domingo, abril 28, 2019

Democracia: sí o no

Jugamos con las cosas de comer.
Los últimos cinco años han puesto a prueba todos los resortes de los que nos habíamos dotado para proteger nuestras instituciones que, al fin y al cabo, no es sino proteger la manera que hemos escogido de estar en el mundo.
Lo hemos puesto a prueba todo.
Hemos asistido a la abdicación de un rey acosado por sus propios errores y los de su entorno. A la repetición de unas elecciones generales por la imposibilidad de investir a un presidente. A la aparición de fuerzas políticas emergentes con una fuerza inusual, por la izquierda y por la derecha. A pactos impensables. A la condena por corrupción de un partido político en el gobierno. Al triunfo de una moción de censura y, en consecuencia, a un gobierno sustentado por una ochentena de diputados en el Congreso. A la intervención por parte del Estado de una comunidad autónoma de las consideradas ‘históricas’.
Lo hemos puesto a prueba todo.
Tal vez también podríamos hablar de la depreciación de la clase política, haciendo el ejercicio melancólico de mirar hacia atrás y recordar aquellos ‘pesos pesados’ que nos hicieron disfrutar desde la tribuna de oradores, pero supongo que eso sería otra historia.
A nadie se le oculta que el resultado de toda esta zozobra no es otro que el estancamiento del país. Tan ocupados hemos estado en resolver las cuitas que hemos ido colocando por el camino, que no ha habido tiempo para el progreso. Cero en igualdad, cero en consecuciones sociales, cero en educación, cero en avances en la atención sanitario, cero en investigación, cero en derechos que, como el de la eutanasia, se vienen reclamando con dolor por la sociedad.
Hemos parado el país en un contexto en el que todo avanza vertiginosamente, consecuencia de la pérdida de presencia de los aparatos de poder en los procesos de toma de decisión, frente a la pujanza de los grandes capitales mundiales en una economía definitivamente globalizada.
Y son las nueve.
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Acaban de constituirse  en España más de 60.000 mesas electorales (algunas se abrirán cuando sean las nueve en las Islas Canarias). Esta noche no le podremos echar la culpa a nadie de lo que vaya a pasar mañana: la democracia nos deja toda la responsabilidad a usted y a mí. A nadie más.
De lo que usted y yo hagamos a lo largo del día de hoy dependerá absolutamente lo que vaya a ser de nuestro país en el futuro. No en los próximos cuatro años, sino en el futuro. Estas elecciones se plantean prácticamente en modo plebiscitario: decidimos usted y yo entre una España posible y un estado fallido. Usted y yo decidimos entre un arco parlamentario capaz de sustentar un gobierno que permita a España progresar o un Congreso de los Diputados incapaz de votar la investidura de un presidente. Decidimos entre sujetar dignamente las instituciones que, hasta aquí, nos habían venido permitiendo un crecimiento razonablemente equitativo y la tremenda brecha económica que la falta de dirección política del país ha permitido generarse entre los más pobres y los más ricos. Usted y yo decidimos el qué y el por quién. Tomamos, entre usted y yo, la nada menor decisión de si la extrema derecha marcará el devenir del futuro o se quedará fuera de las decisiones que habrán de tomarse.
Hoy es un día importante.
¿Nos la seguimos jugando?
El dibujo es de mi hermana Maripepa y está repetido porque… se ha dormido.

domingo, abril 21, 2019

Notre Dame

En la madrugada del 25 de agosto de 1988 se iniciaba el incendio que, prácticamente, acabaría con el bario lisboeta de El Chiado y gran parte del de La Baixa. La vieja Lisboa lloró durante años.
En abril de 2003 la Biblioteca Nacional de Bagdad fue víctima de los bombardeos y el saqueo de sus fondos hasta perder más de un millón de libros. La memoria de Mesopotamia, cuna de la civilización que conocemos, desapareció entre cenizas ante la mirada impasible de los soldados norteamericanos que custodiaban la ciudad.
En mayo de 2015 la milicia terrorista de Estado Islámico arrasó Palmira, en Siria, icono de la multiculturalidad, que fuera capital del imperio que le dio su nombre durante el reinado de Zenobia en la segunda mitad del siglo III. Trípoli y su población todavía están bajo las balas.
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Este lunes ha ardido la Catedral de Notre Dame, en la isla de la Cité, mismo centro de París, ante la mirada impotente de quienes por allí pasaban y a pesar del trabajo del cuerpo de bomberos de la ciudad que se afanó en su tarea apenas minutos después de que diera comienzo el desastre.
Y así, poco a poco, nos vamos quedando solos. Huérfanos de nuestra historia, del conocimiento, de los rastros que nos cuentan de dónde venimos, cómo fuimos, qué explica nuestra sociedad (si es que esto se puede explicar de forma alguna).
Notre Dame se empezó a construir hace casi mil años y, como dijera Victor Hugo sobre París, pertenece al género humano. Igual que pertenecen al género humano los viejos barrios de las ciudades, los vestigios de las civilizaciones que nos preceden o los libros. Miles de años del relato de quienes somos se desvanecen en apenas unas horas y con ellos se desdibuja un poco nuestra condición humana.
A lo mejor solo un poco, o muy poco. Aun así, ver cómo se venía abajo la aguja de la Catedral, más allá del culto al que esté consagrada, fue como ver caer un poco de la humanidad sobre las cenizas del tiempo.
Nos lo merezcamos o no, tenemos que querernos más. Al fin y al cabo somos más frágiles de lo que nos parece: hasta esos pilares que nos trascienden, que nos trasmiten la serenidad de lo que permanece, se pueden convertir en humo.
Tenemos que querernos más: la humanidad no tiene más amparo que la humanidad misma.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 14, 2019

¡Nuevo!

La cosa del circo de la que ya hemos hablado en alguna ocasión desde estas páginas, se ve en este proceso electoral ensalzada por el enorme atractivo de la novedad. Son todo novedades en este viaje al fondo de la nueva política (a lo mejor de la vieja) (a lo mejor de la de toda la vida) que promete espectáculos insólitos de luz y color, prestidigitación, alquimia y álgebra.
¿Cuándo antes habíamos podido imaginar a un candidato a revalidar el título, montado en su burrita, atravesar en olor de multitudes la puerta de Alcalá, rama de olivo en ristre, este domingo tan apropiado? ¿Alguien había imaginado que algún otro tornase en ubicuo y saludase a la feligresía madrileña desde su presencia corpórea en Pedraza? ¡Novedades!
Es nueva la fugacidad de la legislatura que se declara disuelta, y nuevo el haberse convocado elecciones tras un gobierno aún más fugaz, ahormado después de una también novedosa moción de censura que termina derrocando al anterior.
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Ya no es nueva la aparición fulgurante de partidos emergentes, pero sí es definitivamente nueva la irrupción en escena (con todos los visos de resultar exitosa) de la extrema derecha en España. Veamos, igual nueva, lo que se dice nueva, no es: Lo novedoso es que se haya desgajado del viejo bloque de la derecha única para dividirse en dos o en tres derechas una de las cuales, nuevo, nuevo, se desvela sin pudor como derecha pura (extrema), abogando por los postulados más sorprendentes: legalización de las armas, prohibición del aborto, abolición de las autonomías, Reconquista 2.0…
No es nuevo esto de reinventar la historia con el temita de la Reconquista de aquello que nunca había sido un territorio conquistado (esa España no existía) o de ciudades fundadas durante la ocupación musulmana y por lo tanto conquistadas y no reconquistadas, pero ¿Y la prehistoria? Esto sí que es nuevo: ¡escuchen a Suárez Illana reformular los usos y costumbres de la vida neandertal con toda su ciencia a cuestas!
Tampoco es exactamente nuevo que los avatares de la política catalana marquen la agenda del devenir de la España toda. Pero sí lo es que se conviertan en el eje de campaña, en el leitmotiv del discurso de los partidos aspirantes contra el titular, después de fabricar la ‘fake’ de que mientras unos quieren romper la unidad sacra de la patria, otros la aman tanto que la van a amordazar. Solo grite ‘155’ y todo el mundo entenderá.
Claro, lo de las ‘fake news’ también es nuevo (o casi) y aún más nuevo el público reconocimiento de que nada se puede hacer contra ellas, porque se ha desistido de la trabajosísima tarea de desmentirlas a la vista de que, simplemente, es imposible hacer que alguien no crea lo que quiere creer. ‘Postverdad’, o sea, mentira, que se hace cierta con las tripas, que son las que votan.
Y ¡prestidigitación! En esta campaña veremos dividir los panes y los peces haciendo uso de la más exquisita fórmula del ‘crecimiento negativo’: ¡Vean cómo, con el acuerdo de los agentes sociales y económicos, lograremos que el salario mínimo interprofesional suba de 900 euros a 850!
Por cierto, si les sorprendió la audacia del candidato Rivera haciendo uso del don de la bilocación (otrora otorgado en exclusiva a Fraga Iribarne), no se pierdan las nuevas capacidades de los nasciturus que, más allá de adquirir desde la condición de cigoto el derecho a la herencia, se convierten ahora en sujeto activo de la unidad familiar, solicitan plaza de guardería y ¡oh prodigio! forman parte de la imagen del libro de familia numerosa en un más que novedoso ensayo de fusión entre la fotografía digital y la ecografía 3D. ¡Alquimia!
En serio ¡pasen y vean! ¡Novedades y novedades!
Es la nueva política. La que se hace desde el estómago y no desde la inteligencia. La que reposa sobre el WhatsApp y no sobre la ideología. La que consagra el populismo como forma legítima de ejercicio del poder.
Preparados para la Semana de Pasión. Atentos a las novedades por venir, que serán muchas y, por más que hayamos creído agotada nuestra capacidad de asombro… nos asombrarán.
Hemos tenido aspirantes al título de todo pelaje; más de derechas, más de izquierdas (de estos muy pocos), inteligentes y no tanto, unos sanguinos y exaltados, otros pausados, los que daban mejor en las cámaras y los que daban peor (¡cómo no recordar a Landelino Lavilla!). La novedad es nunca, nunca, nunca, (¡novedad!) se había concitado tanta necedad en la parrilla de salida.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 07, 2019

PP (policía patriótica)

Por eso decimos que se han apoderado de los símbolos y las palabras. Por eso decimos que se han apoderado de las banderas y las usan como armas arrojadizas porque, quien las ondea, se pretende por encima moral y socialmente, de quienes hemos declinado sus colores para no parecernos a ellos o, simplemente, porque los colores nos importan un huevo.
Y también se han adueñado de las palabras. Porque el que lleva una bandera es, además, un patriota. También el que luce orgulloso un lazo amarillo en la solapa es un patriota, o lo es la que lo lleva prendido del bolso, solo que de otra patria.
El que ayuda a bien morir a su mujer no, ese no es un patriota; es el cooperador necesario de un suicidio y si la cosa se le pone fea va a la cárcel. Pero ese es otro tema.
Si eres ministro del Interior y buscas el bien de la patria evitando a toda costa que un partido político al que has juzgado antipatriota tenga opciones de formar gobierno, entonces sí eres un verdadero patriota. Lo eres tú, que te sabes con la capacidad universal de distinguir el bien y el mal, y se contagia de ese patriotismo verdadero toda la actividad que despliegas en la consecución del patriótico fin. Así, si corrompes a un grupo de policías para que coadyuven en tu aspiración y tienes el buen acierto de denominarlo ‘policía patriótica’, entonces toda esa corrupción infecta adquiere la condición de ‘santa cruzada’, de ‘medio’ justificado por el fin supremo que persigues, que es la patria.
No importa qué cantidad de dinero público te has gastado en enviar policías patrióticos a Nueva York para sobornar a un político extranjero, ni a qué periodistas has filtrado qué información falsa para frenar la ignominia de un partido político que no comulga con tus hostias.
No importa, tampoco, que los periodistas a los que filtraste la información falsamente fabricada contrasten o no la noticia inventada, porque ante la patria, mejor, ante las agresiones a la patria, también los periodistas patrióticos adquieren esa ‘patente de corso’ que les permite engañar, ensuciar, corromperse, faltar a la regla básica de transmitir información veraz.
Los ‘españoles de bien’ lo permiten (¿lo aplauden?), igual que permiten (¿aplauden?) que los obispos se inventen falsas terapias buscando curar a los homosexuales que ‘voluntariamente’ se someten a las pías prácticas que intentarán acabar con la dolencia imaginaria. No hay dolencia en realidad: solo le duele al obispo miserable, enfermo de sus propios miedos ancestrales, que justifica la violación de un niño pero se niega a desterrar de su mente podrida los prejuicios atávicos en los que fue tan mal educado. Dios no quiere maricas. La patria no quiere maricas.
El ministro Fernández Díaz (que lo fue) nos libraba de los políticos que ensucian el suelo y los telediarios de esa patria que adora. El obispo Reig Pla, nos libra de los maricas y tortilleras que ofenden la recta moral de la grey. El Estado todo nos libra de las personas sin escrúpulos que acaban con el hilo ínfimo de vida que le queda a quien sufre la enfermedad y el dolor desde años.
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Y, de todos ellos, ¿quién pasará la noche en el calabozo? ¿De cuál de ellos sabemos seguro que ha delinquido? ¿Cuál de los tres será inmediatamente sometido al rigor de nuestra Justicia penal?
¿El que corrompió a la policía y practicó el odio contra sus semejantes fabricando y filtrando bulos y patrañas para impedir que pudieran nunca quitarle la silla ministerial?
¿El que se inventó la enfermedad donde no la había y practicó el odio sometiendo a tortura psicológica a través de curanderos sin titulación ni escrúpulos a sus víctimas?
No. Esos no.
El que se juega la cárcel, el que ha pasado la noche en el calabozo ha sido Hernández, el otro: el que en lugar del odio practicó el amor.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, marzo 31, 2019

Luego, si eso, echamos un pádel


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Jalón de Camero. 18 habitantes. La Rioja.
400 mde polideportivo.
400.000 euros de inversión.
22,22 m2 de polideportivo por vecino.
22.222 euros por habitante con algunos céntimos.
Los de los pueblos de al lado muy cabreados.
Lo cierto es que 18 nos reunimos a veces en los cumpleaños de los niños, y cabemos mal que bien en el comedor de casa a poco que se mantenga cierto orden y no quieran llegar todos a la vez a los ganchitos.
El Gobierno de la Rioja ha encontrado la solución a ‘la España vacía’ (Sergio del Molino dixit).
No es necesario profundizar en el problema, porque es bastante conocido. Se sabe que la brecha entre la España urbana y la rural ha crecido sustancialmente como consecuencia de la crisis de 2007 (limitar los recursos que se invierten en las cosas públicas viene a perjudicar gravemente a esta última).  Y se sabe que, de los ocho mil y pico municipios que hay en el país, solo el pico supera los 100.000 habitantes, mientras que en más de siete mil de ellos la cifra no alcanza a los 5.000.
El país no está para tonterías. Cuidar de la España rural es, simplemente, cuidar del granero. Los pueblos no tienen alma, se extinguen, sin más, cuando les llega la hora y no importa buscar responsables porque, siempre que se aren las tierras y se ordeñen las vacas el impacto es ninguno (en serio, en serio, a nadie le importa el patrimonio cultural que se entierra con ellos). Pero al final cuidar del granero tiene su qué: las medidas de apoyo al entorno rural se han limitado a las financiadas por la UE, vertebradas a través de la Política Agraria Común. Y la famosa PAC ha destinado el 97% de sus recursos a propietarios de terrenos vinculados a la agricultura y solo el 3% al desarrollo económico de las zonas rurales.
Un dato más: la normativa que el PP desplegó a partir 2012 para frenar el déficit de las administraciones públicas se ensañó con las corporaciones locales, a las que en 2013 cercenó en sus competencias y en su capacidad inversora, castrando cualquier iniciativa de supervivencia que pudiera surgir del propio tejido político local. Antes pensábamos que la autonomía municipal (sagrado principio constitucional) servía precisamente para garantizar la capacidad de los ayuntamientos de proveer a la felicidad de sus vecinos y a su bienestar. Ahora sabemos que eso, o siempre fue mentira, o la realidad lo ha convertido en falso. Pero ya no está.
El Gobierno de España activa en estos días un plan de revitalización del entorno rural comprensivo de un montón de medidas que implican a todas o casi todas las carteras ministeriales. La medida estrella viene de la de Defensa, que planea reforzar la presencia soldados en más de 200 cuarteles para que hagan bulto. No es menor: eso reforzará también los bares, los transportes, la extensión de las redes datos, las tiendas de ultramarinos, la economía en suma.
Seguro que algo tienen que ver en esta acción del Gobierno los cien diputados que se ventilan en las provincias vacías, en las que se eligen entre tres y cinco, porque en tiempos electorales se ve mucha cosa electoralista. Pero parece mejor hablar de esto que de cómo asesinaban los neandertales a sus chiquillos que, además de ser electoralista, resulta que es mentira.
Es el modelo productivo. Aquella quimera de la que solo Zapatero (José Luis Rodríguez) se ha atrevido a hablar y que nadie más ha osado siquiera enunciar: Activar un nuevo modelo productivo que no arranque del sector terciario en el que siempre quisimos colocar a nuestros hijos (que van a ser todos ingenieros de telecomunicaciones), sino del jodido sector primario que agoniza con la despoblación, dignificando lo que es digno, potenciando lo que cohesiona de verdad, lo que cuida de la capa de ozono y de la corteza terrestre y de la biosfera. Corregir esta realidad brutal en la que nos encontramos a 1 de abril de 2019, cuando nuestros pueblos vinculan su capacidad de supervivencia a la intensidad de las ayudas sociales que gestionan para sus vecinos.
No hay que hacer más polideportivos a 22.222 euros por habitantes, de verdad. Hay que reinventar el modelo económico, regulando los mercados, dignificando los empleos, facilitando las comunicaciones, generando el intercambio imprescindible para el crecimiento intelectual, imaginando, trabajando.
Y luego ya, si eso, echamos un partidito de pádel.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 24, 2019

Mercado de primavera (o el efecto invernadero)

Mercado de primavera (o el efecto invernadero)

Mañana cierra el mercado de fichajes para la contienda de primavera a nivel general. A nivel regional y local aún nos quedan estrellas por alumbrar.
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—Yo llevo tres generales franquistas, un prestidigitador y un juez.
—Pues yo a uno de la Coca-Cola y un funcionario represaliado por la cosa del procés.
—Ese lleva a una comandanta… Y un entrenador para las de Madrid.
—Eso no es nada: yo llevo a Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, XIII marquesa de Casa Fuerte.
—¿La de ‘No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena’?
—Ella. Por Barcelona, la number one.
—¡Pero si ni siquiera habla catalán!
—Jijijiji… ya; por eso. Y al padre de una niña asesinada que es predicador y otro puñado de víctimas de ETA… Estáis perdidos.
—Pues yo voy a decir que voy a legalizar las armas para que cada uno tenga una en casa y se pueda defender de la amenaza delincuencial que nos asola.
—¿Y nos asola?
—No, no: es por joder.
—¡Caramba! Qué ideaza.
—Pues yo que a las inmigrantes embarazadas que se dejen a los chicos por aquí, que las vamos a querer muchísimo.
(Todos) —¡Hala!
—Pues yo que soy la alternativa constitucionalista al ostracismo pactista al que nos somete la izquierda abertzale y golpista capitaneada por los que quieren romper España, o algo así.
—Pues yo… Pues yo… Este… Pues yo… Que voy a hablar de empleo: ni de Franco, ni de hostias, yo de empleo.
—¡Vaya! Lástima no haber caído… ¡Eso sí que es hacer propuestas!
—Oye, ¿políticos lleváis alguno?
(Largo silencio)
—Yo mismo soy un político…
(Risas)
—Hala, venga, vámonos a tuitear que al final el golpista ese nos gana las elecciones.
—Y nos rompe España.
—Y nos disuelve.
—Y nos gasea.
—Esto va a ir mal. ¿Qué gomina usas tú?
Fichajes de la ‘sociedad civil’ contra estrellas (nunca mejor dicho, y de ocho puntas) de la ‘sociedad militar’, propaganda xenófoba versus propaganda españolista, ocurrencias de corte fascista ante propuestas de retroceso social al más puro estilo despótico (sin ilustrar ni nada).
Al menos el mercado de fichajes para las generales cierra ya y no tendremos que seguir soportando el bochorno del goteo de personalidades estrella con el que pretenden, cada uno, convencernos de que ellos sí que molan.
Queda lo más duro. Queda el remate de la precampaña y la campaña toda. Vamos a ver vídeos de pobreza intelectual extrema, declaraciones que nos harán arrepentirnos de no haber acostado a los niños, propuestas que nos sonrojarán, debates que no existían y que irrumpen con virulencia para estropear lo que aún no estaba roto.
Han convertido la ‘máxima expresión de la democracia’ en un desfile imbécil de personajes de relumbrón mediático y ocurrencias de esas que circulan bien en las redes sociales. La decisión responsable del voto de los ciudadanos se mediatiza por una campaña infame diseñada científicamente para destruir el sentido común de las personas a base de ‘fake news’, de mensajes degradantes, de consignas viscerales que atacan directamente al corazón torturado de esta sociedad nuestra que se ahoga en la sequía intelectual.
Y ¿saben por qué es? Porque no saben hacer otra cosa.
El verdadero efecto invernadero, el malo del todo, el fatal, no está en la destrucción de la capa de ozono, que también, sino en la sequía del córtex cerebral de nuestra clase política, de casi toda: han confundido a su electorado con su rebaño, en un ejercicio de falta de respeto que clama al cielo.
No tenemos más remedio que demostrarles que se han equivocado con nosotros.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 17, 2019

Cosas que importan

Otras veces eran los estudiantes los que con sus protestas, manifestaciones, algaradas, influían o intentaban influir en el devenir de los pueblos, condicionaban las decisiones políticas, impulsaban los avances. La sociedad, como individuo universal, los respetaba, los escuchaba, los alentaba, se solidarizaba con sus reivindicaciones.
Las protestas estudiantiles conformaron el mayo francés y la resistencia antifranquista no organizada, por ejemplo. Chicos barbudos, leídos, intransigentes, dueños de una verdad que estaban dispuestos a defender contra viento y marea.
Hoy se crece más despacio.
Los estudiantes se nos antojan niños sin opinión a los que escuchan mamás y papás en su reivindicación sempiterna sobre la paga del domingo. A lo sumo, se los ve en las manifestaciones organizadas contra las reformas del sistema educativo que, como han sido tantas y tan nefastas en su conjunto, les han dado repetidas ocasiones para manifestar su protesta. Y poco más.
Quienes toman las calles ahora son los ‘indepes’, los chalecos amarillos, los empleados de grandes empresas en procesos de regulación de empleo, los españoles muy españoles que claman por su dios, por su patria, por su rey. Los estudiantes o no están o vienen con papá y mama vestiditos de domingo.
Sin embargo (¡oh prodigo!) están. Y sin embargo (como hubiera dicho Galileo), se mueven.
Les importa aparentemente un huevo el aforamiento de los cargos públicos o la inversión en I+D+I; no les preocupan las cifras de crecimiento económico ni que este sea negativo; no reaccionan ante la reforma del mercado laboral, ante el derrumbe del sistema de pensiones, ni ante la regresión social que parece pretender algún sector de la política.
Les importa el futuro. El de verdad. Les importa el planeta.
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El 15 de marzo de este 2019 los estudiantes del mundo entero han tomado las calles. No ha hecho falta, como antes tampoco la hacía, la convocatoria de las organizaciones sindicales o políticas, gubernamentales o no. Ha sido con la única llamada de una niña de 16 más bien flacucha, para gritar algo tan sencillo, tan drástico: ‘ni un grado más; ni una especie menos’.
Luego se harán mayores y las cifras del paro o el precio de la vivienda de alquiler se convertirán en su obsesión. Ahora son solo estudiantes, viven en casa al abrigo amable del entorno familiar y su compromiso no es ni con la patria ni con el entorno inmediato de su vecindario. Su compromiso es infinitamente más agónico: es con la tierra.
‘Ni un grado más; ni una especie menos’.
Hagan algo de una vez gritan: el planeta se muere, no hay plan(eta) ‘b’ y ellos, al parecer solo ellos, lo saben.
Los estudiantes han vuelto a la calle. La cosa tiene arreglo.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 10, 2019

Señales de crisis


Mientras las calles de todas las ciudades del mundo se llenaban de casi todas las mujeres y de muchos, muchos hombres, reivindicando una calidad de vida igual para todas, Mario Draghi anunciaba la paralización de la subida de los tipos de interés bancario (actualmente en el 0%) y preparaba una nueva inyección de liquidez (dinero en suma)  al sector bancario para asegurar la fluidez del crédito desde la banca a familias y empresas.
En ese mismo momento las bolsas caían. Los expertos, que ya venían augurando malos tiempos para la lírica, abrían sus canales de comunicación para contar el suceso: la economía se vuelve a parar.
El Banco Central Europeo se anticipa al lío para paliar (¿retrasar?) las consecuencias de la nueva gran crisis que sobrevuela los mercados. Los políticos mediocres preparan su artillería para bombardear otra vez a las clases medias y sujetar los beneficios de las grandes corporaciones que, ellas, no pueden sufrir las consecuencias de lo que ellas mismas acaban provocando.
Se han parado las exportaciones de la UE. Europa no vende coches. Alemania ha dejado de crecer, también Italia se ha parado. En el exterior, China se desacelera y se especula con que lo mismo pueda estar pasando en los Estados Unidos de Trump. En los mostradores aeropuertos (a pesar de que las empresas low cost han democratizado la navegación aérea) ya no hay colas. Viene otra crisis.
Los economistas han aprendido a identificar los síntomas (no está mal) pero no saben atacarlos, porque no se puede. Aún no se ha cerrado para la mayoría la gran recesión que empobreció de manera inmisericorde a los pueblos del segundo y primer mundo (al tercero no hay quien lo empobrezca más) para enriquecer aún más y más y más a ese 1% de las personas que poseen una cifra aberrante del conjunto de la riqueza de todos. Aún no se ha cerrado y ya estamos llamando a las puertas de la siguiente.
De manera que más pronto que tarde volveremos a escuchar el discurso insolente de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, de que no se puede sostener una sanidad pública tan cara, ni una educación pública universal y gratuita ni, mucho menos, una protección a la dependencia fuera de los circuitos de las residencias privadas; volveremos a oír que los trabajadores tenemos que hacer un esfuerzo y sacrificar una parte de nuestros ingresos para favorecer la competitividad de nuestros empleadores; intentarán que nos olvidemos de que es imprescindible derogar la reforma laboral y procurarán que nos convenzamos de que el dolor de los pobres hace mucha falta en el mundo para alcanzar los dones de la Gloria.
Como no puede ser de otra manera, también nos harán saber que el causante último de toda esa catástrofe de inflación y desempleo  en la que estaremos inmersos, es José Luis Rodríguez Zapatero en su advocación de Pedro Sánchez, y entonces la gran derecha europea aparecerá con toda su artillería (sus cañones de bombardear a las clases medias) para aplicar las grandes medidas: Contención salarial, aniquilación del crédito a las familias, contención salarial.
Los políticos listos (Portugal parece a estas alturas un buen ejemplo de ello) continuarán (o eso espero) con sus políticas de prevención contra el ‘austericidio’, pero se quedarán solos y sus empresas se deslocalizarán en busca de refugios más comprensivos con la necesidad de que sus beneficios se multipliquen.
Y así, mientras las personas humanas nos echamos a las calles viviendo la ilusión de una sociedad más justa, más igual, más feminista, las otras personas, las que no tienen nombre, nos preparan un futuro de mierda para aterrizarnos en la realidad de que, nos pongamos como nos pongamos, esto es de ellos.
Las señales advierten de que vienen muy mal dadas. Veamos a quién elegimos para que gestione este envite: No sé si me apetece mucho volver a ver cómo nos lo quitan todo.
El dibujo es de mi hermana Mariepa

domingo, marzo 03, 2019

Una de decretos leyes

Hay decretos leyes y decretos leyes. Cuando uno restringe las medicinas que pueden dispensarse con receta de la Seguridad Social lo llamamos cariñosamente el ‘medicamentazo’. Cuando uno sube el salario mínimo interprofesional, sin embargo, lo llamamos felonía o traición a la patria. De los de este viernes merece la pena resaltar el muy indignante Decreto Ley por el que se regula (en aumento) el número de semanas durante las que será obligatoria la baja paternal o la obligación para las empresas de llevar un registro de salarios por ocupación y sexo para luchar contra la brecha que aún existe aunque parezca mentira. Lo sé, Indignante. Electoralista…
Pablo Casado (el pobre) lo ha calificado como eso, como electoralista. Y ha lamentado que el Gobierno en funciones utilice los recursos del Estado para financiar su campaña electoral. El chico, como no tiene estudios (másteres y títulos parece que sí, estudios es lo que no tiene muchos), no ha comprendido que las medidas en cuestión no se toman a beneficio del PSOE, sino a beneficio de la sociedad en general. Tampoco recuerda Pablo Casado (el pobre) que el Gobierno ejerce en plenitud de competencias hasta el mismo día 28 de abril, momento en el que, entonces sí, entrará en funciones hasta que el Congreso de los Diputados invista a un nuevo presidente y este nombre su gabinete. Y sí, cada medida que se toma en beneficio de la sociedad hace comprender a unos cuantos que vale la pena intentar conservar una manera de hacer política… porque se acuerdan de la otra.
Repasemos: ley del divorcio con el voto en contra de Alianza Popular, que no la juzgó conveniente a pesar de que gran parte de los que la intentaron vetar hicieran uso de ella en los primeros meses de su vigencia. Ley del aborto, en sus dos versiones, ambas con el voto en contra del ya Partido Popular, que aún se la quiere cargar. Ley contra la violencia machista con el voto en contra del Partido Popular. Ley de la dependencia con el voto en contra del Partido Popular, que la consideró un derroche innecesario y rebajó su dotación económica durante sus mandatos hasta hacerla inoperativa. Ley del matrimonio entre personas del mismo sexo ¡anatema! Dicho de otro modo, mariconadas… Largo etcétera. ¿Dónde estaríamos ahora si la derecha hubiera gobernado siempre este país? ¿Seguiríamos teniendo que pedir la firma de nuestros maridos para figurar en una cuenta corriente? ¿Necesitando su permiso para ejercer un trabajo remunerado? ¿Para viajar? ¿De verdad le parece que son lo mismo unos que otros?
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‘No es violencia de género, es violencia doméstica’. Lástima que siempre sea hacia ellas.
Pero avancemos. El autobús que insulta (este que fleta de cuando en cuando la organización –ya no de interés público– Hazte Oír), circula ahora por las calles de las principales ciudades españolas con el eslogan ‘StopFeminazis’. Además de la cara de Hitler con los labios pintados se puede leer en él la frase ‘las leyes de género discriminan al hombre’ y una llamada a Casado (el pobre), Rivera y Abascal para que pongan orden en este sindiós. Como aprendí tanto de ellos cuando me explicaron que yo, al ser varón, tengo pilila, mientras que mis hermanitas, que no tienen esa ventura, lo que tienen es chocho, me he parado a estudiar su nuevo mensaje. Concluyo que, en efecto, pelear por la igualdad es ahora más necesario que nunca. Tomo nota para no faltar a la manifestación del ocho de marzo.
Me pregunto qué le pasará a estos hombretones por la cabeza. No lo digo porque piensen como piensen, que ya me parece magnífico, sino porque salgan a gritarlo a voz en cuello y tuneen autobuses para hacerlos circular, diría que a modo de circo ambulante si no fuera porque maldita la gracia que tienen. No al aborto, no al divorcio, no a la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, no a las medidas para paliar la dependencia, no a las elementales verdad, justicia y reparación de las atrocidades del franquismo, no al matrimonio igualitario entre personas del mismo sexo; Abascal, Casado, Rivera, ¡salvadnos!… ¡Bufff!
Es un No, en definitiva, a nuestra manera de estar en el mundo, al orden social que se ha establecido, no por nuestra Constitución cuarentona, sino por el sentido común de una sociedad que convive dignamente bajo el paraguas de una democracia avanzada. ¿Se acuerdan de que el único senador de Vox ha paralizado en el Cámara Alta una declaración contra la ‘LGTBIfobia’ en el deporte que contaba con el beneplácito de todos los demás grupos políticos? Se aprobó después en el Congreso que aún está libre de diputados de esta formación. Pocos días antes el tal Rivera (este que iba a ser presidente, pero que ya no) había dicho que el cordón sanitario hay que ponerlo alrededor de Sánchez.
Pues así están las cosas. El viernes por la mañana una batería de decretos leyes que aprobó el Gobierno nos hicieron pensar a los españoles de bien en una España más justa. El viernes al mediodía los representantes políticos de los otros españoles de bien (los españoles de bien de los balcones creo que se llaman) ya habían vomitado toda su ira contra ellos.
Ahora los tendrá que ratificar la Diputación Permanente del Congreso (que este sí que va a estar en funciones a partir de la convocatoria electoral). ¿Saben por qué es? Es porque la Diputación Permanente del Congreso de los Diputados está precisamente para eso: para tratar de los asuntos que son tan urgentes que no pueden esperar a la constitución de la nueva Cámara.
Como estos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 24, 2019

Un pederasta bajo la sotana

Desde que mi inteligencia desdeñó todo tipo de creencia en seres sobrenaturales y extracorpóreos dotados de atributos universales (bondad universal, maldad universal, omnisciencia…), me he preguntado alguna vez sobre la diferencia entre un clérigo y una persona que no lo es, entre una monja y una profesora de instituto, entre un obispo y un administrador de fincas.
No puedo hacer esta comparación entre miembros de culturas religiosas diferentes de la católica pues, siendo yo nacido en España en los años 60, me ha tocado participar de esta y de ninguna otra más, ello porque, como es sabido, la religión única y verdadera es aquella que impera en el lugar en dónde naces y todas las demás no.
Uno, por su formación y por la tendencia ideológica en que profesa y en que milita, tiende a pensar que aquella diferencia es ninguna, pues hombres y mujeres todos participamos de la misma condición de ser humano y la absoluta igualdad entre ellos es irrenunciable. Dejamos aquí al margen los condicionantes morfológicos que el género impone primero y los económicos que clase social propicia después, a pesar de que esa conciencia de clase esté desaparecida para mayor gloria de las más altas que tanto celebran que todos hayamos creído pertenecer a estas.
Deberíamos concluir, pues, que la diferencia entre una monja y un profesor de instituto es realmente ninguna, excepción hecha de las obligaciones que impone la consagración de las primeras a la vida conventual (tan distintas de las que impone la docencia pura y dura), consecuencia de la militancia en una organización de formato medieval que discrimina a las mujeres sin ningún pudor, las aísla del mundo dejándolas en una posición tan duramente cercana al tratamiento sectario y les impide el acceso a la práctica totalidad del oficio religioso.
Mas ya ha advertido el Papa (ayer) que ‘todo feminismo termina siendo un machismo con falda’, así que abandonaré la línea expositiva de la discriminación por razón de género, por no verme yo obligado a depilarme las piernas mañana para salir de casa, al pasar esta oración al participio activo.
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Los varones que se consagran al Dios de la cristiandad tienen, sin embargo (como en la vida), diferente trato. Ellos no solo se diferencian de ellas en que pueden impartir los sacramentos, ascender en el escalafón, disfrutar de riqueza y boato y vestirse de rojo con capelo y puntillas. Ellos pueden, además, incurrir abiertamente en según qué delitos arriesgándose, a lo más, a un traslado de parroquia. Pueden encubrir los delitos de sus iguales y, cuando se trata de abusos, violaciones a menores, incluso les da algún punto. Hay que ver lo práctico que resulta a estos sujetos lo del secreto de confesión.
Siempre me ha chocado que la disciplina de la Santa Madre Iglesia fuera tanto más inflexible con los curas comunistas que con los curas pederastas, y que la protección que ofrece a su membresía no operase en ese primer supuesto, siendo lícita su persecución en cualquier circunstancia.
Y esta licencia para delinquir diferencia a los clérigos no solo de sus iguales féminas (aunque aquí el término ‘iguales’ mueva a risa), sino del resto de la humanidad.
Así, si se descubre a un docente (por continuar con el ejemplo) abusando de sus alumnos, se le viene, como de suyo, el mundo encima y todo el peso de la Ley cae sobre su persona que se verá obligada a cumplir condena, abandonar su profesión y cargar con el estigma para el resto de sus días.
Sin embargo, el tratamiento de idénticas conductas (en este caso perpetradas de modo universal y continuado) por parte de la clerecía está dando lugar en estos días a una sesuda reunión vaticana, presidida por Su Santidad, en la que casi doscientos hombres de Dios y una mujer, provenientes de todas las partes del mundo, estudian medidas para combatirlas (o no), repudiarlas (o no), denunciarlas a las autoridades estatales (o no).
En este bendito foro (la cosa no es que dé risa, es que sería para descojonarse si no fuera porque se trata de lo que se trata) el cardenal O’Malley (lo sé, lo sé, sí, el de Boston) ha propuesto nada más y nada menos que ‘tolerancia cero a la pederastia’ en todas las diócesis del mundo. Y lo grande, lo más grande, es que el asunto se está discutiendo esta mañana de sábado, mientras escribo atónito estas letras, porque la curia no parece estar del todo de acuerdo con tan radical medida. Queda así de manifiesto que príncipes de la Iglesia opinan que la tolerancia a la pederastia debe ser distinta de cero, esto es, debe tener valor. La pederastia, en suma, se debe tolerar en alguna media, opinan estas personas de moral execrable.
Desolado, concluyo que no, que no todos los hombres somos iguales, ni siquiera ante la Ley. Que los hombres (subrayo hombres) de la Iglesia tienen derecho, siempre según la propia Iglesia, a no ser tratados como los seglares ante la comisión de delitos tan deleznables como este sobre el que tratamos. Que por abusar de menores o violar a niños o a niñas no se juzga igualmente a unos que a otros.
Desolado, digo, en nombre de las decenas de miles de víctimas, porque este es un derecho que yo no quiero para nada.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 17, 2019

Y el Goya 'ninistra revelación' es para...

Se dirime en el Supremo el que dicen algunos es el juicio más importante de la democracia, supongo que después del que acabó entre rejas con el teniente coronel Tejero y otros pocos golpistas de los de verdad (que haberlos, los ha habido).
Se tumban en el Congreso de los Diputados los presupuestos que pasan por ‘haber podido ser’ los más sociales de la democracia. En realidad, a ninguno de los oradores que intervinieron en el hemiciclo (salvo a la ministra Montero) le importaban un huevo. Cada cual estaba pensando en la suya: los separatistas catalanes pensando en dar bien en la foto de la presión al Gobierno delante del juicio que se libra; los que intentan acaparar el título de ‘constitucionalistas’ (PP y Ciudadanos, para entendernos), frotándose las manos con la sospecha de que el presidente, ahora sí, no tendría más remedio que disolver el Parlamento.
Finalmente Pedro Sánchez convoca elecciones generales ganándose con ello el título de presidente más breve de la democracia. Y se destapa la caja de los truenos.
Esta ha sido la semana de los records. No lo digo porque Pablo Casado (el pobre) haya batido ninguno (el suyo de impertinencias al presidente del Gobierno ya no es fácil de batir), sino porque presidencias, juicios, presupuestos y mandatos han remontado alguno, ya por importancia, contenido o brevedad.
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Personas humanas viendo las noticias
Las personas humanas miramos los noticieros entre atónitas y desconfiadas, como queriéndonos proteger por algún escudo virtual del siguiente bofetón que, a pesar de todo, siempre nos termina pillando desprevenidos. Solo la imagen a caballo del jefe de Vox avanzando mirada en ristre con los suyos hacia la lontananza sirve de solaz a la tensión informativa. Recuerdan a aquellos versos de Manuel Machado que nos aprendimos en primaria… ‘Por la terrible estepa castellana,/al destierro, con doce de los suyos/-polvo, sudor y hierro- el Cid cabalga’. Solo que este al destierro, lo que se dice al destierro, no es que vaya. Viene, que no es lo mismo. Viene a la reconquista. Bella imagen.
Demasiadas cosas se han quedado en el tintero de este Gobierno cortísimo que se inauguró con el triunfo de la que fuera, también, la primera moción de censura que triunfa en la democracia. Demasiadas cosas que eran buenas para muchos, para la mayoría. Y es que en esta democracia que ya no es tan joven aunque que estemos tan de estreno en estos días, hemos aprendido (esto ya no es nuevo) que la derecha no permite que la izquierda gobierne. No lo permite. La avidez del poder los coloca en modo rabieta iracunda cuando se lo quitan. La necesidad imperiosa de mandar asoma en cada movimiento, en cada comparecencia, en cada declaración. Jamás se permiten comparecer junto al Gobierno en asuntos de estado. Jamás una leve muestra de lealtad institucional que pueda mover a duda. Sea como fuere, llegue como llegue, para el PP los gobiernos del PSOE son siempre ilegítimos. Saben que el poder es suyo y cuando se lo arrebatan braman, se revuelven, difaman, calientan la calle, vituperan. En el cole hubiéramos dicho, simplemente, que tiene mal perder (un perder realmente muy malo). En las cosas de mayores la cosa tiene más enjundia.
Albert Rivera (este chiquete que ya no va a ser presidente, pero que a punto estuvo) clama contra el ‘gobierno Frankenstein’ porque el de Andalucía le parece (y a mí también) de lo más natural (que se sumen los de derechas con los muy de derechas no extraña a nadie). Y advierte de los peligros de su reedición, invitándonos a propiciar otro tripartito ‘trifálico’ –ministra de justicia ‘dixit’: ‘había mucha testosterona en esa foto’– de las fuerzas de orden.
Así que banderas, himnos, mensajes de estos que emanan del colon y se dispersan por todos los poros de la piel, llenarán estos próximos meses redes y telediarios conminando a la vuelta a los años 60, que tanto añoran estos que las agitan, los cantan y los proclaman. ¿Acojona?
Entre tanto una bocanada de inteligencia entre tanta mediocridad. La frase de la semana se pronuncia por María Jesús Montero en el debate parlamentario que enterró los presupuestos más sociales ensayados nunca en España; la frase que se ha hecho viral porque resume en diez palabras todo el gris pastoso de los años de gobiernos de la derecha en nuestro país:
‘¿Saben dónde está el milagro económico del PP? ¡En la cárcel!’.
Así que el Goya ‘ministra revelación 2019’ es para…
El dibujo es de mi hermana Maripepa.