domingo, agosto 25, 2019

25 de agosto

Y Agosto se muere.
Lo voy a escribir Agosto, así, con A grande, porque se ha merecido este trato de respeto, después de haber sido el gran mes en España desde que los trabajadores tenemos derecho a vacaciones. Y también por este de 2019, que va quedándose viejo en el calendario.
Y se muere.
img-20190824-wa0019Este 25 de Agosto (San Luis Rey de Francia, felicidades a luisas y luises) un millón de personas mirarán el calendario con entre esperanza y resignación. Abrirán el capó del viejo Laguna para comprobar el aceite del motor y pasarán por la gasolinera para llenar el depósito y comprobar la presión de los neumáticos, con tal de no dejarlo todo para el último día o, por mejor decir, para que nada pueda fallar y sea, realmente, el último día.
Ese camarero que le miraba de soslayo en el chiringuito los primeros días parece que le ha cogido cariño. Usted a él no. A usted le sigue pareciendo un maricón de playa con esos abdominales abultados, que parece Aznar, ese torso depilado y ese moreno insultante que está seguro de que es de microondas (o de rayos UVA, que para el caso es lo mismo). Pero ya le sirve el tanque helado de cerveza en cuanto le ve aparecer y eso es un punto.
Hojea el periódico: operaron ayer al Rey viejo de algo de corazón, —este sí que está ya averiado— se dice; en Biarritz hay dos policías por habitante con eso del G7; en la frontera franco-española hay un pifostio de mil pares de cojones por lo del contra G7, jodiendo la operación retorno de miles de migrantes (estos legales) que vuelven de África a sus países de adopción con la baca del coche hasta las mismísimas trancas de colchones y enseres imposibles; el Audaz está fondeado frente a la costa de Lampedusa intentando comprender qué coño pinta allí con toda su dotación de hombres uniformados mirando al tendido; en Andalucía las están pasando putas con una partida de carne podrida que se ha vendido por miles de unidades, tanto allá, como en otros cuantos territorios en España, mientras la Junta miraba para otro lado y ahora… que si fue que si vino; Placido Domingo que si las ha visto que no se acuerda; Sánchez que no ha llamado a Iglesias; Iglesias que Sánchez no le ha llamado y se ha ido de vacaciones sin pactar la investidura y con la isla de Gran Canaria ardiéndose viva (ayer fue por ahí en un derroche de hombría de Estado a ver qué tal iba la cosa y a agradecer de corazón el oficio y el coraje de los profesionales que… tal y cual); en la comunidad de Madrid ha tomado posesión una chiqueta que dice que los cigotos tienen que tener plaza de guardería y con algún negocio turbio que aclararle al respetable si quiere salir con bien de la estela de corrupción que precede a su mandato… La infrapolítica, se dice. Son cosas de la infrapolítica, de principio a fin. Infrapolítica. Política, así escrita con P grande como la A de Agosto, ya no está. Ni se la espera. Pero celebra no ver ningún asesinato machista en estos últimos siete días. Lo celebra en serio.
El camarero maricón de playa le ha puesto otra cerveza con un guiño (él sabe que solo se toma una y a hurtadillas, pero a esta le va a invitar él, que para eso ya es cliente habitual): a esta le invito yo —le dice— que para eso ya es usted cliente habitual. Su suegra ha dejado de bajar a la playa con la familia con la excusa de la espalda, pero usted sabe que lo que le pasa es que está hasta el coño de mamonear con los niños en la orillita del mar, comiéndose la arena de los castillos que jamás se llegaron a parecer a un castillo, con lo fácil que es. Le importa un huevo. Su mujer ya le ha sugerido cinco o seis veces que hay que empezar con las maletas y que ella no piensa hacer nada al respecto, que bastante ha tenido con mantener en condiciones de habitabilidad ese zulo infecto al que llaman por eufemismo ‘apartamento’ que le colocó aquel compañero sin escrúpulos hace casi treinta años.
Se muere. Agosto se muere.
Habrá tráfico intenso a la vuelta porque saldrán el mismísimo día 31 para no perder ni un solo día de tortura solar. Un sudor frío le recorre la frente; sí, habrá tráfico intenso.
Y ahora no se acuerda bien de cómo se sobrevive once meses a la normalidad, después de no haber sucumbido por los pelos a este paranormal. No se acuerda de qué asuntos dejó pendientes en la oficina, ni de la contraseña del correo electrónico. Se acuerda del sonido del despertador a las seis menos cuarto, del agua fría del afeitado, del olor del café que por fin no será de Melita, de la vocecilla estridente del encargado del departamento, el reprochador en jefe, que todas las mañanas tiene algo que echarle en cara. Pero no de la puta contraseña del ordenador.
Ya está. Cuando de la segunda vuelta de llave al cerrojo Fac de la puerta del apartamento y baje el último bulto al coche habrá terminado todo.
Y ahora no está seguro de si será para bien.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 18, 2019

18 de agosto

Izan aprieta los dientes en la orilla. A los catorce años de su edad, todo maduro ya, ha descubierto que su vida es miserable.
El apartamento que sus padres compraron en la playa antes de nacer él no tiene WiFi y su madre se ha negado a contratarle una tarifa de datos que aguante su intensa actividad social en las redes. ¿Para qué quiere el smartphone en esas absurdas circunstancias? Para colmo de sus males, en el supermercado de la urbanización no hay Nutella… Se tiene que conformar con la Nocilla de toda la vida, que no le gusta nada; los yogures griegos tampoco son de su marca preferida y cada vez que papá y mamá los llevan a comer al chiringuito de la playa comprueba que el pollo de la paella mixta no tiene sabor ninguno. Los amigos continúan su vida frenética en Instagram, pero Izan apenas ha podido subir un par de fotos mediocres luciendo su cuerpo en formación: apenas cinco likes.
Su hermana parece boba. Todo le cuadra. Le basta con repetir en la tablet una y otra vez los episodios de Ladybug que tiene grabados, así que no necesita datos para nada. Y no se queja ni de la puta Nocilla ni de los petit suisse de marca desconocida que les ponen para el postre. Parece que ni siquiera le afecta el calor insoportable de la habitación que comparte con él en el apartamento, hacinados en una litera como si fueran soldados. A Izan le toca la de arriba, claro, para eso es el mayor, pero aun así, le cuesta conciliar el sueño tan cerca del techo.
Su padre le ha prohibido volar el dron en la playa, por miedo a la denuncia de algún desalmado. Solo alguna tarde de sol insoportable se lo ha llevado a las afueras para practicar con él; no ha habido tiempo para hacer una sola foto buena que subir. ¡Y quedan todavía dos semanas!
Fátima, a los once años de su edad, es ya una mujer adulta. No aprieta los dientes en la orilla de la playa porque tiene muchísimo miedo. Busca a su madre entre los cuerpos desvencijados de los otros africanos que se hacinaban en la neumática. Otros que, como ellos, habían recalado en Siria tras miles de kilómetros para iniciar el viaje hacia la supervivencia. Tiene miedo porque no sabe si su madre habrá sobrevivido a los dieciséis días de travesía y no recuerda nada de los últimos tres. Tiene el recuerdo de la sed, de tiritar en el frío húmedo de por las noches, del sol del mediodía quemando en su piel oscura, del hambre de días. Y le resuenan en la cabeza las miles de historias que le contaron de niñas sudanesas como ella que acabaron violadas por los soldados o vendidas por la mafias de las que nunca más se supo. Rebusca entre las bolsas de los hombres muertos algo de comer. No sabe que está a salvo. No sabe qué es ‘a salvo’. Su hermano Nawed murió en el bombardeo de Duma (cerca de Damasco) el año pasado mientras esperaban el transporte. Fátima no sabe que el bombardeo se perpetró por una fuerza conjunta de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, ni sabe que Nawed fue una de las poquísimas víctimas ‘colaterales’ de la operación que Trump había celebrado en Twitter con la escueta expresión ‘Misión cumplida’. De papá no guarda más que el recuerdo de cómo le acariciaba el rostro el día que le cortaron el clítoris.
A Fátima le cortaron el clítoris de muy pequeña, le enseñaron que el cuerpo no se enseña, que se reza cinco veces al día, que no se come jalufo, que al hombre de su vida lo elegirán por ella y que hay que dar muchas gracias a Alá por los dones recibidos. Se lo dijeron esto tantas veces que ahora, mirando a su alrededor y sin encontrar don alguno que agradecer, no sabe si tiene que rezar o no, ni por qué cosa hacerlo.
Insiste en mirar a su alrededor; su cerebro torturado le niega la sensación de ‘estar a salvo’ porque, a lo mejor, no está a salvo.
A las ocho y media de la tarde, Izan ha salido ya de paseo con sus papás a los puestos de los hippies. Sigue con los dientes apretados porque tanta injusticia se le hace difícil de soportar: prácticamente le han hecho vestirse de domingo para salir a tomar un helado.
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A las ocho y media de la tarde, Fátima sigue esperando con los ojos clavados en el horizonte, el sol ha caído y ya no le quema; canturrea inconscientemente una oración en voz casi audible. Ahora buscará algo para arroparse en la noche. Escucha las voces muy lejos de otra neumática que se acerca a la costa. Y la espera.
Fátima e Izan, los dos, miran al Este ahora. Es el mismo mar. Es la misma tierra. Apenas unas decenas de kilómetros entre el uno y la otra.
En el mismo mundo.
 A las dos de la mañana de este viernes, en el barrio de Tetuán, ha sido encontrado el cuerpo asesinado de una mujer de 49 años. La policía busca al asesino, presuntamente su compañero. El Ayuntamiento de Madrid ha decretado un minuto de silencio para el próximo lunes y no uno, sino tres días de luto oficial. Menos mal. Sería muchísimo mejor que no intentaran más nunca convencernos de que la violencia machista no existe.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 11, 2019

10 de agosto

Siempre se levanta pronto en vacaciones. Será el único momento de silencio durante el resto del día.
Los niños le hicieron pasar un viaje terrible peleándose por la consola y preguntando que cuánto faltaba, la abuela no ayudaba a poner paz, pero ya está olvidado y a esta hora todo está en calma. Ni siquiera hace demasiado calor en el piso sin ventilación cruzada que le vendió aquel compañero sin antes verlo. Al brincar el alba siempre refresca. Café. La Melita que compraron para el apartamento hace un café de mierda; también en esto debieron pensar que, para un mes, ya les valía. Respira un minuto mientras mira desconfiado hacia la puerta: ahí le espera el equipo con el que tendrá que colonizar el espacio de playa que le sea posible. Sabe que no será tarea fácil, que se enfrentará a enemigos poderosos y más madrugadores, sabe que el tiempo es oro en esta cruzada contra todos.
Sillas plegables, 4; paravientos, 1; sombrillas, dos; neveras de campaña, 2; alfombrillas, 5; hamacas, 2; crema solar protección 30, 1; crema solar protección 50, 1; crema solar pantalla total, 1; leche solar after sun, 2; pareos, 2; cubos provistos de pala y rastrillo con moldes de motivos submarinos, 2; camisetas de repuesto, 2;  toallas de baño, 4; bañadores de repuesto, 2; pinzas de la ropa para unir los pareos con el paravientos conformando un parapeto inexpugnable, una bolsita de 10 unidades; envases herméticos para restos de comida, 2; juegos completos de plato, vaso, cubiertos de plástico, 5; cenicero de playa, 1; libros, 1; cuadernos de crucigramas, 1; cuadernos de sudokus, 1. Imposible bajarlo todo en un único viaje al coche. Algunas cosas deberían quedarse en el maletero en vez de subirlas y bajarlas cada día. La leche solar afeter sun no, esa hace falta por la tarde para volver a embadurnar a los niños antes de aventurarse por los puestos del paseo marítimo. Y tampoco abulta tanto.
Sin embargo es la hora. Para cuando se levante la familia ya debe haber salido hacia la playa a montar el campamento. Llegarán después que usted con un sándwich que estuvo caliente y que le servirá para pasar la mañana hasta el mediodía que se abra la veda de las cervezas de la nevera II. Rectifica: cerveza. Solo habrá una cerveza para usted en la nevera II. La nevera I la llenarán con envases de contenido imposible que ofrecerán el avituallamiento de almuerzo comida y merienda para todo el contingente. En la nevera II habrá agua, mucha agua. Agua embotellada en distintos formatos para las distintas paradas. Refrescos para la abuela y para los niños y dos cervezas, pero a usted solamente le corresponde una.
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Lo del chiringuito era un mito. Lo del chiringuito exactamente no, más bien lo de que uno se podría pasar la mañana allí cociéndose a birras mientras la familia disfrutaba en la orilla de los castillos de arena adornados de caracolas y estrellas de mar construidos con los moldes de plástico que venían con el cubito la pala y el rastrillo. Eso es para otros, porque los puede ver empinando el codo mientras aplica la protección de pantalla total sobre la espalda blanca del pequeño.
La abuela está desconcertada. Es la primera vez que les acompaña. Las abuelas no son como eran: se descojona del botiquín de cremas, del color chillón de los bañadores de los niños, de la barricada construida a cuarenta metros de la orilla para evitar que el viento llene de arena los emparedados, del aburrimiento infinito de la mañana, del mediodía, de la tarde. Se descojona de usted, de su propia hija que le eligió a usted como compañero eterno de vacaciones, de la tumbona de mierda que le han asignado para dejar pasar las horas dentro de ese mar de personas humanas que flanquea el de verdad.
Los niños aún no lo saben, pero también se descojonarán cuando el uso de razón los lleve de la orilla a cinco calles más adentro, donde los bares de copas se despiertan al atardecer y no se acuestan hasta que el sol penetra por las rendijas de las dobles ventanas. En realidad eso también lo sabe. Ha resuelto cruzar ese puente cuando lleguen a ese río. Mejor que mejor. Bastante tiene hoy por hoy con lo que tiene.
Diez de agosto. Solo son 20 días… más.
(En la semana en la que publico esta entrada, otra mujer ha sido violada en grupo por cinco chicos de 18 y 19 años. Ha sido en Benidorm. Seguramente alguien le dirá que ella se lo había buscado, pero no se engañe: una violación no se la busca nadie. Ninguna chica de 22 se busca que la violen entre cinco.)
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 04, 2019

1 de agosto

Lleva usted una semana preparando maletas. Su mujer se desentendió de ese asunto desde que la pequeña decidió no acompañarles más nunca a Santa Pola. No encuentra el parasol.
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Las maletas para un mes son tan complicadas como las maletas que se harían para dar la vuelta al mundo. Total, Santa Pola está aquí al lado, pero cada viaje a la playa requiere de los preparativos de una expedición lunar.
Ya sé que lo sabe: habrá tráfico denso, un imbécil le adelantará por la derecha en la autopista poniendo a prueba sus reflejos… Bueno, al menos ahora hay autopista, no como entonces. La SER le recordará cada dieciséis minutos que debió contratar ese sistema de alarma que evita robos, intrusos y, en suma, todo orden de disgustos inmobiliarios producidos por terceros de malas intenciones.
El apartamento no está en primera línea de playa, ni siquiera en quinta. Aquel compañero de la oficina que, además, vendía seguros, le engañó. Usted lo sabía, sabía que no debía comprar sin verlo, pero le engañó.
Con lo de la cisterna no. De eso no tuvo la culpa el jodido vendedor de seguros. De eso se ha ocupado el tiempo. Pero la puta cisterna no funciona y cada verano la taza del váter tiene ese color anaranjado parduzco que indica que el agua estuvo goteando también estos últimos once meses. El fontanero (el mismo fontanero-estafador de los últimos treinta y dos años) volverá a cobrarle una suma desorbitada por un arreglo que podría haber hecho usted mismo si hubiera sabido cómo enfrentarse a una cisterna resentida.
¿Funcionará la nevera? El año pasado ya dio señales de fatiga. Obsolescencia programada, está seguro de que se trata de eso; los fabricantes se las saben todas. La instalación eléctrica… ya sabe que hay que revisarla, pero tampoco será este año. Los gastos de la Universidad de los chicos le obligarán a ser extremadamente cauto este verano.
Sabe que le esperan en el armario empotrado esas chanclas malditas que le harán rozaduras entre los dedos con la arena de la playa. Sabe que la sombrilla estará enrobinada porque el piso en invierno es muy húmedo. Y a lo mejor la tumbona en la que su mujer pasa las horas muertas panza arriba ya no está en uso para esta campaña. Eso es barato, se podrá permitir otra tumbona.
Las maletas esperan. El atasco está presto a formarse en el mismo momento en que su Renault Laguna aborde los primeros cincuenta kilómetros. Sí, el Renault Laguna también empezará a quejarse no tardando mucho.
Para cuando usted llegue a su destino será imposible encontrar aparcamiento a la sombra y el sol abrasará el volante de los coches que llegaron antes que usted. ¡Ah! El parasol… ¿Qué hizo con el parasol que le regalaron en el banco? Sabe que le costará encontrarlo y le costará un disgusto reconocer que ha perdido otro parasol.
En el apartamento de la playa no tiene el paquete fútbol de Movistar+. Y la silla plegable donde pasa las horas muertas delante del televisor de tubo es terriblemente incómoda. Pero para un mes tampoco le mereció la pena gastar mucho en equipar el puto zulo que le colocó ese ser infecto al que aún llamó durante años ‘compañero’.
Su mujer le está mirando inquisidora apoyada en el quicio de la puerta de la cocina. Se ha dado cuenta de que ha vuelto a perder el parasol y sabe que se quemará el culo cada vez que se siente en el viejo Laguna cuando la hora de comer indique que, por fin, se pueden largar del arenal abrasador atestado de ingleses con ampollas al que por eufemismo llamamos playa.
Pero es la hora. Cerrará la puerta con dos vueltas de llave y cerrojo. Apoyará la cabeza sobre el zaguán: ya echa de menos su sillón de orejas, su aire acondicionado y su canal de fútbol. A su espalda, un profundo suspiro y el sonido de otra cerradura le indican que su vecino del C también está en modo ‘inicio vacaciones’. Sus miradas se cruzan. Sobran las palabras.
Realmente es 1 de agosto.
(A la hora de escribir estas líneas otra chica de 18 ha sido violada en Bilbao por seis hombres de entre 18 y 36 años. Horas después una señora era apuñalada en la peluquería en la que trabajaba, supuestamente, por un admirador despechado. Si le siguen contando que la violencia machista no existe… sospeche.)
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 28, 2019

Año 2020, febrero



-¿Es verdad que se han cargado la Ley de Violencia de Género?
-Sí. Ahora la llamamos violencia intrafamiliar. Tantas son las mujeres que asesinan a sus maridos…
- ¿Y la de Matrimonio Homosexual?
-También. Mucho mariconeo era.
20190728_013002-De aquello de la eutanasia ya ni hablamos ¿no?
-No. Seguimos con eso de la voluntad de Dios.
-¡Oye! Y esa reforma del Estatuto de los Trabajadores que rebajaba las indemnizaciones por despido ¿ya está vigente?
-A trámite.
-Y han bajado el salario mínimo interprofesional otra vez…
-Claro.
-Y ¿lo de las ayudas a la Dependencia?
- A mi madre se la han denegado. Parado. No es prioridad.
-Porque lo de la universalización de la sanidad…
-¿Pero aún no tienes seguro privado? La pública se acaba.
-¿El aborto? La niña está embarazada… y son 19 añitos.
-¿A que votó a Vox?
-Sí.
-Pues eso.
-Y el Mediterráneo lleno de cadáveres.
-No son blancos.
-¡Pero no han subido los impuestos al diésel!
-No, no. Eso no.
-¿Madrid Central?
-Fuera.
-¡Y un par de ministros de Vox!
-Parecía imposible, ¿verdad?
-¿Qué pasó?
-Nos dejaron en la estacada. Nos timaron. Se mearon en todos lo que nos tiramos a las urnas en abril para evitar a esa derecha que quería llegar. No quisieron pactar, no supieron hacer su puto trabajo. Calcularon mal sus fuerzas: calcularon mal con lo de los demás.
-¿Lo hemos perdido todo?
-No. Solo hemos perdido lo suficiente. A ti y a mí no nos va a pasar nada.
-Y… ¿a ellos?
-¿Quiénes son ellos?
-Mi hija de 19, tu madre dependiente, la pareja gay que no puede legalizar su situación, el chico al que no permitirán el cambio de sexo, los trabajadores a los que el ERE dejará en bragas, los que van a los colegios públicos, los que vivían de alquiler, los que no encontrarán casa a un precio que puedan pagar, los de los contratos basura, los MENAS*, la mujer que puso una denuncia por maltrato…
-Sí. A ellos sí.
-Pues somos nosotros.
-Tú vas a ser de “la banda”.
-Igual sí.
-Se ha hecho tarde. ¿Un café?

(Al momento de escribir estas líneas un señor de Murcia ha asesinado a su hijo de 10 años y se ha colgado por el cuello en la cocina, a todas luces, para joder a su ex. Horas más tarde, en Sevilla, han tenido que inducir un coma a una señora después de haber sido apuñalada por su marido. Es una prueba evidente (otra) de que no hay por qué seguir avanzando, de que podemos tirar la toalla, de que ya no es necesario un gobierno de izquierdas, de que la violencia machista no existe, de que es mejor que gobierne la derecha de una puta vez y dejarnos de cuentos.

La otra es exigir a nuestros políticos que aprendan a hacer de lo suyo. Y que lo hagan. Pero no veo cómo.

Ya nunca más nadie se va a cagar en mis ilusiones. Porque ya han conseguido matarlas todas.)

*Se llama MENAS a los inmigrantes menores no acompañados; a los niños que llegan a España sin papá y mamá.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 21, 2019

El tonto y la luna

50 años después de que una misión norteamericana, la Apolo XI, consiguiera que el hombre pusiera un pie en la luna en aquel “pequeño paso para el hombre, pero gran salto para la humanidad”, el presidente del país, un primate con la cultura general de una gallina y la cultura política de su gallo peleón, se empeña alcanzar las más altas cotas del ridículo, de la pobreza intelectual. Se empeña en hacer retroceder a la nación a la que representa esos cincuenta años y otros cien más.
Pensábamos que Esperanza Aguirre representaba todo el catetismo que puede experimentar una persona en política activa (cómo no recordar aquella mención a José Saramago como la diseñadora Sara Mago, o la proverbial excusa que esgrimió por no haber visto la película Airbag, de Juanma Bajo Ulloa, diciendo que ella solo veía cine español). Pero no. El record de catetez de un político en activo ha trascendido nuestras fronteras y se ha ido a los Estados Unidos de América, donde su presidente, Donald Trump, le pregunta a la premio Nobel de la Paz, Nadia Murad, que a ella, en concreto, por qué la premiaron. Y se lo pregunta en el despacho oval, un sitio al que según parece obvio se debe acceder por invitación del propio presidente y previa una mínima preparación del acto por parte de su Gabinete. Se ve que los pobres no tuvieron un minuto para ilustrar a su titular acerca de quién coño era su invitada y el otro puñado de gente extraña que la acompañaba.
El desprecio de Donald Trump por la política, por la sociedad, por la cultura, por la mujer, por la igualdad, por la paz, justifica sobradamente que aquel acto no le mereciera el más mínimo interés, como así se demostraba en la cara de nada que mantuvo mientras duró y que ha dado la vuelta al mundo en videos del evento que se han convertido en virales. De hecho, debía estar repasando la retahíla de insultos que había lanzado ese mismo domingo a Ilhan Omar, esa congresista musulmana contra la que incendió a todo su auditorio en un mitin que quedará para la historia. Ella, junto con Ayanna Pressley, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, representan el ala izquierda del partido demócrata, convertidas en el “Escuadrón” y seguramente su lucidez, su discurso, su garra, las convertirán (si no lo son ya) en líderes del pensamiento libre en el mundo.
“¡Enviadla de vuelta! ¡Enviadla de vuelta!” gritaba enfebrecido el público asistente que, en algún momento, debió confundir el foro con un circo romano y esperaba a que el César, con el pulgar hacia abajo, sentenciara a la congresista a muerte.
Esta suerte de incitación al odio va un punto más allá de la condición de paleto del presidente estadounidense. Apréciese que en este país, por ejemplo, es un delito: la Fiscalía hubiera actuado de oficio contra un demente que, en olor de multitudes, se hubiera atrevido a lanzar semejante mensaje. No es la simple paletez de un irresponsable, es la preparación de un clima de miedo, de exaltación de la raza, de xenofobia pura, que al futuro candidato republicano a revalidar el título a la casa blanca le viene que ni pintado.
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Donald Trump ha convertido su presidencia en el hazmerreír del mundo, además de sumir a su país en la desconfianza económica más alarmante con la insensatez de sus guerras comerciales. Pero tiene en su poder un arma poderosa: el miedo a lo diferente que sabe despertar en la muchedumbre que le sigue a ciegas. Y la va a usar (esa y a lo mejor otras igual de mortales). Quiere volver a ser presidente, le ha molado. Y en su infinita irresponsabilidad, no le importa que su pueblo (el resto del mundo igual, por simpatía) pague el precio del odio para conseguirlo.
Trump parece ser el tipo que, cuando el sabio señaló a la luna, miró el dedo. Y lo amputó.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 14, 2019

Varón y mujer los creó

(O, dicho de otro modo, ‘al que Dios se la dé, san Pedro se la bendiga’)
El Vaticano, a través de la Congregación para la Educación Católica, que viene a ser como el Ministerio de homónimo de los países, pero sin alumnos a los que escolarizar, aulas que mantener, ni AMPAS con las que entenderse, ha dado a luz este junio un documento bajo el título “Varón y mujer los creó – Para una vía del diálogo sobre la cuestión del gender (género) en la educación”.
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El Papa ha comprendido que Dios no estaba para tonterías en aquel sexto día y que si creó al hombre y después le quitó un trozo para hacer una señora, no fue para que luego viniéramos nosotros con veleidades e ideologías, escogiendo cada uno para nosotros el género o el sexo que nos viniera en gana. No.
Así que ha declarado el estado de “emergencia educativa (sic), en particular en lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”.
El fundamento científico del texto nace del libro del Génesis, quizás algo superado en nuestros días en cuanto al rigor de la narración de lo sucedido durante aquellos siete días (seis en realidad, que el séptimo fue de solaz y recreo), de modo que no se espera mucho de él en lo que se refiere a criterio bioquímico, psicológico, médico…
Es más profundo en lo que hace referencia a la ideología. Me refiero, lógicamente, a la de género, pues sus postulados intrínsecos (los del texto en cuestión) no nacen de ideología alguna sino de la misma Verdad: “En muchos casos han sido estructurados y propuestos caminos educativos que «transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón». La desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural”, reza. Y continúa sobre la ideología del gender asegurando que: “busca «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños» y, por lo tanto, excluye el encuentro (…)”. Habla, así, de una metodología basada en tres pilares: escuchar, razonar, proponer.
Escuchar no ha escuchado, pues han sido ya muchos colectivos los que han puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) por no ser llamados por la Congregación a consensuar los aspectos pedagógicos y científicos de un texto que el Vaticano pretende guía educativa. Lo de razonar tampoco es menester, dado que la cosa se apoya en el dogma de creacionismo, que per se excluye en sí mismo la razón. Y proponer… proponer, sí propone. Y ¡hay que ver lo que propone!
La ciencia hace ya días que convino en que el sexo genético no siempre determina la sexualidad. Define casos de hermafroditismo, pseudohermafroditismo, transexualidad…, en los que se estudia el caridiotipo (cromosomas sexuales XX en la mujer y XY en el hombre) para concluir que la aparición de pene y vulva como órganos sexuales externos no desvela inequívocamente la condición de hombre o mujer de un individuo.
Pero ¿para qué iba la Santa Madre Iglesia a andarse con indefiniciones de esta naturaleza cuando está claramente escrito que ‘varón y mujer los creó’? ¿No se habría escrito en el Génesis ‘Varón, mujer y LGTBI los creó’ si, en su omnisciencia, el Creador hubiera querido más géneros?
La Iglesia ha dicho claramente que mariconadas las justas. Que la justa razón (¡la justa razón nada  menos!) nos muestra que “Estos enfoques convergen en negar la existencia de un don originario que nos precede y es constitutivo de nuestra identidad personal, formando la base necesaria de nuestras acciones.” ¿Cómo se queda?
Pero hay más: al negarse a disociar entre género y sexo, el documento afirma que “De esta separación surge la distinción entre diferentes “orientaciones sexuales” que no están definidas por la diferencia sexual entre hombre y mujer, sino que pueden tomar otras formas, determinadas únicamente (añado yo ¡oh escándalo!) por el individuo radicalmente autónomo. Asimismo, el mismo concepto de gender va a depender de la actitud subjetiva de la persona, que puede elegir (¡oh escándalo!) un género que no corresponde con su sexualidad biológica y, de consecuencia, con la forma en que lo consideran los demás (transgender)”.
Cabría preguntarse que ofende tanto a la Santa Madre Iglesia del hecho aparentemente simple de que cada uno viva su sexualidad como le venga en gana, por qué continua en su secular empeño de distanciarse de la realidad e imponer a su grey otra más acorde a su pensamiento, aunque sea a base de ignorar a la ciencia, a la sociología, a la ley y a esa verdad con minúscula (la que va con uve grande yo no me la creo) con la que cada uno contendemos cada día para llegar a fin de mes, llevar a los niños a la escuela, evitar el atasco de la operación salida o mantener dignamente nuestra relación con el prójimo.
Sigue la Iglesia negando legitimidad a lo diferente, a lo que no concuerda con ‘su libro’, a lo que estorba a su moral impostada (y tan gravemente transgredida con insultante frecuencia, precisamente en lo que se refiere a la cosa del sexo).
Y me pregunto yo ¿cuál es el fin? ¿Qué buscan anclándose en la Baja Edad Media, negando la evidencia de que el mundo es como es y no como ellos han pretendido que fuera?
¿Serán solo sus propios miedos? Ciertamente, cada avance de la civilización arranca un pedacito de verdad a esa Verdad a la que ya pocos se aferran. Ciertamente se van quedando sin socios a medida que la realidad (tozuda como es) se impone a los credos declarados indiscutibles, porque la fuerza de la razón los ha discutido todos y se sujetaban difícilmente en pie. Ciertamente, la Iglesia está en serio peligro de extinción, en estado de alarma.
Negar las evidencias sobre el género es del género bobo, así que hablar de sexo desde esta óptica bizca que nos proponen conducirá directamente al sexo, pero al de los ángeles. Y de ahí, a los fichajes del mercado de verano, porque aquello otro habrá dejado de tener el más mínimo interés.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 07, 2019

La capitana Rackete


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Los hechos los conocemos todos. Son espeluznantes. Una capitana, Carola Rackete, decidió hacer caso omiso de las instrucciones xenófobas del ministro italiano del Interior y aplicar la normativa internacional del mar, haciendo arribar a puerto al Sea Watch 3 con cuarenta y cinco personas en riesgo de muerte a bordo. El peculiar Salvini (el hombre que destruirá las esperanzas de su pueblo) la manda detener y una jueza le dice que dónde cree que va, que la capitana cumplió con su deber que era, ni más ni menos, que salvarles la vida. Dos procesos penales continúan abiertos contra ella y, aunque le parezca inmenso, uno de ellos es por tráfico ilegal de personas.
La niña Greta Thumberg, a los 16 años de su edad, ha movilizado en esos últimos meses más conciencias que la visita de un papa, enarbolando la bandera más simple del mundo: O salvamos el planeta o sucumbiremos con él.
La fiesta del Orgullo celebra este año su cincuenta aniversario conmemorando la oleada de arrestos del 28 de junio en el bar Stonewall Inn de Nueva York y homenajea a los viejos gays, los que hicieron desde aquel momento aquello que llamaron la “cruzada” contra la discriminación que padecía (padece) el colectivo. Fue la generación silenciosa.
He aquí los nuevos líderes.
Si alguna vez lo estuvieron, nuestros referentes hoy ya no están en la clase política. Declinaría sin hacerme la menor violencia una cena con Pedro Sánchez y, sin embargo, viajaría donde fuera si Carola Rackete me ofreciera dos horas de conversación. Tengo la impresión de con el primero me aburriría un huevo, de que solo de la segunda, de su pasión, de su manera de entender el oficio del mar, estaría aprendiendo cosas durante todo el tiempo que durase el encuentro.
Nuestros líderes no estaban esta semana en la reunión del G-20 pasteleando con Donald Trump y Vladimir Putin, donde han debido tomarse decisiones de tal relevancia que ni siquiera una ha trascendido más allá de la prensa especializada.
Los superhéroes no van al Congreso.
Lo que es más inquietante, el sentimiento de que quienes se ocupan de las cosas que nos importan viven a años luz de los centros clásicos del poder político, de la carrera de San Jerónimo (por no mentar la plaza de la Marina Española que es donde está el Senado), del Palacio de Elíseo, de la Casa Rosada. Los superhéroes están en mitad de la calle y, solo de vez en cuando, emiten un destello que nos despierta del aburridísimo letargo intelectual en el que nos sumimos. Caiga en la cuenta de que, si alguna vez un político le fascinó, el encantamiento duró lo que tardó el sujeto en cuestión en parecer realmente un político. Y esto sucedió tras dos sesiones de control al Gobierno, tres los más avanzados.
¿Dónde están los superhéroes? ¿Quiénes son nuestros líderes? ¿En quién nos miramos? ¿De qué fuentes bebemos?
Una capitana que desobedeció la orden de un xenófobo y salvó cuarenta vidas, una niña que movió a las masas con una pretensión ilusa, un centenar de gays que se negaron a seguir ocultos y dedicaron a contarlo el resto de sus vidas. La voz anónima de quien reclamó para todos lo que quiso para sí y tampoco él lo obtuvo.
No sé quiénes son. No tienen nacionalidad.  Ni siquiera sé si viven en mi barrio. No exhiben lazos. No tienen un millón de seguidores en Twitter. No asisten a la Super Bowl (o igual sí). Van haciendo. Y parece que esto es lo que importa.
¿Nos encontraremos a la capitana al mando de un ballenero? ¿La niña que movía masas, se ennoviará con un jovencito de buena familia plagado de acné y dejará el activismo? Esos viejos gays, (esos ya no parece) ¿sacarán una plaza en Hacienda y ordenarán sus vidas con un bebé de vientre de alquiler y una hipoteca? ¿Volverá la ‘princesa del pueblo’ a generar opinión en un país como este?
¿Qué coño es un líder? ¿Cuánto dura? ¿Cuánto vale? ¿Andan por aquí algunos?
De cuando en cuando, un notición como aquellos me llena de esperanza. Luego el alcalde Almeida (ese tan pequeño) me la quita.
Se buscan liderazgos. Razón aquí.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, junio 30, 2019

No pactarás

El panorama político no puede estar más enrarecido. Ni más entretenido.
La fuerza de los hechos nos ha demostrado que la palabra dada no tiene por qué tener una fecha de caducidad superior a un día, y que la vigencia de los principios políticos (sobre todo en las organizaciones políticas sin principios) no alcanza para mucho más allá de un mes. Hemos llegado a interiorizar que esto no es ni bueno ni malo, que simplemente es verdad.
Y lo hemos asumido sin acuerdo previo, sin debate social. Se ha colado de rondón en nuestra cultura política; ni bueno ni malo: solo verdad.
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Si siempre fue verdad, por poner un ejemplo, aquello de que la política hace extraños compañeros de cama, Ciudadanos ha hecho de este aserto su leitmotiv. Insisto, hemos hecho el esfuerzo colectivo de comprender al pobre Rivera y convenir que no importa que se desvele como un hombre de la extrema derecha compartiendo la almohada con Abascal. Ello aunque esa imagen quede tan lejos de aquella otra de limpio joven demócrata que nos presentaba desnudito cuando era más pequeño. Igualmente hemos comprendido que, aquello de que venía a regenerar el país (él solo) y que jamás, jamás, se acercaría a un partido que tuviera a uno solo de sus miembros imputado (hoy investigado) en sus filas, no era más que una bravuconada de juventud, una de esas cosillas que se dicen cuando se te calienta la boca y aún eres pequeño para frenar tu incontinencia verbal. Una bravuconada que no empece en absoluto, claro, su vocación de pactar con el PP de Madrid, aunque este atasque por sí solo los juzgados de la plaza de Castilla.
Lo grande es que ¡oh prodigio! lo hemos asumido sin más, sin más análisis, sin más discusión, solo a fuerza de colarnos sus inconsistencias intelectuales en el comedor de casa vía telediarios. ¿Palabra dada? ¿Principios políticos? ¡Naderías!
Los vaivenes del PP, ora ultraderecha, ora derechita cobarde, ora otra vez ultra, pasan más desapercibidos porque su propia locuacidad ya nos advertía de Pablo Casado (el pobre) que era un hombre sin palabra ni principios (también sin cultura política, ni de la otra, pero ese es asunto distinto). Nada esperábamos de él. Ahora está acojonado y no sale al balcón de Génova por si alguien se da cuenta del hostión que se ha metido en los dos procesos electorales en los que ha abanderado a su formación, pero el hermanamiento con Vox le viene de suyo: en definitiva cuña de la misma madera, que no es que encajen bien (siempre se dijo que no había cuña peor), pero hacen que la estrategia se comprenda sin problema. La necesidad de conservar la silla de la quinta planta justifica por sí misma las tropelías que está cometiendo su formación en el Ayuntamiento de Madrid. Eso sí, es tan poco inteligentes (nadie esperaba sorpresas en ese sentido) que está poniendo en juego los acuerdos en la comunidad autónoma.
Vox no. En el nombre de Vox siempre se dice lo mismo. El problema es lo que se dice, pero nunca engañan. Son quienes son y vienen a lo que vienen. Lógico parece que no se dejen ningunear por quienes necesitan sus apoyos y los pretenden conseguir a hurtadillas, sin que se vea, sin que se note, sin que traspase… Yo te doy mi apoyo, pero tú me haces concejal o consejero, y te haces la foto conmigo y quitas ese banderón gay de la fachada del Ayuntamiento, que para banderas ya está la de España. En suma, mariconadas las justas, que aquí estamos nosotros para contenerlas. Con un par.
El asunto Pablo Iglesias… El asunto Pablo Iglesias es que ha sido como más suavecito. Más el resultado de una metamorfosis kafkiana que de una inconsistencia intelectual. Como no puede ser de otra manera, a Pablo Iglesias el sillón no le importa nada (¡!). Nada (¡!). Lo que le importa es el concepto, el programa. No es que vaya a favorecer un adelanto electoral porque le quieren dejar sin su carguito, no. No es eso. Es que al no ser él mismo ministro de España, ¿quién podrá garantizar un Gobierno de progreso en el país? ¿Quién? ¿Qué votante de izquierdas comprenderá jamás que Pedro Sánchez se atreva a intentar regir en solitario los destinos patrios sin el recto sostén de Podemos, verdadero guardián de las esencias de la izquierda? ¿A quién quieren engañar con esto del gobierno de colaboración? No. No es el ministerio lo que ocupa a Pablo Iglesias, otrora autonombrado vicepresidente y ministro del interior con mando en plaza sobre el Centro Nacional de Inteligencia y la televisión pública. A Pablo lo que le importa es el concepto. Y, oye, también: también lo hemos dado por bueno y no nos partimos de risa cuando lo escuchamos en su lloriqueo falsamente humilde, asegurando no creer posible que Sánchez se equivoque tanto como para forzar unas nuevas elecciones, con el disgusto que él se llevaría (y lo mal que le dan las encuestas). ¿Alguien podría pensar que lo que en realidad le pasa a Pablo Iglesias es que mucho se teme que, o consigue algo de Sánchez (un ministerio mismo), o se lo zampan vivo? ¡No! Claro que no.
El asunto es que de pactar ni hablamos. Pedro Sánchez se ve fuerte (además de guapo) y con suficiente cuajo como para gobernar el solo. Lástima que, además de cuajo, que eso ya ha demostrado que sí tiene, no le acompañen también una docenita más de diputados que le permitieran comparecer a una investidura en el Congreso con un poco más de solvencia.
Las tres formaciones de extrema derecha tienen más facilidad para llegar a acuerdos (o para fingirlos) si esto les vale un número suficiente de fichas en el juego del poder. No solo para pactar o simular pactos: también para vetar y, lo que es aún más grande, para juzgar la categoría política de los socios que se buscan los demás. Ellos pueden perder y gobernar si la aritmética da y ya no llaman a eso ‘gobierno de perdedores’ como hacen sin pudor ninguno cuando la izquierda hace lo propio, lo llaman ‘el inicio de la reconquista’.
Pero la izquierda no sabe. No sabe. No sabe.
¿Hay quien lo entienda?
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 23, 2019

Y mil

Y ya van mil.
Hombres sin rostro retiran las pancartas de los edificios oficiales que gritaban ¡ni una menos!
Y entonces ya son mil una.
Hombres con rostro derogan leyes que protegen y proponen, en nombre de la justicia, otras que pretenden tratar de forma igual las cosas que son desiguales.
¡Qué enormidad!
¿Ya son mil dos?
Mil una mujeres menos. O más. O cientos más que no han computado en la estadística de la muerte doméstica, aterradora, silente.
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Por la tele sacan las imágenes de los hombres que descuelgan las pancartas. Y luego la de un alcalde pequeño (…pequeño) que sonríe. Y la de un hombre grandón de ilustres apellidos que dice que eran de un color inapropiado los carteles que clamaban por la vida: ¡ni una menos!
El Supremo dice que violar es violar se escriba como se escriba en el Código Penal y eleva la condena de los violadores de La Manada, para que la víctima pueda llorar su victoria (la jurídica) y las personas normales tengamos un minuto de respiro.
Pero ya son mil. Mil una este viernes, para que el Diablo no se lleve la mentira, desde que empezamos a contarlas en 2003. Veintiséis en lo que va de 2019.
Luego la vida sigue. Reyes con plumas de avestruz en la cabeza desfilan por Buckingham Palace orgullosos de la estirpe de la Jarretera; un señor con coleta llora por una silla de ministro que se le escapa; uno más guapo que erre que erre; un alcalde pequeño (…pequeño) sonríe; un niño sin nombre mira como matan a su madre; una niña con nombre (Victoria Federica, nada menos) y lugar en la lista sucesoria celebra entre tules su ‘puesta de lago’ en pleno 2019; un independentista pierde una votación; otro parece que quiere ganarla; otra cuelga un lazo y dice que ni sí ni no; ese que manda en EEUU prepara una guerra que será total;  otra niña se queda huérfana porque su padre necesitaba dar suelta a su ira y se descerrajó un tiro después de matar a la que había sido su compañera. ¿Lo ve? La vida sigue.
¡Ni una menos! Con pancarta o sin pancarta, ¡ni una menos!
Y por si la ultraderecha de este país (recuerde: PP, Ciudadanos y Vox*) continuase con su relato sobre esa suerte de “justicia” que predica, piénsese, simplemente, que la igualdad consiste en considerar desigualmente las circunstancias que son desiguales y que, se pongan como se pongan, lo argumenten como lo argumenten, mil una mujeres no han asesinado a sangre fría a sus parejas o ex parejas.
Y mil un hombres, sí.
¡Ni una menos! Grábeselo en la frente, porque los carteles que llamaban a la cordura ya los han quitado de las fachadas de los edificios.
(*) Un no tan viejo proverbio alemán reza: ‘Si en una mesa sientan diez hombres y un nazi, en esa mesa hay once nazis.’
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, junio 16, 2019

Alcaldesas, alcaldes, alcaldías

Más de ocho mil ayuntamientos repartidos por todo el país se constituyeron ayer en España.
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Es una falacia usar a los alcaldes y concejales para engrosar las cifras aparentemente millonarias de cargos públicos que, también supuestamente, sostenemos con nuestros impuestos. La inmensa mayoría de ellos (subrayo, la inmensa mayoría) ejercen sus cargos a título gratuito, compatibilizando su dedicación al servicio público con su oficio habitual, del que no pueden prescindir, bien porque el municipio no tiene recursos para pagar su salario, bien porque saben que el mundo de la política es efímero y que los ciudadanos (los de verdad, los que integran la ciudadanía, no los del partido del mismo nombre) pueden prescindir de ellos apenas cuatro años más tarde y la vuelta al mundo laboral no suele ser fácil.
Es otra falacia (curiosamente muy extendida) afirmar, como tantos afirman, que los alcaldes o los concejales se llevan un porcentaje de todo aquello que contratan. Este porcentaje imaginario varía de acuerdo con la necedad del que sustenta el cuentito y, por los que yo he oído, oscila entre el 3 y el 10%, aunque puede llegar al 20 si el memo que lo profiere no es muy ducho en cuentas públicas. Es, simplemente, mentira.
Denostar el servicio público se convirtió hace ya años en el deporte nacional, seguramente no sin razón. Tan entretenido resulta que los pobres de espíritu se inventan modos de corrupción inusitados, con tal de parecer uno el que más sabe de política del vecindario, el más informado del pueblo, o el que mejor ha sabido comprender la idiosincrasia de la clase política. Sabe poner todo tipo de ejemplos de prácticas corruptas que ha vivido en primera persona (una primera persona impersonal, porque bien sabe Dios que él jamás aceptaría el producto de pillaje alguno) o le sucedieron a parientes tan cercanos que los datos que maneja tornan en irrebatibles. Son mentirosos. Lo malo es que hay muchos. Infinitamente más que políticos que se han llevado en el bolsillo mordidas, comisiones o prebendas, que también los hay para desgracia de todos.
Sorprendente grupo humano el que representa este modelo de sujeto que sabe y pregona que él, él (a quien se refiere en tercera persona citando su nombre y sus dos apellidos), jamás podría dedicarse a la política. Él sabe de sí mismo que su entereza moral, su grandeza de espíritu, el conjunto de valores con los que, en suma, se adorna, no le permitirían tragar con los carros, carretas, sapos y culebras, que a buen seguro -opina- se comen los que se dedican a la cosa pública con tal de seguir agarrados al sillón. No. Él sí que no.
Y así, con este raquitismo intelectual, transita por su vida ajeno al mayor de sus dramas, que no es otro sino la razón que lleva en esto de que él, él, nunca podría dedicarse a la política. Porque, en realidad, el servicio público requiere de una forma de entender el mundo que al pobre hijo ni siquiera se le alcanza.
Asumamos que, como en botica, en política hay de todo. Asumámoslo con la misma naturalidad con la que conviene recordar que los políticos no vienen de Marte y que no son más que una representación de la sociedad de la que forman parte. Algunos son los mejores, porque, como los presidentes de las comunidades de vecinos o de las asociaciones de madres y padres de alumnos, dedican una parte de su vida y de su inteligencia a gestionar cosas de todos. Otros son los peores, porque se aprovechan de las instituciones en beneficio propio y esto está feísimo. Pero estos son menos.
Ayer tomaron posesión más de ocho mil alcaldes, casi todos los cuales prestarán brillante y gratuitamente su servicio a la comunidad hasta 2023.
Otros dejaron el cargo a quien les viene a sustituir. Cedieron el bastón de mando y se llevan a casa un punto de nostalgia y una impagable colección de vivencias por las que muchos deberíamos pasar.
Más de ocho mil alcaldes, unos sesenta mil concejales entre gobiernos y oposiciones, ocupándose de que llegue agua a los grifos, de que la calle esté iluminada y limpia, de que la basura se recoja, de que el polideportivo esté abierto a su hora, de que el tráfico sea soportable y la contaminación se reduzca en lo posible, de que la plaza esté bonita, de que la escuela se pinte durante el verano aprovechando las vacaciones de los chicos y chicas, de que la convivencia sea pacífica en el vecindario, de que la vivienda sea asequible para los que tienen menos, de que los servicios sociales lleguen a los más mayores, de reparar el socavón que las lluvias torrenciales formaron en no sé qué cruce de calles, de que se cubra la baja del bibliotecario, de ordenar la ciudad, de asumir los nuevos retos de la movilidad urbana para que bicis y patinetes circulen con seguridad.
Muchas. Hay muchas personas ocupadas de que la cosa marche bien en el sentido más amplio que se pueda conjugar. Hoy han tomado posesión todas las que lo hacen desde el entorno local, de suyo, el que asume la competencia en los asuntos que tienen que ver con la vida cotidiana.
Nos conviene quererlos mucho. Y, además, casi, casi, casi todos, se lo tienen bien ganado.
¡Suerte con lo nuestro, amigos! Nos hace muchísima falta que la tengáis.
¡Enhorabuena!
El dibujo es de mi hermana Maripepa.