierno de la Nación que obre en consecuencia y adecue sus políticas al hecho objetivo de que ya no hay ETA matando. Es por el bien de todos. Sobre todo, por encima de todo, es por el bien de las propias víctimas.

Y yo sí me voy a atrever a decirlo: ¡Bien, coño, bien! Se acabó al fin.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 15, 2018

Barcos de guerra



El Príncipe Heredero de Arabia Saudí viene a España y se hace pública su intención de negociar un contrato para la construcción por Navantia de cinco corbetas “Avante 2200”.

La ONG se ponen en pie de guerra y piden por todos los medios a su alcance que el contrato se paralice. Que no se le vendan armas de guerra a un país del que se pueda sospechar que va a usarlas para vulnerar los derechos humanos o para emprender acciones bélicas contrarias a los tratados internacionales.

Rafael Hernando, que no es un tipo listo (ni discreto), se enfrenta a ellas diciendo algo así como que todas estas ONG que se oponen al encargo y viven de los impuestos de los españoles deberían contratar a las personas que dependen de él.

El negocio de las armas nos repele a todos (menos a Rafael Hernando). Sirven para matar las venda quién las venda. Lo que pasa es que, según quién las compre, intuimos que las usará para matar mejor o peor (si se puede diferenciar entre matar mal o bien).

Nadie tiene dudas de que el naval constituye uno de los sectores estratégicos más importantes de España, que carece de otra industria pesada desde que Aznar decidiera venderle la gran ENSIDESA a un coleguita en plena fiebre privatizadora.

En el sector naval militar solo otras siete u ocho empresas compiten con la española Navantia en todo el mundo. Es un sector altísimamente especializado, complejo y lo representa una empresa pública que, entre Ferrol, Cádiz y Cartagena emplea a 5.500 trabajadores y generó en 2010 en torno a 38.000 empleos entre directos e indirectos.

20180415_011822.jpgDe otro lado, las relaciones comerciales entre España y Arabia Saudí pasan por los contratos petrolíferos y los de infraestructuras ferroviarias, unos hacia acá y otros hacia allá. Este de los barcos podría suponer unos 2.000 millones. Fomento está identificando oportunidades por 32.000 millones más en contratos para los próximos 10 años.

A lo mejor estas cifras son las que hacen que tengamos tan buen concepto de essa gran nación y otro mucho peor sobre, por ejemplo, Venezuela, que no sabemos que esté escabechando ningún país cercano, pero cuyas cifras de negocio con España no alcanzan, ni con mucho, estas magnitudes. En cualquier caso, también a Venezuela le vendemos armas.

La lista de países a los que exportamos material de guerra es larga y la legislación que controla este negocio laxa porque, si bien es cierto que exige como condición que el comprador certifique que no las va a usar para hacer con ellas cosas feas (usarlas para vulnerar los derechos humanos o para emprender acciones bélicas contrarias a los tratados internacionales), también lo es que la autorización de la venta se firma en un acta secreta en el seno de una comisión interministerial de la que poco o nada se sabe.

Al final, por resumir, los extremos del debate parecen ser dos:

Uno, que Arabia Saudí no es una democracia. Ni se parece. Su actividad bélica en Yemen en la actualidad está horrorizando al mundo.

El otro que España vende armas. Y no pocas. Y que son para matar.

Y la conclusión es difícil.

Podríamos dejar de vender armas. Nadie duda de la turbiedad de este negocio. Luego vemos cómo estabilizamos la balanza comercial,  como reconvertimos esta industria, o cómo nos proveemos de las necesarias (si es que es necesario proveerse de armas), porque tendríamos que dejar caer nuestra industria naval militar: los encargos de la Armada Española no alcanzarían ni con mucho para mantener el sector, mucho menos en un nivel tecnológico puntero, como es el caso.

También podemos, solo, dejar de vender armas a los “malos”, como así se exige en los tratados internacionales y en la legislación europea y española. Ahora tocaría que listáramos el censo de “malos”. Pero elijamos antes con mucho cuidado a quien haya de determinarlos, por si no pensáramos todos lo mismo y cada cual se pudiera construir su propio “eje del mal”. De paso, podríamos poner un punto de transparencia en estas decisiones y en los currículos de quienes las toman, no sea que la cosa sea más turbia de lo que parece. Curiosamente, Arabia Saudita no está en lista alguna que le impida este tipo de compras. A saber por qué.

También podemos romper las relaciones comerciales y diplomáticas con Arabia Saudí (decisión que, sin duda, sería muy celebrada entre otros por mí). Entiéndase que dejamos también de construirles infraestructuras de “alta velocidad” o de comprarles el petróleo con el que echamos gasolina a nuestros coches y encendemos la calefacción.

En mi opinión, lo que no se puede hacer es, solo, dejar de venderle cinco corbetas “Avante 2200” a Arabia Saudita. Sirva de aclaración que la corbeta se destina habitualmente a la vigilancia y protección de las aguas territoriales, que no suele desplegarse a escenarios alejados del país en acciones de guerra, a pesar de que lleva un cañón en la proa que la diferencia claramente de un barco de recreo.

Esta manía de buscar (y a menudo encontrar) soluciones fáciles a problemas tan complejos, conduce directamente a la melancolía. La geopolítica es una disciplina que exige de cierto conocimiento global sobre las cosas del mundo, amén de algún entrenamiento y sobre la que, para hacer criterio, se precisa de mucha información.

Opinar sobre todas las cosas es bien fácil y ahora también lo es propagar nuestra opinión a los cuatro vientos, pero valore que le vendemos armas para la guerra a regímenes de los que ni usted ni yo nos enorgulleceríamos. Es solo que, como no lo sabemos, no ponemos el grito en el cielo por ello.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.
Los datos técnicos sobre la industria naval militar, de mi amiga Montse, que es de Ferrol.

domingo, abril 08, 2018

Elefantes

Usted creyó ver elefantes. Pero no era eso.

Parecían vagar por la autopista, despistados, pero no.

El que avanzaba con más decisión, autopista adelante, escondía a la pequeña hija de los reyes de España quitándose del hombro de un manotazo el brazo de su abuela sin mover un ápice la sonrisa hierática que no se desfiguró ni por un instante. Porque para ser reina hay que sonreír sostenidamente durante lapsos de tiempo larguísimos, hasta que el protocolo te permite meterte en el váter y sonarte los mocos. Y esto doña Leonor lo sabe. Doña Letizia se lo ha aprendido ahora, pero doña Leonor lo ha interiorizado desde el fondo del moisés Luis XVI en el que hizo sus primeras cacas regias.
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Elefantes en la pista principal de un circo enorme

Lo otro que parecía un elefante caído desde un camión caminando hacia ninguna parte, era la presidenta de la Comunidad de Madrid, que estaba falsificando unas cosillas para seguir manteniendo la suya. Esto, sin duda, tiene que ver con el interés público: No hay elefante más inamovible que el que no quiere dimitir, pero no vayan a creer que es cabezonería, es que doña Cristina –Cifuentes, que cristinas con cosas turbias encima hay por lo menos otra— sabe que su digna Presidencia beneficia a Madrid y a España toda.

Otro tomaba el aspecto de un elefante muerto (¡trampantojo!). Camuflaba en realidad la doctrina que vende una editorial de libros de texto, Casals, que bajo la apariencia de cosa científica difunde entre los adolescentes la extraña especie de que la forma más efectiva de lucha contra el SIDA y otras enfermedades de origen sexual es la abstinencia. Acompaña a esta medida la de la fidelidad, lo que parece indicar que la especie no está en riesgo, habida cuenta de que solo sin follar, el SIDA se acabaría, pero la humanidad también. Y tal impacto causó sobre la bestia muerta el hallazgo de un conocimiento de tanta envergadura moral, que optó por sacrificar la vida y entregarla a mejor fin.

La que sangraba y daba vueltas sobre sí misma no era una elefanta, era la mismísima Cataluña. En el interior del enorme animal se hallaban Puigdemont, el que fuera major de los Mossos d’Esquadra, consellers huidos, jueces españoles, jueces alemanes, consellers presos, gobiernos enteros usurpando la acción (inacción) de otros gobiernos, los Comités de Defensa de la República… prestidigitadores varios ocupando la pista principal del gran circo en el que hemos convertido este viejo país nuestro.

A lo mejor el último animal inmenso de los cinco que se desparramaron por la autopista eran tuiteros diciendo por ahí que hubieran preferido que se matara el domador.

¿Elefantes? ¡Eso es lo de menos! En España un autobús lleno de elefantes se puede meter una piña en la carretera y dejar suelta la manada a la altura de Albacete. Pero el verdadero circo no es el Gottani, no nos engañemos. El circo lo llevamos puesto. Y no da ni un poco de risa.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 01, 2018

Cornetas, mantillas y otros exorcismos


En este frenesí involucionador que nos lleva a la lucha por la cadena perpetua, a la segregación de los territorios, al diseño de contenidos curriculares delirantes o a la persecución de según qué tipo de manifestaciones artísticas… En este frenesí, digo, las banderas a media asta en señal de duelo por la muerte de Jesucristo en todas las instalaciones militares del país, nos recuerdan que la aconfesionalidad del Estado también está en crisis.

Quiero suponer que cuando resucite (no me hagan mucho caso, pero a la hora de escribir estas letras tengo la sospecha de que el domingo ya todo estará resuelto) las banderas ondearán a asta y media, mostrando así regocijo y exaltación.

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Un novio de la muerte.
Este año se nos ha hecho viral el video de la Legión llevando a cuestas un cristo enorme a la voz unánime de la cancioncilla popular 'El novio de la muerte', que viene a recordarnos en modo cuplé las heroicidades de un valeroso soldado que, con tal de reunirse con su amada ya difunta, se dejó matar en la Guerra del Rif (1911-1927). Tan viral, que los noticiarios televisivos se han hecho eco y nos han enseñado a cuatro ministros (¡cuatro!) del Gobierno de España presenciando el acto religioso-castrense.

¡Si Carme Chacón levantara la cabeza!

Lo magnífico del caso es que los cuatro ministros ¡se la sabían! y la entonaron con marcial fervor haciendo una su voz con la Legión Española. Íñigo Méndez de Vigo, con su carita de pan no apto para celíacos, María Dolores de Cospedal, presidiendo la cosa, Juan Ignacio Zoido, que le pillaba al lado de casa y Rafael Catalá, acompañaron a la Legión en el traslado del Cristo de la Buena Muerte, más conocido como el Cristo de Mena, a su trono procesional. Y se la sabían.

Tal derroche de inconstitucionalidad y en fechas tan señaladas, me trae a la cabeza la reciente puesta en marcha de una nueva edición de cursillos para exorcistas a cargo de los legionarios, en este caso los de Cristo. No los del Cristo de Mena, los Legionarios de Cristo a secas.

La organización creada por el padre Maciel, violador de niños, lleva ya años impartiendo entre sus adeptos formación en esta disciplina, que busca luchar contra el Maligno en cualquiera de sus manifestaciones y, más especialmente, cuando se encarna en un ser humano y le hace girar la cabeza 180 grados y proferir blasfemias e insultos de todo orden, preferentemente en lenguas muertas.
Mézclense sin agitar estas pasiones y habremos obtenido la solución a nuestros innumerables problemas. Imaginen, legiones y legiones de personas bienpensantes, armadas con cuenquitos de agua bendita, expulsando demonios de independentistas, raperos, feministas, titiriteros, escritores, ‘yayoflautas’, fotógrafos, políticos que dicen que tienen un máster, enemigos todos de la madre patria.

¡Sal de ese cuerpo! Le gritaría enfebrecido  el exorcista al buen Junqueras, clavando los ojos en el espíritu que lo habita. ¡Sal! Proferiría amenazante salpicando enérgico con el rociador el rostro desencajado del abuelo protestón. ¡Sal! Ordenaría al ser diabólico que se incrusta en el cerebro atormentado de Valtonyc.

Y, entre tanto, Cospedal, Méndez de Vigo, Catalá, Zoido, entonando con la mirada perdida en el infinito El novio de la muerte.

Imágenes de preciosismo político, de liberación del intelecto (de completa liberación del intelecto… de ausencia de intelecto, me atrevería a asegurar), adornando el camino en marcha atrás que conduce a esa sociedad perfecta que han diseñado para nosotros. Esa en la que solo unos pocos elegidos se encuentran en plenitud, aunque sea a costa -eso sí- de todos los demás.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 25, 2018

Cárcel



Otro puñado de políticos independentistas catalanes han pasado estas dos últimas noches en la cárcel. Y apunta a que van para un rato. Una más ha salido de España para eludir a la Justicia.

Y no hay nadie hablando.

La crisis política más grave que se ha vivido en España desde la muerte del dictador se está resolviendo en los tribunales, a golpe de auto.

Rajoy gana.

Ya quedó establecido que se trata del único animalito del bosque que, sin necesidad de moverse, avanza. (Lo dijo Iñaki Gabilondo en uno de sus post multimedia en los que siempre la clava). Y ya “causa estado”; no se discute: sin necesidad de moverse, avanza.

El coste parece no importarle a nadie. En este caso el coste es España.

A Rajoy no le interesa el diálogo, no le interesa el pacto, no le interesa la solución política de este problema que es exclusivamente político. Rajoy quiere rendición. Ya le ha pasado más veces. Rendición. Con ello rinde culto a su parroquia. Nada que negociar. Ninguna concesión que hacer.
A Rajoy le interesa el enorme rédito electoral que le proporcionan estas decisiones judiciales que le llegan (¡oh grandeza de los calendarios!) cuando el Partido Popular vive sus horas más bajas atenazado por la corrupción, por Ciudadanos, por su inmensa minoría parlamentaria, por la incapacidad para la negociación de los presupuestos…

Su estrategia: resucitar el nacionalismo españolista que creíamos felizmente acorralado en un reducto ínfimo de señoras y señores muy de derechas. Y resucita a mayor gloria de Mariano Rajoy, envuelto en banderas constitucionales y blandiendo amenazante papeletas del PP para las próximas 100 contiendas.

El nacionalismo catalán, al que hemos visto crecer y multiplicarse ante nuestros propios ojos, se enfebrece y clama. Burla a la Justicia, sortea las leyes, juega al no gobierno  mientras los dueños del 155 manejan las instituciones antes autónomas de Cataluña. Una declaración institucional que no representa a la Institución, llama al movimiento por la salvaguarda de los derechos humanos.

Ya me sé lo de la separación de poderes, pero insisto (sé que me repito) en que el Estado es trino, pero uno. Y sus tres personas se hablan, se miran, se complementan, recorren como uno solo, el propio Estado, ese mismo camino al que, hasta aquí, conocíamos con el nombre de “bien común”.

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Cinco más.
Cinco políticos más en la cárcel y otra más huida no contribuyen en alcanzar solución alguna. Más bien sucede todo lo contrario.

Pero esto al Gran Mariano le importa un carajo. Él quiere derrota. Y va a ganar esta batalla.

Apostamos sobre el final de este episodio fatal: El gobierno de Ciudadanos amnistía a los condenados del Procés cuando, dentro de ocho o diez años, el asunto se crea olvidado. Un gobierno de gelatina mandando en Cataluña. Medio pueblo catalán odiando al resto del pueblo español. La mitad del resto del pueblo español odiando a esa misma mitad del pueblo catalán. Medio pueblo catalán odiando a la otra mitad de su propio pueblo que, a su vez, los odia a ellos. Y un grupo encastillado de nacionalistas recalcitrantes insistiendo en no reconocer otra república que la catalana para volver a empezar desde cero. En ocho o diez años. Política 0, Mariano 1, aunque le valga para muy poco esta victoria, porque será solo de una batalla y no de su guerra.

Pero esto será después. Hoy lo que importa es que cinco compatriotas más están en presidio, por haber creído en una idea y haberla defendido a costa de la legalidad vigente. No conduce a nada, pero delinquieron y la paz jurídica así lo exige. Rendición. Mariano 1, España 0.

Cinco nuevos políticos independentistas catalanes llevan dos noches durmiendo en la cárcel. La política no ha servido para nada. Hablan los autos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 18, 2018

Sed



¿Cuál es la dosis exacta de odio que necesita usted para sentirse bien?

La media es alta. Los comportamientos aberrantes generan una extraña reacción en la sociedad.
Sobran los ejemplos. Y la cosa es como cíclica.

Recuerdo el episodio que protagonizó la periodista Nieves Herrero, allá por el año 1992, en torno a la desaparición de las tres niñas de Alcàsser y que fue el detonante de una repulsa generalizada sobre el abuso de los medios de comunicación en el tratamiento de estos dramas, mucho más en busca de aumentar su audiencia que de prestar un servicio público de mediana calidad.

Poco duró la moderación. Y de poco ha servido esa lección no aprendida.

A estas alturas ya no me sorprende (me jode, pero no me sorprende) que la lucha por las audiencias degrade estas noticias dramáticas (tan dramáticas) hasta hacerlas pasto de la caricatura que implica toda exageración. No me sorprende que se prescinda del respeto más elemental por los hechos en sí mismos y por las personas que están a su alrededor, convertidas en protagonistas involuntarias del espectáculo aterrador de su propia tragedia.

Algo más me asombra la lucha por sacar de ellas ventaja política. El bochorno que vivimos el jueves en el Congreso de los Diputados, después de invitar a la tribuna a madres y padres de chicas y chicos víctimas de la brutalidad con la intención de obtener un clima de movilización política a favor de unos y en contra de los otros, mueve a la indignación. Aunque ya no sorprenda. Los cambios de opinión a la carta de según qué fuerzas políticas... Eso sí sorprende, aunque ya no indigne porque los sepamos capaces de eso y de más por lograr su objetivo.

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La ración de hoy.
Sin embargo, no puedo evitar dar un paso más en el intento de comprender qué pasa. ¿Por qué las horas y horas de información morbosa y repetitiva despiertan ese interés casi unánime? ¿Por qué suben las audiencias? Las cadenas no demuestran el pudor más mínimo: saben lo que buscan, lo obtienen y lo tuitean apenas terminan los programas especiales: ¡¡22% de cuota de pantalla!! ¡¡26%!! ¡¡Récord!! Y lo proclaman a los cuatro vientos.

Es su logro. Es su negocio.

Pero usted y yo lo consumimos.
Mirando, odiando, profiriendo las barbaridades más groseras, deseando el mal, el peor de los males. Las redes sociales se incendian de odio, del odio más soez, los noticieros ayudan ofreciendo todo tipo de datos, de ellos, de sus familias, de su pasado… los políticos movilizan a propios y extraños en busca de su rédito electoral, llamando a esa especie de rabia colectiva que pretenden convertir en votos, y todo se vuelve odio que se consume con avidez por todos. Y por usted. Y por mí.

Cadena perpetua, pena de muerte o, simplemente, muerte. Lapidación pública, venganza.

No es por los niños que mueren a centenares en Alepo, víctimas de una guerra que no hemos hecho ni siquiera el esfuerzo de intentar comprender. Estos nos producen apenas una lástima lejana que se vuelve ira cuando el problema toma la forma de los refugiados que buscan una tierra en paz donde esconderse de las bombas. Esos son demasiados niños y están demasiado lejos para hacer el ejercicio odiar a quienes los masacran.

Necesitamos un odio más próximo, uno que seamos capaces de abarcar sin esfuerzo intelectual, un odio doméstico que nos sujete al sofá mientras nos mastican los datos precisos (y todos los demás también) para darle forma humana.

Unos necesitan las audiencias, los otros las voluntades, unos por dinero, los otros también. Pero usted y yo lo que necesitamos es rabia, un motivo para sentirnos unidos colectivamente frente a la desgracia individual, una excusa para desatar la furia acumulada y clamar en nombre de la humanidad por la justa muerte del criminal.

La ración de este mes está ya consumida.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 11, 2018

¡Tú sí que eres gualda!

Un millón de mujeres (y hombres, pero menos) se manifiestan por la Gran Vía de Madrid; seiscientas mil más (más o menos) por el Paseo de Gracia de Barcelona; y aún otro millón más por las avenidas principales de las ciudades de España. A esa misma hora en un par de despachos de la capital se prepara el proyecto “Conocimiento de la Seguridad y la Defensa en los Centros Educativos”. Según la información de la que a esta hora disponemos, los alumnos de primaria entonarán en las aulas el pasodoble “La banderita” como parte del aprendizaje de los símbolos patrios.

No es una broma.

La ministra de Igualdad y alguna cosa más no quiere, entre tanto, que se la encasille como feminista, porque no le gustan, dice, las etiquetas, como si ser ministra de un gobierno fuera una marca indeleble de la independencia, del libre pensamiento.

Un cura de cierto rango jerárquico brama contra el demonio (lo prometo, contra el demonio) y desvela cómo, con sus malas artes, le ha metido un gol en propia puerta a las mujeres (todas) encarnándose en quién sabe cuál de ellas para conducirlas al sacrificio numantino.
Y un exfiscal define a una feminista como una tía fea que lo que quiere es pillar cacho, porque ofreciéndose a los hombres, así, sin gritar ni nada, no se come un colín. Luego, dice, se va a misa a rezar por las mujeres que se quedan en casa comprendiendo su papel en el universo.

La ausencia de pensamiento es un pensamiento en sí mismo. Débil, pero un pensamiento.

Y el Estado, magistralmente gobernado por personas que sí tienen un posicionamiento ideológico claro -son fascistas-, ha decidido rellenar las mentes yermas de los que practican el no-pensamiento con los suyos propios.

Y, ¡coño! Lo están consiguiendo.


20180311_012457.jpgUna ministra de Igualdad que no pelea por la igualdad no necesita de más etiqueta: es imbécil. Un cura que brama contra el demonio y pretende haber comprendido su fatal estrategia contra el género femenino, tampoco lo es menos. Una recua que clamó al cielo cuando los peligrosísimos rojos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero quisieron incorporar al currículo de la Educación Primaria la asignatura “Educación para la ciudadanía” y que ahora prepara sigilosamente la de “Valores sociales y cívicos” que versa sobre el conocimiento de la seguridad y la defensa… no tiene definición posible. De lo del fiscal prefiero no opinar.

Pero el no-pensamiento se impone. Y gana terreno. ¿Qué ve usted de malo -me preguntarán- en inculcar los valores de la patria en las tiernas mentes de nuestros infantes? Y yo no sabré contestar:

¡Banderita, tú eres roja! ¡Banderita, tú eres gualda!

Educar contra el miedo a pensar diferente; educar contra el miedo a pensar; enseñar a razonar, a leer con ojos críticos lo que cae en nuestras manos, a no confundir con textos de Forges lo que Forges, a todas luces, no pudo haber escrito nunca. Aprender a hacer criterio sobre las cosas del mundo, más allá del no-criterio que ya nos dan pensado cuando nos adoctrinan de forma inmisericorde desde las instancias del pensamiento oficial.
Hace tanta falta…

“Allá por la tierra mora, allá por tierra africana, un soldadito español de esta manera cantaba”:

¡Tú sí que eres gualda!

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 04, 2018

8M



Los medios tradicionales están dando enorme importancia a la huelga (o el paro) que se se ha convocado para el 8 de marzo, día de la mujer, en defensa de la igualdad.

Es curioso que, con la que está cayendo, solo jubilados y mujeres estén poniendo el grito en el cielo en estos tiempos de zozobra en la que todas, todos, estamos sufriendo los desmanes de un sistema que ha dejado de responder a lo político y a lo social y solo se pone en marcha cuando se trata de abordar problemas económicos. Y solo se pone en marcha cuando se trata de favorecer a los poderes económicos, por decirlo de una manera más cordial.

El apoyo social de las reivindicaciones de estos dos colectivos está siendo, sin embargo, desigual. Solo se escuchan loas al movimiento de los mayores, supongo que porque todos pensamos que algún día vamos a llegar a serlo (algunos estamos a punto), pero como no todos vamos a llegar a ser mujeres, no sucede igual con la ola en la que se ha subido el movimiento feminista.

Inicialmente solo se escucha denostarlo al PP y a Ciudadanos (los dos han perdido el pudor y así, sin pudor, dicen lo que piensan y allá te las compongas). Pero rascando un poco se ve claramente que no todos vamos a llegar a ser mujeres. Hay más: ni siguiera todas las mujeres se sienten en la necesidad de reivindicarse como tales respecto del papel que los hombres les estamos dejando jugar.

Excusas del tipo “qué vamos a ganar con un paro dos horas” o “yo soy la primera que reconozco que soy un poquito machista” están al cabo de todas las conversaciones, ello seguramente porque los atavismos culturales de esta sociedad nuestra en general y de este país nuestro en concreto, nos llevan a no reconocernos como iguales aún en nuestros días.

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Los últimos meses han supuesto un estallido de reivindicaciones feministas que van desde el mítico “me too” (señoras del mundo del cine hasta los ovarios de que los machitos del negocio se la tengan que meter para llegar a algún lado), hasta la pelea por denunciar la brecha salarial que es una circunstancia simplemente insoportable. Pasa por la desigualdad en el tiempo de trabajo o el acceso al empleo, por la infinitamente mayor dedicación a las tareas domésticas o al cuidado de los hijos o de los mayores, el dificilísimo ascenso a los puestos de responsabilidad…   De la violencia machista mejor ni hablamos.

Pues bien, me sé una excusa o varias para cada una de estas realidades sociales exasperantes. Y las he oído esgrimir insistentemente a muchísimos hombres y a no pocas mujeres en estos últimos días.

A las reivindicaciones del colectivo de jubilados solo se oponen los ricos y los imbéciles; solucionarlo con planes de pensiones privados a base de ahorrar dos euros al mes, es una idea tan peregrina que defenderla queda para sujetos de la catadura moral y nivel intelectual de Celia Villalobos. A las reivindicaciones de las mujeres, sin embargo, además de los ricos y los imbéciles, calladamente, nos estamos oponiendo todos. Todos (casi todos) y muchas (muchas más de las que se dejan oír). El status quo actual no nos parece desmesurado. Ni mucho menos.

Ahora ya no es el tiempo de tomar conciencia. Este ya pasó. Ahora hay que salir a la calle y firmar, una por una, cada una de las denuncias y exigencias del Manifiesto 8M que, desesperadamente, grita ¡MUJERES LIBRES, EN TERRITORIOS LIBRES!

Y creo que no hay más excusas.

Por cierto, dice un cura que la Virgen haría la huelga. Alabado sea Dios.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.