domingo, febrero 23, 2020

La presidenta y los paletos

Quienes tenemos ya cierta edad no podemos evitar mirar con un punto de desgana el plantel de primeros espadas de la política que nos va dejando la democracia.
Recordamos aquellos debates parlamentarios en los que se fajaban Santiago Carrillo con Leopoldo Calvo Sotelo o los discursos de Jordi Solé Tura o de Francisco Fernández Ordoñez en los momentos estelares de la construcción de nuestro entonces nuevo Ordenamiento Constitucional. Recordamos las intervenciones de Fernando Morán, ha muerto esta semana, que fuera objeto de todo tipo de burlas (¡cosas!) mientras consolidaba la entrada de España en las instituciones europeas y, con ello, en el concierto internacional. Y nos sonroja ligeramente asistir a los encontronazos de polígono en los que se ha venido a convertir la actividad parlamentaria de nuestros días, pero los asumimos como parte del devenir de los tiempos, del fracaso de los sucesivos sistemas educativos o, simplemente, de la vulgarización de las instituciones que trae causa, entre otras, de ambas circunstancias.
Como no podía ser de otra manera, en el panorama político hemos tenido de todo. Ha estado Luis Roldán al frente de la Guardia Civil y Esperanza Aguirre al frente de casi todo lo que un ser humano puede enfrentar en política (ministerios, cámaras legislativas, comunidades autónomas…). Personas de todo pelaje que, en casi todos los casos, nos han enseñado cosas para bien o para mal, siguiendo sus movimientos, sus discursos o sus manifestaciones públicas. Incluso gente siniestra, como los propios José María Aznar y señora, o gente que se oscurece con el tiempo, como se podría observar de la trayectoria pública del presidente González. En fin, de todo.
Sin embargo, el tiempo parece haber jugado sus cartas del revés. Así, en lugar de consolidarse la gobernanza de las instituciones de la democracia con la experiencia y bagaje de los personajes que se han sucedido representándolas, se ha producido una depreciación insólita del capital humano llamado a dirigirlas. Y ello hasta tal punto que ha aparecido en escena Isabel Díaz Ayuso.
Isabel Díaz Ayuso es, simplemente, el horror. Únicamente le falta bizquear de un ojo para que su sola presencia imponga a quien la mira un miedo sobrenatural. Es como Álvarez Cascos, pero sin la presencia corpórea de un cíclope. Armada de un coeficiente intelectual imposible de determinar y pertrechada del atrevimiento que produce, como de suyo, la ignorancia, Isabel Díaz Ayuso dice cosas.
Todo el rato dice cosas.
Cosas y cosas.
¿La nueva? Esta de los paletos.
20200223_012523Si ya resulta sorprendente escuchar hablar de paletos a Isabel Díaz Ayuso (huelgan las explicaciones por su evidencia), aún lo es más si cabe escuchar el ‘razonamiento’ completo, porque Isabel Díaz Ayuso lo que dice es que son paletos (¡paletos!) aquellos que reivindican su origen y se ponen en modo de hacerlo valer. No es que piense yo que haber nacido en Zarzaquemada (Leganés) te convierta en algo diferente al natural de Ponferrada y que esa circunstancia otorgue a unos seres humanos especiales privilegios de linaje o condición sobre los otros, pero ¿paletos? Pues dice la buena señora que es paleto el leonés que reivindica ser de León, el balear que se enorgullece de las Baleares, el catalán o el navarro que pone en valor sus señas de identidad para sentirse parte de un pueblo. Y les acusa, por más señales, de crear ‘falsas identidades’ allí donde no las había. Démosle un poco más de tiempo y sabremos lo que opina sobre gallegos, andaluces o castellanos.
Isabel Díaz Ayuso es la presidenta de la Comunidad de Madrid. Ella no lo sabe, pero es una persona importante en el concierto de los pueblos de España y representa, precisamente, al que aglutina todas las identidades, las mezcla y las hace convivir en la fabulosa amalgama de orígenes y pareceres que son las grandes concentraciones urbanas. No lo sabe y se viste de chulapa en las fiestas de San Isidro para parecer un poco menos madrileña, supongo. No lo sabe y actúa, presa de su ‘paletez’, despreciando lo que ignora.
Despreciar lo que ignora Isabel Díaz Ayuso debe ser una tarea titánica. Vasta… inmensa.
(José Luis Martínez Almeida, que es el alcalde de Madrid, ha ordenado retirar los versos de Miguel Hernández del memorial que se construía en el cementerio de La Almudena, después de arrancar los 2.939 nombres de los fusilados contra sus tapias. José Luis Martínez Almeida, otro enorme paleto despreciando la oportunidad de representar la manera de estar en el mundo del pueblo de Madrid. A lo mejor el pueblo de Madrid debería despertarse del sueño profundo en el que está sumergido, pero esta… será otra historia.)
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 16, 2020

'Solución final'

Se abre el telón, aparece el tal Echániz, médico de profesión para más inri, diciendo en la tribuna del Congreso de los Diputados cosas tales como que la eutanasia es una forma encubierta de llevar a cabo recortes sanitarios. Entre bambalinas se escucha la voz trémula de Lourdes Méndez, presidenta (además de diputada) de la Plataforma por las Libertades (¡por las libertades!), sollozando ‘que Dios los perdone’ por convertir al Estado ‘en una máquina de matar’ y ‘a los médicos en sus cómplices y verdugos’.
¿Cómo se llama la película?:
¡Solución final!
El debate sobre la regulación de la eutanasia aparece estos días por cuarta vez en el Congreso de los Diputados, ahora con casi todas las posibilidades de salir adelante, pues la proposición de ley está apoyada por 201 diputados del arco parlamentario, esto es, todos menos los integrantes de los grupos PP y Vox.
¿Sobre qué pretenden debatir los 201 diputados que avalan la toma en consideración de la proposición de ley?  Sobre la posibilidad de terminar voluntariamente con el propio sufrimiento. Así lo han visto en Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá y el estado australiano de Victoria. También el suicidio asistido está legalizado en Suiza y varios estados de los EEUU y se admite (o no está penalizado) en Alemania, Austria o Finlandia. Nueva Zelanda y Portugal (este último, pásmense, con la anuencia de la Iglesia Católica) plantean en la actualidad un referéndum sobre su regulación.
¿Por qué? Pues porque el sufrimiento inútil no tiene sentido. Y si el sufrimiento es máximo, aún menos. Porque morir con dignidad es un derecho natural que asiste a los seres humanos, se ponga como se ponga la cristiandad toda. Ahora podríamos seguir argumentando varias páginas, pero estoy seguro de que el avieso lector tiene ya opinión formada sobre el particular y de nada serviría abundar en el asunto.
20200216_001526Y nos topamos aquí de bruces con el atapuerquismo parlamentario de nuestra extrema derecha, que convierte la discusión en un enfrentamiento atroz entre pretendidos temerosos de Dios y sepulcros blanqueados, entre almas que se quieren puras y mercaderes del templo. Se utilizan para ello los argumentos más torticeros: que si los viejos son caros y quieren matarlos, que si los comunistas lo que quieren es resolver lo de las pensiones, que si es la ‘solución final’, que Dios (como a Manuela Carmena) no les va a perdonar nunca…
El resumen: estoy muy malo, me quiero morir, déjeme usted en paz. También podría usted no quererse morir y ¿sabe qué? Que nadie más que su propia naturaleza va a obligarle a ello. Usted decide y el Estado le pondrá los medios que tenga a su alcance, tome la decisión que tome. Esa es la ley.
Y ¿a qué clase de dios clama la señora Méndez (si es que los hubiera de varias clases)? ¿Al que premia el sufrimiento humano? ¿Al dios de los mártires? ¿A ese que culpabiliza al hombre con el pecado original por el hecho de haber nacido y le exige sufrimiento como reparación de su mal? Y todo eso… ¿ahora? ¿Cuando alcanzamos el final del primer cuarto del siglo XXI?
¿Qué les pasa a las derechas en España que se niegan a cualquier avance en los derechos humanos? Divorcio, aborto, dependencia, igualdad, matrimonio, memoria… ¿qué les pasa?
La libre decisión de morir dignamente se normalizará en el mundo, simplemente, porque está en la primera generación de los derechos humanos.
Puede ser que la derecha, la Iglesia Católica, los meapilas, o los fanáticos de cualquier otra creencia, religiosa o no, la retrasen un par de lustros más y, entre tanto, puede ser que a usted no le toque agonizar en la cama de un hospital durante años, deseando poner fin a su vida mientras se debate entre el dolor insoportable, los vómitos y la morfina. O puede que sí.
Morir con dignidad es un derecho.
Asumimos eso o nos consagramos a la doctrina que ha ensayado la presidenta madrileña (en otra de sus inmensas aportaciones al pensamiento). Isabel Díaz Ayuso ha dicho: ‘la muerte no es digna, es muerte’.
…Y tan ancha.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 09, 2020

Vivir por sorteo

El proceloso mundo de la todopoderosa industria farmacéutica, sus reglas y el método empleado para negociar el precio de medicamentos y productos sanitarios con los estados está, de habitual, vetado al conocimiento del común de los mortales.
Hablamos del área de la salud pública en la que los gobiernos del mundo tienen la menor capacidad de decisión, puesto que tanto los fármacos como el resto de productos sanitarios, se tienen que adquirir necesariamente a la industria. Esta es la que fija el precio de base de cada producto que se pretende introducir en el mercado sanitario y, desde ese momento hasta que se autoriza su comercialización y se fija su precio final intervienen, atención: la Dirección General de Cartera Básica de Servicios del Sistema Nacional de Salud y Farmacia, la Comisión Interministerial de Precio de Medicamentos y la Agencia Española del Medicamento con la colaboración de una red de expertos independientes, todos los cuales se someten, además, al control del sistema de precios de referencia que rige en nuestro país.
¿Esto le parece un lío? Pues continúo: para lograr el número final, esto es, el PVP, se mide la utilidad terapéutica del fármaco, su grado de innovación, la gravedad, duración y secuelas de las patologías para las que se va a prescribir, las necesidades de los colectivos específicos que las padecen, el beneficio clínico en cuanto al coste-efectividad, la racionalización del gasto público, el impacto presupuestario y la comparación de los parámetros anteriores con otras medicinas ya existentes en el mercado.
Al final, dinero.
Pero no es para menos, porque España, a través de los sistemas de salud de las distintas comunidades autónomas, gastó en el año 2018 casi 23.000 millones de euros en productos farmacéuticos y sanitarios.
Si todo esto pone los pelos de punta (me refiero al pingüe negocio que las farmacéuticas tienen entre las manos, del que los estados del mundo son cautivos y que rozará en el año 2020 el billón y medio de dólares), la cosa se pone especialmente cabrona cuando se trata de los medicamentos que tratan patologías consideradas como ‘enfermedades raras’. Las enfermedades raras son aquellas que afectan a menos de cinco personas por cada 10.000 habitantes. Aquí no hay dirección general, comisión interministerial, ni grupo de expertos independientes que dé con la solución del precio. ¿Por qué? Sencillo: los afectados son muy pocos, se venderán pocas unidades, no salen las cuentas del I+D necesario para dar con los compuestos salvo imponiendo un precio desorbitado.
Sentado por este razonamiento el hecho de que el acceso de la población a los medicamentos necesarios para que su vida tenga cierta duración o cierta calidad, tiene que ver con la cuenta de resultados de las industrias del ramo y no con otro tipo de motivaciones de orden humanitario, social, ¡sanitario! o ético, analizamos ahora el estrambote que ha puesto en marcha la farmacéutica Novartis para publicitar su ‘Zolgensma’.
Novartis es la número 7 en el ranquin de las 10 compañías más importantes del mundo en el sector. Vendió en 2017 medicamentos por valor de 33.000 millones de dólares y declaró beneficios en 2019 por 7.000 millones. Ha inventado esa ‘terapia génica’ denominada Zolgensma, que actúa contra la atrofia muscular espinal (AME), enfermedad muscular rara degenerativa que, para entendernos, va atrofiando los músculos del cuerpo hasta provocar la muerte. Afecta a uno de cada 11.000 niños.
Novartis ha fijado el precio de la dosis del medicamento (solo es necesaria una para sanar del mal) en 2,1 millones de dólares (el más caro del mundo). Solo en Estados Unidos está aprobado el tratamiento.
¿Cómo lo hacemos? Los sistemas públicos sanitarios de los estados entran en valoraciones. Llegan los departamentos ministeriales, los comités, las direcciones generales, los expertos, las comisiones mixtas… y 2,1 millones de dólares por dosis.
IMG-20200208-WA0012¿Que cómo lo hacemos? Pues… ¡por sorteo!
Novartis ha decidido que cien bebés de los países donde aún no está aprobada la terapia (todos menos uno) se salven gratis. Y sorteará durante 2020 cien dosis de la cosa para que sea el azar el que decida quién vive y quién muere. El hijo o la hija de quién vive, la de quién muere.
Y ahora los bioeticistas se vuelven locos y se inicia el gran debate: ¿debe ser la suerte la que determine quién vive y quién muere de esta atrofia muscular, cuando la cura está ya inventada por el hombre pero no se puede fabricar porque no resulta económicamente rentable sino a precios impagables?
Y yo, que no soy bioeticista (ni muchísimo menos), con menos autoridad y sin pleno conocimiento de los complejos mecanismos que mueven los mercados, me digo para mí ¡serán hijos de puta!
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, febrero 02, 2020

Las pandemias y sus clases

Sin duda la salida del Reino Unido de la Unión es una consecuencia directa de la pandemia de gilipollez que atraviesa el mundo. Claro, no lo digo porque estar o no en la UE sea o no una gilipollez (de eso cada uno opinará), sino porque el referéndum que dio origen al Brexit fue directa consecuencia de ella. Ahí están las hemerotecas para señalar cómo un hombrecillo que no era de Estado, visiblemente contagiado del mal, consintió en universalizar un conflicto que, en realidad, era suyo propio con su propio partido político.
Sobre la pandemia del populismo ya se ha hablado casi todo lo que había que hablar: de los populismos de izquierdas, de los de derechas, de los mediopensionistas y de los que arrasan con himnos y banderas a los estados que, otrora, se intentaban construir como modelos de convivencia, tolerancia e igualdad.
Otra de las importantes, la pandemia del machismo, lleva ya sus cadáveres también (siete si no estoy equivocado en este año en España, ocho si se confirma como tal la acaecida ayer en San Juan de Aznalfarache). Se cura con antídotos nada fáciles de conseguir en los laboratorios: Se sintetizan muy lentamente en las escuelas que no aplican el veto parental.
Para centrar inequívocamente los términos en los que se escribe esta reflexión, señalaré que se llama epidemia a la enfermedad que se viraliza dentro de los confines de un país, mientras que definimos como pandemia a aquella que trasciende sus fronteras y ataca a personas de más de un estado. Nótese que en la actualidad es muy difícil hablar de países, estados o naciones sin herir la sensibilidad de alguien pero, como esto de las enfermedades es ajeno a la conformación política de los territorios, me permitiré dejarlo como está.
Toca ahora hacer la distinción entre los diferentes tipos de pandemias e intentar averiguar por qué la Organización Mundial de la Salud (OMS) considera alarmantes, declarando la correspondiente alerta, a unas sí y a otras no.
Parce que, a todas luces, la más mortífera que asola el universo mundo es el hambre. El hambre mata un huevo. Mata muchísimo. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) 821 millones de personas pasan hambre en el mundo. De ellas 150 millones son niños y niñas que ya sufren retraso del crecimiento. Por seguir con los niños, que dan como más penita, solo en Yemen muere uno cada diez minutos. En el mundo 8.500 al día. Seis niños en el minuto que usted dedica a leer estas notas. Dentro de un minuto otros seis.
La siguiente, seguramente es la sed. La sed es una enfermedad que se cura con agua (del mismo modo que el hambre se cura con comida). El agua aparentemente es barata, al menos el recibo que usted paga por su consumo es irrisorio si lo compara con el que paga por el seguro del coche. Sin embargo, la ausencia de agua mata. Las sequías registradas en los últimos años han provocado más desplazamientos humanos que las guerras. Según la ONU, 260.000 afganos se vieron obligados a abandonar sus hogares durante 2018 por esta causa. Es solo un ejemplo, pero es significativo.
Hay otras pandemias cuya curación requiere de elementos mucho más elaborados. Pongamos por caso el dengue. Más de 1.500 muertos en América Latina en tan solo trece meses y la cifra de afectados roza el millón cuatrocientos mil. Colombia, Bolivia, Guatemala, El Salvador, Panamá, Paraguay, Perú, Brasil… no cabe duda. Es pandemia.
Sobre el paludismo (malaria), los datos son sobrecogedores: 2018, más de 400.000 muertes en 228 millones de casos, nueve de cada diez de ellas entre Nigeria, República Democrática del Congo, Uganda, Costa de Marfil, Mozambique y Níger.
De esta forma, ya podemos identificar un primer tipo concreto de pandemia, que podríamos clasificar como aquella que se produce donde solo (o mayoritariamente) viven (y mueren) pobres.
Avanzando en la tipología podríamos extraer un segundo nivel: las que se producen y tienen su origen donde solo (o mayoritariamente) viven (y mueren) pobres, pero que por un error humano o de la naturaleza alcanzan a países donde mayoritariamente vivimos ricos.
¡Esas sí que no! ¡Alerta internacional!
El ébola causó una espectacular alarma y determinó la declaración de alerta mundial, no cuando mataba en el África negra, esto era normal, sino cuando se trasladó a Occidente por alguna imprudencia imperdonable allá por el 2014. En España no mató (más que a un cura que ya venía enfermo y para cuya repatriación se gastó tanto dinero como habrían costado miles de horas de investigación), pero todos seguimos con alborozo y enorme cobertura mediática la cuasi milagrosa curación de una auxiliar de enfermería que se contagió de la enfermedad. En África las cifras siguen siendo espeluznantes, pero la alerta internacional ha cesado.
IMG-20200201-WA0015Alerta mundial sanitaria ha provocado la imparable crecida del coronavirus. Anteayer, al declararse la alerta, se habían detectado ya casi 6.000 casos y había provocado la muerte de 2,2% de los afectados, todos ellos (según se lee, pues los datos son aún poco precisos) con padecimiento de patologías preexistentes.
Para hacer números y tratar de comprender la magnitud del problema, conviene recordar los datos de la gripe común que, en la temporada 2017/2018 en España, afectó a casi 800.000 personas, 50.000 de las cuales fueron diagnosticadas graves y, de ellas, fallecieron 15.000.
Ahora no sé bien bien, si es gripe española con denominación de origen y, por tanto, epidemia y no pandemia, o es que al ser de la tercera categoría, que ahora nos aparece, no genera alarma alguna: tercera categoría, la que se guisa y se come en el propio contexto de los países en los que vivimos mayoritariamente ricos que, como la ropa sucia, se lava en casa.
Así que ya tenemos las pandemias categorizadas para este domingo; a saber:
Las que solo matan pobres, que esas lo mismo dan.
Las que matan blancos pero se producen en su propio contexto socioeconómico (Occidente), que alertan solo en según qué casos y no salen en los noticiarios.
Las que matan blancos pero se producen allí dónde solo (o mayoritariamente) viven pobres, que esas sí que no estamos dispuestos a consentirlas.
Queda por ubicar una más, pero no sé dónde hacerlo: la de la gilipollez humana, esa de la que tanto me resisto a contagiarme (si no estuviera contagiado ya).
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 26, 2020

Negar por negar

La consigna es no a todo.
Ya lo sabíamos.
Es la estrategia que ha venido poniendo en práctica el Partido Popular cuando no gobierna desde que Aznar pasó de la leal oposición de su majestad que estableciera Manuel Fraga a la de ‘leña al mono que es de goma; de qué se habla que me opongo’.
No a todo. No se trata de un discreto ‘no’ parlamentario, defendido a través de argumentos políticos desde las tribunas de oradores de los parlamentos, no. Es un ‘no’ iracundo, enfebrecido, desgañitado, que sobrevuela el país en todos los formatos posibles, por tierra, mar y aire, por los cuatro vientos, en las encrucijadas de los caminos, por las calles, por la redes, por las televisiones y las radios. Un ‘no’ universal, ruidoso, incómodo, alocado. Un ‘no’ mayúsculo coreado en iglesias y conventos, por las escolanías, en las grandes superficies y el pequeño comercio, en el taxi, en el autobús y el metro.
20200125_234011No al Gobierno de coalición con los ‘comunistas’, no al nombramiento de la fiscal general del Estado, no a la reforma del Código Penal, no a la subida del salario mínimo interprofesional, no al número de ministerios, no al reconocimiento de las consecuencias devastadoras del cambio climático, no. Y esto es solo por pasiva. Por activa la cosa se complica un poco más, porque las acusaciones de la derecha al Gobierno se elevan de tono hasta el esperpento.
La más llamativa de los últimos días ha sido la acusación nada velada (no sé si al sistema educativo en su conjunto o al propio Pedro Sánchez en particular) de promover la pederastia en las escuelas. Esta seguramente acabará en los tribunales de Justicia y, con toda probabilidad, dará que hablar a la Iglesia, a los chicos de Hazte Oír, a los alevines de Vox, a Inés Arrimadas y a ínclita presidenta de Madrid que extenderá a los cigotos la difamación de llevar a cabo semejantes prácticas.
Pues bien, en el sistema público de educación no se anima a la pederastia. Eso es mentira. Ya está (a lo mejor deberíamos recordarles dónde se ha ejercido realmente la pederastia y por quién). Dolores Delgado es una magnífica profesional, sobradamente acreditada, a la que haber sido ministra no solo no desacredita sino que, por el contrario, le confiere más conocimiento y experiencia para el cargo. Ya está (a lo mejor deberíamos recordarles que ser ministra de España es un honor y no un deshonor si uno no acaba en la puta cárcel por corrupto). El número de carteras de un gobierno de coalición ha de ser necesariamente mayor que el de uno monocolor, como así ha sucedido en los formados por coaliciones de derechas en el ámbito autonómico. Ya está (o habrá que recordar todo el rato cómo ha subido la nómina de los altos cargos en las comunidades que gobiernan coaligados). La subida a 950 euros del salario mínimo interprofesional se ha alcanzado con un acuerdo inédito en España, con la patronal encantada y los sindicatos y el Gobierno, más. Ya está (o hemos olvidado que gobernando el PP se ha acuñado el nefasto término de ‘pobreza laboral’) . Y las figuras de la rebelión y de la sedición están viejas, desfasadas del Derecho comparado de nuestro entorno y modificar el Código Penal, tanto en este como en otros aspectos, vendrá estupendamente. Si además esto sirviera para pacificar la situación en Cataluña y, gracias la aplicación de penas menos severas a los políticos separatistas condenados, se consiguiera un marco de diálogo que diera fin al conflicto más importante que se ha padecido en España desde la democracia, ¿a quién ofendería? (Quizás haya que recordar también que ha sido precisamente la ausencia de diálogo del Partido Popular la que ha propiciado que las cosas llegaran hasta donde han llegado).
Estas son, claro, posiciones discutibles y en eso consiste precisamente la política. No es posible comprender que el Gobierno se esté equivocando en todo (¿en todo?). Y la oposición esté en posesión de la verdad absoluta, teniendo en cuenta la España que nos han dejado, la estela de corrupción, la indefinición ante los problemas más graves, la desigualdad terrible en la ciudadanía.
Ahora la oposición son muchas voces, porque está muy troceada: Vox, la Iglesia católica, el Partido Popular y Ciudadanos se han puesto para, se haga lo que se haga, poner el grito en el cielo. Igual da que sea el nombramiento de un alto cargo, la decisión de elevar el SMI o el descubrimiento de un exoplaneta. Van a tirar contra todo y con todo el armamento del que sean capaces de pertrecharse.
Negacionismo. Se sienten cómodos en el conflicto porque lo rentabilizan electoralmente (o eso parecen indicar las encuestas de intención de voto) y les importa un carajo la gobernabilidad, la estabilidad, la economía, el bienestar de las personas o la educación de los niños. Esa es nuestra derecha y así la vamos a tener hasta que logren volver a ocupar el poder. Lo consideran suyo, les ofende que se lo arrebaten. No lo conciben. No lo van a consentir.
Negar no es criticar. Criticar exige un ejercicio de inteligencia que nadie parece estar dispuesto a hacer. Incluso exige hacer propuestas que se comprenda que pueden mejorar las medidas que se critican. Negar por sistema, por alto que se niegue, no vale para nada.
Pero, ¿se fijan? Decía ‘ejercicio de inteligencia’. ¿Hay alguien por ahí?
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 19, 2020

Pin parental

No es una broma. Es una manifestación del modelo de sociedad con el que la ultraderecha española está dispuesta a hacernos comulgar y, lo que es más delirante, de lo que sus socios de la derecha aparentemente no extrema están dispuestos a permitirle con tal de permanecer en el poder ahí dónde lo tienen o de obtenerlo ahí donde todavía lo tienen por conquistar.
No, no es una broma. Se trata de la patente paterna para privar a sus hijos del derecho a la educación. Como la tal Monasterio (esa que, además de visados colegiales, se inventa ensoñaciones del tipo de que en los colegios públicos se fomenta la zoofilia) tiene tanto miedo de que los niños se den cuenta de lo que es y le tiren piedras cuando vaya por las calles intentando estafar a nuevos clientes, su formación política ha puesto a circular el plan más retrógrado en el que ningún derechista hubiera podido pensar: dotar de apariencia de legalidad la capacidad de los padres para decidir sobre en qué materias se puede impartir docencia a sus vástagos y sobre cuáles no.
IMG-20200119-WA0000Es curioso que lo trate de imponer la ultraderecha (a la que a partir de aquí llamaremos simplemente ‘la derecha’, porque ninguna que no se haya desvelado ya ultra planea por nuestras instituciones), que lo trate de imponer la derecha, decía, que nos martirizó con aquella Formación del Espíritu Nacional a todos los que transitamos por las escuelas en España hasta los años 70. Todos los que transitamos, porque a las que transitaron se la sustituyeron por la asignatura de Labor, muchísimo más adecuada para el papel que a ellas les habían reservado en la sociedad.
De manera que se hace norma, en los sistemas de enseñanza vigentes en aquellas comunidades autónomas gobernadas con la ayuda de Vox y como conditio sine qua non, que los padres hayan de autorizar expresamente a las escuelas para que sus hijos reciban formación en según qué materias.
Educación sexual no, educación en la diversidad no, educación en la sostenibilidad del planeta no, educación en la igualdad no, educación en la libertad no, educación en las normas que rigen la convivencia no. Educación para comprender el mundo que les rodea, convivir con normalidad con lo que la sociedad en general ha aceptado ya como normal, no.
Ellos saben que los niños tienen acceso a Internet, todos, todas, en sus casas, en sus móviles, en sus tabletas, por mucho pin parental (el de verdad) que sus padres hayan puesto en sus dispositivos. Saben que toda esa información circula libremente y que su acceso es tan simple como buscar una dirección web determinada (y saben cuál es). Saben que es necesaria la intervención profesional de los docentes para normalizar todo aquello que desde las redes se sirve sin ninguna interpretación. Saben que los modelos de familia han cambiado, que las reglas para cuidar el planeta son imprescindibles, que la violencia de género (la llamen como la llamen) solo se evitará desde las escuelas, lo saben. Y les importa un huevo.
No importa si es o no posible desde el punto de vista legal coartar de esa forma indecente la libertad de los críos. No importa si son o no contenidos curriculares, ni si influyen en la evaluación de los alumnos. No importa la estructura administrativa con la que se quiera revestir una medida que, a todas luces, haría retroceder a nuestra sociedad algunas décadas si se lograra universalizar. No importa.
Lo que realmente importa es el modelo de familia que esta gente tiene en la cabeza y que tratará de imponernos a todos a poco que tengan el menor resquicio de poder:
Mis hijos son míos y no del Estado, y lucharé para que este Gobierno radical y sectario no imponga a los padres cómo tenemos que educar a nuestros niños. Saquen sus manos de nuestras familias,  ha dicho Pablo Casado
Estáis pisoteando el derecho a la libertad de educación. Pretendéis moldear a los niños con vuestras chaladuras y sectarismos. Seguiremos protegiendo a las familias de vuestras pulsiones totalitarias. Dejad a nuestros hijos en paz, ha dicho Santiago Abascal.
Los padres son custodios y no propietarios de sus hijos, había dicho antes el papa Francisco. Y había añadido que el modelo es crear las condiciones favorables para el crecimiento armónico y pleno de los niños, para que puedan vivir una vida buena, digna de Dios y constructiva para el mundo. Tremendo que sea el papa (¡el papa!) el que venga a corregir las pulsiones reaccionarias de nuestra derecha doméstica.
Pero sigo con las citas. Pablo Iglesias, vicepresidente del Gobierno, ha matizado que a los niños y las niñas se les inscribe en el Registro Civil, no en el de la Propiedad. Y luego ya está Herman Tertsch, al que aludo el último por remarcar la estulticia que preside su pensamiento (en letra cursiva), que ha dicho que el pin parental sirve para evitar que su hijo pretenda penetrar a su hermanito para liberarlo del heteropatriarcado.
Ya se ha convenido que solo la educación será capaz de corregir los comportamientos insoportables que padecemos por el machismo, por la homofobia, por la xenofobia o por el totalitarismo ideológico. Ya sabemos que no será la Constitución ni el Código Penal, que solo será la educación la que nos saque de la violencia contra el diferente, contra las mujeres. Estamos peleando por una educación más plural, más libre, más igual, que estimule la capacidad crítica, que enseñe a pensar… y ahora nos salen con estas.
El Gobierno ha anunciado recurrirá la cosa (vigente ya en la Región de Murcia y a punto de estarlo en Andalucía) ante los tribunales, ya lo sé. Pero somos usted y yo los que de verdad, de verdad, no podemos permitírnoslo.
Estamos usted, yo y los maestros de este país nuestro. Y nos toca hacer lo posible antes de que el creacionismo se convierta en la doctrina oficial del sistema educativo en España.
El dibujo es de mi hermana Maripepa, que es maestra de escuela y que ha dicho: lo que no me mola ni un poco es que nos obliguen a hablar de esto.

domingo, enero 12, 2020

Ora pro nobis

Días antes de la investidura del candidato Pedro Sánchez Pérez-Castejón (PSOE) como presidente del Gobierno de España, la Conferencia Episcopal Española ya invitaba a la grey a estar alerta, en realidad muy alerta, ante la posible formación de un Gobierno conjunto con Unidas Podemos.
Agradecimos, los ateos convencidos, que el lugar de al Espíritu Santo, invocara el cardenal Blázquez al espíritu de la transición (este con minúscula) que, como cosa más mundana, debió parecer, a su vez, a su eminencia más próxima a la feligresía.
Simultáneamente, otro cardenal, el de Valencia, pedía encarecidamente y de rodillas que se orase por España. Indefinidamente: desde hoy, decía, hasta que se aclarase el futuro incierto que por aquellos días vivíamos en España. Y no solo en las iglesias: en las misas, en los conventos…
No se desgastaron mucho las rodillas purpuradas de Cañizares porque a pocos días el futuro se había clarificado, Sánchez era presidente del Gobierno e Iglesias (Pablo, no confundir) se anunciaba como vicepresidente.
En un lenguaje tan críptico como del que suelen hacer gala los príncipes de la Iglesia, se ignora si el concepto ‘aclarar el futuro’ se refiere al propio acto de la investidura o a la desaparición física (v. gr. sacrificio en la hoguera) de los sujetos que generan tan brutal incertidumbre. Desconocemos por tanto si las oraciones podrían seguir siendo efectivas, al continuar los confundidores en el mundo de los vivos o si, despejadas las dudas y siendo a que aquellas se resolvieron para mal, es decir, ‘aclarado el futuro’, habrían sus eminencias de tomar medidas más enérgicas contra este futuro Gobierno “presidido por la maldad” (Jaime Mayor Oreja dixit).
A este lance y por si la sola oración no fuera suficiente o pillara a Dios en otros menesteres, se encara el obispo de Castelló (un tal López) y organiza con urgencia un itinerario formativo para hacer frente a las políticas del nuevo Gobierno de coalición (ya sabe, este del Mal). Con el título  ‘Antropología cristiana y cuestiones de bioética’, nada menos, se dispone a adoctrinar a los cristianos contra la ‘ideología de género’ y la eutanasia, entro otras disciplinas de alto contenido ‘moral’.
20200112_010505En suma, la jerarquía eclesiástica Española se ha unido de hecho y de derecho con la derecha-ultraderecha del país. Ahora deberíamos citar juntos a PP, C’s, Vox y CEE (por sus siglas, la Conferencia Episcopal Española) que, sin representación parlamentaria directa, pero con el oráculo de iglesias (templos, ya sabe, no Pablo) y conventos, apoya, defiende y participa en la lucha contra el Gobierno legítimo de todos los Españoles y sus políticas. Y esto no desde cualquier atril, sino desde uno que le hemos construido entre todos y que, en gran medida, le ayudamos a pagar con nuestra declaración de la renta.
¿Un poco de asco? ¿Risa?
¿Risa? Pues verá la que le entra cuando se entere de que para casarse le van a proponer un cursillo de 2 a 3 años (¡2 a 3 AÑOS! Un poco más largo que el noviazgo miso).
Este ha sido el obispo de Bilbao en su sagrada misión como presidente de la subcomisión episcopal para la Familia y Defensa de la Vida de la CEE, y tiene por objeto preservar la duración del matrimonio que, según sus cuentas, se viene desvaneciendo con demasiada prontitud.
¿Cómo? Previniendo contra ¡la masturbación!, contra ¡las relaciones prematrimoniales! (‘guardar lo más íntimo de tu cuerpo para donarlo a quien entregarás todo tu ser’ [sic]), contra ¡la pornografía!, y alentando caricias y cucamonas que juzga, sin embargo, muy convenientes. (En el texto original se aconsejaba al varón ayudar un poco en casa el día que quisiera tener relaciones sexuales con su esposa, ello por la conveniencia de que le pillara descansada y se entregara más fervientemente al lío, pero esta recomendación –esencia a todas luces de un buen polvo– ha desaparecido de la versión definitiva).
¿Cómo se queda?
Sin embargo algo se mueve: Sesión de investidura (contra los cuatro reyes según Cayetana Álvarez de Toledo etcétera etcétara) con debates en domingo; audiencia entre el presidente y el rey para el despacho del Consejo de Ministros, hoy domingo… Las fiestas se han dejado de santificar. No tardaremos en tener de fe de ello, algún obispo debe estar ya rezando por el particular.
La Iglesia española nunca fue sospechosa de apoyar a las izquierdas, salvo contadas y loables excepciones, pero en estos últimos meses se ha echado definitivamente al monte. Cuando se mete donde no le llaman da como asco. Y cuando se pone en lo suyo da algo más que risa.
Y seguimos pagando.
La definitiva denuncia del Concordato (Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979) se hace imprescindible. Dios lo haga (y Sánchez).
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, enero 05, 2020

El sueño de la razón

A la 1:22 horas del 31 de diciembre de 2019, la ínclita Rosa Díez tuiteaba: “Los del PSOE q callan ante lo que está haciendo Sánchez (desde el primero hasta el último de sus afiliados) se asemejan a los alemanes q fingían no oler ni ver el humo que salía de los campos de exterminio. Todos son culpables de la quiebra de la libertad y la igualdad.”
En realidad estoy seguro de que se refería a mí, porque Sánchez debe llevar asesinados ya a millones y millones de judíos y yo todavía no he conseguido oler ni ver el humo que sale de los campos de exterminio que, sin duda, están instalados a escasos metros de mi casa.
Pero no se durmió enseguida.
Lo sé porque Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos,  XIII marquesa de Casa Fuerte, a las 2:35 horas del mismo día, en su ya tradicional defensa de los Reyes Magos, tuiteo: “El pleno de investidura de Pedro Sánchez se iniciará el 4 de enero. Investidura contra los cuatro Reyes.” Y rauda y veloz, su amiga y correligionaria Díez retuiteó: “Contra los tres Reyes Magos y contra el Rey que defiende el orden constitucional. Y los afiliados del PSOE calladitos, protegiendo al felón. Cual alemanes que ‘ignoraban’ el exterminio.”
Fin de las citas.
20200105_011752Me duermen fatal. Y este exceso de vigilia provoca en sus mentes agotadas ensoñaciones más propias de Francisco de Goya que de dos modernas mujeres de la política del siglo XXI. Duelos a garrotazos, aquelarres con machos cabríos, dioses mitológicos devorando a sus hijos… Nazis quemando judíos en el barrio de Hortaleza. El sueño de la razón, ya sabe, produce monstruos.
Me pregunto: si la señora Díez me puede llamar a mí nazi… ¿Podré yo llamarla a ella gilipollas? Nazi es mucho peor que gilipollas. La señora Díez dice que yo mismo y muchos de mis amigos hacemos caso omiso de millones de muertes de las que somos cooperadores necesarios pues es nuestro silencio cómplice lo que las hace posibles. Yo solo digo que es tonta del culo y lo digo, solo, porque la similitud de un pacto de investidura entre partidos políticos con representación legítima en el Congreso de los Diputados, con el holocausto nazi no admite más aseveración que esa.
Lo de Cayetana Álvarez de Toledo etcétera etcétera es mucho más venial, pues todos sabemos de su impecable trayectoria como defensora de los de Oriente y de todos los demás reyes, fueran o no fueran magos (…‘No te lo perdonaré jamás, Manuela Carmena’).
Apareció como de soslayo la presidenta Díaz Ayuso, pero esta solo fue para decir que eso de la contaminación ‘no ha matado a nadie’. Se quedó tan pancha y el mundo siguió girando a su alrededor como si nada hubiera pasado.
Día Ayuso no, pero las otras, que son como más listas, estaban ‘calentando el partido’ que había de librarse entre ayer, hoy y el martes que viene en el Congreso de los Diputados. Se copiaron de esa técnica futbolística que consiste en poner a parir al adversario para que los equipos salten al terreno de juego con toda la mala leche que sean capaces de acumular y que tiene por objeto avivar el espectáculo.
A ‘calentar el partido’ se había unido nada menos que la Junta Electoral Central,  a instancias del PP, Vox y Ciudadanos. La Junta Electoral Central (un órgano administrativo compuesto por jueces y catedráticos) anticipándose a los pronunciamientos del Tribunal Supremo y a diez horas del inicio del debate de investidura, acordó por siete votos contra seis la destitución del presidente de la Generalitat de Catalunya, Joaquím Torra y la inelegibilidad sobrevenida del presidente de ERC,  Oriol Junqueras. La tormenta perfecta. ¿Lo puede hacer? Y, lo que es más importante, ¿a qué obedece tan singular acuerdo en tan delicado momento? Ruido. Ruido desde las más altas instancias del Estado. Ruido que proviene de quienes están llamados a velar por la normalidad de la constitución de los órganos democráticos del Estado. Ruido, ruido, ruido… ‘Calentando el partido’.
Aun así, la primera jornada de la Sesión (que se celebra en medio de la tormenta perfecta) transcurrió tranquila durante todo el día de ayer, continuará hoy sin mayores sobresaltos y al mediodía del día 7, si el tiempo no lo impide, tendremos investido a un presidente progresista que se ha valido para tal hazaña de los más variopintos acuerdos con las más variopintas formaciones con representación parlamentaria.  El discurso de la que será la oposición, ramplón y reiterativo, machacón: ‘No con los que quieren romper España’; fin del razonamiento. Se diría que el sueño de su razón está exclusivamente circunscrito a los monstruos que produce: La ‘infamia’ de Arrimadas (con llamadas a la insurrección incluidas), la ‘traición’ de Casado (con la retahíla de insultos que incorpora), el ‘golpismo’ y demás calificativos irrepetibles de Vox (nada que añadir)
Pero no todo está perdido. Para tranquilidad de la grey, sin embargo, el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, con motivo de la celebración del Santísimo Nombre de Jesús y, de rechazo, para salvar la “situación que urge y apremia”  “en esta hora crucial para España” (la de afrontar un Gobierno de infieles, quiero suponer), ha escrito: “Pido encarecidamente y me pongo de rodillas ante todos,  que a partir de hoy y en los días sucesivos hasta que se aclare el futuro incierto que vivimos ahora en España, que en todas las iglesias se ore por España, que se eleven oraciones especiales por España, que en todas las Misas se ore por España, en los conventos de vida contemplativa se ore intensamente por España’”
¿De verdad lo que le preocupa este domingo es que Sánchez haya pactado con Esquera Republicana de Catalunya y que el acuerdo incluya una mesa de diálogo entre ‘gobiernos’?
Se lo prometo: ese no es el problema.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, diciembre 29, 2019

Y Nochevieja

—¿Has preparado la lubina?
—Está en el horno, pesada.
—¿Y las uvas?
—¡Que sii!
—Deben estar a punto de llegar. ¿Nos vestimos ya?
No puede faltar nada.
Ya lo sé. Damos risa. Es un día másEstar contento no puede ser obligatorio. Se sabe todos los tópicos. Esto se le va a llenar de gente con la que querría no haber tenido nada que ver nunca. Además ¿qué motivo hay para celebrar? ¿Que se acaba otro año de mierda? ¿Que se  terminan las fiestas, o casi? ¿Que ha cogido cuatro kilos desde el día 24? No lo ve. No va a reconocer que está nerviosa porque todo salga bien.
Hace casi treinta años que monta en su casa esta fiesta absurda, a la espera (en los últimos 5) de que no sé qué señora se quite la funda que guarda el secreto de su vestido cada vez más escueto y las campanadas de la Puerta del Sol indiquen que se puede descorchar la botella de sidra espumosa a la que llaman, por el eufemismo, champán.  Las putas uvas con las que el  Izan —el chico de la mayor— se atragantó hace dos años y nos dio un disgusto de muerte, están dispuestas sobre la mesita baja del tresillo en sus pozalitos de cartón del ‘chino’. Román se ha puesto corbata (la misma que el año pasado, porque no tiene más que esa); cree que así la fiesta es como ‘de vestir’, a pesar de que la lubina es de criadero y no de aquellas salvajes que siguen costando un riñón.
Ha sacado el de dejar de fumar de la lista de encargos para el año que viene. El de ser feliz nunca lo llevó, porque no sabe que ser feliz es posible o se le antoja tan lejano que total, pa’ qué. Tampoco se ha planteado dejar de tocarle los cojones a las cuñadas (lo sé, lo sé, las cuñadas lo que tienen son ovarios, y bien gordos la del de en medio), ni sacar al suegro de la residencia por unos días, aunque bien es posible que sea la última Nochevieja que transite en el mundo de los vivos. Sus bisnietos apenas saben de él. No lo van a echar de menos.
Los invitados ya se han sentado. Subrayo: sentado, porque bien sabe que no se van a levantar a ayudar en nada durante toda la cena. Solo van a mover el culo para pasar de la silla al sofá y, además, la cursi insoportable de la mujer de su primo (que nunca sabe por qué mierda se apunta) le va a quitar su esquina del tresillo, a pesar de que sabe de sobra que es su sitio preferido. Paquito sigue eructando en la mesa y sus hijos celebrándolo como si realmente les siguiera haciendo gracia. No lo soporta. No le soporta.
Sin embargo es Nochevieja. Román está hasta guapo de corbata por más que el traje se le quedara pequeño allá por la década de los noventa. Los chicos siempre vienen a cenar y usted sabe que le da alegría que vengan con los niños tan guapos; ni siquiera le importa que el Izan a veces se la líe con las uvas. Y la Pedroche no está tan mal (la guarra) así, casi como su madre la trajo al mundo… Es Nochevieja. Ninguno de sus cuñados ha votado Vox… todo es salvable.
Da igual que sea una excusa. Incluso no importa mucho que no se lleven todo lo bien que aparentan. Conceda. Apacigüe el rictus.
20191229_010407Seguramente cada uno de sus invitados ha torcido el gesto al tenerse que vestir para esta cena. Pero sabe que ninguno de ellos entendería el año nuevo  sin levantarse al terminar las campanadas, todavía masticando las últimas uvas, para besar uno a uno (la mujer de su primo incluida) a toda la familia y felicitarla.
No se entiende bien pero ¿qué se entiende bien en estos tiempos tan raros?
Mi hermana Maripepa (la del dibujo) y yo mismo te deseamos MUY FELIZ AÑO NUEVO

domingo, diciembre 22, 2019

Palabras

Da cierto pudor pensar que, entre la copiosa normativa que ordena nuestro comportamiento, existe un ‘protocolo’, el número siete, que se ocupa de los privilegios e inmunidades de la Unión Europea. ¡Privilegios e inmunidades! Suena como a decimonónico y, sin embargo, esta misma semana hemos comprobado que efectivamente existe, que tiene valor jurídico y que, a su amparo, se dicen cosas enormes que obligan a los estados.
El Tribunal de Justicia de la Unión Europea (Gran Sala –otra que debe ser enorme–), por sentencia del pasado día 19, ha dicho que:
El artículo 9 del Protocolo (n.º 7) sobre los privilegios y las inmunidades de la Unión Europea debe interpretarse en el sentido de que:
– goza de inmunidad en virtud del párrafo segundo de dicho artículo una persona que ha sido oficialmente proclamada electa al Parlamento Europeo cuando se encontraba en situación de prisión provisional en un proceso penal por delitos graves, pero que no ha sido autorizada a cumplir ciertos requisitos previstos por el Derecho interno tras la proclamación ni a desplazarse al Parlamento Europeo para participaren su primera sesión;
– esta inmunidad implica el levantamiento de la medida de prisión provisional impuesta, al objeto de permitir al interesado desplazarse al Parlamento Europeo y cumplir allí las formalidades requeridas. Si el tribunal nacional competente estima, no obstante, que debe mantenerse la medida de prisión provisional tras la adquisición por el interesado de la condición de miembro del Parlamento Europeo, ha de solicitar a la mayor brevedad al Parlamento Europeo que suspenda dicha inmunidad, conforme al artículo 9, párrafo tercero, del mismo Protocolo.
Eso ha dicho. Y, en definitiva, se está refiriendo a la tan denostada inmunidad parlamentaria.
IMG-20191221-WA0013Lo malo es que lo ha dicho cuando sobre la ‘persona’ en cuestión ya recaía una sentencia condenatoria firme, nada menos que del Tribunal Supremo y nada menos que a 13 años de prisión, o sea que lo de la medida de prisión provisional a la que alude la sentencia se había pasado ya de moda. Con toda probabilidad deberemos esperar algún pronunciamiento más (a salvo de los ya hechos vía tuit por Puigdemont) para saber qué va a pasar con la ‘persona’. Si resulta un lugar común que el español piensa bien, pero tarde, algo así parece sucederle a la Justicia (también a la europea), que habla a destiempo de un asunto que otro gallo hubiera cantado si se hubiera apresurado un poco en pronunciar. Asumamos que las cosas de palacio van despacio (otro lugar común) y dejemos que personas más doctas en Derecho resuelvan el tremendo embrollo en el que estamos metidos, porque opinar, lo que se dice opinar, hasta el propio Puigdemont lo ha hecho ya.
Otra: El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, Sala Civil y Penal, ha dicho:
Que debemos condenar y CONDENAMOS al acusado, Molt Honorable President de la Generalitat de Catalunya, D. JOAQUIM TORRA I PLA  como autor penalmente responsable de un delito de desobediencia cometido por autoridad o funcionario público, ya definido, sin la concurrencia de circunstancias modificativas de la responsabilidad criminal, a las penas de MULTA DE DIEZ (10) MESES con una cuota diaria de CIEN (100) EUROS y una responsabilidad personal subsidiaria de un día de privación de libertad por cada dos cuotas no abonadas, e INHABILITACIÓN ESPECIAL para el ejercicio de cargos públicos electivos, ya sean de ámbito local, autonómico, estatal o europeo, así como para el desempeño de funciones de gobierno en los ámbitos local, autonómico y del Estado, por tiempo de UN (1) AÑO Y SEIS (6) MESES.
Esta vez la sentencia no llega pronto ni tarde, aunque a todos ha asombrado la inmediatez respecto de la anterior con la que se ha pronunciado. Pero como también ha dicho:
Notifíquese esta sentencia a las partes, haciéndoles saber que contra la misma cabe interponer recurso de casación por infracción de ley o por quebrantamiento de forma en el plazo de cinco días. …
…tendremos al molt honorable president de la Generalitat de Catalunya, D. Joaquim Torra i Pla, ejerciendo de tal (o haciendo lo que quiera que esté haciendo) al menos un par de meses o tres más. Esto es porque las sentencias no hay que cumplirlas hasta que son firmes, y lo son cuando contra ellas ya no caben más recursos.
Final: Para que la semana no fuera solo noticiosa dentro del complejo laberinto de las palabras jurídicas, entre tanto, ha hecho aparición la excelentísima señora Presidenta de la Comunidad de Madrid. Doña Isabel Díaz Ayuso, haciendo uso de ese casticismo de corrala al que nos tiene acostumbrados y ¡pásmense! para justificar su tardanza en presentar los presupuestos de 2020 a la Cámara autonómica, ha dicho:
A lo mejor de ministro de Hacienda a partir de enero tenemos a un etarra
Y ya todos contentos.
¿Verdad que relaja los sentidos el lenguaje llano y común de alguno de nuestros políticos? ¿A que actúa como bálsamo sobre la quemadura la expresión sencilla de la presidenta madrileña entre tanto formulismo judicial?
Pues así vine esto: Los asuntos políticos no se ventilan con las palabras propias de la política y las cosas que se ventilan con palabras políticas con demasiada frecuencia sería infinitamente mejor no haberlas escuchado nunca.
(Nota al pie, con palabras más mundanas: ¡FELIZ NAVIDAD!)
Y el dibujo es de mi hermana Maripepa. Claro.