domingo, julio 26, 2020

Españas

Las elecciones autonómicas celebradas hace un par de domingos en Galiza y Euskadi dan noticia de cosas.

El asunto no es menor, nada menor, a pesar de que la actualidad, tan rabiosa, haya relegado a un segundo plano una verdad que parece que no se puede discutir: el nacionalismo ha vencido en las dos comunidades autónomas que estaban en liza.

En la España mesetaria (no sé cómo llamar al conjunto de territorios que no hacen gala de más identitarismo que el español) todavía no hemos aprendido que eso que conocemos como ‘nacionalismos’ configura el ADN político de los territorios con sentimiento identitario y marca definitivamente su forma de entender la política y el modo de aproximarse a ella que tienen las personas a través de las urnas.

La cuarta mayoría absoluta de Feijóo no es sino prueba de cuanto digo: Manuel Fraga (un señor muy listo y muy de derechas) supo impregnar al PPdeGA de ese barniz gallegista. Es el voto nacionalista de derechas que con tintes más exacerbados recolectaba Convergéncia i Unió y con el punto independentista ya conocido acopiaba y acopia el Partido Nacionalista Vasco. Andalucía, el otro gran territorio provisto de rasgos identitarios definidos aunque hablen castellano, no necesitó de un partido andalucista (aunque lo tuvo) porque, siendo un pueblo de voto mayoritariamente de izquierdas y siendo González y Guerra del mismo Sevilla, tuvieron suficiente con el PSOE para manifestar su entidad nacional durante décadas y no precisaron (como en Galiza) de otra organización nacionalista que representara sus señas.

Ahora habría que distinguir entre nacionalismo e independentismo, pero vale lo dicho hasta aquí para entender que la derecha nacionalista, en sus diferentes modalidades, se ha llevado los dos gatos al agua.

El enorme aviso para navegantes ha venido a dirigirse a la ‘nueva política’. ¡Cuidado!, han dicho las urnas: ustedes prometían cosas que no han pasado y para tener más de lo mismo, ya había lo suficiente. Podemos no solo no ha rentabilizado su presencia en el Gobierno, sino que ha pagado una factura sensacional por su estrategia en estos territorios. Cinco secretarios generales en cinco años en Galiza, dan a los gallegos pistas suficientes como para pensárselo, o para hacerse la pregunta ¿vosotros de qué coño vais? Y el ‘impacto cero’ de sus políticas en Euskadi las suficientes como para dejar su representación en la mitad. No han aportado nada, a pesar de la pintoresca opinión de Monedero que atribuye el éxito de Bildu y BNG a la ‘podemización’ experimentada por ambas fuerzas. No es así: los votos de Podemos, disueltas como azucarillos Izquierda Unida y las mareas en las que se apoyaron, se han ido precisamente a esa izquierda nacionalista, la del sentimiento identitario (este sí independentista), que no ha necesitado ‘podemizarse’ para hacer comprender al electorado que son ellos quienes representan esa ideología en su país. Ellos son los otros vencedores, porque se han hecho definitivamente presentes como grandes partidos de la oposición. El hiperpersonalismo de Pablo Iglesias no extiende su manto a todas las Españas; se queda ahí donde no existe esa izquierda y las urnas buscan opciones más escoradas que la que ofrece el PSOE, ahí dónde solo el nacionalismo españolista es el enemigo a batir.

De Ciudadanos poco que decir: el partido se amortizó sin más el día que Mariano Rajoy (el grande) decidió aguantar el chaparrón de la moción de censura en lugar de convocar las elecciones generales (que hubiera ganado de calle Rivera) que sabía que significaban la extinción del PP.

¿Y qué hace un diputado de Vox por Álava en el Eusko Legebiltzarra (Parlamento Vasco)? Pues… ni puta idea. Ni sé qué pinta, ni sé cómo ha llegado hasta ahí, más allá de comprender que es el resultado de la asignación de escaños de acuerdo con la regla d’Hont. El PP divide su fuerza por la mitad, al igual que Podemos y sus diputados se los reparten casi proporcionalmente EAJ-PNV y EH Bildu, otro que se queda el PSOE y, ¡oh prodigio!, otro para Vox.

A Pablo Casado no le ha funcionado nada de lo que ha ensayado. Su estrategia ha sido fuertemente corregida por un Feijóo cuya cuarta mayoría absoluta es mucho más que una cuarta victoria. Es la única de un gobernante autonómico del PP y esto incrementa su poder como el barón más fuerte del PP, amén de reabrir el debate sobre su desembarco en la política nacional. Feijóo ha ganado disimulando las siglas del partido en su propaganda electoral, con un discurso infinitamente más moderado que el de su jefe y obviándolo lo más posible en los actos de campaña. Se enfrentaba más a Casado que al BNG, a pesar de que los dos peleaban por el voto nacional. El diseño de la campaña en Euskadi no ha sido menos castigado: la imposición de un candidato del sector más duro y la alianza con Ciudadanos le ha costado un tercio de la representación parlamentaria. Sus votos, de irse a algún lado, se están yendo a Vox, receptor involuntario del hartazgo de los vaivenes entre derecha y ultraderecha. Vox ve poco a poco como la política de la irracionalidad populista de ultra derecha triunfa en un sector cada vez más abultado de la población, debilitando únicamente al PP, desde el punto de vista político, a la sociedad, desde el punto de vista moral y al Estado, desde el punto de vista institucional.

Y ¿el PSOE? El Partido Socialista no ha sabido concitar en sus filas el sentimiento identitario que triunfa en Catalunya, en Galiza, en Euskadi. Y gobierna en España haciéndose cargo de la mayor crisis social y económica que ha asolado el país desde le Guerra Civil. Con todo, se ha mantenido más que dignamente en las dos comunidades históricas e, incluso, ha arañado un diputado en el Parlamento Vasco, suponemos que procedente de antiguos votantes de Podemos que no se fueran a EH Bildu. Una pequeña disminución en votos en Galiza no ha tenido coste en escaños.

¿Contentos? ¡Pues claro! (Los socialistas, digo)

20200726_010304La machaconería de acoso y derribo practicada por la derecha española contra el Gobierno de coalición no ha supuesto desgaste alguno para el PSOE que, antes al contrario, revalida su posición en territorios altísimamente influidos por el sentimiento nacionalista que tratamos de describir.

Y Sánchez… se fuma un puro y empieza a acariciar, supongo, el adelanto electoral. No le ha podido ir mejor.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, julio 19, 2020

Sin curas, sin Vox

El jueves tuvo lugar la ceremonia de reconocimiento del Estado a las víctimas de la Covid-19.

No se sabe muy bien para qué valen estas cosas. Seguramente a las víctimas les importa un huevo y aquí no hay victimarios a los que culpar (a pesar de que algunos apunten directamente a la cabeza de Pedro Sánchez como el señor X, tal si hubiera sido él mismo el paciente cero). Aun así queda elegante. Aunque solo sea para fijar en la memoria colectiva un desastre de las proporciones que este ha tenido. Es una suerte que no han corrido todas las víctimas de desastres colectivos y es, por ende, lo suficiente de agradecer.

Y este más.

20200719_005334Por primera vez en la historia reciente de España, ningún capellán, ningún sermón, ningún otro símbolo en la ceremonia que el pebetero en el que ardía el recuerdo de los muertos. Nada más. Rosas blancas. Nada más.

Gente normal honrando a la gente normal. Y todas las autoridades del Estado, algunas de la Unión Europea y todavía una de la Organización Mundial de la Salud, escuchando atentas las palabras de personas que contaban cosas que importaban. Gente normal. Un rey, eso sí, pero todos los demás normales.

El Estado al servicio del recuerdo de los que se han muerto y de los que han trabajado para mantener abierto por los pelos un país casi cerrado; una enfermera explicando el ánimo que sentían al escuchar los aplausos de las ocho; un hermano hablando de su hermano; un escenario solemne donde la solemnidad no tenía, ni uniformes, ni sotanas. Un acto civil, un acto laico. ¡Cuánta paz!

20200719_005433El Rey aparcaba por unas horas los asuntos más turbios de la Corona en un paréntesis que, a buen seguro, se merecía el país; Vox homenajeaba en otra parte de España (porque aquí no se merecían estar y lo entendieron así) a un chico muerto a manos de su marido en un acto que, a buen seguro, prepararon para negar la violencia machista; Iglesias olvidaba también por un momento que la tarjeta del móvil de Dina Boussleham estuvo indebidamente en sus manos en una acción que, a lo mejor, le cuesta cara; Casado guardaba el silencio que se esperaba de él; y Sánchez miraba a su alrededor agradecido por la primera casi-unanimidad que consigue aglutinar a la práctica totalidad de las intenciones del Estado.

El jueves no importaba nada que Vox no estuviera. No importaba nada que Moncloa y Zarzuela estuvieran viendo a ver qué coño hacen con el rey emérito para que su ‘asunto’ salpique lo menos posible al que ahora hace de rey. No importaba que la Audiencia Nacional esté estudiando la ‘exposición razonada’ que eleve el caso Dina al Tribunal Supremo para investigar a Iglesias.

Ni siquiera importaba la resaca electoral del domingo: la cuarta mayoría absoluta de Feijóo; la irrupción de Vox en el parlamento vasco; la constatación de que los territorios históricos viven en un mundo político de corte nacionalista que en el resto de España está por concebirse (porque el nacionalismo español computa en una vara que mide de otra forma); la aprobación tácita de la gestión del Gobierno que recibió el PSOE en las dos comunidades en liza; el varapalo sensacional a la ‘nueva política’ que se ha quedado vieja en apenas un lustro.

El jueves solo importaron los muertos, sus parientes, sus cuidadores y el tributo que había que rendirles. Y muy pocas cosas más.

Los dibujos son de mi hermana Maripepa.

domingo, julio 12, 2020

El rey blindado

La Constitución Española de 1978 encierra un par de contradicciones palmarias en torno a la igualdad de las personas y ambas tienen que ver con el trato que dispensa a la Corona.

La primera es la preferencia del varón a la mujer en la sucesión al trono (¿por qué don Felipe y no doña Elena? Ambos son altos y guapos, los dos hablan inglés, los dos tenían acceso a la mejor educación que un Estado pueda proporcionar a un heredero y ninguno de ellos precisaba de otro merecimiento para ocupar la plaza). La otra, la segunda, trasgrediendo también  el principio aparentemente sagrado de la igualdad de todos ante la ley, es la condición de irresponsable que otorga al monarca.

(Anotación: la condición de irresponsable de Juan Carlos I está fuera de toda duda. La acepción jurídico-constitucional, sin embargo, no se refiere a que sea un bala perdida, sino a que no tiene que responder por sus actos, esto es, que carece de responsabilidad por ellos, sean estos cuales fueren).

El artículo 53.3, textualmente dice: ‘La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo (…)’.

20200712_012401Mucho se ha escrito por personas infinitamente más solventes que yo mismo sobre si esa irresponsabilidad debe alcanzar a todo acto del monarca o únicamente a aquellos que requieren de refrendo para su validez, es decir, si el debatido punto tercero del artículo 53, habilita al monarca para tener hijos y no reconocerlos, cobrar comisiones ilegales, ocultar su fortuna en cuentas opacas al Fisco o atropellar peatones impunemente con alguno de los lujosísimos vehículos del parque móvil de la Casa Real.

Y el problema parece que está aquí.

Porque todo eso no le quita ni le pone nada al rey emérito, que viene dando cuenta de su catadura moral desde hace muchísimo tiempo y al que un pacto no escrito ha mantenido fuera del foco mediático nacional durante cuatro décadas (digo nacional porque la prensa extranjera ya venía dando cumplida cuenta de los dislates regios). Tampoco le quita ni le pone nada al rey que reina, cuya firma ha aparecido, según cuentan, estampada en algún documento de moralidad más que discutible en fechas en las que, por cierto, no estaba aún investido de la inviolabilidad que hoy le protege.

Todo esto, decía, no da noticia de otra cosa que de la senectud de nuestra Constitución. Está mayor. Muy mayor. Vetusta. Anciana.

Que el rey emérito o el rey que reina sean o no unos corruptos no debe escandalizar a nadie: si el poder corrompe, el poder ‘inviolable’ debe corromper la hostia. Lo arcaico de la institución produce arcaísmos: tampoco esto nos conmueve.

Lo que sí deberíamos empezar a plantearnos ya (mejor cuanto antes) es cómo quitarnos de encima esta barbaridad.

Hacer sangre ahora de la conducta incalificable de Juan Carlos I y mandarlo a las Antillas a un país sin tratado de extradición (por lo que pudiera pasar), o pasear a Felipe VI por toda la geografía nacional montado en un coche que vale medio millón, no nos va a sacar de esta. La discusión de los servicios prestados a España (si es que hubo alguno) y de si lo uno compensa lo otro, es tan estéril como irrelevante: conduce a la melancolía.

Pero atención, porque los pueblos, al final, tienen los gobiernos que se merecen (José de Maistre), y por mucho que hablemos, discutamos, cacareemos, el Rey es rey y el Rey es inviolable. Así lo manda la Constitución Española de 1978.

¿La reformamos?

Podríamos estar pensando en el establecimiento de la tercera república española, o podríamos estar pensando en algo más sencillo: regular con más acierto y menos privilegios una institución de por sí difícil de encajar en un ordenamiento diseñado para regir los destinos de un pueblo en el siglo XXI; pero ambas opciones pasan por tocar algo que, hasta el momento, ha parecido intocable.

Verá:

El artículo 168 de la Norma impone un complejísimo procedimiento para la modificación, precisamente, del Título en el que regula la Corona (el Título II). Es el mismo procedimiento que articula para modificar el Título Preliminar (en el que se define entre otras cosas la forma política del Estado) y la Sección en la que se contemplan los derechos y deberes de los ciudadanos.

El resto de la Norma se puede modificar a través de un proceso mucho más sencillo, aunque también más alambicado que la mera aprobación o modificación de cualquier otra ley, sea ordinaria u orgánica.

Cuarenta años de perspectiva dan para analizar el porqué de que aquellas Cortes blindaran de una forma tan extraordinaria la figura del jefe del Estado. En qué confiaban, en qué no, y cuáles eran sus miedos en un momento en el que la estabilidad política del país estaba cogida con pinzas, el ruido de sables reinaba en los cuarteles, la Iglesia (más poderosa aún entonces que ahora) estaba dispuesta a excomulgar por comunista a todo el que levantara el puño y los poderes económicos se aferraban a las bicocas que el régimen franquista, el Régimen, les había proporcionado.

La modificación del Título II (este que regula la Corona como Jefatura del Estado) o del Título Preliminar (en el que se establece la Monarquía parlamentaria como la forma política del Estado español) obliga a la aprobación de la iniciativa (la sola intención) por mayoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes. Después, las cámaras elegidas deben ratificar la decisión y redactar el nuevo texto constitucional. Este nuevo texto tiene que ser aprobado también por mayoría de dos tercios tanto en el Congreso como en el Senado y, aprobada la reforma, ha de ser sometida a referéndum para su ratificación.

Ahora piense en Casado, en Abascal, en Sánchez, en Iglesias, en Arrimadas, en Rufián, imagine qué clase de acuerdo sería posible alcanzar entre ellos y vuelva a hacerse la pregunta:

¿La reformamos?

Añada a la ecuación el hecho de que la tercera fuerza política de nuestro Parlamento (ocupando legítimamente 52 de los 350 escaños), ni siquiera respeta los postulados más elementales de la democracia y se ha posicionado abiertamente a favor de un golpe de estado. Vuelva a preguntarse.

¿La reformamos?

Hablemos de lo que importa. No importa el nivel de corrupción que puede alcanzar alguien que no tiene la obligación de responder por sus actos. Importa entender por qué hemos consentido que eso haya sido así y que un anacronismo como ese siga en vigor en un país que pretende ser una democracia avanzada y en muchísimos aspectos lo es. Importa decidir cómo terminar con semejante barbaridad.

Lo otro es dar por buena la sentencia de José de Maistre (aquello de que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen), en la versión actualizada del francés André Malraux: es dar por bueno que ‘las gentes tienen los gobernantes que se les parecen’.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, julio 05, 2020

Neoveraneo o tal

Donald Trump se apropia de la producción mundial para tres meses del único tratamiento que se ha demostrado eficaz contra la covid-19, en un ejercicio de soberanía aplaudido por muchos.

Un par de semanas antes, Angela Merkel intervenía con 300 millones de euros la empresa que está desarrollando la que parece será la primera vacuna contra el coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad, en una maniobra de corte defensivo, también ante la amenaza de EEUU de reservar para sí todos los derechos de producción del laboratorio alemán.

El capitalismo más descarnado se apodera así de la razón de Estado dejando a un lado la solidaridad internacional, y la mundialización de la economía convierte en universal el acuario en el que los tiburones (que ya ostentan cancillerías y presidencias) despedazan a sus piezas y se intentan hacer con las mejores tajadas.

Ha llegado la hora de desmontar todas las ilusiones que nos habíamos querido hacer. No, la pandemia no nos ha enseñado nada; aquello de que nos haría mejores y distinguiríamos lo que importa de lo que no importa, es mentira: o es eso, o es que realmente en el lado de lo que importa no había nada. No somos un mundo mejor, ni más solidario, ni más hostias.

20200705_014506Y mientras los buitres planean sobre las farmacéuticas, enfrentamos el verano aún sin la conciencia de estar en los albores de una de las crisis más gordas que va a sufrir el mundo.

Damos por cerrado el episodio sanitario; nos asomamos a unas calles que tienen la misma pinta que tenían cuando nos encerraron en casa; el bicho no se ve más que en el miedo intuido tras las mascarillas; miras a un lado y a otro y cruzas el umbral de la puerta del portal con la precaución de no ser atropellado por una cadena de virus invisibles que esté coincidiendo contigo en la fatal dimensión espacio-temporal y anide en tu garganta o en tus mocos.

En realidad no está cerrado, pero lo hemos dado por cerrado porque los brotes son cuasi simbólicos y casi siempre están en una ciudad dónde usted y yo no vivimos. El miedo aún no está en los higadillos de las personas, más allá de las que sospechan que el ERE en el que se sujetan se convierta en un despido en ¿septiembre? ¿noviembre? Lo están mirando, aún no sabemos. 

Y, ahora ya sí, julio ha traído el verano; el más incierto de cuántos hemos tenido ocasión de vivir.

El apartamento de Santa Pola no es una opción. El control sobre el acceso a las playas la ha convertido en un postconfinamiento insoportable.

En el pueblo no le van a mirar bien. Se han protegido de los aluviones que suelen traer las fiestas patronales suspendiéndolas por cautela. Saben que las ciudades se expanden en verano y le esperan sin ninguna ilusión, porque les ha costado mucha disciplina mantener a raya el contagio.

La movilidad internacional de las personas es un puto lío. Países de los que admitimos turismo no nos quieren ni ver. Todavía, a estas alturas, no sabemos cuáles son las fronteras abiertas y cuáles no.

A todas luces, nos han robado ya la primavera y estamos a punto de ceder gratuitamente el verano a mayor gloria de SARS-CoV-2.

En definitiva, piensa usted, lo que va a importar es el otoño. Esa es la gran prueba. El gran test. A lo mejor este otoño aún tiene trabajo. A lo mejor el ensayo del teletrabajo le ha salido bien. A lo mejor vuelven a abrir los colegios, incluso los concertados. Y, a lo mejor, a usted todo esto ya no le produce más que un aburrimiento mortal.

Lo de la tele sí que no es una opción. Hasta la política ha dejado de existir para convertirse en el reality show que protagonizan personajes como Cayetana Álvarez de Toledo o Macarena Olona (si es que se llama así la señora del bozal verde con la bandera de España). Ya no hay quien soporte un telediario más desentrañando el proceso de conseguir los votos suficientes para sacar adelante las iniciativas del Gobierno. Ni una homilía más de Sánchez en sábados que parecen todos de Gloria, loando la infatigable entrega del personal sanitario a los que gracias a Vox y a su bilis recocida, pudimos dejar de aplaudir a las ocho desde los balcones. Incluso la ruta turística de los reyes de España solo nos ha conseguido arrancar un bostezo y un comentario lánguido sobre lo guapa que queda ella con sus vestidos floreados.

Parece que solo Máster Chef nos sacará del tedio. O Tele5.

Usted se ha hartado ya de reprender a los vecinos porque los chicos salen de casa sin mascarillas. Se ha hartado de reprender a los vecinos en general. Se ha hartado de planificar sus vacaciones. No sabe bien bien si tiene que ahorrar o lo que toca es gastar (con moderación o sin ella) para aliviar la crisis de consumo o para aliviar la puta depresión en la se está sumiendo. Usted está hasta los huevos (igual que yo).

Solución: engancharse a Twitter por si allá se encontrara la verdad de las cosas que se le antoja inalcanzable de momento.

Craso error. Se encontrará usted con una tendencia basada en la serie El Ministerio del Tiempo, que plantea un futuro distópico para España con Bertín Osborne como presidente, arrasando con su lema ‘mi patria es la tuya’. O al papa Francisco aportando su grano de arena: La alegría del cristiano brota (hablando de brotes) de la escucha y de la acogida de la Buena Noticia de la muerte y resurrección de Jesús.

Me he mareado. Vuelvo al confinamiento.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, junio 28, 2020

Jerarcas, reyes y clérigos

Si usted se pone a hacer memoria y desempolva el álbum del viaje de novios con el que machacó durante meses a sus amigos más allegados, alcanzará con facilidad dos conclusiones, a saber: 1 por qué sus amigos dejaron de frecuentar su compañía, y 2 no, usted no pertenece a una familia real.

Los amigos dejaron de venir por casa porque acabaron hasta los cojones de sus fotos de Punta Cana, en alguna de las cuales aún se percibía el detalle del tocado de la novia visto desde atrás. Y respecto a la segunda conclusión, su viaje no empezó en Jordania con una boda real, ni pasó por Camboya; no se detuvo en las islas Fiji, ni tuvo escala en Samoa y California para acabar en México. No duró noventa, sino quince días; no costó medio millón de euros (ni siquiera de pesetas) y lo pagó con lo que sacó del convite y la subasta de la corbata del novio, en lugar de ser el generoso regalo de su padre, a pachas con un amigo de la familia. Su viaje no fue un secreto de Estado: Se pudo registrar con sus nombres verdaderos en el hotel de ‘todo incluido’ en el que se lo pasó entero. En fin, su viaje de novios fue una puta mierda. Reconózcalo.

Tan cruenta realidad le devolverá de bruces a su día a día, se afirmará en todas las convicciones republicanas que viene acariciando desde la adolescencia y abrirá los diarios electrónicos que aún sirven noticias gratuitamente (veremos cuánto tiempo nos dura este privilegio) para ¡oh fatalidad! toparse con la Iglesia.

Es la era de Internet. Hasta los obispos (los obispados) tienen una página web que alberga enlaces a los más variopintos lugares de la telaraña. Son lugares virtuales, claro está, nada más adecuado para sustentar un pensamiento cuyo reino no está en este mundo. Curioseando algún avieso periodista se encontró, en la página que administra el muy noble, muy leal y muy retrógrado obispo de Alcalá de Henares, Juan Antonio Reig Pla, con un enlace al ‘site’ Solo Para Jóvenes. Solo Para Jóvenes centra su intención en la salvación de las almas de los adolescentes (supongo que para fieles de más provecta edad habrá contenidos más profundos en otros lugares del entramado). En su elevada misión aconseja sobre el comportamiento que han de seguir para consolidar el camino a los cielos. Así, sabido como es que la ebullición hormonal de la edad tan temprana constituye el gran peligro para el alma (o, dicho de otro modo, que las ganas de follar a todas horas que se tienen de más joven conducen directamente a las calderas de Pedro Botero si no se controlan debidamente), Solo Para Jóvenes vierte un consejo de gran sabiduría: vestir ‘a la moda pero no provocativas para no ir al infierno’. Dice provocativas y no provocativos, porque comprende la enorme diferencia entre ellos y ellas: que un chico marcando el paquetín con su pantalón ajustado no conduce sino a la melancolía, mientras que una chica con las tetas abalconadas bajo la camiseta y el culo respingón realzado por leggins ‘push up’ de cintura alta, puede llevarte a cualquier lado menos al cielo. (Estoy pensando ahora que para sostener esta afirmación habría que definir ‘cielo’ de manera más precisa).

Cierra la tablet. Su imaginación se desboca. Un rey con su manto de armiño, ceñida la corona sobre sus sienes, da cobijo a un obispo inquisidor que alarga el bajo de las faldas de las muchachas y brama con la voz rota al modo dulcinita ¡penitenciágite! ¡Penitentiam agite!

Entonces abre los ojos. Con la respiración agitada. Usted sabe que algo no va bien, pero no alcanza a dar con la clave porque en la televisión el ministro de Sanidad está hablando de muertos por COVID-19 (la enfermedad), tratando de explicar que el SARS-CoV-2 (el bicho) no se ha marchado a pesar de que se estén desescalando las medidas confinatorias que han detenido su avance.

Sacude la cabeza con incredulidad. En realidad están pasando cosas del siglo XXI. Andamos enfrascados ya de hecho en las postrimerías de su primer cuarto y ¿las más relevantes instituciones que nos rigen siguen ancladas en el XVI? ¿Cómo se compadecen los derechos dinásticos con los derechos humanos? ¿Se pueden seguir heredando las naciones? ¿Son todavía necesarias las referencias al Demonio para castrar las inclinaciones de las personas? ¿Es tan, tan, tan necesario castrarlas?

20200628_012818Aquel sello que el orfebre fabricaba único y el jerarca imprimía sobre el lacre caliente para dar autenticidad a aquello que contenía, ahora se llama certificado digital y se estampa en modo de firma electrónica mediante encriptación de millones de códigos binarios de imposible comprensión para este servidor. El púlpito desde el que se se divulgaba el miedo, hoy se llama Internet y pone (¡prodigio de nuestros días!) el conocimiento al alcance de todos.

Ya está bien de jerarcas, basta de reyes, no hay más vasallos, se acabaron los obispos, los sermones…

Vamos a hacer esto un poco más fácil.

Lleguemos al acuerdo de que el Medievo ha muerto. Vamos a ponernos en serio a construir la sociedad que nos hace falta ahora que parece que tenemos que reinventarlo todo.

A ellos les va así de puta madre. Pero a nosotros no tanto.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, junio 21, 2020

Empresarios: La vieja normalidad

Queríamos pensar que de esta locura saldríamos mejores. Creímos que el aprendizaje nos haría reflexionar, incluso que seríamos capaces de separar lo que importa de lo que no importa. Y que desde esa conclusión cambiaríamos las reglas. Nosotros, y todos los demás también. Porque creíamos que todos los demás se habían hecho conscientes de las muchísimas cosas que no importan nada y de lo importantes que son las que realmente importan.

Error.

Estaban todos; los grandes empresarios del país. Las personas que hacen que la bolsa suba o baje cuando tosen, que juntan entre ellos a la práctica totalidad de los trabajadores por cuenta ajena de España, fuera de los empleados públicos y pocos más.

Estaba la gran banca, el automóvil, la industria de transformación, las energéticas, las constructoras, la hostelería y el turismo, las aseguradoras, las aerolíneas, los subcontratistas de servicios… todos.

La cumbre empresarial auspiciada por la CEOE bajo el lema ‘empresas españolas liderando el futuro’ (nada menos) quedó, simplemente, en nada.

Si acaso un punto a favor de Sánchez, contra quién ninguno de los magnates se atrevió a revolverse, supongo que expectantes ante el reparto de la millonada que se espera de la UE.

Un foro de estas características, preñado de personalidades del mundo del dinero, de las finanzas, de la industria, está en un nivel de capacidad superior, creímos. Y quisimos creer que reunidos, aunque fuera de manera virtual, bajo el lema ‘liderando el futuro’, iban a poner en valor su conocimiento, su audacia, su experiencia, para abordar el incierto futuro que se abre después de la inmensa crisis que está sufriendo el mundo.

Otra vez error.

Lo cierto es que a este puñado de personas tan ricas España les importa un huevo, más allá de constituir el espacio económico en el que desarrollan su muy lucrativa actividad empresarial. España, la nación entendida como el conjunto de las personas que la conforman, no es otra cosa que su fuerza de trabajo y/o su mercado objetivo. Ya está.

No gastaron un minuto en buscar un modelo productivo compatible con las expectativas del país y su realidad sociológica. Ni un segundo en valorar las deslocalizaciones que están produciendo una verdadera debacle para el empleo. Ni una décima en acordar estrategias comunes de competitividad compatibles con la dignidad de sus empleados. Nadie habló de aquel viejo concepto de la responsabilidad social corporativa, ese que venía a buscar qué del mundo empresarial habría de volcarse en el común, a parte el empleo raquítico que de habitual generan.

No les mueve ningún interés que no tenga reflejo en sus cuentas de resultados. Parten del engaño de que si a ellos les va bien, a todos nos va bien. Y con esa excusa remueven los viejos paradigmas de la economía (esos que ya no valen para nada) y piden menos impuestos y más subvenciones. Ya está. Hasta ahí han sabido llegar.

20200620_224719“Prolongar los ERTE para evitar despidos”, o sea que le sigamos pagando a los trabajadores que prefieren mantener fuera de su estructura productiva. “Una reforma fiscal justa, pero sin soflamas populistas que no han funcionado en ningún país”, o sea, que bajen los impuestos sobre sus beneficios. “Un pacto de reforma mediante el diálogo y con transparencia”, o sea nada. “Una economía con instituciones y ambiciones del siglo XXI”, otra vez nada. “Mantener intacta la reforma laboral del PP” y flexibilizar, flexibilizar, flexibilizar el mercado laboral, o sea abaratar el despido, asumir cualquier clase de relación laboral, rebajar los costes salariales… aunque sea rozar la indecencia, para mejorar la competitividad. Y acceso al dinero europeo que permita reflotar a las empresas (tantas) que se han visto naufragar a causa de la crisis sanitaria, para evitar que la consecuente crisis económica acabe con cientos de miles de puestos de trabajo. Después, calma en la política para que no asusten los fondos extranjeros.

Ya está.

Este puñado de recetas, manidas, sabidas, antiguas, egoístas, de un liberalismo económico absolutamente fuera de lo que debería ser el planteamiento atrevido que necesita un momento como este, este puñado de mediocridades, es todo lo que los grandes de la economía española llegaron a inteligir en su foro virtual.

No les importa nada. No se han enterado de nada. No saben ver más allá de sus cuentas. No saben nada.

Están acabados.

Nos van a acabar.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, junio 14, 2020

Exministro Fernández: ora pro nobis

Estábamos muy preocupados buscándole tres pies al gato. Desorientados escudriñando la solución a lo que no tiene otras que la humildad, la oración, el sufrimiento y la devoción a la Virgen.

—¿Sí?

—Sí. Es como digo.

—¿Seguro?

—Seguro.

—¡Caramba!

Se ha hecho viral un vídeo protagonizado por el ínclito Jorge Fernández Díaz, que fue ministro del Interior con Mariano Rajoy y cuenta con el dudoso honor, entre otros, de haber sido el artífice de la mal llamada ‘policía política’. En él, con infinita humildad, pose de oración, gesto de sufrimiento y expresión de indudable devoción a la Virgen, desvela una conversación que mantuvo con Benedicto XVI allá por el mes de junio del pasado 2015, de la que emanó un mensaje de esperanza de proporciones astrales que me dispongo ahora a divulgar. Más abajo incluyo un enlace al documento, publicado por el Huffington Post, para ilustrar cuanto digo, no sea que pueda parecer una ensoñación producto del alcohol que hube de ingerir por litros para sobreponerme del impacto.

Acoto aquí, antes de proseguir con mi reflexión, que escribo Virgen con mayúscula inicial, para distinguir la figura a la que el relator del vídeo se refiere de las muchas otras vírgenes (estas con minúscula, casi seguro de muy corta edad edad) que deben andar por el mundo y que pudieran desasosegarse intuyéndose objeto de la devoción del sujeto abyecto que narra la grabación. Es a esa Virgen singular, no a otras, a la que hay que tener devoción para salir de este lío, acompañada (eso sí), de la humildad, la oración y el sufrimiento que completan la receta del bálsamo liberador, pues no se describió en la conversación a la que voy a referirme que uno solo de los componentes pudiera ser efectivo sin la conjunción de los demás.

20200613_211121Relata el ínclito Jorge Fernández Díaz, que en un parlamento privado con su santidad Benedicto XVI, preocupado el entonces ministro por los muchos males que aquejaban al país, el papa le advirtió de que el mismo Diablo (se sabe con certeza que no se estaba refiriendo a Pablo Iglesias), el Diablo, digo, el de verdad, el de los cuernos y el rabo que va a medio quemar y lleva enhiesto un tenedor para ensartar las almas de los justos, el Diablo, tenía la intención maléfica de destruir España. No precisó el pontífice de qué fuentes bebió para llegar a conclusión tal, pero demos por bueno que, como tantas otras cosas que pasan por las testas coronadas de los príncipes de la Iglesia, tampoco estas sean de este mudo.

Me vuelvo a interrumpir aquí para aclarar que escribo Diablo con mayúscula inicial por las mimas razones que la aplique a Virgen, y es para distinguirlo de otros diablos con los que convivimos a diario, que también parecen querer destruir España, pero que cuentan con armas de menor calibre, de menos maldad, por así decirlo.

Imagino que el papa le revelaba esta inmensa verdad a Jorge Fernández Díaz en voy muy baja, casi en tono confesional, pues no deben consideraciones de tal magnitud pregonarse a los cuatro vientos ni siquiera guarecido entre los sacros tapices que cubren las paredes vaticanas. Lo imagino en voz tan baja, que me descojono.

Y ¿Por qué España? Obvio: porque el Diablo ataca siempre a los mejores. Y se glosan a continuación las grandes gestas protagonizadas por España al servicio de la Iglesia de Cristo: la evangelización de América por España, el papel de España en la Contrarreforma, la persecución de la Iglesia en España en los primeros 30 años del pasado siglo, en suma, los servicios prestados por España en defensa de la magna obra de Dios, que el Diablo conoce y combate con todo su mal para su venganza.

A la luz de semejante chorro de sabiduría (quiénes somos usted y yo para poner en tela de juicio la Cátedra de San Pedro) ¿qué pintamos nosotros felicitándonos por el advenimiento del Salario Mínimo Vital? ¿Por qué buscamos con tanta insistencia una vacuna (¡una vacuna, oh Señor!) que nos libre de una pandemia que ahora sabemos que no es vírica sino diabólica? ¿Cómo osamos limitar el aforo de los templos, impidiéndonos acudir en masa a orar, mostrar humildad y sufrimiento, proclamar nuestra devoción incontrolable (¿incontrolable?) por la Virgen?

¡Cuán errado es nuestro juicio! ¡Qué equivocación universal!

Las cuatro reglas (esas que antes circunscribíamos neciamente a la aritmética) para vencer al diablo ya están dichas. Las ha dicho el exministro. Se las contó un papa. Y yo, de humildad demostrable pues mis recursos no dan para más, pero enemigo radical del sufrimiento, nada dado a la oración y sin devoción por virgen alguna (ni alguno) que haya cumplido ya los 19… estoy jodido.

Ya ven que no será un ‘relator’ quien esté llamado a moderar esa mesa de diálogo de Catatluña: qué craso error. Ya ven que no será sino el mismísimo Demonio.

 El dibujo es de mi hermana Maripepa.

https://www.huffingtonpost.es/entry/el-exministro-fernandez-diaz-trending-topic-tras-contar-que-el-papa-le-dijo-que-el-diablo-quiere-destruir-espana_es_5ee339b7c5b60caaf57fac60

domingo, junio 07, 2020

La mano derecha de Luis XVI

No ha sido una noticia demasiado comentada, porque en España no sabemos darle importancia a lo que realmente la tiene; pero ha sucedido. Ha sido en  Louisville, Kentucky. La mano derecha de la estatua de Luis XVI, que preside una de sus plazas principales, fue arrancada del resto del cuerpo escultórico como consecuencia de los disturbios que se siguen en el país americano por la muerte de un negro llamado George Floyd a rodillas de un policía.

20200607_000914Ni el hecho de que un señor negro fuera asesinado por un policía de forma especialmente cruenta, ni el otro menos actual de que el tal Luis XVI fuera públicamente guillotinado por su pueblo en la parisina plaza de la Revolución (hoy de la Concordia), parecen ser de relevancia alguna para el duque d’Anjou, don Luis Alfonso de Borbón, bisnieto de Franco y descendiente no sé en qué grado del rey francés ahora mancado. 

El duque muestra en las redes sociales su desolación por tamaña tropelía y hace votos para que sea prontamente restaurada, no ya la mano, sino el mismo honor de su antepasado rey.

Se ignora si hay también en Louisville, Kentucky, un clamor popular por tal desaguisado, toda vez que, según el propio duque señala en su alegato, los regalos de Francia fueron muy importantes para los EE.UU. Pero más parece que la conmoción para la ciudadanía de aquel país esté centrada en el asesinato del tal Floyd y no en este otro acontecimiento, de suma relevancia histórica, que pasaría desapercibido para la masa inculta si no fuera por la nobilísima preocupación de don Luis Alfonso y mía. 

Queda así patente, como ya avanzábamos hace algunas semanas, que en estos tiempos de convulsión o, por circunscribirlo mejor, de crisis social y sanitaria mundial, las estructuras humanas están sufriendo mutaciones nunca antes conocidas y que, dónde antes apenas podíamos distinguir entre ricos, pobres y clerecía,  encontramos ahora estratos variopintos que pasan por infectados, seroprevalentes, inmunes, asintomáticos, sanos, negros (de estos siempre hubo) y ¡nobles! (que también vienen de lejos), donde solo estos últimos parecen haberse encontrado de bruces con la verdad.

La clerecía ya tenía la verdad, solo que ahora no la ejerce sino para reclamar más aforo para sus oficios en los ‘cambios de fase’ del plan del Gobierno para la desescalada. Sin embargo, la nobleza (que también debía tener la suya) no la había manifestado hasta aquí, y ninguna mejor causa que la de hacer valer el pesar inmenso por la mutilación de Luis XVI (en realidad de su estatua) en Louisville, Kentucky.

Existen. Están.

La Real Asociación de Hidalgos de España (existe, está), que agrupa a los hidalgos y otros nobles en una ‘unidad nobiliaria de carácter nacional’, aún no se ha pronunciado sobre el desafortunado mancamiento de Luis XVI. Con toda seguridad el motivo del mutismo se halla en  tratarse Luis XVI de un rey francés cuyo linaje, si existiera, caería fuera del acervo de las fronteras del reino, a pesar de que quien reclama su descendencia sea un español. Puede ser por esto, o porque estén ahora con mucho lío con eso de haber salido a la luz que gestiona (la Real Asociación de Hidalgos de España) con poco o muy poco rigor, unas cuantas residencias de ancianos de la comunidad de Madrid cuya mortalidad como consecuencia de la covid-19 ha resultado escandalosa.

Y así van pasando los días. Los unos quitándose el hambre como pueden en las colas de los comedores sociales, a la espera de que el Ingreso Mínimo Vital sea un hecho y garantice la dignidad que merece todo ser humano. Los otros cabreados como monos porque están hasta los cojones de que el color de la piel convierta a los más oscuros en dianas de los claros y esquivando a los soldados desplegados por Trump en las calles. Y aún un grupo más, los nobles, ocupados en si los gobiernos del mundo muestran el celo debido y restablecen las manos heridas de sus estatuas.

Casi, en este afán mío de simplificar lo que es complejo para ayudar a su comprensión, podríamos resumir todo lo humano en dos grandes categorías, a saber: unos que son muy gilipollas y otros que no tanto.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 31, 2020

Ingreso Mínimo Vital

Fidel Castro, que era un dictador muy malo que sacó al Estado Cubano de la miseria en la que le había sumido la tiranía de otro dictador, dijo una vez: ‘En Cuba hay muchos que tienen poco, pero nadie carece de todo’.

(Cabe anotar que durante esa dictadura ignominiosa, se forjaron un sistema educativo y una sanidad pública –no podía ser de otro modo en un Estado comunista– que hoy ha exportado cientos de médicos voluntarios a todo el planeta para combatir el covid-19.)

¿Se imaginan un país en el que no muchos tengan que tener poco (porque hay riqueza suficiente) pero nadie carezca de todo?

Llamamos cariñosamente a este fenómeno (a la herramienta que lo hace posible) Ingreso Mínimo Vital.

IMG-20200530-WA0007Y no, no es una fábrica de vagos, maleantes y desocupados ricos (de estos ya tenemos de sobra); es la garantía de que en todas las neveras del país hay leche para el desayuno de los niños. Nada más. Nada menos.

Después discutimos sobre cómo se evitan los abusos, cómo se combina con otras prestaciones, cuánto vale, quién es y quién no candidato a obtenerlo, en qué plazos… Hoy lo que sabemos es que ayer el Gobierno de España aprobó un real decreto ley (que tendrá que ratificarse por el Congreso de los Diputados en una sesión que intuyo bochornosa) por el que se garantiza que habrá leche para el desayuno en todas las neveras.

¿Recuerdan todo lo que se habló cuándo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero propuso al Congreso –y este aprobó– la Ley de la Dependencia? ¡Una ley sin financiación! ¡Una utopía! ¡Una entelequia!… Hoy nadie duda de ella a pesar de las deficiencias de gestión que pueda haber en según qué comunidades autónomas. Ahí está.

Entre el ruido monstruoso de una oposición capaz de caminar sobre los muertos con tal de derrocar al Gobierno legítimo de la nación, que esta semana nos ha dejado perlas de las que mejor no hablar, Sánchez ha colado vía decreto ley la implantación del derecho a la subsistencia de todos los españoles.

Sabemos que ha costado mucho trabajo encontrar el acuerdo entre los partidos que se sientan en la mesa del Consejo de Ministros. Sabemos que el PP brama contra la tramitación de la norma vía decreto ley (que no le permite introducir enmiendas, como si la que tienen liada les diera opción a intentar nada con ellos). Sabemos que la implantación del Ingreso Mínimo Vital dará muchos quebraderos de cabeza. Dudamos de la capacidad del Estado para conseguir la financiación… pero ya es Ley. Ya está aquí.

Con toda seguridad será uno de los grandes progresos sociales que producirá este momento agónico; lo único bueno que podamos sacar de todo este inmenso lío. Y ya es un hecho.

Hará que cambien las relaciones laborales (nadie tendrá que mendigar un empleo de mierda a cuatro euros la hora). Hará que cambie el panorama de nuestras ciudades y de nuestros pueblos (nadie tendrá que mendigar un pedazo de pan). Hará que la sociedad sea más justa y que otros no se puedan enriquecer explotando a sus semejantes en la economía sumergida (nadie tendrá que volver a coser pantalones en un sótano). Y hará que algunas personas abusen (¡y qué coño vamos a hacer!). No busquemos excusas para denostarlo: se trata de dignidad.

Esa cantidad de dinero inyectada en el tejido social, hará también que se alegre el negocio de las panaderías, las charcuterías, las tiendas de variantes, los mercadillos, las lencerías o los comercios de electrodomésticos, pero de eso tendremos más ocasión de hablar.

Hoy importa que se ha levantado el cuarto gran pilar del Estado del bienestar. Cerrando el círculo. Orgulloso del Gobierno de España; hoy no es día para mirar a la derecha sino con lástima por lo que ha desvelado de ellos la estrategia rastrera de acoso y derribo que se han marcado para el peor momento de la historia reciente de España. Ellos dirán que no (les horroriza pensar que la ciudadanía esté aprobando su gestión y la difamarán por los medios posibles). Nosotros, que somos muchísimos más, diremos que sí. Porque después de hoy, aquí, nadie carecerá de todo.

Ha sido el Gobierno progresista PSOE-UP. Que no se nos olvide.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, mayo 24, 2020

Geometría variable

De eso nuestros parlamentarios no hablan.

Hablan de otras cosas. De máximo interés todas. Pero no de eso.

Hablan de la insultante intrusión del Estado en las competencias autonómicas y de la activación o no de la mesa de diálogo Cataluña-España, porque si no se reactiva la mesa, ERC no vota la prórroga del estado de alarma.

¡Con cuidado! Porque si se reúne la mesa, quien no vota la prórroga es Ciudadanos.

Hablan del Concierto Vasco y de en qué cosas debe mandar la autonomía y no el Gobierno de España en las fases de desescalada, con el fin de no sentir cercano el aliento pestilente del centralismo a la hora de tomar las decisiones. Ello aunque, en definitiva, el bicho entienda poco  de fronteras y más de señoras y señores, vivan estos donde coño vivan o hablen la lengua que hablen.

Hablan de financiación autonómica, de deuda histórica, de líneas rojas, azules y polícromas que deben o no traspasarse en las negociaciones.

De lo que no hablan, en sí, es del bicho.

Y ahora hablan también de la reforma laboral.

¡Coño!

¿Cómo se argumenta con un mínimo de sentido común el aserto ‘o me derogas la reforma laboral o no te voto la prórroga del estado de alarma? ¿O el de ‘te sientas en la mesa de Cataluña o te suelto a la población y a contagiarse todo dios’? ¿O que ‘o revisas la financiación de mi autonomía y me largas no sé cuántos cientos de millones o abro las playas e infecto hasta a los marrajos’?

¿Cómo se puede salir a la calle después de haber votado en el Congreso de los Diputados en contra de la única medida que puede contener la expansión del puto coronavirus este, so pretexto de que el Gobierno lo que quiere es prolongar sine die una ‘dictadura constitucional’ (si es que tamaña figura cupiera en constitución alguna)?

Las posiciones de Vox la verdad es que me importan un huevo: el discurso intelectual que sujeta la ideología del partido (por más escaños que ocupe, más caceroladas que impulse o más coches que convoque a pitar por las calles de las ciudades para intentar tumbar al Gobierno) no soporta el más liviano análisis político ni por la izquierda ni por la derecha. Las del PP me preocupan muchísimo más, aunque solo sea por la sospecha de que en algún momento quienes hoy las esgrimen pueden encontrarse con la responsabilidad de llevarlas a cabo. Nada que llevar a cabo, ahora que lo pienso: ninguna propuesta se encuentra detrás de la posición numantina del ‘de qué se habla, que me opongo’, más allá de la declaración de luto nacional y alguna otra gilipollez del estilo. (Que no digo yo que no estemos de luto, pero que declarado o no declarado e izadas o no a media asta las banderas, el bicho va a seguir corriendo igual si la propagación no se evita con medidas más contundentes que estas).

No sé si un partido que vota junto con Vox se puede escandalizar de que otro lo haga junto con Bildu o junto con ERC. A mí, desde luego, no me escandaliza: las tres son fuerzas políticas legítimamente representadas en el Parlamento Español, y el mal que quieren unos (según lo ven los otros) es perfectamente asimilable al que buscan los otros (según lo ven los unos). No sabría valorar si es más grave la independencia de Cataluña que pretende una parte del parlamento, o la vuelta a la moral hipócrita del franquismo que pretende esa otra.

Pero sí me escandaliza que los partidos del Gobierno anden a la greña peleando por un asunto que hoy, rigurosamente hoy, es absolutamente irrelevante.

IMG-20200523-WA0010_Me jode como a cualquiera (de izquierdas) que siga vigente la reforma laboral del PP. Pero ¿Ahora? ¿En plena crisis sanitaria mundial y a las puertas del mayor cataclismo social que se ha conocido en España desde el fin de la Guerra Civil? ¿Hoy tenemos que derogarla? ¿Esta semana? ¿En diez días? ¿Antes de que se declare la ‘nueva normalidad (de los cojones)’ piensa alguien que se puede modificar toda la estructura normativa que soporta las relaciones laborales de un país?

¡Qué gilipollez, por favor!

Y ¿Qué mierda tiene que ver eso con mantener o no las medidas que nos llevan a esa nueva normalidad, esto es, las que controlan la progresión de la pandemia?

¿De verdad Pedro Sánchez se ha visto obligado a sacar adelante la prórroga del estado de alarma a cambio de pactar ‘derogación íntegra’ de la reforma laboral?

¿De verdad Pablo Iglesias lo ve ‘cristalino’ (según apunta una y otra vez en los medios de comunicación) y va a hacer de eso su gran causa en un momento como el que vivimos?

Se ve que no es solo el PP el que anda buscando tajada de este drama.

¿Nadie va a escuchar a Nadia Calviño?

Si el Partido Socialista no se afianza definitivamente y consigue liderar este asunto imponiendo la cordura que se precisa (insisto, se precisa) más pronto que tarde, independientemente de mesas de diálogo, negociaciones presupuestarias, geometrías variables y reformas legislativas que son ajenas al problema, en este país se va a liar muy gorda.

O a lo mejor está ya liada así de gorda.

No es solo falta de talla política. En uno de los peores momentos de nuestra historia reciente no ha habido altura moral.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.