domingo, septiembre 29, 2019

No es un juego



Si usted vive en un barrio no acomodado (los acomodados también se libran de esto) habrá visto proliferar en las calles decenas de locales de juego de toda índole. Fíjese que muchos de ellos están muy cerca del colegio al que lleva a los niños.

El lobby del juego ha dado durante la crisis con el gran filón: las familias de menos fortuna, que buscan por todos los medios, incluso por este tan dudoso, devenir en una situación mejor con un pelotazo en modo de apuesta múltiple que, claro, casi nunca llega.

Son los malos y han venido a por su dinero. A por el suyo. No están buscando los beneficios negociando con las grandes fortunas, que son pocas y tienen sus ahorros a muy buen recaudo. Están buscando el dinero de los que por desesperación se lo juegan y, como dice el dicho, por obligación lo pierden.

¿Una ignominia? Pues sí.

Nada es casual.

La vigente Ley del Juego se fraguó en el último Gobierno de Zapatero y entró en vigor y se desarrolló durante el primero de Rajoy. El lobby es poderoso y el vacío legal inmenso; apenas está regulado por el Código de Conducta de la Dirección General del Juego, firmado en 2012 y por un Decreto del año anterior sobre los aspectos técnicos de la actividad.

Datos para la reflexión:

El ministro de Justicia del Gobierno que puso en marcha la Ley, Rafael Catalá, venía directamente de ser secretario general de CODERE, la mayor empresa del sector, a cuyo seno ha vuelto este septiembre en un alarde de puerta giratoria que ya se podría denominar ventilador. CODERE estaba asesorada por el bufete que había creado el entonces ministro de Hacienda, aquel tal Montoro, el mismo que bajó al 20% el tipo del impuesto de actividades económicas que gravaba a los operadores on line, que era del 25.

Está dicho aquello de que un tonto jode un pueblo. Lo que aún no se ha escrito es que, si es ministro y no es tan tonto, lo que jode es un país.

La publicidad tampoco ayuda. A hacer crecer este negocio arruinador de familias incitan Cristiano Ronaldo, el otro Ronaldo, Neymar, Rafael Nadal, Del Bosque, periodistas famosos, el actor Carlos Sobera y hasta el tipo este de Gran Hermano, Jorge Javier Vázquez, con la inestimable ayuda de la princesa esa que no es tan princesa. José Coronado, Roberto Álamo… Un sinfín de sujetos de la farándula que necesitan también lucrarse del dinero de usted.

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Las cifras abruman. Más de 43.000 millones de euros (el 1,5% del PIB) cambian de manos entre locales de juego y plataformas de internet. Van de sus manos de usted a las manos de ellos, no se engañe. Y tengo para mí que les importa un huevo el número de familias a las que arruinan o el número de patologías o de suicidios que provocan. Crece, según los datos oficiales, de manera exponencial el número de menores que se enganchan compulsivamente a las apuestas deportivas y el póker on line. En 2017, el 75% de los equipos de la Liga de Fútbol Profesional estaban patrocinados por una casa de apuestas. Las transmisiones de radio y de televisión están infectadas de llamadas a apostar y de publicidad encubierta sobre el juego.

La Universidad Carlos III y la empresa CODERE, en su informe anual de 2017, cifraron en más de 3.000.000 de personas las que pasaron por los 3.150 locales de juego que ya entonces había repartidos por el país. De ellos, 400.000 ya se han diagnosticado como adictos. Solo en la Comunidad de Madrid el número de locales creció un 300% en los últimos 5 años, concentrados en los barrios de Vallecas, Carabanchel y Bravo Murillo. El mercado de las apuestas deportivas se ha multiplicado por 2,5 en similar período de tiempo.

El poder de la patronal de la cosa es omnímodo (Montoro, Catalá…) y, curiosamente, el decreto que preparaba el actual Gobierno para regular la publicidad que embauca, entre otros, a nuestros hijos, no ha podido ver la luz como consecuencia del bloqueo institucional al que este país está sometido (era uno de los compromisos del pacto presupuestario PSOE-Unidas Podemos para 2019, que como es sabido, ya no verá la luz).

Neguémonos a esto. Señalemos a la gente sin escrúpulos que desde las empresas, las instituciones o los medios de comunicación hacen dinero extendiendo esta suerte de pandemia que arruina y mata. Acabemos. Los que juegan son ellos. Es con nosotros. Recuerde: la banca siempre gana.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, septiembre 22, 2019

Género (y número)

Un hombre mata a tiros a su ex, a la hermana de esta y a su madre en Pontevedra. Sus hijos ven como acaba con la vida de su madre, de su tía, de su abuela. También delante de sus dos hijas, otra mujer es asesinada en Madrid esta semana.
Van 43 mujeres asesinadas este año por sus parejas o exparejas. Ningún hombre.
Y, sin embargo, no quieren que sea un problema de género. Lo quieren un problema de violencia intrafamiliar. Que se entienda, como si dijéramos, cosa de la intimidad de las parejas, un asunto ajeno al ámbito público. O sea, que no sea su problema. Que usted no sea parte del drama. Lo quieren llamar ‘intrafamiliar’: perteneciente a la esfera de las cosas que se ventilan dentro del estricto ámbito de la convivencia.
Usted puede opinar de lo que sucede en su casa, que es su castillo. Y, en lo global, puede estar de acuerdo en que matar no está bien. Incluso nada bien. Pero ¿cómo separar ese concepto global de que matar esta feo, de las muertes que se producen en el exclusivo ámbito de la familia? Llamémoslo violencia. Y estemos en contra de todo tipo de violencia. Es violencia igual.
Tratar de manera diferente las circunstancias que son diferentes nos llevaría al caos normativo. A la discriminación positiva de una parte de la sociedad (la que muere) en contra de la otra parte (la que mata). Y eso sí que no. Subvierte el más elemental principio de igualdad.
La lucha antiterrorista y la desigualdad en el trato de los crímenes cometidos con esa motivación respecto de otros crímenes, está perfectamente identificada, como es normal. El tratamiento a las víctimas de los crímenes terroristas está perfectamente diferenciado del tratamiento de las víctimas de otros tipos de violencia. Aquí sí se entiende la discriminación. Se justifica, se aplaude, se protege. Las víctimas del terrorismo se asocian, se manifiestan, se hacen recibir por presidentes y parlamentarios, acuden a las sesiones del Congreso para influir en las normas que se dictan, señalan uno a uno a sus damnificados insistiendo (con razón) en las vidas que truncaron. Los partidos abanderan el sufrimiento de los supervivientes, les dan voz, subvenciones, prometen y promueven un trato diferenciado.
A nadie se oculta que el terrorismo machista lleva más muertes en su haber que el terrorismo, pongamos, de ETA. Ello a pesar de que las victimas del machismo se cuentan desde después que las víctimas de ETA. A pesar de que del terrorismo de ETA tenemos cifras ciertas y ha terminado, y del terrorismo machista, ni las cifras son escrupulosas, ni nadie se atrevería a aventurar una fecha de fin.
Me encantaría saber qué hubiera pasado si en el minuto de silencio que promovió el miércoles el Ayuntamiento de Madrid por el último asesinato, algún grupo político se hubiera desmarcado de la pancarta oficial que rezara ¡FUERA ETA! para ponerse tras otra en la que se leyera ¡REPUDIAMOS TODA CLASE DE VIOLENCIA!
20190921_224623Pero eso no fue lo que pasó. Vox se desmarcó de la pancarta oficial con el lema ¡BASTA YA! NO A LA VIOLENCIA DE GÉNERO para desplegar otra que decía LA VIOLENCIA NO TIENE GÉNERO. A estos de Vox les importaba un huevo la muerte de una mujer más. Su necesidad era reivindicar que las muertas son muertas y que lo mismo da quién las haya matado. El alcalde Almeida se lo reprochó: Tampoco yo creo en la ideología de género ni en el feminismo del 8 de marzo, le dijo, pero me debíais haber avisado antes. No sé si sería para decidir tras qué pancarta situarse.
Estos son los mimbres. Con estos elementos se gobiernan ayuntamientos, diputaciones y autonomías: todos aquellos en los que la suma PP, Ciudadanos y Vox alcanzaba la mitad más uno, con independencia de cuál fuera la lista más votada.
Y a la vez, a la misma hora, en el mismo Madrid, la izquierda española, llena de principios, de razones, de integridades morales, de insomnios (de excusas), permitía la disolución del Parlamento y la convocatoria de una nueva contienda electoral. Todos muy sentidos, todos muy, pero que muy ganadores del puto relato de los acontecimientos, se meaban en sus votantes y le daban una nueva opción a la derecha de volver a regir los destinos de España. A esa derecha, no a otra, a esa que han sumado entre todas las derechas (como si hubiera más de una) y se niega a diferenciar los crímenes machistas bramando contra la ideología de género, para proteger no sé qué sacros principios jurídicos.
Y ¿piensa de verdad que somos iguales?
No. No somos iguales. Ni nos parecemos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, septiembre 15, 2019

Ronda de consultas

Si uno se pone estupendo y empieza con aquello de las verdades universales, es francamente probable que termine por meter la pata y, como mínimo, quedar como un imbécil cuando dé por absolutas verdades que lo son solo a medias.
Verdades universales: La Tierra orbita alrededor del Sol, y alrededor de esta, la Luna. Otra: Belén Esteban no es princesa.
Se aprecia que algunas verdades absolutas no tienen por qué ser inmutables, es decir, pueden resultar ciertas en todo lugar, pero no en todo momento. De la misma Letizia Ortiz se podría haber predicado la segunda de las dos verdades anteriores:  no nació princesa y, sin embargo, después lo fue y ahora es reina.
La asunción de la Jefatura del Estado por parte del general (-ísimo) golpista Francisco Franco fue ilegítima, pues se produjo como consecuencia de un golpe de estado cruento que mantuvo a este país tres años sumido en una guerra descarnada. Esta verdad es absoluta, universal e inmutable (aunque algunos todavía hoy no hayan terminado de asumirla). Y nos conduce a otra no menos absoluta: la entronización de Juan Carlos I como sucesor designado por quien accedió y siempre ejerció ilegítimamente el poder es, de suyo, ilegítima. Sin embargo, el ejercicio posterior de tan honroso cargo sí se legitimó abrumadoramente por las urnas al someterse a referéndum la Constitución Española de 1978, desde cuya promulgación se debe entender que la Monarquía Borbónica quedó restituida en la persona del entonces ya Rey. Ya está. Es verdad y, por lo tanto, no ofende (mucho). Tan campante.
Aquel Rey bondadoso (y cazador en términos generales) convocó durante los 39 años de su reinado diez ‘rondas de consultas’ previstas en la Constitución que lo legitimó para proponer candidato a la Presidencia del Gobierno, candidatura que, según es sabido, después el Congreso de los Diputados dilucida y resuelve en los llamados debate y votaciones de investidura. Estos pueden terminar con presidente electo o sin él, pero ese es otro cantar. Esta es otra verdad, no hay más que contarlas: fueron diez.
Felipe VI, el varoncito del matrimonio Borbón y Grecia (no el mayor, ni el más listo, el varoncito) accedió al Trono (no confundir con el poder) tras la abdicación de su padre en un momento en el que la Corona hacía aguas (menores y mayores) por todos sus poros. De esta verdad habrá quien dude, así que no la declararemos absoluta por el momento, hasta que alguien decida que se puede contar todo sobre este particular y sepamos hasta qué punto las aguas eran mayores.
20190915_002101De esto hace cinco años y la ‘ronda de consultas’ (esta para encargar a uno que se la juegue en la investidura e intente formar gobierno) que el monarca ha convocado para mañana (veremos con qué éxito) hará la número siete de su aún corto reinado. Si la cosa sucede como yo me malicio, o no habrá candidato o no será elegido presidente tras el debate y posterior votación, así que en noviembre tendremos nuevas elecciones y ya para enero o febrero, cuando refresque, aún durante el año quinto de su reinado, Felipe VI, el varoncito de los Borbón y Grecia, el Rey, tendrá ocasión de convocar otra ronda más u otro par de ellas, llegando con ello a la novena de su era. Como Rafa Nadal, o así.
Se intuye de esta progresión una verdad que no me atrevo a calificar de universal, pero que ronda a mi juicio la cualidad de absoluta: estamos en un puto lío.
En serio. Estamos en un puto lío. Me temo que acabará siendo una verdad verdadera.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, septiembre 08, 2019

Y empieza el cole


50.000 alumnos continuarán recibiendo sus clases en barracones, básicamente repartidos en las comunidades del Levante español. Todas van reduciendo poco a poco (porque era mayor) el número de chicos y chicas hacinados en esta suerte de solución provisional, excepto Cataluña, donde el número crece. El no gobierno hace daño. El no gobierno hace tanto daño…


El déficit de docentes se ha cifrado en 26.000. El déficit acumulado en euros del sistema educativo, en 7.000 millones. ¡7.000 millones! El dinero que no se ha puesto en los presupuestos de las diferentes comunidades autónomas, sin duda, porque otras prioridades urgían a los gobiernos (no era la sanidad, en la que los recortes continúan y continúan, ni era el sistema de protección a la dependencia, que todavía no se han llegado a creer bien, bien, nuestros políticos).
La flamante presidenta de la comunidad de Madrid (la de los cigotos con plaza en la guardería) lo resuelve creando una Dirección General de Enseñanza Concertada. Ahí es nada. Y pone al frente a una señora experta en la gestión de centros educativos privados de élite. De la educación pública, aquella que se consagró como universal y gratuita… de esa ni hablamos.
Anele, que es la Asociación Nacional de Libros de Enseñanza, se queja ahora hondamente porque las autoridades autonómicas se meten en sus cosas y quieren que en cada comunidad los contenidos se escriban a la carta. Y mal, porque tanta particularidad eleva los costes de producción (aparte de que Wilfredo el Belloso nunca se llamara Wilfredo el Piloso, que los canarios no quieran dar los ríos de España o que la Corona catalano-aragonesa nunca existiera realmente) y les hace el negocio menos lucrativo.
Recordemos: Anele fue el lobby que torpedeó el programa ‘Escuela 2.0’ con el que José Luis Rodríguez Zapatero pretendió que los contenidos educativos estuvieran accesibles en red y que cada chaval y chavala los pudiera descargar desde un ordenador portátil, porque veía peligrar los pingües beneficios del libro de papel que, asombrosamente, aún subsiste.
El gasto medio por hijo en las familias españolas será de casi 2.000 euros en el curso 2019/2020: 1.176, según la OCU, si optó por la enseñanza pública; 2.617 euros por hijo si eligió la concertada; 6.171 euros si se decidió por un centro privado. De momento, si tiene dos niños, prepare unos 600 para libros (en papel, claro), cuadernos, pinturas, babis, plastilina, chándal…
Servicios públicos, iguales, universales y gratuitos. La enseñanza ya no es. ¿Quedará algún otro?
Y sin gobierno. Cada vez más lejos. Cada vez más descompuestas las relaciones entre unos y otros. Sánchez Castejón, Pedro, que con Unidas Podemos ni a heredar, que no se fía, que ese tren era el de julio; Iglesias Turrión, Pablo, que si se lo dan gratis que se las van a hacer pasar putas en lo que aguante la legislatura… Mientras Espinosa de los Monteros, Iván, está preocupado porque dice (que sea mentira es lo de menos) que hay más niños asesinados en España por mujeres que por hombres; Rivera Díaz, Albert, está preocupado porque le están dejando solo y los ‘compis’ le escapan vivos con la excusa (menor) de que no se puede ser tan de derechas y apoyar al PP madrileño (¡al PP madrileño!) entre otros, después de todo lo que han cacareado de la regeneración democrática; Casado Blanco, Pablo… nada, este nada. Así que sin gobierno que, ni está, ni parce ya que se le espere.
20190908_010338De Educación no hablamos. Total ¿para qué? No construiremos los centros que cobijen a los 50.000 alumnos que no tienen aula, no aportaremos el dinero que hace falta en los presupuestos, no contrataremos a los docentes que necesita el sistema, no sabremos hacer de los libreros aliados leales en la tarea, no prestaremos el servicio, tal y como está escrito, de manera universal, igual y gratuita.
Usted prepare los 600 de aquí a mañana, que ellos están muy ocupados con sus cosas. Y ya ve que sus cosas casi nunca son las nuestras.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, septiembre 01, 2019

¡Salvini! ¡Salvini! ¡Salvini! ¡Cómodo! ¡Cómodo! ¡Cómodo!


 Si ciñe una corona de laurel sobre sus sienes y riza un poco su barba poblada, verá convertido a Matteo Salvini en el mismísimo Lucio Aurelio Cómodo Antonio, Cómodo, el último emperador de la dinastía Antonina (aquel ególatra que se sabía por encima de cualquier institución pública y se comparaba a sí mismo con el propio Hércules).


Y a él también le ha pasado.

Ha eclipsado a toda personalidad del Gobierno italiano, presidente incluido, a sus socios del Movimiento 5 Estrellas (partido más votado en las elecciones de 2018 en Italia), al presidente de la República, a cualquier otro ministro del gabinete. Italia toda ha sido Matteo Salvini, el libertador, el César.

Matteo Salvini ha gobernado Italia de facto y desde Twitter, técnica cada vez más empleada por estos políticos mediocres que se entronizan en las encuestas a base de lanzar mensajes que llegan al corazón mismo del ‘pueblo llano’.

‘Los italianos primero’ (¿le suena?): he aquí el leitmotiv de su discurso ramplón, inmerso en la infrapolítica, sin otra estrategia que la de remover las tripas y adormecer las conciencias de las clases más desfavorecidas entre las que, como en España, ha cundido la especie de que todo negro, todo migrante, ha venido aquí para quitarnos el trabajo. ¿Qué importa la vida de un centenar de negros pereciendo en un barco, frente a la inmensa campaña mediática que supone negarles la entrada al país bajo la gran idea-fuerza ‘los italianos primero’?

Las clases más pudientes encantadas, claro, porque ese liberalismo feroz implica una política fiscal ausente de presión recaudatoria, o sea, supone enriquecerse y un Estado carente de servicios públicos que supone enriquecerse aún más.

Así que ¿quién pierde? Si los poderosos se frotan las manos y se descojonan de la falacia del sujeto y las desclasadas clases no favorecidas enfebrecen ante el grito no menos falaz de ‘tú antes que nadie’ ¿quién pierde?

¡Twitter! ¡Twitter! ¡Twitter! ¡Cómodo! ¡Cómodo! ¡Cómodo!

En olor de multitudes digitales, Mateo Salvini, cabalgando las olas sobre su moto acuática, mojito en ristre, como un verdadero chulo de playa, alza los brazos y extiende la mano (derecha) sobre su pueblo. ¡Aclamadme! ¡Amadme y seréis recompensados! ¡Votadme y aun lo seréis más!

Pero el sentido común es previo a todos los demás sentidos, también al sentido político y al tacticismo de la oportunidad. Y el sentido de la responsabilidad alcanza también a los que, pretendidamente antisistema (M5S), se enfrentan al destino de un país y a la amenaza de ese populismo extremo de consecuencias todavía no probadas. Italia no quiere césares. El mundo no necesita césares, ni trumps, ni salvinis que vengan a salvarlo (valga la redundancia). El mundo solo necesita cordura y, como hay quien lo sabe, los italianos de bien (más acostumbrados al pacto que los españoles, como está quedando de manifiesto en las últimas semanas) negocian y acuerdan. Salvini está fuera. El emperador se ha quedado compuesto y sin novia después de que los socialdemócratas italianos sumaran con el M5S, se sentaran en la misma mesa y decidieran poner coto a las intenciones megalómanas de un sujeto sin escrúpulos que pretendía, solo, alzarse con el poder omnímodo del emperador de Roma.

Y ahora brama. Grita. Se revuelve. Convoca a la revuelta. Pero está fuera.
El hombre que, él solo, ha puesto en jaque las políticas migratorias europeas, que se ha saltado todas las reglas de la mano de los personajes más siniestros del viejo continente, el que ha conseguido resucitar el fascismo más clásico en un país que ya lo creía enterrado, ha visto fracasar su moción de censura y truncarse su ambición de unas nuevas elecciones que lo llevaran a lo más alto de la política italiana, alentado por las encuestas que le prometían repetir los resultados de las pasadas Europeas.
Es solo una tregua, porque en Twitter triunfan las propuestas que tocan la fibra sensible de ese ‘pueblo llano’ que está hasta los cojones de la vieja política. Y en las urnas, después, triunfa Twitter.

Así que es solo una tregua.

Habrá que pensárselo. Los mensajes ultrapopulistas están en boga: menos Estado, menos impuestos, más libertad para los mercados (no confundir con la libertad para las personas), más cierre de las fronteras para repartirnos todo entre nosotros…

Responda solo a una pregunta: ¿quién pagará por los servicios públicos cuando ya no sean públicos?
O a dos: ¿quién es ese ‘nosotros’?

(A ver si al final ese ‘todo’ se lo van a repartir entre ellos.)

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 25, 2019

25 de agosto

Y Agosto se muere.
Lo voy a escribir Agosto, así, con A grande, porque se ha merecido este trato de respeto, después de haber sido el gran mes en España desde que los trabajadores tenemos derecho a vacaciones. Y también por este de 2019, que va quedándose viejo en el calendario.
Y se muere.
img-20190824-wa0019Este 25 de Agosto (San Luis Rey de Francia, felicidades a luisas y luises) un millón de personas mirarán el calendario con entre esperanza y resignación. Abrirán el capó del viejo Laguna para comprobar el aceite del motor y pasarán por la gasolinera para llenar el depósito y comprobar la presión de los neumáticos, con tal de no dejarlo todo para el último día o, por mejor decir, para que nada pueda fallar y sea, realmente, el último día.
Ese camarero que le miraba de soslayo en el chiringuito los primeros días parece que le ha cogido cariño. Usted a él no. A usted le sigue pareciendo un maricón de playa con esos abdominales abultados, que parece Aznar, ese torso depilado y ese moreno insultante que está seguro de que es de microondas (o de rayos UVA, que para el caso es lo mismo). Pero ya le sirve el tanque helado de cerveza en cuanto le ve aparecer y eso es un punto.
Hojea el periódico: operaron ayer al Rey viejo de algo de corazón, —este sí que está ya averiado— se dice; en Biarritz hay dos policías por habitante con eso del G7; en la frontera franco-española hay un pifostio de mil pares de cojones por lo del contra G7, jodiendo la operación retorno de miles de migrantes (estos legales) que vuelven de África a sus países de adopción con la baca del coche hasta las mismísimas trancas de colchones y enseres imposibles; el Audaz está fondeado frente a la costa de Lampedusa intentando comprender qué coño pinta allí con toda su dotación de hombres uniformados mirando al tendido; en Andalucía las están pasando putas con una partida de carne podrida que se ha vendido por miles de unidades, tanto allá, como en otros cuantos territorios en España, mientras la Junta miraba para otro lado y ahora… que si fue que si vino; Placido Domingo que si las ha visto que no se acuerda; Sánchez que no ha llamado a Iglesias; Iglesias que Sánchez no le ha llamado y se ha ido de vacaciones sin pactar la investidura y con la isla de Gran Canaria ardiéndose viva (ayer fue por ahí en un derroche de hombría de Estado a ver qué tal iba la cosa y a agradecer de corazón el oficio y el coraje de los profesionales que… tal y cual); en la comunidad de Madrid ha tomado posesión una chiqueta que dice que los cigotos tienen que tener plaza de guardería y con algún negocio turbio que aclararle al respetable si quiere salir con bien de la estela de corrupción que precede a su mandato… La infrapolítica, se dice. Son cosas de la infrapolítica, de principio a fin. Infrapolítica. Política, así escrita con P grande como la A de Agosto, ya no está. Ni se la espera. Pero celebra no ver ningún asesinato machista en estos últimos siete días. Lo celebra en serio.
El camarero maricón de playa le ha puesto otra cerveza con un guiño (él sabe que solo se toma una y a hurtadillas, pero a esta le va a invitar él, que para eso ya es cliente habitual): a esta le invito yo —le dice— que para eso ya es usted cliente habitual. Su suegra ha dejado de bajar a la playa con la familia con la excusa de la espalda, pero usted sabe que lo que le pasa es que está hasta el coño de mamonear con los niños en la orillita del mar, comiéndose la arena de los castillos que jamás se llegaron a parecer a un castillo, con lo fácil que es. Le importa un huevo. Su mujer ya le ha sugerido cinco o seis veces que hay que empezar con las maletas y que ella no piensa hacer nada al respecto, que bastante ha tenido con mantener en condiciones de habitabilidad ese zulo infecto al que llaman por eufemismo ‘apartamento’ que le colocó aquel compañero sin escrúpulos hace casi treinta años.
Se muere. Agosto se muere.
Habrá tráfico intenso a la vuelta porque saldrán el mismísimo día 31 para no perder ni un solo día de tortura solar. Un sudor frío le recorre la frente; sí, habrá tráfico intenso.
Y ahora no se acuerda bien de cómo se sobrevive once meses a la normalidad, después de no haber sucumbido por los pelos a este paranormal. No se acuerda de qué asuntos dejó pendientes en la oficina, ni de la contraseña del correo electrónico. Se acuerda del sonido del despertador a las seis menos cuarto, del agua fría del afeitado, del olor del café que por fin no será de Melita, de la vocecilla estridente del encargado del departamento, el reprochador en jefe, que todas las mañanas tiene algo que echarle en cara. Pero no de la puta contraseña del ordenador.
Ya está. Cuando de la segunda vuelta de llave al cerrojo Fac de la puerta del apartamento y baje el último bulto al coche habrá terminado todo.
Y ahora no está seguro de si será para bien.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 18, 2019

18 de agosto

Izan aprieta los dientes en la orilla. A los catorce años de su edad, todo maduro ya, ha descubierto que su vida es miserable.
El apartamento que sus padres compraron en la playa antes de nacer él no tiene WiFi y su madre se ha negado a contratarle una tarifa de datos que aguante su intensa actividad social en las redes. ¿Para qué quiere el smartphone en esas absurdas circunstancias? Para colmo de sus males, en el supermercado de la urbanización no hay Nutella… Se tiene que conformar con la Nocilla de toda la vida, que no le gusta nada; los yogures griegos tampoco son de su marca preferida y cada vez que papá y mamá los llevan a comer al chiringuito de la playa comprueba que el pollo de la paella mixta no tiene sabor ninguno. Los amigos continúan su vida frenética en Instagram, pero Izan apenas ha podido subir un par de fotos mediocres luciendo su cuerpo en formación: apenas cinco likes.
Su hermana parece boba. Todo le cuadra. Le basta con repetir en la tablet una y otra vez los episodios de Ladybug que tiene grabados, así que no necesita datos para nada. Y no se queja ni de la puta Nocilla ni de los petit suisse de marca desconocida que les ponen para el postre. Parece que ni siquiera le afecta el calor insoportable de la habitación que comparte con él en el apartamento, hacinados en una litera como si fueran soldados. A Izan le toca la de arriba, claro, para eso es el mayor, pero aun así, le cuesta conciliar el sueño tan cerca del techo.
Su padre le ha prohibido volar el dron en la playa, por miedo a la denuncia de algún desalmado. Solo alguna tarde de sol insoportable se lo ha llevado a las afueras para practicar con él; no ha habido tiempo para hacer una sola foto buena que subir. ¡Y quedan todavía dos semanas!
Fátima, a los once años de su edad, es ya una mujer adulta. No aprieta los dientes en la orilla de la playa porque tiene muchísimo miedo. Busca a su madre entre los cuerpos desvencijados de los otros africanos que se hacinaban en la neumática. Otros que, como ellos, habían recalado en Siria tras miles de kilómetros para iniciar el viaje hacia la supervivencia. Tiene miedo porque no sabe si su madre habrá sobrevivido a los dieciséis días de travesía y no recuerda nada de los últimos tres. Tiene el recuerdo de la sed, de tiritar en el frío húmedo de por las noches, del sol del mediodía quemando en su piel oscura, del hambre de días. Y le resuenan en la cabeza las miles de historias que le contaron de niñas sudanesas como ella que acabaron violadas por los soldados o vendidas por la mafias de las que nunca más se supo. Rebusca entre las bolsas de los hombres muertos algo de comer. No sabe que está a salvo. No sabe qué es ‘a salvo’. Su hermano Nawed murió en el bombardeo de Duma (cerca de Damasco) el año pasado mientras esperaban el transporte. Fátima no sabe que el bombardeo se perpetró por una fuerza conjunta de Estados Unidos, Francia y Reino Unido, ni sabe que Nawed fue una de las poquísimas víctimas ‘colaterales’ de la operación que Trump había celebrado en Twitter con la escueta expresión ‘Misión cumplida’. De papá no guarda más que el recuerdo de cómo le acariciaba el rostro el día que le cortaron el clítoris.
A Fátima le cortaron el clítoris de muy pequeña, le enseñaron que el cuerpo no se enseña, que se reza cinco veces al día, que no se come jalufo, que al hombre de su vida lo elegirán por ella y que hay que dar muchas gracias a Alá por los dones recibidos. Se lo dijeron esto tantas veces que ahora, mirando a su alrededor y sin encontrar don alguno que agradecer, no sabe si tiene que rezar o no, ni por qué cosa hacerlo.
Insiste en mirar a su alrededor; su cerebro torturado le niega la sensación de ‘estar a salvo’ porque, a lo mejor, no está a salvo.
A las ocho y media de la tarde, Izan ha salido ya de paseo con sus papás a los puestos de los hippies. Sigue con los dientes apretados porque tanta injusticia se le hace difícil de soportar: prácticamente le han hecho vestirse de domingo para salir a tomar un helado.
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A las ocho y media de la tarde, Fátima sigue esperando con los ojos clavados en el horizonte, el sol ha caído y ya no le quema; canturrea inconscientemente una oración en voz casi audible. Ahora buscará algo para arroparse en la noche. Escucha las voces muy lejos de otra neumática que se acerca a la costa. Y la espera.
Fátima e Izan, los dos, miran al Este ahora. Es el mismo mar. Es la misma tierra. Apenas unas decenas de kilómetros entre el uno y la otra.
En el mismo mundo.
 A las dos de la mañana de este viernes, en el barrio de Tetuán, ha sido encontrado el cuerpo asesinado de una mujer de 49 años. La policía busca al asesino, presuntamente su compañero. El Ayuntamiento de Madrid ha decretado un minuto de silencio para el próximo lunes y no uno, sino tres días de luto oficial. Menos mal. Sería muchísimo mejor que no intentaran más nunca convencernos de que la violencia machista no existe.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 11, 2019

10 de agosto

Siempre se levanta pronto en vacaciones. Será el único momento de silencio durante el resto del día.
Los niños le hicieron pasar un viaje terrible peleándose por la consola y preguntando que cuánto faltaba, la abuela no ayudaba a poner paz, pero ya está olvidado y a esta hora todo está en calma. Ni siquiera hace demasiado calor en el piso sin ventilación cruzada que le vendió aquel compañero sin antes verlo. Al brincar el alba siempre refresca. Café. La Melita que compraron para el apartamento hace un café de mierda; también en esto debieron pensar que, para un mes, ya les valía. Respira un minuto mientras mira desconfiado hacia la puerta: ahí le espera el equipo con el que tendrá que colonizar el espacio de playa que le sea posible. Sabe que no será tarea fácil, que se enfrentará a enemigos poderosos y más madrugadores, sabe que el tiempo es oro en esta cruzada contra todos.
Sillas plegables, 4; paravientos, 1; sombrillas, dos; neveras de campaña, 2; alfombrillas, 5; hamacas, 2; crema solar protección 30, 1; crema solar protección 50, 1; crema solar pantalla total, 1; leche solar after sun, 2; pareos, 2; cubos provistos de pala y rastrillo con moldes de motivos submarinos, 2; camisetas de repuesto, 2;  toallas de baño, 4; bañadores de repuesto, 2; pinzas de la ropa para unir los pareos con el paravientos conformando un parapeto inexpugnable, una bolsita de 10 unidades; envases herméticos para restos de comida, 2; juegos completos de plato, vaso, cubiertos de plástico, 5; cenicero de playa, 1; libros, 1; cuadernos de crucigramas, 1; cuadernos de sudokus, 1. Imposible bajarlo todo en un único viaje al coche. Algunas cosas deberían quedarse en el maletero en vez de subirlas y bajarlas cada día. La leche solar afeter sun no, esa hace falta por la tarde para volver a embadurnar a los niños antes de aventurarse por los puestos del paseo marítimo. Y tampoco abulta tanto.
Sin embargo es la hora. Para cuando se levante la familia ya debe haber salido hacia la playa a montar el campamento. Llegarán después que usted con un sándwich que estuvo caliente y que le servirá para pasar la mañana hasta el mediodía que se abra la veda de las cervezas de la nevera II. Rectifica: cerveza. Solo habrá una cerveza para usted en la nevera II. La nevera I la llenarán con envases de contenido imposible que ofrecerán el avituallamiento de almuerzo comida y merienda para todo el contingente. En la nevera II habrá agua, mucha agua. Agua embotellada en distintos formatos para las distintas paradas. Refrescos para la abuela y para los niños y dos cervezas, pero a usted solamente le corresponde una.
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Lo del chiringuito era un mito. Lo del chiringuito exactamente no, más bien lo de que uno se podría pasar la mañana allí cociéndose a birras mientras la familia disfrutaba en la orilla de los castillos de arena adornados de caracolas y estrellas de mar construidos con los moldes de plástico que venían con el cubito la pala y el rastrillo. Eso es para otros, porque los puede ver empinando el codo mientras aplica la protección de pantalla total sobre la espalda blanca del pequeño.
La abuela está desconcertada. Es la primera vez que les acompaña. Las abuelas no son como eran: se descojona del botiquín de cremas, del color chillón de los bañadores de los niños, de la barricada construida a cuarenta metros de la orilla para evitar que el viento llene de arena los emparedados, del aburrimiento infinito de la mañana, del mediodía, de la tarde. Se descojona de usted, de su propia hija que le eligió a usted como compañero eterno de vacaciones, de la tumbona de mierda que le han asignado para dejar pasar las horas dentro de ese mar de personas humanas que flanquea el de verdad.
Los niños aún no lo saben, pero también se descojonarán cuando el uso de razón los lleve de la orilla a cinco calles más adentro, donde los bares de copas se despiertan al atardecer y no se acuestan hasta que el sol penetra por las rendijas de las dobles ventanas. En realidad eso también lo sabe. Ha resuelto cruzar ese puente cuando lleguen a ese río. Mejor que mejor. Bastante tiene hoy por hoy con lo que tiene.
Diez de agosto. Solo son 20 días… más.
(En la semana en la que publico esta entrada, otra mujer ha sido violada en grupo por cinco chicos de 18 y 19 años. Ha sido en Benidorm. Seguramente alguien le dirá que ella se lo había buscado, pero no se engañe: una violación no se la busca nadie. Ninguna chica de 22 se busca que la violen entre cinco.)
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, agosto 04, 2019

1 de agosto

Lleva usted una semana preparando maletas. Su mujer se desentendió de ese asunto desde que la pequeña decidió no acompañarles más nunca a Santa Pola. No encuentra el parasol.
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Las maletas para un mes son tan complicadas como las maletas que se harían para dar la vuelta al mundo. Total, Santa Pola está aquí al lado, pero cada viaje a la playa requiere de los preparativos de una expedición lunar.
Ya sé que lo sabe: habrá tráfico denso, un imbécil le adelantará por la derecha en la autopista poniendo a prueba sus reflejos… Bueno, al menos ahora hay autopista, no como entonces. La SER le recordará cada dieciséis minutos que debió contratar ese sistema de alarma que evita robos, intrusos y, en suma, todo orden de disgustos inmobiliarios producidos por terceros de malas intenciones.
El apartamento no está en primera línea de playa, ni siquiera en quinta. Aquel compañero de la oficina que, además, vendía seguros, le engañó. Usted lo sabía, sabía que no debía comprar sin verlo, pero le engañó.
Con lo de la cisterna no. De eso no tuvo la culpa el jodido vendedor de seguros. De eso se ha ocupado el tiempo. Pero la puta cisterna no funciona y cada verano la taza del váter tiene ese color anaranjado parduzco que indica que el agua estuvo goteando también estos últimos once meses. El fontanero (el mismo fontanero-estafador de los últimos treinta y dos años) volverá a cobrarle una suma desorbitada por un arreglo que podría haber hecho usted mismo si hubiera sabido cómo enfrentarse a una cisterna resentida.
¿Funcionará la nevera? El año pasado ya dio señales de fatiga. Obsolescencia programada, está seguro de que se trata de eso; los fabricantes se las saben todas. La instalación eléctrica… ya sabe que hay que revisarla, pero tampoco será este año. Los gastos de la Universidad de los chicos le obligarán a ser extremadamente cauto este verano.
Sabe que le esperan en el armario empotrado esas chanclas malditas que le harán rozaduras entre los dedos con la arena de la playa. Sabe que la sombrilla estará enrobinada porque el piso en invierno es muy húmedo. Y a lo mejor la tumbona en la que su mujer pasa las horas muertas panza arriba ya no está en uso para esta campaña. Eso es barato, se podrá permitir otra tumbona.
Las maletas esperan. El atasco está presto a formarse en el mismo momento en que su Renault Laguna aborde los primeros cincuenta kilómetros. Sí, el Renault Laguna también empezará a quejarse no tardando mucho.
Para cuando usted llegue a su destino será imposible encontrar aparcamiento a la sombra y el sol abrasará el volante de los coches que llegaron antes que usted. ¡Ah! El parasol… ¿Qué hizo con el parasol que le regalaron en el banco? Sabe que le costará encontrarlo y le costará un disgusto reconocer que ha perdido otro parasol.
En el apartamento de la playa no tiene el paquete fútbol de Movistar+. Y la silla plegable donde pasa las horas muertas delante del televisor de tubo es terriblemente incómoda. Pero para un mes tampoco le mereció la pena gastar mucho en equipar el puto zulo que le colocó ese ser infecto al que aún llamó durante años ‘compañero’.
Su mujer le está mirando inquisidora apoyada en el quicio de la puerta de la cocina. Se ha dado cuenta de que ha vuelto a perder el parasol y sabe que se quemará el culo cada vez que se siente en el viejo Laguna cuando la hora de comer indique que, por fin, se pueden largar del arenal abrasador atestado de ingleses con ampollas al que por eufemismo llamamos playa.
Pero es la hora. Cerrará la puerta con dos vueltas de llave y cerrojo. Apoyará la cabeza sobre el zaguán: ya echa de menos su sillón de orejas, su aire acondicionado y su canal de fútbol. A su espalda, un profundo suspiro y el sonido de otra cerradura le indican que su vecino del C también está en modo ‘inicio vacaciones’. Sus miradas se cruzan. Sobran las palabras.
Realmente es 1 de agosto.
(A la hora de escribir estas líneas otra chica de 18 ha sido violada en Bilbao por seis hombres de entre 18 y 36 años. Horas después una señora era apuñalada en la peluquería en la que trabajaba, supuestamente, por un admirador despechado. Si le siguen contando que la violencia machista no existe… sospeche.)
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 28, 2019

Año 2020, febrero



-¿Es verdad que se han cargado la Ley de Violencia de Género?
-Sí. Ahora la llamamos violencia intrafamiliar. Tantas son las mujeres que asesinan a sus maridos…
- ¿Y la de Matrimonio Homosexual?
-También. Mucho mariconeo era.
20190728_013002-De aquello de la eutanasia ya ni hablamos ¿no?
-No. Seguimos con eso de la voluntad de Dios.
-¡Oye! Y esa reforma del Estatuto de los Trabajadores que rebajaba las indemnizaciones por despido ¿ya está vigente?
-A trámite.
-Y han bajado el salario mínimo interprofesional otra vez…
-Claro.
-Y ¿lo de las ayudas a la Dependencia?
- A mi madre se la han denegado. Parado. No es prioridad.
-Porque lo de la universalización de la sanidad…
-¿Pero aún no tienes seguro privado? La pública se acaba.
-¿El aborto? La niña está embarazada… y son 19 añitos.
-¿A que votó a Vox?
-Sí.
-Pues eso.
-Y el Mediterráneo lleno de cadáveres.
-No son blancos.
-¡Pero no han subido los impuestos al diésel!
-No, no. Eso no.
-¿Madrid Central?
-Fuera.
-¡Y un par de ministros de Vox!
-Parecía imposible, ¿verdad?
-¿Qué pasó?
-Nos dejaron en la estacada. Nos timaron. Se mearon en todos lo que nos tiramos a las urnas en abril para evitar a esa derecha que quería llegar. No quisieron pactar, no supieron hacer su puto trabajo. Calcularon mal sus fuerzas: calcularon mal con lo de los demás.
-¿Lo hemos perdido todo?
-No. Solo hemos perdido lo suficiente. A ti y a mí no nos va a pasar nada.
-Y… ¿a ellos?
-¿Quiénes son ellos?
-Mi hija de 19, tu madre dependiente, la pareja gay que no puede legalizar su situación, el chico al que no permitirán el cambio de sexo, los trabajadores a los que el ERE dejará en bragas, los que van a los colegios públicos, los que vivían de alquiler, los que no encontrarán casa a un precio que puedan pagar, los de los contratos basura, los MENAS*, la mujer que puso una denuncia por maltrato…
-Sí. A ellos sí.
-Pues somos nosotros.
-Tú vas a ser de “la banda”.
-Igual sí.
-Se ha hecho tarde. ¿Un café?

(Al momento de escribir estas líneas un señor de Murcia ha asesinado a su hijo de 10 años y se ha colgado por el cuello en la cocina, a todas luces, para joder a su ex. Horas más tarde, en Sevilla, han tenido que inducir un coma a una señora después de haber sido apuñalada por su marido. Es una prueba evidente (otra) de que no hay por qué seguir avanzando, de que podemos tirar la toalla, de que ya no es necesario un gobierno de izquierdas, de que la violencia machista no existe, de que es mejor que gobierne la derecha de una puta vez y dejarnos de cuentos.

La otra es exigir a nuestros políticos que aprendan a hacer de lo suyo. Y que lo hagan. Pero no veo cómo.

Ya nunca más nadie se va a cagar en mis ilusiones. Porque ya han conseguido matarlas todas.)

*Se llama MENAS a los inmigrantes menores no acompañados; a los niños que llegan a España sin papá y mamá.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 21, 2019

El tonto y la luna

50 años después de que una misión norteamericana, la Apolo XI, consiguiera que el hombre pusiera un pie en la luna en aquel “pequeño paso para el hombre, pero gran salto para la humanidad”, el presidente del país, un primate con la cultura general de una gallina y la cultura política de su gallo peleón, se empeña alcanzar las más altas cotas del ridículo, de la pobreza intelectual. Se empeña en hacer retroceder a la nación a la que representa esos cincuenta años y otros cien más.
Pensábamos que Esperanza Aguirre representaba todo el catetismo que puede experimentar una persona en política activa (cómo no recordar aquella mención a José Saramago como la diseñadora Sara Mago, o la proverbial excusa que esgrimió por no haber visto la película Airbag, de Juanma Bajo Ulloa, diciendo que ella solo veía cine español). Pero no. El record de catetez de un político en activo ha trascendido nuestras fronteras y se ha ido a los Estados Unidos de América, donde su presidente, Donald Trump, le pregunta a la premio Nobel de la Paz, Nadia Murad, que a ella, en concreto, por qué la premiaron. Y se lo pregunta en el despacho oval, un sitio al que según parece obvio se debe acceder por invitación del propio presidente y previa una mínima preparación del acto por parte de su Gabinete. Se ve que los pobres no tuvieron un minuto para ilustrar a su titular acerca de quién coño era su invitada y el otro puñado de gente extraña que la acompañaba.
El desprecio de Donald Trump por la política, por la sociedad, por la cultura, por la mujer, por la igualdad, por la paz, justifica sobradamente que aquel acto no le mereciera el más mínimo interés, como así se demostraba en la cara de nada que mantuvo mientras duró y que ha dado la vuelta al mundo en videos del evento que se han convertido en virales. De hecho, debía estar repasando la retahíla de insultos que había lanzado ese mismo domingo a Ilhan Omar, esa congresista musulmana contra la que incendió a todo su auditorio en un mitin que quedará para la historia. Ella, junto con Ayanna Pressley, Alexandria Ocasio-Cortez y Rashida Tlaib, representan el ala izquierda del partido demócrata, convertidas en el “Escuadrón” y seguramente su lucidez, su discurso, su garra, las convertirán (si no lo son ya) en líderes del pensamiento libre en el mundo.
“¡Enviadla de vuelta! ¡Enviadla de vuelta!” gritaba enfebrecido el público asistente que, en algún momento, debió confundir el foro con un circo romano y esperaba a que el César, con el pulgar hacia abajo, sentenciara a la congresista a muerte.
Esta suerte de incitación al odio va un punto más allá de la condición de paleto del presidente estadounidense. Apréciese que en este país, por ejemplo, es un delito: la Fiscalía hubiera actuado de oficio contra un demente que, en olor de multitudes, se hubiera atrevido a lanzar semejante mensaje. No es la simple paletez de un irresponsable, es la preparación de un clima de miedo, de exaltación de la raza, de xenofobia pura, que al futuro candidato republicano a revalidar el título a la casa blanca le viene que ni pintado.
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Donald Trump ha convertido su presidencia en el hazmerreír del mundo, además de sumir a su país en la desconfianza económica más alarmante con la insensatez de sus guerras comerciales. Pero tiene en su poder un arma poderosa: el miedo a lo diferente que sabe despertar en la muchedumbre que le sigue a ciegas. Y la va a usar (esa y a lo mejor otras igual de mortales). Quiere volver a ser presidente, le ha molado. Y en su infinita irresponsabilidad, no le importa que su pueblo (el resto del mundo igual, por simpatía) pague el precio del odio para conseguirlo.
Trump parece ser el tipo que, cuando el sabio señaló a la luna, miró el dedo. Y lo amputó.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 14, 2019

Varón y mujer los creó

(O, dicho de otro modo, ‘al que Dios se la dé, san Pedro se la bendiga’)
El Vaticano, a través de la Congregación para la Educación Católica, que viene a ser como el Ministerio de homónimo de los países, pero sin alumnos a los que escolarizar, aulas que mantener, ni AMPAS con las que entenderse, ha dado a luz este junio un documento bajo el título “Varón y mujer los creó – Para una vía del diálogo sobre la cuestión del gender (género) en la educación”.
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El Papa ha comprendido que Dios no estaba para tonterías en aquel sexto día y que si creó al hombre y después le quitó un trozo para hacer una señora, no fue para que luego viniéramos nosotros con veleidades e ideologías, escogiendo cada uno para nosotros el género o el sexo que nos viniera en gana. No.
Así que ha declarado el estado de “emergencia educativa (sic), en particular en lo que concierne a los temas de afectividad y sexualidad”.
El fundamento científico del texto nace del libro del Génesis, quizás algo superado en nuestros días en cuanto al rigor de la narración de lo sucedido durante aquellos siete días (seis en realidad, que el séptimo fue de solaz y recreo), de modo que no se espera mucho de él en lo que se refiere a criterio bioquímico, psicológico, médico…
Es más profundo en lo que hace referencia a la ideología. Me refiero, lógicamente, a la de género, pues sus postulados intrínsecos (los del texto en cuestión) no nacen de ideología alguna sino de la misma Verdad: “En muchos casos han sido estructurados y propuestos caminos educativos que «transmiten una concepción de la persona y de la vida pretendidamente neutra, pero que en realidad reflejan una antropología contraria a la fe y a la justa razón». La desorientación antropológica, que caracteriza ampliamente el clima cultural de nuestro tiempo, ha ciertamente contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural”, reza. Y continúa sobre la ideología del gender asegurando que: “busca «imponerse como un pensamiento único que determine incluso la educación de los niños» y, por lo tanto, excluye el encuentro (…)”. Habla, así, de una metodología basada en tres pilares: escuchar, razonar, proponer.
Escuchar no ha escuchado, pues han sido ya muchos colectivos los que han puesto el grito en el cielo (nunca mejor dicho) por no ser llamados por la Congregación a consensuar los aspectos pedagógicos y científicos de un texto que el Vaticano pretende guía educativa. Lo de razonar tampoco es menester, dado que la cosa se apoya en el dogma de creacionismo, que per se excluye en sí mismo la razón. Y proponer… proponer, sí propone. Y ¡hay que ver lo que propone!
La ciencia hace ya días que convino en que el sexo genético no siempre determina la sexualidad. Define casos de hermafroditismo, pseudohermafroditismo, transexualidad…, en los que se estudia el caridiotipo (cromosomas sexuales XX en la mujer y XY en el hombre) para concluir que la aparición de pene y vulva como órganos sexuales externos no desvela inequívocamente la condición de hombre o mujer de un individuo.
Pero ¿para qué iba la Santa Madre Iglesia a andarse con indefiniciones de esta naturaleza cuando está claramente escrito que ‘varón y mujer los creó’? ¿No se habría escrito en el Génesis ‘Varón, mujer y LGTBI los creó’ si, en su omnisciencia, el Creador hubiera querido más géneros?
La Iglesia ha dicho claramente que mariconadas las justas. Que la justa razón (¡la justa razón nada  menos!) nos muestra que “Estos enfoques convergen en negar la existencia de un don originario que nos precede y es constitutivo de nuestra identidad personal, formando la base necesaria de nuestras acciones.” ¿Cómo se queda?
Pero hay más: al negarse a disociar entre género y sexo, el documento afirma que “De esta separación surge la distinción entre diferentes “orientaciones sexuales” que no están definidas por la diferencia sexual entre hombre y mujer, sino que pueden tomar otras formas, determinadas únicamente (añado yo ¡oh escándalo!) por el individuo radicalmente autónomo. Asimismo, el mismo concepto de gender va a depender de la actitud subjetiva de la persona, que puede elegir (¡oh escándalo!) un género que no corresponde con su sexualidad biológica y, de consecuencia, con la forma en que lo consideran los demás (transgender)”.
Cabría preguntarse que ofende tanto a la Santa Madre Iglesia del hecho aparentemente simple de que cada uno viva su sexualidad como le venga en gana, por qué continua en su secular empeño de distanciarse de la realidad e imponer a su grey otra más acorde a su pensamiento, aunque sea a base de ignorar a la ciencia, a la sociología, a la ley y a esa verdad con minúscula (la que va con uve grande yo no me la creo) con la que cada uno contendemos cada día para llegar a fin de mes, llevar a los niños a la escuela, evitar el atasco de la operación salida o mantener dignamente nuestra relación con el prójimo.
Sigue la Iglesia negando legitimidad a lo diferente, a lo que no concuerda con ‘su libro’, a lo que estorba a su moral impostada (y tan gravemente transgredida con insultante frecuencia, precisamente en lo que se refiere a la cosa del sexo).
Y me pregunto yo ¿cuál es el fin? ¿Qué buscan anclándose en la Baja Edad Media, negando la evidencia de que el mundo es como es y no como ellos han pretendido que fuera?
¿Serán solo sus propios miedos? Ciertamente, cada avance de la civilización arranca un pedacito de verdad a esa Verdad a la que ya pocos se aferran. Ciertamente se van quedando sin socios a medida que la realidad (tozuda como es) se impone a los credos declarados indiscutibles, porque la fuerza de la razón los ha discutido todos y se sujetaban difícilmente en pie. Ciertamente, la Iglesia está en serio peligro de extinción, en estado de alarma.
Negar las evidencias sobre el género es del género bobo, así que hablar de sexo desde esta óptica bizca que nos proponen conducirá directamente al sexo, pero al de los ángeles. Y de ahí, a los fichajes del mercado de verano, porque aquello otro habrá dejado de tener el más mínimo interés.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.