domingo, junio 25, 2017

Metamorfosis urbana.

Si usted piensa en un alcalde con “a” grande de los que han pasado por España desde la democracia y tiene edad suficiente para recordarlo, probablemente se le vendrá enseguida a la cabeza Enrique Tierno Galván.

Si en un ejercicio de estos de asociación rápida de palabras le dicen “Ana Botella”, probablemente lo primero que se le ocurra sea “bochorno”.

El alcalde, la alcaldesa, de una gran ciudad es una persona singular, que adquiere con el bastón de mando una responsabilidad tan enorme como la de hacer de la ciudad un espacio amable para los vecinos, un proyecto en el que creer. Solo se le exige un requisito: tener un modelo de convivencia en la cabeza. Una idea de qué quiere hacer de la urbe en los cuatro años que tiene por delante para gobernarla. Qué hacer de la urbe, no en la urbe, que eso se nos puede ocurrir a cualquiera.

El ámbito rural tiene otros requerimientos. El alcalde, la alcaldesa, de un pequeño municipio tiene la misma responsabilidad, pero ha de acopiar más requisitos: el conocimiento directo de la ciudadanía, la comprensión de los sistemas de abastecimiento de agua o alumbrado público, la capacidad de gestionar en directo a los empleados municipales. Esta es otra cuestión. Muy otra. Da para otra reflexión.

Enrique Tierno Galván era politólogo, sociólogo y filósofo. Era bonachón, gran comunicador y comprendedor de la idiosincrasia madrileña, cuyo hecho diferencial consiste en la ausencia de hecho diferencial. Y no gestionaba. No gestionaba. Pensaba. Y muy bien. Por detrás tenía una compleja organización política liderada por Juan Barranco, de quién ignoramos si tenía  o no un modelo de ciudad en la cabeza porque el rato que fue alcalde, a la muerte de Tierno, no dejó opción y después nunca supo ganar unas elecciones en Madrid. Gestionaba. Barranco y la enorme organización política en la que se apoyaba gestionaban. Tierno Galván tenía un modelo de convivencia en la cabeza y transformó Madrid en un momento crucial de la historia de España.

Pascual Maragall fue el gran alcalde de Barcelona. Otro gran hombre, su hermano Ernest, se ocupaba de la cocina del consistorio, a la cabeza de la organización que tenía por oficio el de dar salida a aquello que se dieron en llamar las “maragalladas”. Siempre de habló de las maragalladas en tono peyorativo cuando, en realidad, eran las ocurrencias de un hombre genial que, cuando hablaba de Barcelona, hablaba del arco mediterráneo y de la implicación de la ciudad en su contexto geo-político-económico. Del papel de la ciudad en el ambicioso círculo de las grandes ciudades de Europa, al que Barcelona pertenece por derecho propio. Maragall transformó Barcelona hasta ponerla en los puestos de cabeza de esa red y la puso mirando al Mediterráneo.

20170624_235451.jpgManuela Carmena es, en mi opinión, una de las políticas más serias, formadas, inteligentes, capaces, del panorama español, ya busquemos en el ámbito municipal, autonómico o estatal.

¿Por qué, entonces, el único gran proyecto del que tenemos noticia en Madrid es la minoración de la deuda? ¿Por qué no conocemos su modelo de ciudad más allá del incremento del gasto social o el empeño por la calidad del aire (ambos fantásticos)? ¿Por qué la única gran infraestructura de la que estamos hablando es una tibia remodelación de la Gran Vía? ¿Por qué no se emplea el dinero presupuestado más que en un 60%, si es que se llega? La gran pregunta es: ¿quién dirige la ciudad mientras Manuela Carmena la imagina y la diseña?

¿Qué está sucediendo con esas fantásticas figuras políticas nacidas del empuje de la gente, como Ada Colau, alcaldesa de Barcelona, de la que solo conocemos su lucha por ordenar el turismo en la ciudad (enorme, por cierto) y por remunicipalizar servicios públicos entregados a manos privadas por anteriores corporaciones? ¿No parece poco?

¿En quién se apoyan? ¿Quién, además de los votantes en los próximos comicios, tutela sus movimientos? ¿Quién aconseja sus decisiones, les ayuda a formar criterio sobre los grandes problemas urbanos? ¿Quién está diseñando la metamorfosis de las ciudades? Se producirá de todos modos, pero sin concierto aparente y, desde luego, sin beneficio para las personas que la habitan, si alguien no la ordena. Porque casi todo lo que pasa solo pasa para mal y en beneficio de muy pocos. Y todo el vacío que deja la política, que piensa en todos, lo ocupan otros con objetivos bastante más concretos y no siempre confesables.

Transparencia, honestidad, cercanía, credibilidad, son atributos de la política. Siempre debieron acompañar a la política y la “nueva política” los reivindica, abandera y ejemplifica. Pero no son la política.

Reducir la deuda seguramente importa muchísimo en términos macroeconómicos. En Bruselas deben estar encantados con nosotros. Pero no mejora un ápice la vida de las personas. Es un ejercicio de responsabilidad, sin duda, pero no es la aspiración de los ciudadanos, no es aquello que ilusionó a los votantes para dar un vuelco en el gobierno de sus ciudades. Falta el diseño de las políticas y la gestión de las cosas públicas. El tedioso ejercicio de convertir las ocurrencias en ideas y las ideas en proyectos tangibles que los ciudadanos valoren a pesar de las incomodidades que se producen por la ejecución de las obras.

La metamorfosis urbana se imagina desde el pensamiento político. La gestión de lo público materializa, hace verdad las ideas. El proyecto de ciudad ilusiona, convence, se interioriza por sus habitantes que se sienten identificados con lo que está sucediendo en sus calles. Y ahora no está.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 18, 2017

¡Y es que los pobres arden tan bien!



Mire a su alrededor. Todavía no tiene claro si la tele de 50’’ que se compró a plazos en El Corte Inglés es demasiado grande para el salón. La vitrina no, la vitrina es perfecta. En la habitación más cercana al sillón donde se descalza cuando vuelve del trabajo duermen los pequeños. A la niña la pusieron en el otro cuarto y acaban de instalarle una habitación de jovencita, porque ya va para quince.

Ahora imagínese que todo está en llamas. Sí, también los niños.

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¿Acojona?

Hacinar a una muchedumbre de personas que no tienen nada en una torre de veinticuatro pisos y forrarla de poliuretano no es una buena idea.

Ciertamente no sé a quién se le ocurrió, ni si las normas técnicas que regulan la construcción por aquel imperio lo permiten o no, ni cuánto dinero se ahorraron, pero no es una buena idea.

Theresa May no ha tenido valor para enfrentarse a las víctimas hasta el sábado. La Reina sí fue enseguida, a esta le importa un huevo. La premier ha puesto cinco millones de libras para echar una mano a los damnificados. Había escrito que “para lavar su conciencia” pero lo he borrado, no creo que su conciencia se haya estremecido lo más mínimo, lo sustituyo por “para lavar su imagen”. Va a impulsar una investigación. Muy seria.

El primer cadáver identificado, el de un refugiado sirio que vino a morir al primer mundo porque en el suyo se moría fatal. ¡Qué puto despropósito! Las crónicas cuentan que los musulmanes fueron los primeros en ponerse a las tareas de rescate, porque andaban de cena de Ramadán y les pilló despiertos en la madrugada. La Sexta decía que pudo haber sido la nevera de un taxista etíope. Computados cincuenta y ocho muertos a la hora de cerrar este texto. Desaparecidos hasta cien. Quizás nunca se lleguen a identificar todas las víctimas, dice la policía.

La cosa es que el edificio quedó esquelético en treinta minutos y lo vimos en directo, que las personas tiraban a sus hijos por las ventanas gritando para que alguien los cogiera al caer… antes de caer. ¿Usted se lo imagina? Pero es que todo está en llamas ¿no cambiaría una muerte segura por otra casi segura? Todo es en treinta minutos.

¡Qué imbéciles! Nos habíamos creído que lo primero eran las personas. ¡Pero qué imbéciles!

Las prioridades presupuestarias no pasan por la dignidad de las personas. Muchísimo menos si tienen apellidos raros o facciones poco comunes en esta latitud. Entonces muchísimo menos.

Y si hay que forrar un edificio de veinticuatro plantas de poliuretano, lo forramos. En realidad lo que arde no es el poliuretano. Lo que arde son los pobres.
El dibujo de la torre Grenfell calcinada es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 11, 2017

¡Ha sido el negro!


No creo incurrir en un delito contra los sentimientos religiosos si digo que José María Aznar es imbécil.

Me pongo así la venda antes de la herida, porque las cosas están muy serias en esta España de hoy y no se sabe a quién venera cada quién: uno trata de preservarse en libertad a cualquier precio.

Echarle la culpa al negro, sin embargo, ha sido excesivo incluso para mí, amante de Max Estrella y de don Ramón María. Hasta el esperpento tiene un límite.

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Señalando al culpable.
Y lo ha dicho: “Sin los errores de Obama, Trump nunca hubiera sido presidente de EEUU”.

Finísimo estratega, conocido mundialmente por haber visto armas de destrucción masiva donde no las había, y por ser el único en no reconocer su error y disculparse después de la masacre inútil, José María Aznar preside hoy el Instituto Atlántico de Gobierno, creado por él mismo, a mayor gloria de sí mismo, y que pasa por ser (así se autodefine) “factor de transformación, que plantea nuevas exigencias”. Casi nada… ¡Casi nada! ¿Cómo permanecer en FAES, esa organización pequeña y sin miras transoceánicas, con su potencial?

¡Echarle la culpa al negro! ¡Por el amor de Dios! ¿No le dijeron a este muchacho en casa que con los negritos no se mete uno?

Hablamos del hombre de estado. El jarrón chino (jijijijiji). El gobernante que se fue a los Estados Unidos a por la medalla de oro del Congreso y se volvió sin ella, aunque hablando un tejano de lo más académico, porque no fue nadie a verle pronunciar su discurso. Un discurso de tal altura, que ha pasado a los anales de la historia antes de que nadie lo escuchara (entiéndase aquí anal como el sustantivo que es y no como el adjetivo -relativo o perteneciente al culo- en el que está pensando). Hablamos del intelectual que compaginaba las clases magistrales en la Universidad de Georgetown con brillantes reflexiones públicas sobre quién era el Estado para decirle a él lo que tenía que beber y lo que no antes de conducir. El azote de la corrupción durante cuyo mandato el vocablo “sobre” adquirió significados -y valores- inalcanzables y al que ahora la Hacienda Pública reclama unos impuestillos que se olvidó de pagar.El dueño de una ley del suelo que causó la burbuja inmobiliaria más importante de la historia de España. Él. El analista con ínfulas de influencer que conjuga en sus declaraciones los atentados de Manchester con la duodécima del Madrid en puro ejercicio de dialéctica socrática.

Ahora es “factor de cambio”. Analista. Gurú. Europa debe estar tranquila: Él vigila. Nos guarda, escruta el panorama internacional y lo disecciona con certero bisturí. Denuncia al indolente, corrige al errado, señala en la correcta dirección el destino de los pueblos. El Instituto Atlántico de Gobierno desafía a los líderes mundiales con sus propuestas audaces: China, Rusia, EEUU. Todos, en suma, le escuchan temerosos de sus dardos incisivos.

Y no crea que es tan fácil: pruebe usted a decir “ha sido el negro” con los ojos entornados a la par que perdidos en lontananza, sin mover el labio superior y apenas el de abajo. Verá como la cosa tiene su mérito.

La profundidad de su mirada, los recios abdominales, el labio leporino, la labia leprosaria, el tono quedo, todo en él mueve a risa.

Una lanza esta vez a favor del Partido Popular: han intentado hacer que se calle. Vano afán; no se calla. Ni debajo del agua. No se calla. Es un verdadero insulto a la inteligencia de los españoles. Y de los de más sitios.

José María Aznar es el azote atlántico. Es el fiel de la conciencia de occidente. Así que todos con él: ¿Cuál es la causa de que los estadounidenses se decidieran por poner a Donald Trump a regir sus destinos? Los errores de Barak Obama. Ha sido el negro. José María Aznar dixit.
La foto de los muñecos de plastilina es de mi hermana Maripepa. Los muñecos también.

domingo, junio 04, 2017

PROCÉS.

James Cameron tuvo una idea genial cuando, para sortear los conflictos internos 10 minutosen su partido, inventó el BREXIT. La idea fue tan buena que… ¡ganó! Después se tuvo que marchar, eso sí, porque lo de sacar a Gran Bretaña de la Europa Común, en realidad no se lo creía ni él. La historia aclarará las consecuencias que tendrá para los británicos la ocurrencia de un político mediocre de intentar resolver un problema local mediante una decisión global.
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Superestellat

Artur Mas tuvo una idea similar. Afloraba la podredumbre que después le llevaría a cambiar de nombre a su partido para aislarlo en lo posible de los terribles casos de corrupción que comenzaban a asediarlo (sedes de CiU embargadas, caso Palau...). Lidiaba, además, con una situación de bancarrota institucional para cuya solución (no se debe olvidar que hablamos de un político altamente de derechas) no se le ocurriría otra alternativa que practicar las políticas de recortes más reaccionarias que ha vivido Cataluña, las mismas que sirvieron de guía meses después para el resto del Estado español. El adelgazamiento de los servicios públicos de la Generalitat estaba siendo tan brutal y el azote de la corrupción tan escandaloso que, para desviar la atención de todo aquello y después de una Diada memorable (2013) en la que las calles de Barcelona y otras grandes ciudades catalanas se llenaron literalmente de gente, Artur Mas inventó el PROCÉS. Luego también se tuvo que ir, porque la estrecha mayoría que la idea consiguió en las urnas (2015) después de haber planteado las elecciones como un plebiscito, le obligaba a contar con los votos de un socio, la CUP, que no le quería ni en pintura.
Es verdad que la política hace extraños compañeros de cama. La marca Junts pel Sí, que consiguió 62 escaños, era una mezcla entre la derecha burguesa y el nacionalismo de izquierdas, si es que aceptamos el hecho de que exista una izquierda nacionalista. Un  fenómeno exclusivamente catalán, si existiera, porque la izquierda siempre es internacionalista.
Aclaración: La idea obtuvo minoría en las urnas (47,74% de los votos) pero, traducida a la adjudicación de escaños, resultó mayoritaria. Milagro de la ley d’Hont.
Otra aclaración: Artur Mas y Carme Forcadell, presidenta por entonces de la Asamblea Nacional Catalana, dieron por supuesto que aquella muchedumbre en la Diada de 2013 era una aglomeración de independentistas enardecidos. Pero era 2013,  un momento de crisis importante, de destrucción de empleo, de pobreza, de desesperanza. Las calles no se llenaron solo de nacionalistas: era un grupo muy diverso movido por la necesidad de hacerse oír y  liberar la rabia contenida. Claro que también había nacionalistas, muchos de los cuales, seguro, serían además independentistas.
Una parte muy importante del pueblo catalán sueña desde tiempo inmemorial con un estado independiente. También  es cierto que dos legislaturas de Aznar vuelven separatista al más pintado. Tampoco ayudaría que después el PP impugnara un Estatut democráticamente aprobado, cuya literalidad coincide ce por be con otros, como el de Valencia o Andalucía, que siguen su curso legal sin tacha alguna. Menos, que el Tribunal Constitucional le diera, además, la razón.
Súmese a todo lo anterior lo bien que funcionan en las redes sociales, actuales medios de comunicación de masas, las ideas que se resumen con facilidad como libertad, independencia, hambre o justicia. Habrá cocinado un caldo de cultivo inmejorable.
Hablar de demagogia populista en este contexto es como de monjas. "¡Prefiero ser pobre, pero ser libre!", bramaba en la tele una señora con aspecto de estar bien alimentada, ante la pregunta de si asumiría el empobrecimiento de su comunidad a cambio del estatus de nación. Me temí que ni conocía qué es la pobreza, ni se resintió de la falta de libertad cuando no la hubo en Cataluña ni en el resto de España. Me sonrojé un poco.
Plebiscito perdido y todo, vetado y todo el gran hacedor, Carles Puigemont toma el relevo y proclama junto a Forcadell, ahora presidenta de la Cámara autonómica, que no cabe la marcha atrás. Que lo que nació como una inmensa cortina de humo se ha convertido en un telón infranqueable. Que la independencia de Cataluña es un hecho y que le importa un huevo que los ciudadanos, en realidad, hayan votado mayoritariamente a fuerzas no independentistas, porque la aritmética del Parlament es la que es y les da para imponerse.
El primer gran hito, el referéndum. La gran soflama: ¡Las urnas jamás dañan! ¡Una cosa es el referéndum y otra la independencia! Demagogia pura. Permitir la celebración de un referéndum sobre la independencia de un territorio es tanto como admitir que un territorio se puede segregar de España legalmente. No se puede separar la idea del referéndum de la voluntad de conseguir la independencia. Decir lo contrario es, simplemente, no sabérselo. Decir lo contrario sabiéndoselo es mentir. Populismo, decir lo que se quiere oír so pretexto de la seguridad de que la hipotética consulta fracasará. Pero ¿fracasaría? ¿Como el Brexit? Téngase presente que la lógica de los plebiscitos ha cambiado mucho últimamente. (Recuérdese también Colombia).
El PP, como de suyo, decidió hacer nada, salvo pedir el voto en catalán (haga el esfuerzo de recordar a Rafael Alonso recitando la frase "aixó no es veritat" en la lengua de Miquel Martí i Pol).  Ya hemos dicho en estas páginas que Rajoy se pone a no hacer nada y es un no parar. Solo nuestro brillante exministro de Asuntos Exteriores, el inefable José Manuel García-Margallo propuso una solución brillante al “asunto catalán”: como hombre de impecable trayectoria conciliadora e innegable capacidad intelectual, propuso quitarles las urnas, en el buen entendimiento de que sin urnas… ¿dónde iban a echar los votos? Porque lo que sí han dejado claro es que referéndum, lo que se dice referéndum, no va a haber.
No ha habido una propuesta de diálogo, un ensayo de solución constitucional que resuelva en definitiva el problema de la configuración del estado español para evitar la escisión de Cataluña y la subsiguiente del País Vasco, una oferta creíble de federalización que el PSOE enuncia pero no define. Ha habido dos posiciones: Los separatistas catalanes dicen “nos vamos” y el gobierno del PP responde “ni de coña”.
A todas luces se impone una negociación de altura (de políticos de altura, de política de altura) que, también a todas luces, pasa por una reforma de nuestra ya más que madurita  Constitución que determine de una vez por todas la organización de España como un estado federal, sin miedos, sin eufemismos.
Tampoco conocemos la propuesta de Estat Català que las formaciones independentistas tienen en la cabeza y dudo que los propios catalanes tengan asimilada una idea de organización política autónoma bien conformada. En realidad ¿qué sabemos del Procés? Volvemos a la postverdad. Se ha vociferado la palabra “¡independencia!” con tanta fuerza que todo un pueblo se ha sentido sojuzgado. ¿Sojuzgado? ¿De veras? ¿Por quién? Se grita “¡libertad!” tan alto y con tanta insistencia que, de pronto, los catalanes se sienten oprimidos. ¿Oprimidos? Por… ¿los de Madrid? ¿Los de mi barrio? ¿Es desde Murcia que los oprimen? ¿Ciudad Real, acaso?
Y ahí están las cosas.
El presidente del Gobierno de España ha asegurado que hará todo lo que tenga que hacer para evitar el referéndum y ha subrayado, todo. El president de la Generalitat ha respondido con una pregunta: ¿utilizará el señor Rajoy la fuerza contra el pueblo catalán? A esto llamamos diálogo porque, sorprendentemente, ambos dirigentes no han cruzado una sola palabra. Más bien se trata de ver quien la tiene más larga… pero sin enseñarla. Sin hablar. Sin acordar. Sin mirarse a la cara. Que me voy. Que ni de coña.
Un amigo me envía este recuerdo: El Diario Oficial del Ministerio de la Guerra, el día 7 de octubre de 1934, siendo presidente de la República don Niceto Alcalá-Zamora (conservador) y del Gobierno don Alejandro Lerroux (populista y demagogo), escribía en su página 51:
“En Cataluña, el Presidente de la Generalidad, con olvido de todos los deberes que le impone su cargo, su honor y su responsabilidad, se ha permitido proclamar el Estat Català.
Ante esta situación, el Gobierno de la República ha tomado el acuerdo de proclamar el estado de guerra en todo el país.”
El dibujo del superhéroe es de mi hermana Maripepa.
La imagen digitalizda del Diario Oficial del Ministerio de la Guerra pertenece a la Biblioteca virtual del Ministerio de Defensa.
Diario Oficial de la Guerra

domingo, mayo 28, 2017

Matar.

Un chico de 18 conduce a toda velocidad por las calles del pueblo con una chica al lado. Un anciano le increpa desde la acera por no respetar el paso de cebra por el que se disponía a cruzar. El chico detiene el vehículo, se baja, lo encara, le pega una hostia y lo mata. Después huye.
Un par de días antes, otro muchacho de 22 se probaba un traje de bombas con el que inmolarse en un concierto rodeado de adolescentes. Le sentaba bien. Se lo puso. Y también mató a unos pocos. 22 muertos. Casi sesenta heridos.
Este lo hizo por Dios, porque creía en uno que se pone muy contento cuando matas infieles.
El otro fue por sí mismo, porque cree estar en el derecho de golpear a un anciano que le regaña.
¿Qué coño nos pasa?
El uno ya está muerto. El traje de bombas se lo llevó al cielo de los que se inmolan en nombre de su Dios.
El otro está encerrado. Alguien se tomó la molestia de anotar la matrícula del coche que conducía.
IMG_0708Y, en realidad, los dos están muertos.
No hay cielo para los que mueren matando, ni para los que matan sin morir hay encierro que no se parezca demasiado al infierno. Solo hay muerte.
Solo hay la muerte del intelecto humano, que ya agoniza. Es parecida a la muerte cerebral del individuo, pero colectiva. Es cuando el encefalograma plano afecta a los pueblos en lugar de a las personas.
El ISIS reivindica la muerte del chico que se vistió de bombas y proclama su entrada premiun en el cielo de los que matan por su Dios. La familia del otro muchacho dice que al anciano debió darle un infarto o algo, porque el crío en realidad es todo corazón, incapaz de algo semejante a eso.
Muerte del intelecto humano.
Hay quien piensa que se puede matar. Por derecho propio o divino. Que se puede matar.
Y ¿saben qué? Que no se puede. En serio, no se puede.
Comparta esta entrada quince millones de veces y verá como mañana muere otra mujer a manos de su expareja. Compártala veinte millones y verá como otro muchacho se inmola entre una muchedumbre. No la comparta y verá como otro conductor borracho asesina a otro ciclista.
La humanidad no ha comprendido todavía que no se puede matar.
Incluso delante de la misma muerte uno puede escribir:
Donald y Melania
Algo no está funcionando.
El dibujo del joven con la cabeza hueca es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 21, 2017

Mercados 5, política 0.

Hoy es el día más triste.
El puto día más triste.
Es domingo de primarias.
A esta hora se decide aparentemente entre la continuidad y la ruptura, entre dos candidatos (el tercero no está, en realidad, jugando la partida) a los que hay que elegir por descarte.
Poco importa quién vaya a ganar (quién ganó si usted está leyendo esto el lunes). Mi pronóstico es un parlamento con el PSOE como cuarta fuerza política, con 50 diputados. Es una España sin PSOE. Como ya hay una Grecia sin PASOK, una Italia en PDSI, una Holanda sin PVDA, una Francia sin PSF.
Cuando esto sea verdad (a lo mejor nunca) alguien se preguntará qué no hemos hecho. Permítame anticipar la respuesta: No hemos hecho nada.
En julio de 2014, después del estrepitoso fracaso en las elecciones europeas de mayo (de 14 a 9 eurodiputados) y entendiendo el PSOE, por alguna razón desconocida, que debía “centrarse” para no asustar a los poderes económicos (IBEX 35), el aparato del partido apuesta por la opción más conservadora y encumbra a Pedro Sánchez a la Secretaría General, contra Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. Y ello con la inestimable ayuda de la federación andaluza, liderada por Susana Díaz. Ella, Ella (así escrita no por ser principio de frase sino por su propia condición mayúscula), Ella decía, retira su confianza al candidato a los 20 minutos de su proclamación, a lo mejor porque su apoyo estaba ya hipotecado desde el principio. El PSOE empieza a meterse hostias como panes. Públicas y privadas, en procesos electorales y en procesos internos. Como panes. De los de pueblo, de los grandes.
Pero esto no es más que el pasado.
Ahora son ellos dos. Hoy elegimos, de entre ellos, a uno. Ella, la que lo apoyó para derrocarlo quién sabe si pensando ya en sí misma, y él, el que se revolvió contra el aparato que era más grande que él mismo, que nació para la moderación y, por colocarse dónde las circunstancias le pusieron, aparece ahora como la izquierda más izquierda. La que representa la continuidad que quieren los notables del partido, el que representa la ruptura que parece querer la militancia. Por descarte, decía, intentando intuir cuál de ellos significará un desastre menor.
Dicen las encuestas que el uno ganará más votos que la otra en unas elecciones generales. Y sospecho que los dos, el que de los dos sea, quedará por debajo del 17% de los votos con el resultado en escaños que determine en cada circunscripción electoral la ley d’Hont.
IMG_0681Y ¿qué hemos hecho para evitarlo? Había que construir un discurso que convenciera de que tenemos un proyecto de Estado por el que merece la pena salir a votar (no digo a luchar, porque mueve a risa). Necesitábamos buscar hasta encontrarlo un líder al que no dé pudor escuchar. Importaba consolidar un puto partido de izquierdas que representara a la sociedad española y se supiera anticipar a la catástrofe ideológica y electoral que se avecina y que ya se anuncia por las socialdemocracias de todo el continente. Sin embargo, hemos entablado una contienda entre hermanos con un nivel de agresividad absolutamente impropio de correligionarios que persiguen un mismo bien común. Una reyerta/pelea/bronca tabernaria cuyas consecuencias en la organización están por escribir, pero no será gratis. Nos hemos dedicado, en suma, a mirar a ver quien la tiene más larga.
A la vez, la socialdemocracia se muere en Europa. Y simultáneamente, el sistema de partidos políticos, único que conocemos hasta hoy para el ejercicio de la soberanía por los ciudadanos, se desvela viejuno y se cambia por otro que no sabemos cuál es, basado en “movimientos” que conectan mejor con el sentir de las personas en la redes sociales. Ahí está Trump, contra su partido. Macron, sin partido.
La política desaparece. Todo el espacio que desaloja lo ocupa el dinero. Entran los mercados: Mercados 4, Política 0. Así está el marcador. Pero la partida sigue.
Y acojona.
Hoy es el día más triste. Se termina el PSOE en España.
Mercados 5, política 0. Este es mi pronóstico.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 14, 2017

Por Dios y por España.

No hay leyes, comisiones de expertos, informes, ni dictámenes, que consigan traicionar la memoria de todos. Ni siquiera la falsa Historia que escribieron y nos contaron lo consiguió.
A pesar de que la sociedad española ha demostrado sobradamente tener memoria de pez (aproximadamente tres segundos) para según qué cosas, hay otras que no se olvidan, que no se han olvidado. Algunas sí, pero hay otras que no.
Se ha olvidado, por ejemplo, que el embalse de Riosequillo, en Buitrago de Lozoya, fue un  campo de trabajos forzados que el general Franco, ganada la guerra civil, utilizó para resolver el grave problema que representaba tanto rojo preso obstinado en sobrevivir. Pero no se ha olvidado que el Valle de los Caídos fue otro. Eso no se ha olvidado, seguramente, porque el propio monumento y la intención con la que se construyó son de una infamia y proporción tan enormes que es imposible olvidarlo.
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En sentido homenaje
Espero que nadie asome un amago de sonrisa al leer estas líneas, pues ello podría dar con mis huesos en la cárcel y nada más lejos puedo apetecer. De otra parte, maldita la gracia que tiene el asunto.
No se trata de reabrir viejas heridas como insisten en decir quienes siguen disfrutando de la victoria tantísimo tiempo después. No se reabre lo que sigue abierto. Es cerrar viejas heridas. Muy viejas. Muy profundas.
La muerte del general dictador y el posterior proceso de transición que nos trajo hasta donde estamos pasó de puntillas por un asunto mayor: la reconciliación. Así se decidió que interesaba en aquella España de golpes de estado, de salvadores de la patria, de Rey restaurado. Y así se optó por olvidar para construir, sobre la falsa idea de que este era un país sin rencores, sin cuentas que saldar. Sobre la reconciliación se pasó de puntillas. Sobre la verdad se habló poco o muy poco. Y la reparación a las víctimas del franquismo ni siquiera se planteó.
Los actores de la transición olvidaron reconocer que España era un país post-genocidio. Y que una sociedad que ha padecido la persecución hasta pretender el exterminio de una de sus dos partes, es una sociedad que guarda rencor. Y no hay leyes, ni dictámenes, ni comisiones de expertos, que muevan ese odio hacia el amor fraterno. Ni democracia que pueda madurar sobre tanta indignidad.
No hablo de la guerra y ya sé lo de Paracuellos. Hablo de la postguerra. Y del miedo, de la persecución, el exilio, de los robos de niños, de los juicios sumarísimos, de la humillación, los paseillos, de las fosas comunes.  Hablo del genocidio.
Rendir culto cristiano al general genocida en la basílica megalómana construida a mayor gloria de sí mismo por los presos del bando perdedor es un insulto a la sociedad española. Incluso a la de los vencedores que, después de vencer, tuvieron que seguir venciendo año tras año hasta la Restauración.
Establecer simetría alguna, como así se pretende en estos días, entre los contendientes de uno y otro bando es una barbaridad histórica de tamañas proporciones. No hay simetría. Es mentira. Los unos se resarcieron entre vítores de los horrores de la guerra en cada uno de los días que mediaron entre el 1 de abril de 1939 y el 20 de noviembre de 1975. Los otros aún buscan a sus muertos por las cunetas del Estado. No hay simetría.
(Es obligatorio recordar aquí las inefables palabras de Rafael Hernando, que se atrevió a insinuar que sólo desentierran a sus muertos cuando hay subvenciones. El imbécil. Me encantaría saber si se hubiera atrevido a decir algo así refiriéndose a cualquier otro colectivo de víctimas. Pero las víctimas del franquismo no existen, se ve. De la querella que se interpuso en su momento por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica no se sabe nada. La chica que contó un chiste de Carrero en Twitter ya tiene sentencia. Condenatoria, por cierto.)
El enaltecimiento del franquismo no es un delito en España. Todavía. Nuestra democracia puso sus cimientos sobre el olvido. Claro, era el olvido de cosas que no se pueden olvidar. Y, claro, no se han olvidado. Solo tenían que olvidar unos pocos: los masacrados, los perseguidos, los arruinados, los rojos. Era como si hubiera que pedirles perdón por ocupar legítimamente el poder tras la muerte de Franco. Hubo que darles las gracias por permitir que los partidos políticos ayer prohibidos, hoy votados, electos, se sentaran en el Parlamento.
Incomprensiblemente, la figura histórica del general Franco, golpista, criminal de guerra a juicio de tantos, genocida al mío, aún no ha sido colocada en el sitio que le aguarda. El Partido Popular no quiere porque se sabe el heredero de su historia.
Y una parte de la sociedad sigue rindiéndole honores. En público. Brazo en alto. Con el beneplácito de los distintos gobiernos que se suceden desde entonces y el de la Iglesia Católica. En el Valle de los Caídos por Dios y por España.
El dibujo de los señores muy de derechas homenajeando al Caudillo es de mi hermana Maripepa

domingo, mayo 07, 2017

Redes.

No son ni buenas ni malas. Son solamente verdad.

Alguien ha dicho ya que no es que estemos en una época de cambio, sino que estamos en un cambio de época.

Otras veces usted se informaba como se informaba: Iba al kiosco, compraba el diario de su elección, ponía la radio, miraba las noticias en la cadena que mejor cuadraba con su forma de entender las cosas.

Las líneas editoriales y los intereses no siempre lícitos de los grandes grupos de comunicación guiaban nuestra forma de hacer criterio, unas veces para bien, otras no tanto.
Los intereses ya casi nunca lícitos de los grandes grupos de comunicación siguen guiando nuestra forma de hacer criterio sobre las cosas que pasan. Pero menos. Antes contábamos con la opinión más o menos cercana de nuestros compañeros de trabajo, de tertulia, de escalera.
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Personas informándose esta mañana.
Ahora también, solo que todas las opiniones de todos los opinadores están en todo momento y en tiempo real en nuestro teléfono móvil, tablet, ordenador, smartTV... Ya no se hace verdad la opinión sensata y sosegada de los padres de la comunicación. Ahora se hace verdad lo que se hace viral, sea esto cierto o mentira. Se hace verdad lo que a cada quién le da la gana, porque todo está en todas partes, todo, y puede uno escoger la verdad que más le irrite y convertirla en la suya. O la que más le conmueva, la que más le convenga, la que esté contando en cada momento el que acierte mejor con el modo de contarla, esa será la suya.

Lo bueno: Es imposible que le engañe uno solo, o que oculte cualquier suceso un interesado grupo de comunicadores. Lo malo: Usted ya no contrasta, no mide la calidad de la información que devora. La da por buena o mala según consiga o no alcanzar a su fibra sensible. Y a esto llamamos la postverdad, a lo que, sea o no cierto, se da por bueno porque se lo han contado muy bien o muchas veces. Usted ha perdido el interés por verificarlo. Piénsese que Le Pen está pasando como la candidata de los obreros de Francia. Y esto no es verdad, en serio (nada más turbio que intentar hacer bueno que un partido xenófobo y de ultraderecha represente a nadie pobre), pero lo han convertido en viral y, por ende, en certeza.

Así se devalúa el contenido del pensamiento político. La verdad de cada quién, para que se haga viral, esto es, para que sea certeza en el contexto social en el que nos movemos, ha de caber en 140 caracteres. Y eso hace que los mensajes que nos llegan sean realmente pobres. Muy muy pobres.
La comunicación política ya no se hace desde le tribuna parlamentaria, ni en las trabajadas páginas de la prensa especializada. Se hace en las redes sociales. No es bueno ni malo, es simplemente así. A nosotros nos toca, pues, la parte más difícil: la de discernir. No se lo van a enseñar en la Universidad, ni hay cursillos on line para aprender a detectar lo que tiene calidad y separarlo de la basura informativa. La inteligencia para filtrar la información la tiene que poner usted. Declárese harto de leer bajo la presunta firma Antonio Fraguas (Forges) el relato que un señor de derechas escribió un día que estaba muy enfadado y denunciaba que nuestros gobernantes no saben inglés: La red hace cosas extrañas.

Donald Trump, cuyo pensamiento político, verdaderamente, cabe en un tuit y le sobran caracteres, puede ganar unas elecciones y gobernar el país más poderoso del mundo valiéndose de un social manager habilidoso y de una aplicación de móvil. Incluso Le Pen le recortaba distancias a todos los demás juntos, resumidos en Macron, a base intoxicar la red con el mensaje delirante de que representa al pueblo. En este mismo momento alguien lo estará dudando camino de las urnas.

Las redes sociales están. Han venido a quedarse y a formar parte de nuestra manera de interpretar lo que sucede. De usted, solo de usted, depende que la verdad que escoja de entre todas las que ponen a su disposición sea realmente una verdad asumible por el pensamiento crítico.

También puede escoger la otra, pero eso no le convierte en nada de lo que se pueda sentir orgulloso. (De que sus hijos se puedan sentir orgullosos olvídese: Si es menor de 20 solo le prestará atención a los youtubers de éxito. Están en la red.)
El dibujito es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 30, 2017

Río revuelto.

Es ocioso, por conocido, explicar cómo hemos llegado hasta aquí y, por obvio, explicar quién ha venido a pescar en este río revuelto.
Pero aquí es donde estamos y pescar, lo que se dice pescar, pescan los de siempre.
Podemos, en su estrategia mediática (única de la que tenemos noticia hasta el momento, de la política aún no hemos sido informados) de ocupar las primeras planas de informativos y diarios españoles y extranjeros, vistos, escritos u oídos, al menos una vez a la semana, ha decidido pescar también en este río aún a costa de revolverlo un poquitín más que, para el caso, lo mismo da.
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Señor con coleta pescando en un río revuelto.
Cada día una vuelta más de tuerka, como a ellos mismos les gusta escribir: Me traigo al nene al Congreso, me proclamo vicepresidente del Gobierno, me morreo con un amiguito, me salgo del minuto de silencio, suelto a Rufián, copio el autobús de los grupos de presión mexicanos y los pro-vida españoles, rebajo el nivel del lenguaje hasta lo hilarante (hablo de pollas), veto a un compañero en una tertulia, pongo una moción de censura… en fin, lo normal para un sistema parlamentario.
Sobre todo busco un lema: "La casta", "la trama"… y el mejor de todos, el más nuevo, “estado de excepción democrático”. Lo vamos a oír mucho, es contundente, efectista.
¿Imagina usted una izquierda que, a la vista de la que está cayendo (que está cayendo muy gorda ante la pasividad poco comprensible de la sociedad en general), se sentara a hacer política, buscara un hombre, una mujer de consenso (alguien tiene que haber por ahí), encontrara los apoyos necesarios en el arco parlamentario y planteara una verdadera moción de censura que evitara el expolio de confianza en lo público que está significando el depravado modo de producirse del Partido Popular?
Pues no tenemos esa izquierda. Y lo del Partido Popular da para encontrarla. Pero no la tenemos.
El PSOE se lame aún las heridas del disparate que le condujo a la destrucción (o no) de Pedro Sánchez y a la quiebra política –no sabemos si también a la económica—, absorto en sus guerras internas, ausente del parlamento, del debate de las ideas, de la acción política, agonizando sin saber evitarlo como en el resto de Europa sucede con los partidos socialdemócratas. Y Unidos Podemos arremete contra todo, como en un juego macabro, en busca de su lugar como partido hegemónico de la oposición, ajeno al interés del Estado, de las personas, ocupado tan solo de alimentar ese ombligo universal (por lo grande) que tiene Pablo Iglesias en el centro de su ser.
Río revuelto. Más revuelto. Y ¿quién gana?
Pues claro. Mariano Rajoy.
Mariano Rajoy volverá a erigirse como el único estandarte de la estabilidad que se puede enarbolar en este país nuestro. Sin moverse un milímetro. Mariano Rajoy continua, sin moverse, avanzando.
¿De verdad no es su héroe?
El señor con coleta pescando es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 23, 2017

En canal.

Yo lo recuerdo llorando de sus ojos, con la voz embargada por la emoción cuando agradecía a su mentora el inmenso honor de depositar en él su confianza.
Madrid es hereditario, como el trono de España. Y ella se lo había legado a él.
Ahora entiendo sus lágrimas. Valían 60 millones, de entrada. Y eso es una cosa de mucho emocionar.
Prevaricación, organización criminal, malversación, cohecho, blanqueo de capitales, fraude, falsedad documental y corrupción en los negocios. Una cosilla de nada.
El fiscal anticorrupción no quería, pobre, pero le han hecho un truco los fiscales malos, lo han echado a votos y se lo ha tenido que tragar. Como es anticorrupción no quiere ni oír hablar de los corruptos, por lo que se ve. Qué grandeza. El fiscal general del Estado estaba en otros temas. Ni caer. El ministro de Justicia es una desgracia. En sí mismo. Ha dicho que para qué vamos a especular con naderías. Al cabo no es más que el jefe de los fiscales.
Hermanos, cuñados, testaferros, consejeros delegados, periodistas tertulianos, un puñado de empresas de renombre alguno de sus capitostes con amigos en Zarzuela, tramas internacionales… Ignacio González no hizo nada. No le dio tiempo. Solo robó. Mucho. A manos llenas.
Aguirre se cargó la enseñanza pública, al menos. Y enriqueció a algún amigo en su cruzada por la privatización de la sanidad madrileña. González no hizo ni eso. Solo robar, para él. Mucho. Y con un modelo que aparece nuevo en la escena de la corrupción política del Partido Popular; Ignacio González se lo llevaba directamente de la institución. En canal. No eran mordidas pagadas por un contratista agradecido, no solo. Era que sacaba directamente la pasta y se la guardaba. Sin asomo de vergüenza, sin pudor, sin disimulo.
¿Eso qué vale, cinco? Pues di que son veinticinco y pásame a mí los veinte que nos sobran. Bueno, no, quédate con un poco, si acaso. ¿Fácil? ¡Facilísimo! Y así hasta sesenta millones, que sepamos hasta hoy. Es una asociación de malhechores, no es un gobierno. Es una organización criminal comandada por un presidente que se lleva el dinero a sus cuentas bancarias en paraísos fiscales. Suceden a otra organización criminal que también lo hacía. Pero no pasa nada. Púnica, Gürtel, Ático, Lezo... Basura humana. Pobre Esperanza: veinte años de rodeada de mierda y ni darse cuenta, oye. ¿Ni cuenta? ¡Ni cuenta! Esta va a ser más tonta de lo que le gusta aparentar. O mucho más lista.
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Con los brazos en cruz, en el rincón del despacho.
Pero a estos de ahora igual nos los hemos cargado desde casa. Son los que se atrevieron a enfrentarse a Rajoy en Valencia en 2008. Y Rajoy, sin moverse, avanza.  Hasta la victoria, como buen gallego, pero a este lado del océano.
Prevaricación, organización criminal, malversación, cohecho, blanqueo de capitales, fraude, falsedad documental y corrupción en los negocios. Y no va a pasar nada. Ya no son del partido, el PP está limpio ¿no lo ven? Del PP no hay ni uno en la cárcel. No, no. Financian ilegalmente el partido y sus campañas electorales, se enriquecen hasta no poder gastarse todo lo que han robado, luego se les expulsa con deshonor y aquí paz y después gloria. El PP queda limpio tras unas declaraciones exculpatorias que repiten la fórmula “teníamos un corrupto (otro, deberían decir) y hemos actuado con diligencia; ¡vota al Partido Popular!”.
Se cruzan en los juzgados: Yo vengo por lo de la Gürtel. Uy, qué antigua, hija; yo he venido por lo del Canal. Este sí que mola. Prisión incondicional. No eludible con fianza. Otro presidente. Mariano viene estos días. De testigo. No sabrá nada. ¿Qué va a saber? Hará de rubia este también. Está limpio. Vamos… limpio, un quítame allá esos sobrecillos de nada con dinero “B”, todo lo más.
Mucha vergüenza. Aguirre desolada a la salida del Juzgado. Estos días estamos yendo  mucho por los juzgados. Llora. Me meo.
¿Tú estás en el tramabús? ¡Hombre claro! ¿Pensabas que soy un don nadie? ¡Chico, qué suerte! A mí se me han saltado. Pierde cuidado, ya fletarán otro. De sesenta plazas. ¿Cabremos? Pues dos. Y que sigan jugando a hacer de enfants terribles. Nos hace mucho bien. ¿Votos verdad que no nos quita? ¡Pero ni uno! Pues que sigan.
El dibujo del político castigado es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 16, 2017

A media asta.

Carme Chacón fue ministra de Defensa. La primera mujer ministra de Defensa. María Dolores de Cospedal también. La segunda.
Carme Chacón fue ministra de Defensa de uno de los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, que tendrá que esperar a que se escriba la Historia para que se comprenda quién fue, porque la historia (la que va con minúscula, que se escribe por lo visto en Twitter) se ha empeñado en tratarle mal o muy mal.
En 2010, a propuesta de esta ministra, el Gobierno de España aprobó una profunda modificación del Reglamento de Honores Militares que, entre otras cosas, separaba al ejército de sus rancias tradiciones religiosas, lo que parece razonable al tratarse de un ejército al servicio de un país declarado constitucionalmente aconfesional (Art. 16.3 “Ninguna confesión tendrá carácter estatal.”).
Llamamos a esto pedagogía social. O pedagogía política. A esto llamamos pedagogía.
Sabía la ministra Chacón que el nuevo reglamento sería polémico y que su estricto cumplimiento se alcanzaría con el tiempo. Claro. Porque el Ejército Español mantiene todavía una honda relación con la Iglesia Católica: muchas manifestaciones militares continúan regentadas por un cura castrense (contradictio in terminis: cura vs. castrense en un estado no confesional).
Debe leerse aquí  a qué autoridades pueden rendirse honores militares y de qué índole, dependiendo del grado del personaje, y no se incluye entre estos imagen religiosa alguna, por más raigambre social de la que sea objeto. Es así de sencillo.
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De peineta y mantilla, sosteniendo la bandera a media asta.
Pero María Dolores de Cospedal no se ha enterado. Recién muerta la ex ministra no ha dudado en enmendarle la plana (a lo mejor es que se acuerda del bañito que le dio en el Congreso de los Diputados con ocasión de una pregunta parlamentaria muy desafortunada sobre el aeropuerto de Ciudad Real y su relación con las bases americanas).

Dice el Reglamento: “No se rendirán honores, salvo los fúnebres, y la Bandera permanecerá izada a media asta ininterrumpidamente día y noche cuando el Gobierno decrete luto nacional por un periodo de tiempo determinado.”
Así que, o el Gobierno se ha hecho un lío y ha decretado luto nacional por la muerte de Jesús de Nazaret, que por el tiempo que hace de esto no parece probable, o la ministra ha hecho de su capa un sayo y se ha saltado la norma a la torera. Porque lo ha ordenado: “Desde las 14:00 horas del Jueves Santo hasta las 00:01 horas del Domingo de Resurrección, la enseña nacional ondeará a media asta en todas las unidades, bases, centros y acuartelamientos”.
De un plumazo, dictando a todas luces a sabiendas una resolución injusta , alejada del Derecho, la ministra tuerce años de camino recorrido en la normalización de determinadas costumbres castrenses que continúan  ancladas en un pasado muy oscuro y le explica a la sociedad que ella sí que es ministra y no la otra. Ministra de peineta y mantilla, ministra de pacotilla si me perdonan el pareado, añorando el tiempo aquel en el que durante la Semana Santa se cerraban las casas de putas (ya esta bien que se cerraran aunque solo fuera ese rato) y solo dejaban cantar a los niños canciones de misa.
Llamamos a esto despedagogía, aunque el término no exista. Y aunque a Cospedal le importe un huevo.
El dibujo de la ministra de pacotilla es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 09, 2017

¡Una de bravas!

Circulaba por ahí un “meme” (esos chistes que corren por las redes que suelen tener poca o ninguna gracia y con los que algunos amigos te llenan el WhatsApp) que venía a decir que no sé quién que comía tan sano e iba tanto al gimnasio se iba a morir un día y no iba a saber de qué.
Ortorexia. Se va a morir de eso.
Se define como un trastorno alimentario de tipo obsesivo compulsivo que lleva a quién lo padece a comer únicamente los alimentos que considera saludables. Se dice que es tan peligroso como cualquier trastorno alimentario, como la bulimia o la anorexia, pero es más difícil de diagnosticar: Son enfermos tan guapos… Tan guapas… Tan delgados… Tan estilosas…
Me maravilla ese hábito de ignorar sin daño aparente un platito de lechón, para abrazar la ensalada cesare esquivando los pequeños picatostes de pan frito. Me obnubila esa capacidad de auto control mucho más que la figura esplendorosa que suelen lucir. No es que  me disgusten los cuerpos esculturales, es que los gestos avinagrados que les suelen acompañar me ponen un poco nervioso.
¡Esas bravas, por favor! Esa caña bien tirada, esa mojada de pan en el aceite de oliva de primera prensada con el que hemos aliñado la ensalada de queso de cabra... Ese Jumilla que te consigue el hermano murciano que te quiere de verdad, no son para usted. Los ha sustituido por la bebida de soja baja en hidratos y la quinoa que se ha puesto de moda estos días para desazón de mamás y papás que la buscan con ansiedad para procurar a sus pequeños una vida larga y próspera.
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Señora dudando.
Una cultura culinaria como la mediterránea merece mejor destino que apartar los picatostes de la ensalada y huir del aceite de palma como si del mismísimo diablo se tratara. Usted cree que le compensa, porque liga más y está seguro de que vivirá más años. Pero, amén de considerar lo largos que se le van a hacer, viva los que viva, ¿no cree que el chuletón de buey, por más cosas fatales con las que crea que han cebado al animal en vida, merece aprecio por su parte? ¿Qué aquel cocido de su madre, con su apaño de hueso de jamón, chorizo, tocino, morcilla… merece su atención? ¿Le va a compensar no rendirse esta Semana Santa ante esa torrija esponjosa y azucarada, por más entera que sea la leche en la que está empapada?
Déjese de tonterías. Coma bien. Coma de todo. Cene ligero si ve que tal, pero coma usted, de verdad, que esto son cuatro días y, a según qué edades, los placeres se limitan mucho. Si no le queda otro remedio monte en bici o vaya al gimnasio, pero coma, coma. Que lo digo por su bien.
Las tapas de oreja, los judiones con perdiz, los cumpleaños en familia de medias noches con mahonesa, la tortilla de patatas, no son trampas que la naturaleza nos pone para probar nuestra integridad. Son parte de nuestra manera de estar en el mundo. Y no cualquier parte.
No la malogre. Venga, ¡una de bravas! ¡Y salga el sol por Antequera!
La señora dudando es de mi hermana Maripepa. 

domingo, abril 02, 2017

Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.

Así se despedía cada noche Michael Caine de los niños del orfanato que regentaba en “Las normas de la casa de la sidra”. Peliculón.
Y eso hemos hecho de nuestros niños los papás. Verdaderos príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra.
De nuestros niños, porque las niñas hacen ballet o natación sincronizada y de eso prácticamente no se habla en casa.
Pero nuestros príncipes juegan fútbol. Y eso sí que es un motivo de orgullo paterno.
Puede que el entrenador sea imbécil y lo haya puesto de defensa, pero ya comprenderá que el verdadero Neymar del equipo, el Lewandowski real, no es otro más que el nene. Ahora bien, una cosa es que el míster no se entere bien, y otra muy distinta que el hijoputa del árbitro —un héroe de 18 o 20 que dedica sus domingos a pitar partidos poniendo en juego su integridad física—, le señale un penalti injusto (será injusto de todos modos) o le saque una tarjeta roja (que también será indefectiblemente injusta). Ah, no, no. Entonces, a hostias. O que el delantero del equipo rival, que ni juega al fútbol ni tiene idea de lo que vale un peine, le meta una patada en su espinillita tierna. Entonces… a hostias también.
Porque ¿a qué vamos los papás a los partidos de los nenes? Pues ¡a qué va a ser! A protegerlos de todo mal. A que sepan que lo pueden todo y que, lo que no pueden, aquí está papá para que lo puedan también. Que solo ellos tienen la razón y la verdad. Que son los príncipes de la casa, los reyes de Nueva Inglaterra (y del mambo).
Y papá está dispuesto a todo. A-to-do.
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Unos papás que están trasladando el espectáculo a la grada.
Incluso a dar el más patético de los ejemplos liándose a mamporros con el papá del otro niño, con el árbitro o con el sursum corda. A demostrar que puede ser tan animal como el que más, que es el puto amo y que defenderá sus razones con los puños, con los dientes, como cuando Urk era el jefe de la tribu porque tenía el garrote más grande que los demás.
Es el homo defensorus, el homo aquí estoy yo con dos cojones dispuesto a matar para que el nene brille. Es el homo necius. Papás y eventualmente mamás, integrantes de un clan cavernario, ridículo y peligroso que se despierta los domingos a la hora del partido y de alguna forma milagrosa vuelve a la hora del té al siglo XXI sin avergonzarse de haber recorrido ciento sesenta y cinco mil años de involución en su intelecto. Y los hijos, orgullosos de sus papás, repetirán el modelo cuando sean ellos los que lleven al partido a sus lebreles. Y las niñas a ballet.
A lo mejor para entonces, estos espectáculos de macho hispánicus están tan penados como contar chistes de Carrero Blanco (más de un año de prisión y siete de inhabilitación a una tuitera por la cosa de los chistes de Carrero: un ejemplo de virtud). Y entonces todos estos hombretones, mujeronas, estarán entre rejas y los niños podrán vivir una vida digna, alejados de las demostraciones de sabiduría de sus papás y sin que nadie se líe a hostias con nadie en su nombre.
Amigo papá, querida mamá, vaya al gimnasio, monte en bici, descargue su adrenalina mal consumida contra Zapatero como hacemos todos, pero no monte estos líos. Al menos no en nombre de su hijo. ¿No ve que alguien se puede dar cuenta de que es usted quien realmente es?
Y el dibujo de los papás incívicos es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 26, 2017

¿Me deja usted morirme?

(Información de servicio público: A las dos de la mañana se hicieron las tres. Sesenta minutos menos para hacer gilipolleces. ¿Adelantó usted la hora?)
A lo mejor pasa en todas las sociedades. Uno en su modestia no conoce más que la que transita y no con la profundidad que quisiera. El caso es  que esta sociedad nuestra tiene enormes dificultades en lo que toca a respetar la libertad de las personas en todo aquello que no venía ya de suyo en el siglo XVIII.
Supongo que todos los diputados que se opusieron férreamente a la llegada del divorcio, estarán ya felizmente divorciados y ni habrán pestañeado al comparecer ante la justicia en demanda de tan saludable pretensión como es la de librarse de un cónyuge no querido. Parecía que la sociedad se venía abajo, que las calles se llenarían de niños abandonados porque a ambos litigantes se les olvidaría hacerse cargo de ellos. Pero no pasó nada. Nada malo.
La completa despenalización del aborto (sin supuestos ni nada) nos trajo otro tanto. Todos sabemos seguro que aquellos ciudadanos de bien (diputados de bien si esto es conjugable) que vociferaron en contra de tamaña abominación, habían llevado a sus hijas a Londres cuando fue necesario para hacer lo necesario. Pero, una cosa es que la nena cometa un error de juventud, que se repara porque la nena va a ser ingeniera y tiene un futuro brillante en la sociedad, y otra bien distinta que todas las golfas del país anden por ahí abortando y abortando. Predijeron que aparecerían fetos muertos por todas las esquinas del país… Pero no pasó nada. Quien responsablemente decide interrumpir su embarazo va y lo interrumpe. Y aquí paz y después gloria.
Luego vino el matrimonio gay. ¡Qué aberración! Sin duda pensaron que iba a ser obligatorio y que todos los curas abusadores iban a tener que casarse con sus víctimas, pero no. Era solo para aquellas personas que libremente quisieran contraer matrimonio, independientemente del sexo de los contrayentes. Solo para quien le diera la gana. Y tampoco ha pasado nada. Nada, salvo que se han igualado derechos que es lo que a la sociedad tanto parece rechinar. Conviene recordar que España se puso a la vanguardia del mundo en este aspecto y que el ejemplo fue muy aplaudido y emulado por la comunidad internacional de todas las tendencias sexuales.
Y ahora viene la muerte digna. La eutanasia, el suicidio asistido.
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Un señor muy malito que, a lo mejor, quiere dejarlo ya.
¿Qué pasa?
¿De verdad alguien distinto de yo mismo debe decidir hasta qué momento se debe prolongar mi propio sufrimiento? ¿Un médico? ¿Un cura? ¿Un pastor protestante? ¿El psicólogo interino del equipo multidisciplinar de un centro de salud?
Debe ser que algunos médicos no han comprendido aún que solo son médicos. Que está muy bien, que yo qué más quisiera, pero que solo son médicos y esto no les dota de ningún poder extraterrenal  sobre la vida y la muerte de su prójimo. Son médicos. Y ayudar a bien morir debería estar en su formación curricular del mismo modo que lo está aprender a sanar la enfermedad. Que esa obstinación terapéutica de la que con tanta frecuencia hacen gala genera terror. Lo genera en los pacientes y, además, en todo el entorno familiar que sufre horrorizado la larga enfermedad de la persona a la que ven degradarse hasta quedar convertida casi en nada.
¿Y los políticos? ¡Los hay que no son ni médicos siquiera! ¿Son los políticos los que tienen esa potestad extrema de decidir sobre cuándo se muere? ¿Sobre cuánto se vive?
Son ellos.
La abstención de PSOE (avergonzado) y Ciudadanos y el voto en contra del PP que, enorme, ha defendido que la eutanasia es lo mismo que la esclavitud (¿?), han dado al traste esta semana con la proposición de Ley Orgánica sobre la Eutanasia que presentaba Podemos. ¿Por qué? Porque hay que pensarlo mejor, porque el sistema sanitario no está maduro aunque la sociedad lo esté, porque se impone abrir-un-debate-inclusivo-de-todos-los-sectores-afectados-y-sus-diferentes-sensibilidades-que-permita-sentar-las-bases-que-definan-el-futuro-de-los-derechos-que-son-inherentes-al-ser-humano-al-final-de-la-vida, porque matar está feísimo, porque… Porque no nos da la gana respetar la libertad de decidir de las personas.
Sí: también la de decidir cada uno sobre su propia muerte.
El dibujo del señor en estado terminal es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 19, 2017

Sorpresón.

Ha anunciado que lo anunciará.
Susana Díaz, para sorpresa de militantes, simpatizantes, pedristas, rubalcabistas y podemitas, medios de comunicación vistos, hablados y escritos, topógrafos y geógrafos, maquinistas de tren, ingenieros de caminos, taxistas, funcionarios, empleados de banca y parados, se ha despachado con el anuncio de que anunciará que se presenta como candidata a la Secretaría General del PSOE.
Principio y fin del socialismo del siglo XXI, ajena a la crisis que sufre en Europa  la socialdemocracia como concepto (bromas las justas: de 38 a 9 escaños en Holanda y vamos a ver lo de Francia) y ganadora de los comicios andaluces de 2015, Susana Díaz  ha sucumbido al clamor popular, al llanto de las bases, al crujir de dientes de la militancia, y ha accedido a “anunciar que anunciará” su candidatura a gran cosedora del Partido Socialista. Será otro día, pero lo va a anunciar.
¡Sorpresón! Nadie se lo esperaba.
Susana Díaz apoyó a Pedro Sánchez en la confrontación por la Secretaría General de julio de 2014 contra Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias, para dejarlo caer a la semana siguiente y formar así el mayor cisma que ha padecido el socialismo español desde que Largo Caballero aceptara formar parte del Consejo de Estado de la dictadura de Primo en el primer cuarto del siglo pasado. No se puede prestar el poder, ha aprendido Susana, porque luego se quieren quedar con él.
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Cosiendo el partido
Después de escuchar detenidamente su discurso hemos sabido que todo su pensamiento cabe en un tuit. Mala noticia. Que le daba igual estar “en la cabeza o en la cola”, pero que ha preferido la cabeza, que el partido hay que coserlo y que está muy orgullosa de ser del PSOE descosido y todo. Y después de su reciente campaña en redes sociales sabemos una cosa más: que “Es tiempo de sentimientos, es tiempo de Susana”, así, sin apellidos, sencillamente Susana, que aparece en la ilustración abrazando con ternura pero con firmeza a una persona humana, entre colores rosáceos que se difuminan como en un anuncio de suavizante.
Esto sabemos. No se le conoce postulado político más allá del hambre por ganar y este último de los sentimientos. No se le ha escuchado propuesta que invite a mantener encendida la tele un minuto más. No se sabe cuál es su proyecto, ni para el partido, ni para el país.
Con todo, una buena parte de los próceres del Partido Socialista dan por bueno que es la solución a las penas por las que pasa la izquierda española. ¿Por qué? Por fe.
¿Por fe?
Sí. Por eso.
Entre tanto, Sánchez continúa su guerra en modo líbero flirteando con Podemos e IU, proclamando ahora que “sí es sí” (para quién lo entienda, que no es mi caso). Alguien le ha debido convencer de que los mensajes hay que darlos en positivo. López sigue dando cobijo a los que apostaron por Sánchez y que quieren volver a casa en son de paz, aunque sea como perdedores, sin soportar el bochorno de tener que votar por la candidata de la gestora, después del pollo que se montó con la escisión. Y así se dirimirá la elección de secretario general del partido más importante de España.
¿Así?
Así.
¿Y el discurso político?
No nos queda.
¿Y el futuro?
Tampoco.
Mala noticia.
Mala.
Convertido el PSOE en un partido de corte agrarista, lo que nunca fue, asentado en la España más rural y fracasado con estrépito en los entornos urbanos y entre la juventud, nos enfrentamos a una larga agonía de la izquierda que vendrá a coincidir con una igual de larga vida de la derecha (¡tan derecha!) que gobierna nuestro rumbo. Mala noticia. Muy mala.
Mucho habré de equivocarme y ya lo celebraré con alharacas, pero esto parece el final de un proyecto que no debería estar sino empezando. Mala noticia. De verdad, muy mala.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.