domingo, febrero 26, 2017

A contracorriente.

Me temo que con la entrada de esta semana no voy a hacer muchos amiguitos, porque voy a hacer eso, ir a contracorriente.
Fiscales y jueces parecen estar dando un espectáculo bochornoso, sometidos a una opinión pública y publicada que rechaza de plano aquello que no sea sangre (metafórica) cuando se dictan sentencias que afectan a casos del conocimiento general.
Sin embargo, vayamos por partes.
Desde que el presidente Zapatero creó la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF,  2006) y resucitó la Fiscalía Anticorrupción (creada por González en el 95, herida de muerte durante los gobiernos de Aznar y fortalecida en 2007 con la reforma del Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal), la lucha del Estado contra las prácticas corruptas en la economía y en la política ha destapado infinidad de casos y logrado que grandes personalidades de ambos mundos se sienten en el banquillo de los acusados y terminen en prisión con penas más que razonables.
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Aquí la Justicia, haciéndose ver.
La actuación conjunta de estos instrumentos ha destapado casos que, recordemos, han conducido a la abdicación del Rey, la condena (una, de momento) de un vicepresidente del Gobierno, la prisión de ministros, altos cargos, presidentes y consejeros de comunidades autónomas, alcaldes. No hace tanto tiempo era impensable en España ver sentada en el banquillo a la hija del Rey. ¿Malamente absuelta? Seguramente sí, pero no nos rasguemos las vestiduras todavía. No cabe ninguna duda de que la impunidad con la que actuaban todos los prebostes que hoy pueblan los banquillos de los acusados (dispuestos en modo grada en algunos procesos) ha desaparecido. Ya reina la sensación de que, si la haces, es muy probable que acabes pagándola, aunque tardes un poco, aunque el tribunal te deje en libertad sin fianza hasta que la sentencia sea firme.
El actual ministro de Justicia, desgracia del Estado, se empeña en hacernos creer que la alarma social solo la generan los desarrapados y los perroflautas. Un argumento clasista, rancio y conservador que olvida a sabiendas que la sociedad española ha evolucionado. Ahora la alarma social la crean las prácticas corruptas investigadas y llevadas ante los tribunales por el aparato del Estado que sigue funcionando a pesar del PP y de las más que turbias maniobras para mermar su eficacia, como la de esta misma semana de separar a los fiscales anticorrupción de sus cargos cuando el número de investigados de su partido incomoda al Gobierno.
Pasamos a otra: En la calle y en los medios de comunicación juzgamos y sentenciamos con demasiada ligereza. Un juez es un tipo que sabe mucho Derecho y lo aplica. Lo aplica, insisto, no lo modela. Tiene además un conocimiento profundo de cada caso que cae en sus manos, elementos de juicio de los que los que no nos hemos estudiado el sumario carecemos. Sostengo que estamos ante un Código Penal redactado para perseguir las conductas que molestan a las clases dominantes. Y que ya valdría la pena darle una vueltecita. Pero si una persona se encuentra una tarjeta de crédito y la usa para adquirir productos aunque sean de primerísima necesidad, podría estar incurriendo, además de en los delitos de fraude y estafa, en el de suplantación de identidad y la norma penal lo castiga muy severamente aunque se trate de poco dinero. ¿Injusto? Pues no digo yo que no. Pero ni el fiscal ni el juez discuten la norma. Otros mecanismos como el indulto corrigen las posibles ineficiencias en su aplicación, pero no caen dentro del acervo de las competencias de la Justicia, sino del Ejecutivo.
Hasta aquí el Derecho. ¿Y la sociedad? Esos delitos de “guante blanco” nunca han sido realmente denostados por el común de los mortales, por eso no han producido la alarma social a la que se refiere el torpe ministro. ¿Quién no defrauda a Hacienda con la complacencia –si no con la connivencia— de su gestor y de sus socios? ¿Quién no deja caer orgulloso la cifra aproximada que tiene evadida en Suiza ante la admiración de sus contertulios? ¿Quién no le ha dicho al fontanero que no, que sin factura? ¡Yo! Yo no tengo dinero en Suiza (ni en ninguna otra parte, ahora que me acuerdo). Pero al fontanero… Y jamás he sido reprendido por ello.
No lo olvidemos: Rodrigo Rato estuvo a punto de ser presidente del Gobierno de España. Y, de verdad, no creo que su entorno ignorase lo que hoy es ya del dominio público gracias al funcionamiento del aparato del Estado, por más que se esté pretendiendo mermar. A pesar de ello fue considerado el artífice del milagro español… con sus defectillos.
Y ahora a disfrutar del Carnaval 2017. Un consejo para estos días: No se disfrace usted de fiscal. Podría acabar la juerga en un bar cerrado rodeado de matones o despertando en su cama con una cabeza de caballo.
El dibujo de esta semana también es de mi hermana Maripepa, aunque resulta obvio.

domingo, febrero 19, 2017

El misterioso caso de las chicas del banquillo.

Cuando por el año 2012 escuchábamos a la Pantoja y a Mayte Zaldívar explicar sin pestañear que el ex alcalde de Marbella era en realidad un pedazo de pan, que no tenía nada suyo y que cómo iban a saber ellas que esas bolsas de basura llenas de dinero contenían, en realidad, dinero, todos hicimos como que no nos dimos cuenta. Lo atribuimos a aquello de la España de charanga y pandereta que tan bien describió ya Machado, como una extensión algo extemporánea del cine de blanco y negro con el que Luis García Berlanga nos obsequió.
La infanta Cristina, también dijo cosas inimaginables: Que era por amor, que confiaba en su marido, que cómo iba ella a haber consentido si sus asesores… Todos pensamos que, al cabo, era una infanta de España, una Borbón por más señas. Tampoco se esperaba muchísimo más de ella. Y cambiamos de canal a la espera de una casi segura absolución que se confirmó eeste viernes en la vía penal y no diferirá mucho de la canónica, aunque para confirmar esta tendremos que esperar a las sentencias del valle de Josafat.
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Por ejemplo una infanta, en plena vista pública
Después llegaron las chicas de la Gürtel. Y la cosa, como si dijéramos, empezó a oler. La primera, Rosalía Iglesias, la mujer del tesorero de uno de los dos grandes partidos patrios. Pues nada, que tampoco sabía. Que una va a un banco suizo y parece que ha llegado a la peluquería, que no parecen bancos. Y que confiaba en su marido que era el que le hacía la declaración de la renta y que ella firmaba lo que le ponía y viajaba a dónde la llevaba, que ella estaba más bien en la cosa doméstica y en lo suyo de la restauración de muebles.
Lo de “la perla” tampoco defraudó. A Milagrosa Martínez no le movía el amor, al menos no el amor así comúnmente entendido. Ella de lo que no sabía nada era de turismo y por eso, cuando Camps la nombró consellera, precisamente de Turismo, no pudo sino ponerse en manos de sus asesores y a las órdenes de su presidente, porque ¿qué sabía ella lo que era FITUR y si los pabellones se compraban o se alquilaban? Y si le regalaban un reloj… pues sería de imitación., suponía ella.
Y al fin llegó Ana Mato. Esta había sido ministra (poca broma), pero entre ella y el señor Sepúlveda había poca comunicación. No es que no le extrañara que apareciera un Jaguar en su propio garaje, es que como no sabía lo que ganaba el señor Sepúlveda (de alcalde) no sabía si le daba o no para jaguares porque sus coches, los de ella, se los compraba ella misma con su propio dinero, que para eso lo ganaba. Y que como los viajes le tocaba pagarlos a él, al señor Sepúlveda, pues que cómo iba ella a sospechar que al caradura se los regalaba el tal bigotes.
Las amas de casa de mi barrio eran capaces de interpretar un patrón del Burda y sacar un par de vestidos para las niñas, mientras charlaban amigablemente con un grupo de vecinas, controlaban lo que tenían en la lumbre y hacían cábalas mentales  sobre si podrían pagar este mes el recibo de la comunidad. Sabían lo que ganaban sus maridos y lo sabían sumar a lo que ganaban ellas. Sabían que no daba para jaguares ni para cumpleaños con payasos. Sabían que habían firmado una hipoteca y dos préstamos personales. Y sabían a qué precio. Lo sabían todo.
Hablo en pasado porque hace tiempo que no paso por el barrio. Pero, de verdad, no creo que se hayan vuelto tan tontas. Todas no.
Juezas y magistradas lo deben estar flipando.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 12, 2017

Goyescos.


Llevaba un florón enorme que realzaba su figura.

Ana Belén llevaba un florón enorme en el pecho (de Delpozo) que realzaba su figura y un Goya de honor entre las manos que le embargaba la voz. De las orejas de Penélope Cruz, sobre su creación de Versace, colgaban unos pendientes tan caros que la joyería propietaria le había puesto un guardaespaldas para protegérselos. Dani Rovira (Dios mío ¡Dani Rovira!¡Presentador por tercera vez consecutiva de la gala! ¡Imaginen!), también con pendientes pero no tan caros, llevaba unos zapatos de tacón rojos preciosos, que el mismo Almodóvar le firmó con una dedicatoria en la suela, pero luego se los quitó. Las joyas de Paz Vega, sin embargo, eran de Bvlgari. En los hombres cundió el esmoquin. De Dior Homme el de Raúl Arlévalo, el de Paco León, con atrevida chaqueta bicolor, era de un tal Descuared2 (lo que nos conduce a deducir que hay un Descuared1, que no se comió un colín). Geraldine Chaplin lució un exquisito Chanel.
Se miraban, se besaban, se fotografiaban… Se congratulaban los unos con los premios de los otros. Se venían felices.
Como Rajoy es idiota, se había encargado de decir hacía un par de días que no va al cine, que no ve cine, que lee novelas, así que a Méndez de Vigo, ataviado igualmente de esmoquin para la ocasión (este más gastado, como que lo hubiera usado más),  le tocó pasar las de Caín, como siempre sufren los ministros de Cultura en estas lides, porque actrices y actores son gente de mucho reivindicar. Los pobres.
Y la rueda giraba y giraba: los fotógrafos confundidos con los guardaespaldas, las actrices confundidas con el papel pintado de las paredes del lujoso hotel de Barcelona, los actores oliendo a cosas inimaginables, seguro, aunque de esto no hay datos fiables.
Este año tocaba la reivindicación de género: el cine –también el cine– resulta ser cosa de hombres en nuestro país y en el universo mundo. Y del IVA… Era la noche de la reivindicación porque, como a la vista estaba, los actores, las actrices, son gentes muy maltratadas por las instituciones, por la sociedad, por la piratería informática.
Todas las galas de entrega de los Goya son reivindicativas. El cine es cultura. La cultura se está viendo acosada por fenómenos terribles, como Internet, que la democratiza y la reparte gratis por doquier. Y los artistas se ven gravemente amenazados porque el público (nosotros, la plebe) no vamos a las salas a apoquinar diez pavos para ver sus creaciones. Y las vemos por la patilla, en nuestras propias butacas, en nuestra propia tele. Y eso no hay en el mundo alfombra roja que lo soporte. Con tanta agresión, igual el año que viene tienen que hacer el paseíllo vestidos simplemente de domingo, en lugar de en modo red carpet, emulando el Hollywood stars universe.
Esto… Qué antiguo todo ¿no?
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 05, 2017

Desindexar (o una nueva ocasión para defraudarnos).

El riesgo era alto.
La subida del IPC acariciaba el 3%.
Cabía la absurda posibilidad de que trabajadores y pensionistas obtuvieran un trato justo, por una vez en la historia, al verse compensados del crecimiento inusitado de los precios sobre todo de los carburantes y de la electricidad (que, por cierto, soportamos trabajadores y pensionistas), con un incremento proporcional de salarios y pensiones, como así consagran convenios, leyes de presupuestos y sentido común.
Mas no.
¿Una subida salarial del 3%?
No, no. No.
Todo era un espejismo. Un error no querido de los poderes económicos, un despiste. Buscaron una solución. Y la encontraron. Y le buscaron un nombre. Y también lo encontraron: uno lo suficientemente lucido como para que no se note a grandes rasgos lo que coño significa.
El eufemismo esta vez es “desindexación”. (Adviértase que ya tenemos eufemismos para casi todo). Desindexar, para esta acepción, es desunir lo que estaba unido. Por ejemplo Trump y la estulticia, Rajoy y la corrupción, Iglesias y Errejón, inmigración y vallas muy altas. Salarios e IPC.
Si se desindeimg_0580xan algunas cosas pierden su esencia y desaparecen. ¿Puede alguien imaginar un Donald Trump asomando un atisbo de inteligencia o de educación? ¿Un Podemos sin Iglesias y Errejón en lo más alto? ¿Un Rajoy devolviendo el dinero que recibió en negro de manos de los tesoreros del partido? ¿Una frontera por donde las personas simplemente transiten? Desaparecerían.
Pues ahora imaginaremos que se hace realidad esta vieja aspiración de la patronal y que los empresarios no se verán compelidos a subir los salarios de acuerdo con el índice de precios al consumo. Ambos conceptos, salario y precios del consumo, se han desindexado. Brillante. Ahora es el debilitado derecho a un salario digno lo que viene a desaparecer.
Nuestro Gobierno no pierde ninguna oportunidad para defraudarnos. No iba a ser esta menos. No lo va a ser.
En este jovencísimo febrero ya nos ha defraudado reaccionando con tibieza insultante a la decisión ejecutiva de construir un muro entre México y EEUU (igual porque nuestros muros además tienen cuchillos). Y nos vuelve a defraudar en la siguiente oportunidad, ahora inventando la “desindexación” cuando paliar la subida tremenda de determinados productos de primerísima necesidad hubiera sido posible mediante una subida proporcional de salarios y pensiones. Ni siquiera esto tan aparentemente fácil, justo, va a ser posible. Ni en esto nos dejarán de defraudar.
No sueñe usted con salir de este agujero. No le van a dejar.
De otro modo la inflación hubiera producido efectos devastadores… Para ellos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 29, 2017

Curas, banqueros y leyes.

Uno, si es cura, puede decir tranquilamente que zurdos y pelirrojos son “criaturas de Satán”, sin que nadie pretenda pedirle cuatro años de cárcel por aquello de fomentar, promover o incitar “directa o indirectamente al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo, una parte del mismo (…), por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias, situación familiar (…), su origen nacional, su sexo, orientación o identidad sexual, por razones de género, enfermedad o discapacidad”.
Tampoco le aplicarán ese mismo artículo del Código Penal al clérigo que justifique la violencia de género contra mujeres divorciadas, ni al que denoste la homosexualidad o se mofe de la igualdad entre hombres y mujeres con el fin de vituperar esto que han venido en llamar la peligrosa “teoría del género” (Francisco dixit).
Otra cosa es que no seas cura.

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Un cura y un banquero en su medio natural.

Si no fueras cura y contaras, un poner, un chiste sobre Carrero Blanco (este al que un atentado hizo saltar en coche por la tapia de un convento y dio tanto que hablar), la cosa podría ser bien otra: el fiscal podría pedirte dos años y seis meses.
Ser banquero tampoco está mal.
Estafar algunos cientos de millones y luego ponerse indemnizaciones por casi diecinueve más en concepto de auto despido: dos añitos. Comprar pañales y algo de comer con una tarjeta que no era tuya, un año y nueve meses por falsedad en documento mercantil y otros seis meses más por estafa (que al avieso fiscal no se le escapaba una): en total dos años y tres meses.
Ser político… depende.
Si lo que fueras es, por ejemplo, concejal (de izquierdas) y se te hubiera ocurrido contar chistes de judíos (de pésimo gusto por cierto) cuando, siendo una persona anónima, tuiteabas gilipolleces a tu grupo de quince seguidores, te podría ir igualmente mal. Al final lo mismo te libras, pero te abren la causa unas cuantas veces, por si acaso. Otra cosa es a quienes, enarbolando la bandera de la justicia infinita (de la Universal ni hablamos), rebuscan en tu historial cibernético y retuitean aquellos chistes malos a sus millones de followers dándoles, ahora sí, una difusión brutal: porque a estos el traído y llevado Código Penal les aplica de otro modo (como… más laxo) y nadie se preocupa por instruirles un quítame allá ese procesillo.
Tampoco será ninguna cosa especialmente mala, si le pones una calle a Pepe el del bar de Pepe (este de lo alto de Despeñaperros que rinde sentido homenaje a la parte más negra de nuestra historia reciente), porque el franquismo no es cosa delictiva enaltecerlo. Quizás unos miles de personas se sientan ofendidas, pero ¿importa eso al Código Penal? ¿A la paz jurídica?
¿Se trata de la aplicación justa y ecuánime de nuestras normas penales? Seguro que sí (¿quién dudaría de ello en público exponiéndose a a saber qué penas?). ¿Soporta el sentido común tantísima aberración? ¡Qué sabe uno! A lo mejor sí.
Podría parecer que nuestras leyes solo nos protegen de las tropelías que incomodan a los que tuvieron la encomienda de escribirlas. Como si les faltara una parte. Como si tuviera que haber otro tomo, escrito ya por nosotros, que nos protegiera de las tropelías que cometen los que dictaron las que hay. Uno que no permitiera que el presidente del Gobierno de España, por poner un caso, fiara a la lluvia el precio de la luz, o que el de los Estados Unidos, por mentar otro ejemplo, considerara la tortura como una práctica admisible  si se administra con esmero. Uno así. Que mandara a la cárcel a la gente muy mala, aunque fueran muy ricos y muy poderosos, no sé si me explico.
Ahora bien, concretando: ¿Es usted cura? ¿Es banquero? ¿Poderoso? ¿Es lo suficientemente de derechas? ¿No? Pues… cuidadito: En este país hay leyes que cumplir.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 22, 2017

Frío.

Frío.
Sí, mucho.
Pero es que estamos en invierno.
Ya. ¿Y la sensación térmica?
De la hostia. Pero es que estamos en invierno y, por eso.
Claro, eso es verdad. Pues en el telediario no han hablado de otra cosa…
¿Y qué han dicho?

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Persona pasando mucho frío en su casa porque todo es muy caro.

Que un frío de mil pares.
Pues qué notición.
Ya.
¿Y de los refugiados que se mueren de frío?
No, de eso no.
Ah. Qué cosas ¿no?
Es que ha nevado en Gandía.
Pero ¿se han muerto?
No. Pillados sí se han quedado unos pocos por Albacete. Pero muertos… Eso no.
Pues  en los campos de refugiados europeos sí.
Ya. Pero de eso no han hablado. Por lo de Gandía, ya sabes.
No, si claro… Y ¿de lo de los hijos de puta que suben el recibo del gas y de la electricidad el puto día qué más frío hace?
Pues de eso algo han dicho.
Y ¿qué?
Nada. Que nos jodemos. Y una cosa de las nucleares en Francia.
Ah. Ya. Que nos jodemos.
Y de las siete mil personas que siguen sin luz por el temporal.
Eso que se ahorran.
Oye ¿es posible que vivamos en un país en el que los telediarios dedican más tiempo a hablar del frío que  hace –por cierto, en enero–, que de los refugiados que se mueren del mismo frío en los asentamientos de mierda donde los hacinamos?
Sí.
¿De verdad vivimos en un país en el que el Gobierno autoriza subidas del carajo del gas y la luz en la semana del año en que más frío hace?
En ese.
¡Caramba!

NOTA DEL AUTOR: Esta semana, con la aquiescencia del Gobierno y no sé si de los partidos que lo apoyan, el precio de la electricidad ha subido hasta alcanzar cotas insoportables para las economías medias de este país nuestro. El ministro del ramo, señor Álvaro Nadal, ha dicho que es normal, que no hace viento (¿?), que no ha llovido (¿?) y que en Francia algo pasa con las nucleares que no nos venden (¿?); que es muy caro esto de producir energía (¡!) y que a ver quién lo va a pagar si no (claro).
OTRA NOTA DEL AUTOR: El martes, el precio de la botella de butano, con la que se calientan ocho millones de hogares en España, alcanzó los 12,89 €, acumulando una subida de más del 14% desde junio de 2016. Ello, igualmente, con la aquiescencia del Gobierno y no sé si de los partidos que lo apoyan. El ministro del ramo, a por uvas.
Los expertos aseguran que la tendencia alcista de los productos energéticos hace prever nuevas subidas para este año. El ministro del ramo, bien, gracias.
OTRA, LA ÚLTIMA: No es que hayamos inventado la pobreza energética. Es que estamos asistiendo a un puto circo en el que la tomadura de pelo sostenida en el tiempo es simplemente insultante. Por alguna razón que no se me alcanza, sin embargo, han conseguido que la demos por buena.
POSTDATA: ¡Manda huevos!
Ya. Muchos.
El dibujo de esta semana también es de mi hermana Maripepa

domingo, enero 15, 2017

Contrastado: Gilipollas.

El presidente del Gobierno de España ofreció una rueda de prensa triunfal, allá por el mes de junio de 2012, anunciando con júbilo la concesión por parte de la UE de “un préstamo a la banca en condiciones muy ventajosas”. Se trataba de paliar los desmanes que tipos de la catadura moral de Rodrigo Rato, Miguel Blesa y algún otro, habían producido en las entidades que regentaban, merced a las pútridas prácticas de administración desleal de las que hicieron uso apropiándose del dinero de todos. Y Rajoy lo llamó así: Préstamo a la banca en condiciones muy ventajosas.

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Españoles asistiendo al desfalco de la hucha de las pensiones.

¿Por qué? ¿Porque el presidente del Gobierno de España piensa que todos los españoles somos gilipollas? No. Porque el presidente del Gobierno de España sabe que todos los españoles somos gilipollas. Y no le pareció oportuno contar simplemente la verdad, por si reconocer un puto rescate a la banca le costaba alguna credibilidad en el interior del país (en el exterior, expertos, estudiosos e iniciados se debieron descojonar de risa con el anuncio).
El todopoderoso ministro económico, Luis de Guindos, aseguró en sede parlamentaria que los españoles no tendríamos que pagar ni un solo euro para la devolución de este ventajosísimo préstamo.
¿Por qué? ¿Porque el señor ministro cree que los españoles…? No, no. Porque el señor ministro también lo sabe.
Unos 60.000 millones de euros, 122.000 millones si sumamos a los anteriores el capital avalado (que en el Sistema Europeo de Contabilidad –SEC– se aplica como deuda pública) es lo que al final de 2015 llevábamos pagado los españoles por este préstamo tan ventajoso que, aún a estas alturas, incomoda denominar rescate, como se empecina en hacer algún rojo malintencionado.
Números gruesos: La “hucha de las pensiones” había ahorrado en el tiempo de Zapatero 67.000 millones, máximo histórico del fondo de reserva. Durante el gobierno de Rajoy se han sacado, aproximadamente, 51.000. Hagamos cuentas: Si no hubiésemos tenido que atender a las obligaciones derivadas de tan ventajoso préstamo, el futuro de nuestras pensiones estaría garantizado. Rajoy se está gastando en rescatar bancos expoliados por sus amiguetes el dinero que Zapatero le dejó ahorrado para la tranquilidad de la ciudadanía.
Llegados a este punto cabe preguntarse si tal rescate era realmente necesario. No sé decirlo. Es posible que un gobierno responsable no deba dejar caer el sistema financiero del país. Y es posible que aplicar esta medida haya sido la solución a lo que parece hubiera sido un desastre nacional. Pero ¿merecemos los españoles (por sentado que haya quedado lo gilipollas que somos) que el Gobierno nos mienta? A lo mejor tenemos que pagar obligatoriamente los platos rotos de nuestros corruptos (que ya molesta), pero ¿tenemos, encima, que poner la cama?
Tampoco sé determinar cuánto pretende ingresar la ministra de Sanidad con la “revisión del copago farmacéutico” (logrado eufemismo que encierra su intención de que los jubilados paguen más por sus medicamentos), pero les aseguro que no alcanzará al 1% de aquellos 60.000 millones del rescate.
Al poner juntas todas estas cifras, quedan de manifiesto al menos dos grandes verdades:
La primera es que, efectivamente, los españoles somos gilipollas y el Gobierno de España lo sabe.
La segunda, consecuencia de la primera: el Gobierno de España puede hacer lo que le dé la gana, a los españoles nos parecerá bien. Además puede mentirnos a sabiendas: a los españoles se nos olvidará lo que dijeron primero y nos creeremos lo que digan después. Además puede seguir protegiendo a sus próceres, escondiendo los números, maquillando el fraude ominoso del que estamos siendo objeto entre autopistas, rescates, copagos, recortes, accidentes aéreos con decenas de cadáveres: los españoles les vamos a seguir votando.
¿Por qué?
Sí. Eso pienso yo también.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 08, 2017

Arzobispos.

Los reyes magos de Oriente viajaban ya guiados por su cometa dispuestos a hacer las delicias de niños y mayores. La magia de la navidad envolvía aún el corazón de Occidente.
Estaba uno en la tensa disquisición sobre si la PS4-pro o la Xbox 360, imaginando de qué vestiría este año Manuela Carmena a SS.MM. para la cabalgata, cuando la Santa Madre Iglesia, lejos de serenar nuestras almas inquietas por la duda, soltó a un arzobispo (¡un arzobispo!) tocado de cuidada boina rosa con borlón, argentino por más señas, como su jefe, a decir gilipolleces.

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Arzobispo en animada plática, echando sapos y culebras.


Los feminicidios, afirmó sin rubor el prelado, son la consecuencia de la desaparición de la familia tradicional, son culpa del divorcio. ¿Importan a partir de ahora las grandes preguntas de tan señalada noche, a saber, será la Play, volverá a caerme corbata con colección de pañuelos a juego? No. Ya no importan.
Porque el mismo imbécil que aseguró tan solo un día antes que la pedofilia es otra derivada del mismo mal endémico de nuestra sociedad, el divorcio (como si hubiera tenido el clero empacho alguno en abusar de niños de padres con el Sacramento vigente), viene ahora a sacarnos de nuestras lícitas tribulaciones al asegurar que es la disolución del sagrado vínculo matrimonial la que arranca la dignidad a la mujer (no al hombre, faltaría más) y la pone en situación de ser hostiada, que no es que lo justifique, pero que el príncipe de la Iglesia se hace cargo.
Ya no importa de qué se vestirán los reyes este año, porque hay un arzobispo clamando contra la “cultura fornicaria y el petting”, que en España conocemos como magreo puro y duro, y “los récords de señoritas que cambian de novio” (omisión hecha de los señoritos que cambian de novia, que esto parece ser normal aunque no se entienda bien del todo). Y esos y no otros son los pensamientos que ahora invaden nuestras mentes torturadas.
Uno no está muy muy puesto en la organización administrativa de la Santa Madre Iglesia, pero tiende a intuir que un arzobispo es un tipo de cierta relevancia al que, por ende, le supone un mínimo de formación (de hecho salen por la tele, a veces). Y asalta entonces otra gran pregunta: ¿en qué momento de su carrera pastoral se vuelve gilipollas? Asegura mi hermano, hombre de probada formación religiosa y nada sospechoso de votar Podemos, que es la boina rosa, que no puede ser de otro modo. Bien pudiera ser.
El caso es que cada vez que la sociedad ensaya un pasito adelante, la Iglesia se empeña en dar cinco hacia atrás.
Y el caso es que la noche de reyes de 2017, esta precisamente en la que Manuela Carmena nos priva del placer íntimo de ponerla a parir vistiendo a los Magos de pura realeza y poniendo a un negro negro en vez de un blanco tiznado con un corcho ahumado (¡no te lo perdonaré nunca!), el arzobispo necio de Ciudad de la Plata nos saca de nuestro sosiego, viene a contarnos que es el matrimonio lo que pone a la mujer en igualdad con el hombre (debe referirse al matrimonio heterosexual) y nos da el disgustazo de comprender que una mujer separada, tu hija por ejemplo, tú misma acaso, ha perdido su dignidad, ha caído en la fornicia y ha quedado en disposición de que le metan dos hostias, por guarra.
Lo ha dicho un arzobispo.
El arzobispo faltón es obra de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 01, 2017

El deseo número 13.

Han sonado las doce campanadas. He vuelto a atragantarme con las putas uvas. Un deseo por cada una: fumar menos, salir menos, beber menos, no apuntarme al gimnasio esta vez, quitarme del grupo de WhatsApp de antiguos alumnos de las Escolapias, dejar de soñar con el aumento de sueldo, leerme El Quijote de una vez por todas, arreglarme el empaste, dejar el Prozac, cuidar del cinismo que me permite seguir viviendo en sociedad, aprender a decir no sin poner en riesgo el cinismo que me permite seguir viviendo en sociedad, empezar la tercera temporada de Juego de Tronos. Necesito otra media docena campanadas para terminar la lista, pero son las que son.
La casa está llena de gente. No sé por qué coño he terminado aquí celebrando la Nochevieja. Debería haber dicho que no y ya está. Pero cuido en exceso del cinismo que me permite vivir en sociedad y he vuelto a no saber decir que no.
Ya hemos tirado a la basura tres botellas de Anna de Codorníu: los hijos de puta de los supermercados, si no es en Madrid, guardan las que no venden durante años. Las esconden el día 2 de enero y las sacan otra vez en noviembre. Es imposible encontrar una que no sepa a pis. El anfitrión ha optado por espumoso manchego. ¿De dónde habrá sacado esa mierda de vino? El año empieza mal. En La Mancha no se hacen espumosos, pero ellos aún no lo saben.
¡Santo Cielo, apenas es la una! ¿Hasta qué hora será prudente esperar? El anfitrión va cambiando de cadena en la televisión buscando números musicales. Con toda seguridad esconde un karaoke en algún lugar estratégico para enchufarlo a las tres. Hasta la tres estamos a salvo. Si tengo que volver a cantar Bailar pegados con el pegajoso de Tomás me corto definitivamente las venas. Me aburro. Sonrío ampliamente al aceptar la quinta copa de espumoso manchego. Tengo miedo. Resto de mi lista de deseos el de cuidar del cinismo que me permite vivir en sociedad y añado el que tenía como primer reserva: estudiarme la Champions league para tener tema de conversación con los compañeros de la oficina. Me salgo a la terraza, enciendo un cigarrillo. Resto de mi lista de deseos el de fumar menos y añado el segundo reserva: santificar las fiestas, a ver qué se siente. El de beber menos se

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Señor escapando por la ventana de una fiesta de Nochevieja.

cae por su propio peso al aceptar otra copa de espumoso manchego, pero no tengo nada en la recámara, y estoy pensando que al empaste le van a dar mucho por culo. Hace un  frío negro en la terraza. Voy a fumarme el último del paquete. Escucho los primeros compases de La puerta de Alaclá: no hay duda, son las tres. Observo en la distancia que Tomás me busca con la mirada. Ahora sí que tengo miedo. He vuelto a elegir equivocadamente el atuendo; no debí venir de corbata. Salto por el balcón. Es un primero, no puede ser mortal. La chapa del Seat Toledo está demasiado fría. Ha helado. Ruido de sirenas. Carreras por los pasillos de urgencias. Dejar de salir de los sitios tirándome por la ventana, no conduce a nada; deseo número trece. Sin quitar ninguno.

El dibujo es de mi hermana Maripepa. La ilustradora de este blog y un servidor os deseamos a todos un feliz año 2017, si es que se puede.

domingo, diciembre 25, 2016

Mientras tanto, muy cerca de ti...

Se sentó a la mesa vestida con el traje de chaqueta estampado que le regaló su marido por las bodas de plata hace más de quince años.
Había puesto el mantel de hilo y la vajilla buena. Como siempre cinco servicios completos, copas de cristal finísimo, cubiertos de alpaca. Lo mejor de lo mejor para esta cena.
El mensaje del Rey se lo perdió, pero supuso que seguiría siendo partidario de la monarquía parlamentaria y de la unidad de España, y que seguiría deseando toda suerte de dichas a policías, bomberos y sanitarios que, en tan destacada fecha, cumplen servicio y garantizan el bienestar de todos. Aburrido, pensó.
Sacó del horno el cordero que había inundado de olor a navidad toda la casa y lo sirvió. Se puso agua en la copa más grande, aunque Antonio siempre la reservaba al vino para obtener de él todo su buqué.
Había puesto el viejo radiador de aceite a toda la potencia, para que el comedor estuviera a una temperatura aceptable al menos por una noche.
La tele ya daba el especial Nochebuena. Esperaba a Raphael.
Este año se había propuesto no llorar. Pero el mensaje del móvil traicionó sus intenciones: “Feliz Navidad, abuela. El año que viene te prometo que haré lo posible por cenar contigo.”
Cuando se acostó ya no lloraba. Miró la hora en el despertador a pilas que aún funcionaba. Las once y media. Cada nochebuena me acuesto antes. Mañana será otro día. Buenas noches, Antonio, donde quiera que estés. Feliz Navidad.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

sábado, diciembre 17, 2016

Una broma de asfalto

Unos lo están llamando “responsabilidad patrimonial de la administración” y lo ponen con mayúsculas, como si se tratara (a lo mejor se trata) de una de las personas de la Santísima Trinidad. O con siglas: RPA, como CR7 o NPI.
Otros lo están llamando “rescate”, aquella palabra prohibida cuando se rescató a la banca con tantos millones euros que da un poco de pudor escribirlos, y que se vuelve a prohibir ahora porque, en realidad, no se trata de un “rescate” según el propio ministro del ramo.
Otros lo están llamando nacionalización, término que desagrada un poco, porque recuerda a Cristina Fernández de Kirchner cuando allá por el 2012 nacionalizó Yacimientos Petrolíferos Fiscales, de la española Repsol, o a Evo Morales haciendo lo propio con los hidrocarburos bolivianos en 2006, tan, tan y tan criticado.
¿Y a mí que me parece un simple timo?
La pequeña diferencia entre la actitud de estos “mandatarios bananeros” y nuestros sesudos próceres es que, mientras ellos nacionalizaron sectores o empresas que daban dinero y mucho, aquí lo que rescatamos-nacionalizamos-nos responsabilizamos, son unos cientos de kilómetros de autopista bastante más que ruinosos. Y no para explotarlos y acopiar fondos para la financiación de los servicios públicos, sino para sacar del lío a los astutos inversores que contabilizan pérdidas por más de CINCO MIL MILLONES DE EUROS, entre lo que se gastaron de más y lo que no han conseguido ingresar por los peajes. Sacarlos del lío a base de usar esos fondos que ya no servirán para financiar los servicios públicos. Cinco mil millones.
Está todo contado ya. Un emperador bajo y megalómano, enfermo (entre otras patologías) de sí mismo, encargó a su ministro más poderoso construir una red de autopistas alrededor de Madrid y por otro par de sitios (Cartagena-Vera, un poner), a mayor gloria de su propio ego y del crecimiento económico que había propiciado su reciente Ley del Suelo (esa que ella solita provocó la brutal quiebra inmobiliaria de la que tardaremos lustros en salir y arruinó a miles de familias españolas de la entonces pujante clase media). Para asegurar el éxito de su ignominia ingenió un hábil truco: Diles, encargó a su ministro, que pierdan cuidado, que si la cosa va mal yo les saco del lío. Y se lo dijo. ¿Por escrito? Sí, sí; por escrito, firmado y rubricado.
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Una autopista a punto de ser rescatada.
Abertis, Sacyr, ACS, Bankia (Caja Madrid, para entendernos, la de Rato), que no sabían hacer cuentas o, si sabían, las hicieron pensando en otra clase de cuentas, cayeron en la trampa. Pero no había trampa.
En realidad sí la había, pero éramos usted y yo quienes íbamos a caer en ella.
El gran Aznar, principio y fin del milagro económico de las Españas, su ministro Cascos, principio y fin, sin más, y sus ínclitos sucesores, diseñaron en su momento y están dando ahora buena cuenta de ella, una estrategia infalible: garantizar los evidentes riesgos de una inversión que a todas luces nos venía grande con el dinero de todos.
Nos venía grande porque no eran infraestructuras diseñadas para favorecer la movilidad, soportadas por el análisis de estudiosos urbanistas con el encargo de hacer más humanas las grandes ciudades del Estado facilitando la convivencia. No. Eran una macarrada inmensa ideada por un aspirante mediocre a señor del dinero que, además, jugaba sucio.
Estos mismos señores del dinero muy pocos años después inventaron aquello de que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. Y, pásmense: ¡se referían a nosotros!
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

sábado, diciembre 10, 2016

Representantes.

No me imagino a un chico de 25 que gana en un año entre quince y veinte veces más de lo que un ser humano corriente consigue durante toda su vida laboral (haga la cuenta, se sorprenderá).
Supongo que cada uno tendrá detrás un complejísimo entramado de empresas, cada una en su especialidad, orquestada por un experto “representante” que hace muy bien su trabajo. Un “representante”, ¡qué gran cosa!
¿Se acuerda de lo que es uno de 25? Acaba de terminar en la Universidad, si la cosa le fue bien, e intenta no tener que marcharse a Alemania buscándose la vida como puede en territorio nacional. O lleva tres de experiencia en una gestoría. O trabaja con su madre en la peluquería familiar mientras hace planes con su chico barajando la hipótesis de que, en cuatro o cinco años, podrán alquilarse algo en un barrio de las afueras y empezar a vivir juntos.
Estos chicos no. Estos tienen un entrenador personal, varios abogados, un personal shopper, un ama de cría, un chalé en zona residencial privilegiada, una novia modelo de turgentes pechos, cinco coches deportivos, seguridad privada, jacuzzi individual en el vestuario de su campo (¡sí!) y una agenda apretada de entrenamientos y actos promocionales. Todo esto lo gestiona un “representante”, o eso supongo.
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Aclamado por su público, orgulloso de serlo, un futbolista.
Un equipo de avezados fiscalistas aconseja sobre las finanzas del mozuelo (compréndase que pueden superar el PIB de algunos países). Otro de asesores de imagen le peinan, le visten y aconsejan sobre qué contratos de publicidad tiene que firmar en su nombre la empresa que los gestiona. ¿Saben que alguno de estos chicos pertenece a una sociedad? Quizá no son ellos mismos, sino sus “derechos” lo que pertenece a una sociedad, gestionada por un “representante”.
Luego juegan fútbol los domingos y hacen las delicias de personas de todo sexo, edad y condición.
Los mortales discutimos con argumentos pesadísimos sobre el merecimiento o no del balón del oro, de la bota de oro, del pijama de oro. Ellos anuncian productos adictivos (como el juego), ponen su rostro en bebidas azucaradas, exhiben las marcas de sus coches, de sus pantalones, de sus zapatillas, y defraudan a la Hacienda Pública por cuantías que marean. No se puede contar todo, porque algún juez lo puede reputar inconveniente, pero defraudan por cantidades astronómicas de dinero que no se destina a la financiación de los servicios públicos. Nosotros permitimos que se conviertan en la referencia de nuestros niños y niñas, y ellos defraudan a la Hacienda Pública. Nosotros admiramos sus inmensas carreras deportivas y ellos defraudan a la Hacienda Pública.
Y a nosotros no nos importa. No hay ninguna manifestación multitudinaria en las calles exigiendo que estos niños paguen sus impuestos o que sus clubes abonen la deuda millonaria a la Seguridad Social (mientras se agota el fondo de reserva de las pensiones). A nosotros no nos importa, porque… ¿Y lo bien que le dan a la pelota?
Además, para eso está su “representante”.
El futbolista es de mi hermana Maripepa.

sábado, diciembre 03, 2016

Española. Español.

¿Cómo de español se siente usted?
¿Muy español? ¿Mucho española? ¿Se siente tan español, tan española, como se sentiría keniata si hubiera nacido en Nairobi? ¿Canadiense si hubiera nacido en Calgary? Este orgullo patrio ¿hasta dónde cree que le puede llevar? Cuidado al responderse… Los orgullos patrios pueden llevar lejísimos.
Un numeroso grupo de españoles muy españoles ha protagonizado un boicot en las redes sociales y otros medios contra la obra de un hombre de la cultura porque osó decir que no se había sentido español ni siquiera cinco minutos de su vida. (A lo mejor lo que les jode son los bizcos).
Un numeroso grupo de personas que nacieron allá donde su madre se encontraba cuando el alumbramiento sobrevino porque, hasta dónde me alcanza la inteligencia, la nacionalidad no se escoge. A cada madre le pilla donde le pilla y, luego, debe ser que cada quién se busca sus mañas para sentirse cosas que le identifiquen con los parecidos y le alejen de los más distintos.
Yo, por ejemplo, hoy me siento de Atleti y algo griposo. Español no he conseguido sentirme. Debe ser que tampoco he dedicado ni cinco minutos del día al empeño. Y ya lo siento porque, sin duda, esto me va costar un buen puñado de lectores, con los pocos que tengo. (Me ayudará en este caso la impoluta rectitud de la mirada: yo, al menos, miro todo derecho).
Sé que soy español porque he nacido en España, me encanta mi país por cientos docenas de razones que no vienen al caso (detesto casi tantas como adoro, ahora que me acuerdo), me encuentro en casa cuando vuelvo de fuera. Hasta aquí puedo llegar. Pero ¿Me siento mejor que uno que no sea de aquí? ¿Me encuentro mejor que un norteamericano, que un sudanés, que un belga, que un portugués? ¿Tienen ellos la misma obligación de sentirse de allá de dónde sean que yo de sentirme español? ¿Acaso deberían sentirse españoles también ellos para henchir con un noble motivo su corazón ajado? ¿No les aburre ligeramente el asunto?
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Cada uno dentro de sus fronteras, sintiéndolas en las carnes, amándolas fervorosos, dando la vida por ellas. ¿Por las fronteras? ¿Por las horas de sol, la tortilla de patatas, los toros, las murallas de Ávila? ¿Por el color de pelo dominante? De verdad ¿no les aburre?
(Para no mezclar sentimientos tan nobles con otros menos elevados, obviemos en esta reflexión a tanto español españolísimo que fija su residencia o la de sus empresas allende las fronteras de la madre España —v. gr. Panamá, Suiza, Andorra, Emiratos y así hasta 33— por motivos fiscales poco confesables o simplemente fraudulentos y enarbolan la rojigualda enfebrecidos como un hooligan en día de partido cuando alguien se atreve a mentarles a la patria o sus valores.)
Me identifico con esta nacionalidad concreta porque existen Portugal, Francia, Marruecos y otros trescientos países más o menos. Si no existieran sería simplemente un señor de gafas, que es lo que me siento casi todos los días. Y lo sabría. Aunque no sé si estaría tan orgulloso como de sentirme un español. Un terrícola de gafas, orgulloso de serlo, en busca de hostilidades contra marcianos y venusinos, porque si no hay contra quién, no hace falta sentirse nada en concreto por lo que se ve.
Es irrelevante que la peli sea buena o mala. Lo que realmente importa no es la calidad de un director, el genio no está de moda. Lo que importa de verdad es su españolidad (siendo español como es), su patriotismo. Porque nosotros no vamos al cine a ver cine. Vamos a… Esto, vamos a… No sabría qué decir. Pero vean Chico y Rita. Disfruten.
El abanderado es obra de mi hermana Maripepa.

Genocidio

No hay leyes, policías, jueces, medidas de protección, campañas publicitarias… Nada puede evitar que alguien le descerraje un tiro en la cabeza a su mujer. O que la mate a hostias. Nada.
Lo conocemos. Es el dependiente de la ferretería, el gerente del supermercado donde hacemos la compra de la semana, el mejor compañero de cañas, un deportista ejemplar, abnegado padre, complaciente esposo… si no hubiera tenido tan mala suerte al elegirla. ¡Pero es que no aprende!
Le dijeron mil veces que no se pegaba, que no se mataba, que la violencia solo engendraba violencia; pero usted entendió estas reglas dictadas para la vida en sociedad, no para la vida en pareja, que es una convivencia íntima en la que solo usted manda. Todos aquellos mensajes no incumbían a su privacidad.
Su padre pegaba a su maimg_0543dre, su abuelo pegaba a su abuela, en su barrio las mujeres con moratones eran espectáculo frecuente. Gracita Morales (encarnando el personaje de una monja para dejar más claro que si de algo se trata es de los designios del Señor), en no sé qué película de infausto recuerdo del glorioso cine español de la época gloriosa, aconsejaba a una señora golpeada que fuera paciente… que recapacitara… que algo le habría hecho ella también, que su hombre no tenía mal fondo.
Y a usted le importa un huevo aquello de la ‘educación para la ciudadanía’ (que duró tan poco como el Gobierno progresista que lo propuso), es más, le parece indecente que adoctrinen de ese modo a sus hijas y a sus hijos. Le importan un huevo los anuncios de la tele. Disfruta con esto. Esa superioridad física le compensa de toda la podredumbre que lleva en el cuerpo. Y puede que tenga razón: su mujer no aprende, qué más quisiera usted que no tener que pegarle.
Véalo de este otro modo: ¿Maltrata usted psicológica o físicamente a su pareja? Es usted un hijoputa. Sin paliativos. Sus hijos lo saben, lo saben en su escalera, lo saben sus hermanas y su madre. Y la madre de esta. Su padre también lo sabe, pero a lo mejor le da igual. Usted es un genocida. Usted colabora como un nazi en una matanza silenciosa y macabra que, mañana, se va a cobrar otra víctima, como la del jueves. Usted  da vergüenza.
Desde que en el año 2003 se empezara a hablar en serio sobre violencia de género, violencia machista, violencia doméstica… Desde que en el año 2003 la sociedad empezara a preocuparse en voz alta por que hubiera hombres que  asesinaban a sus parejas y empezaron a contarlos,  han muerto 866 mujeres.
866 mujeres asesinadas en catorce años. Un asesinato cada seis días. ETA mató desde la muerte de Franco a 829.
Otro frío dato: Casi 53.000 mujeres maltratadas se encuentran en situación de riesgo en España. Son datos oficiales a 30 de octubre del Sistema de Seguimiento Integral de los Casos de Violencia de Género. 53.000.
Así que propongamos un juego. No lo piense dos veces: Antes de meter una bala en la sien de la mujer con la que convive o con la que convivió, apúntese entre los ojos. Y dispare.
El dibujo es de mi hermana Maripepa. No hay pie de foto. Habla por sí mismo.