domingo, abril 25, 2021

Lo irreal. Lo real


Esperanza Aguirre vendía un Goya de estraperlo. Los hay. No deben ser muchos, pero la noble familia política de Esperanza Aguirre tenía uno opaco. Sin registrar. Como había sido ministra de Cultura y era la presidenta de la Comunidad de Madrid, sabía lo que hacía. Y sabía cómo tenía que hacer para burlar la normativa que ella misma estaba llamada a vigilar. Y eso ¿por qué? Porque las normas no son para ellos. Porque una cosa es que la gente de la calle, la plebe, vaya vendiendo goyas por ahí a tontas y a locas, que eso no se podría tolerar, sería tráfico de obras de arte, y otra bien distinta que nosotros, la nobleza, no tengamos derecho a vender nuestros goyas como nos dé la real gana.

Nosotros la nobleza, la elite económica, los de siempre, los de los apellidos compuestos, los de la alcurnia, lo podemos todo. Entiéndase que las normas están hechas para mantener el orden. Pero nosotros, los de siempre, somos el Orden. Es el mundo de la irrealidad, el que solo incumbe a los pocos elegidos a los que las normas no afectan, porque somos el Orden, lo entienda usted o no.

Azote del comunismo (si es que lo hubiera)

El mundo de la realidad es mucho más básico. Como más elemental, diríamos. Para combatirlo hemos bajado a la arena a Rocío Monasterio (una inmigrante cubana muy bien casada que, por ello, ha ascendido de condición y no es una de esas MENA que nos salen tan caras), armada con una navaja barbera y un título de candidata. Y hemos afilado nuestras balas y las mandamos por correo a los ministros del rojerío, a directoras generales, a otros candidatos que no merecen el título de tal, porque no son de los nuestros. O ¿qué se habrán creído?

Las cosas pueden llegar hasta un límite. Pero ya se ha sobrepasado y Rocío Monasterio ha llegado para que las aguas vuelvan al cauce del que nunca debieron salir.

Rocío no, pobre. Rocío solo tiene su navaja barbera algo mellada y sus títulos de candidata y biencasada (el de arquitecta lo obtuvo demasiado tarde para ejercer). Romperlo todo, exasperar al respetable, llenar de odio las calles y las estaciones de Metro es, en realidad, el objetivo de quienes somos el Orden.

¿Cree usted acaso que nosotros estamos obligados a cumplir las reglas? Pregúntele a Esperanza. Y no se equivoque. Hemos entrado en el sucio juego de la democracia (democracia, ¡qué palabreja!) porque ellos nos han obligado a atacarla desde dentro. Porque las cosas estaban pasando de castaño oscuro con tanta leyecita de pacotilla y tanto sueldecito y tanta mamandurria. ¿Qué es eso de que usted se pueda casar con quien le dé la gana o pueda elegir libremente el momento en el que ha de morirse o el género con el que se identifica? Y, sobre todo, ¿Qué pamplina es esa de que nosotros tengamos también que pagar impuestos por nuestros goyas o por nuestras riquezas? ¡A ver si se cree que a mi bisabuelo el vizconde se las regalaron!

¿Es que no ve la de personas que están dispuestas a partirse el pecho por nuestra causa en el momento que entonamos la palabra libertad? ¿No se dan cuenta de la clase de sociedad que han creado con tanta gilipollez? ¡Ahí los tienen convertidos en votantes apasionados! ¡Ja!

Se han acabado los debates electorales. Se acabaron. ¿Qué clase de democracia es esta en la que me exigen repudiar práctica tan democrática como enviar amenazas de muerte en forma de balas de cetme a mis oponentes? ¡Rocío, échalos del plató! Bastará esa insolencia cínica y esa sonrisa halitósica de suficiencia para que se vayan marchando. No tienen media hostia. “Vamos, valiente, levántate y lárgate, que es lo que queremos todos los españoles”. ¿O no cree usted que Rocío Monasterio encarna en sí misma (no por nación, sino por matrimonio), el parecer de España toda?  

Se acabaron los debates electorales. Vamos poco a poco a por la democracia (¡qué palabreja!) “Pablo, cierra al salir”, tú no eres del Orden.

Esto se acaba. La amenaza del comunismo es el arma más eficaz. Esa y la navaja barbera de Rocío Monasterio, agitada (no batida) con la pose castiza de Isabel Díaz Ayuso, otra débil mental que también ondea, junto con su título de candidata, los colores de la bandera.

¿Importa algo retomar las viejas tácticas del período de entreguerras (balas, miedo, golpes de estado si llegara el caso) para lograr el alzamiento?

La amenaza del comunismo provocó 16 golpes de estado en Europa entre 1920 y 1938, todos de corte fascista. Todos salvando a las respectivas patrias de la amenaza bolchevique que, fuera real o no, encarnaba la destrucción de los privilegios de las grandes fortunas, de la aristocracia, del Orden.

Obreros del mundo: ¡cuidado con el comunismo! Obreros de España: ¡Cuidado: nos roban la libertad! ¡No quieren que vendamos nuestros goyas! ¡No podéis permitirlo!

¡A la lucha!

Eso es lo real.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 18, 2021

La madrileña

Chabacana pero simpática

Mi hermana Maripepa dice que Ayuso barrerá en las elecciones del 4 de mayo, porque se le entiende todo.

Ese lenguaje cuidado de los politólogos que han invadido todo lo que se mueve a la izquierda del PSOE, nos tiene a todos un poquito hasta los cojones. Porque es una verdadera pesadez escuchar la pedantería esta de los espacios de co-decisión política en escenarios de gobernanza compartida, cuando lo que quieres decir es que tú también mandas y que si no te dejan la vas a liar parda.

Ayuso guiando al pueblo

Ayuso no dice espacios de co-gobernanza. Ni se le ocurre. Se trastabillaría sin ningún género de dudas. Ayuso dice ¡Comunismo o libertad! Y en pose de Libertadguiandoalpueblo, pero más tapada, como si de la Revolución Francesa se tratara, ondea su bandera de estrellas y lanza a su pueblo contra el inquilino de la Moncloa, principio y fin de todos los males de la hostelería.

El discurso ramplón enfebrece a las masas. Se le entiende todo a esta muchacha que, para cuando queramos darnos cuenta, habrá hecho del nacionalismo madrileñista ese licor suavísimo que reconforta a los propios y enerva a los extraños. España dentro de España ¿qué otra cosa es Madrid?

Madrid, castillo famoso/que al rey moro alivia el miedo,/arde en fiestas en su coso,/por ser el natal dichoso/de Alimenón de Toledo. (Nicolás Fernández de Moratín, dixit).

Y, sin embargo, el daño será enorme. No puede ser de otra manera. Porque un pueblo cuyo hecho diferencial más notorio había sido la ausencia de hecho diferencial, se identifica ahora con las consignas facilonas que envuelven de magia cateta, hostelera y pseudo-libertaria, un madrileñismo convertido en conjura contra todos.

Ayuso agrede la inteligencia política más liviana. Igual que la agredía Trump o que la siguen agrediendo Bolsonaro u Orbán. Es el catetismo de derechas llevado a sus últimas consecuencias, ese que llega a la fibra sensible del elector con el grito de ‘¡nos quieren arrebatar la libertad!’.

Bajar y bajar impuestos (una comunidad rica, que se puede permitir tal lujo a base de contar con un endeudamiento desproporcionado y de dejar bajo mínimos la calidad de los servicios públicos esenciales, privatizando aquello que por su naturaleza no puede privatizarse). Bajar impuestos y abrir los bares. Despreciar las normas más elementales de convivencia entre los pueblos en tiempo de pandemia, aunque sea a costa de despertar esa madrileñofobia de la que ya habló el doctor Simón. Convertirse en el azote del Gobierno de España para batirse, no con Sánchez, sino con Casado, por ocupar la gran silla que da acceso a las mieles del poder. Eso y despertar en cada madrileña, en cada madrileño, ese prurito de superioridad moral que otorga formar parte de la capitalidad del Estado. 

Romperlo todo.

Y en Leganés, en La Elipa, en Carabanchel, en Móstoles, entrando en olor de multitudes a esos mítines en los que no dirá nada, en los que no hablará de su proyecto de comunidad, en los que no significará nada la economía, ni el desempleo, ni la degradación del medio ambiente. En esos mítines en los que se escuchará que el Gobierno bolivariano nos quiere robar la libertad que hemos conseguido con tanto esfuerzo y que ella, Ella, ha sido llamada para impedirlo.

¡Madrileñismo o muerte! ¡Los bares abiertos y el chocolate espeso!

Y cuando, con Vox, gobierne en la Comunidad y demuestre a ciencia cierta que ¡sí se puede!, se batirá el cobre con su jefe de filas con todo el bagaje de haber sido la primera candidata en rozar la mayoría absoluta en un pueblo que, eso sí, entendía todo lo que decía.

Parece un mal sueño, pero si Trump pudo, Ayuso va a poder. Y, recordando a Gómez de la Serna, “Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España”

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 11, 2021

La tasa Covid

 Sé que no sucede con mucha frecuencia pero el mundo, de cuando en cuando, nos sorprende con alguna propuesta que nos deja ojipláticos ante el ordenador al repasar la prensa del día.

Cuando la realidad económica parece centrada en la subida de la electricidad y los carburantes, ajena a la lentitud de la recuperación económica y, por ende, al sufrimiento de la ciudadanía (a los grandes operadores de la energía les importa un huevo que las familias se sigan quitando el hambre a hostias mientras el Gobierno les ingresa o no lo que les corresponde del ERTE en el que están metidos), aparece un atisbo de racionalidad de la mano del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se atreve a decir en alto lo que, en realidad, todos tenemos en mente desde la aparición de la covid-19 y de la pandemia económica que lleva implícita.

¿Por qué no pagan la factura los que se están forrando a su costa?

Parece una simpleza; la reflexión de cualquier iletrado y, sin embargo, también el FMI ha caído en la cuenta: que los más ricos ayuden a pagar la factura de la crisis y, especialmente, aquellos que se han enriquecido como consecuencia de ella, las farmacéuticas, las empresas altamente digitalizadas.

No es la conclusión a la que ha llegado una colla de comunistas irredentos que buscan destruir el sistema a base de terminar con el capitalismo, que es de lo que comúnmente acusamos a todo aquel que mira hacia los poderosos con intención de que repartan un poquito más. Es la recomendación del último informe “Monitor Fiscal” del FMI que no son, precisamente, un peligroso grupo de revoltosos.

El dato es que el Fondo Monetario aboga por que “para ayudar a satisfacer las necesidades de financiación relacionadas con la pandemia, los responsables de formular las políticas podrían considerar una contribución temporal de recuperación de la Covid-19, que grave los ingresos más altos y la riqueza”. ¿Cómo se queda?

Indican que la fórmula no puede ser homogénea y que mientras “en las economías emergentes y de bajos ingresos, la prioridad será mejorar la administración fiscal y recaudar más impuestos al consumo”, “en las economías avanzadas observamos una erosión de los ingresos del impuesto de sociedades y también vemos una erosión en la recaudación de la renta de las personas en la parte más alta de la escala de riqueza”.

El resumen, una tasa temporal que grave los ingresos más altos y la riqueza, a modo de la que ya se impuso en Alemania para ayudar a la reunificación del país tras la caída del Muro de Berlín o a las que ya se ensayaron en Australia o Japón en la segunda década de este siglo (2011y 2013 respectivamente).

La fórmula es tan simple que seguramente, en casa, a la hora de comer, ya se ha formulado una y otra vez: ¿es posible que la industria farmacéutica, cuyos beneficios a costa de la pandemia no creo que se puedan calcular, no esté colaborando en paliar las consecuencias de esto que la enriquece hasta ese punto? ¿Puede ser que las tecnológicas, con un repunte en las bolsas no conocido hasta hoy, sean ajenas al esfuerzo de la recuperación? ¿Podemos permitir que la gran banca siga haciendo oídos sordos al clamor de la sociedad por un reparto más justo del sufrimiento?

Segundo: Hambre cero

El FMI ve en peligro la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por la ONU en la Agenda 2030: Fin de la pobreza, Hambre cero, Salud y bienestar, Educación de Calidad, Igualdad de género, Agua limpia y saneamiento, Energía asequible y no contaminante, Trabajo decente y crecimiento económico, Industria, innovación e infraestructura, Reducción de las desigualdades, Ciudades y comunidades sostenibles, Producción y consumo responsables, Acción por el clima, Vida submarina, Vida de ecosistemas terrestres, Paz, justicia e instituciones sólidas, Alianzas para lograr los objetivos.

El FMI, decía, ve en peligro los ODS. Los enumero para reafirmar su contundencia. Los diecisiete. Yo he bajado quince peldaños esta primavera y estoy pensando solo en los dos primeros: Fin de la pobreza, Hambre cero. ¿A quién ofende que esto lo paguemos entre todos? ¿A quién ofende que alguien pueda estar pensando en que los que tienen tanto más que los demás paguen una factura más alta?

La propuesta apenas ha tenido acogida mediática. Vicente Vallés estaba tan ocupado en lucir su luto por la (no exactamente temprana) desaparición del duque de Edimburgo, que olvidó que las más altas instancias económicas del mundo están pensando, al fin en alto, en un reparto más justo de la riqueza planetaria. Los telediarios prefirieron abrir con la transcendental noticia de la muerte de un príncipe británico del que no se conoce más aportación a la humanidad que haber sido el educado consorte de una reina.

Esto de la tasa Covid… ¿será cosa de comunistas?

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 04, 2021

Año II

 Aquello que llamábamos ‘nueva normalidad’ se va convirtiendo en ‘simple normalidad’. Y no mola.

Habíamos aprendido que se puede vivir sin fútbol y que las enfermeras que se afanan en las unidades de cuidados intensivos velando por la vida de los afectados por la covid-19 son más importantes que los futbolistas aunque ganan un poco menos.

Este año hemos aprendido que también se puede vivir sin procesiones y que no vale la pena ponerse tristísimo por la cosa de la muerte de Jesucristo, toda vez que tenemos la experiencia de que va a resucitar (todos los años pasa en un domingo como hoy).

Entre tanto, hemos aprendido, salvo en Madrid, que se puede vivir sin bares, con las horas de circulación acotadas, con los comercios a medio gas, sin invitados en casa, con el número limitado de personas con las que dar un paseo, sin ver a nuestros sobrinos, a nuestros nietos quienes contamos ya con edad para tenerlos, sin viajar al extranjero, sin expectativas.

Hemos aprendido a que cada día el número de muertos ascienda o disminuya (150, 300…) según el estado del número de ola pandémica en la que nos encontremos y a asimilarlo como una cifra más de las que nos ofrecen los informativos con el mismo tono monocorde: sube el paro, bajan los muertos, se prevé crecimiento negativo (¿qué coño querrá decir?) de la economía para 2021. Cifras, al cabo.

La disnormalidad se ha convertido en lo cotidiano.

Supongo así que, para romper la monotonía, no debe extrañar que una sede de Podemos, la de Cartagena, sea atacada por un grupo de necios con artefactos explosivos o que el Capitolio, sede del Congreso de los Estados Unidos, sufra un atentado (el segundo en tres meses) perpetrado por un tipo que buscaba no sé qué alivio estrellando su coche contra la protección del edificio. Los franceses son más pacíficos, sin embargo, y pueblan la capital de España en busca de la cerveza que en su país le niegan. Alguien les ha dicho que en Madrid está todo abierto (y es verdad) y sus calles no estaban tan pobladas de gabachos desde 1808.  

Alegres muchachos de fiesta en Madrid

Y es que la presidenta madrileña no cree en las ‘medidas’. De alguna manera es normal: no ha leído mucho y tiene como asesor al mítico Miguel Ángel Rodríguez (poco que añadir), tándem que ha decidido que si haces lo que nadie más hace, te diferencias. Y ¡vaya que sí te diferencias! Para eso tiene que faltarnos a todos al respeto (y vulnerar nuestro derecho a la salud), pero pocos lo advierten. De hecho, le funciona, porque el concepto de libertad que maneja esta derecha nuestra, ajeno a todo lo que comporte no hacer lo que te salga de los cojones si es que puedes y si no peor para ti, funciona muy bien para estos que sí pueden. Y no creo que sea un efecto de la pandemia que haya abotargado su mente infantil. Más bien creo que es una estrategia bien medida que conducirá el 4 de mayo a otra victoria de esta “derecha libertaria” que se amamantó a los pechos de Silvio Berlusconi y se hizo fuerte a los de Donald Trump.

Pero entonces no había pandemia en el planeta: cada uno podía volver a casa a la hora que quisiera y cocerse a cañas en el bar de su elección en cualquier lugar del mundo dotado de electricidad. Ahora no. Entonces ya jodía, pero ahora jode un poco más porque ya no nos quitan solo esas verdaderas libertades que falsamente enarbolan, ahora nos contagian de una cosa que mata.

Andamos apenados, sujetos a una forma de estar que no es la nuestra, limitando todo aquello de lo que hace poco más de un año disfrutábamos sin saber que eran lujos. Soportando los ERTE que nos permiten apenas pagar los gastos, entendiendo con dificultad las restricciones que nos imponen e imponiéndonos otras añadidas, por ese respeto tan poco de moda: para no sentirnos portadores del mal en la casa de nadie. Y toleramos los vídeos jocosos de los chicos listos que se fueron de fiesta a Madrid (o a la estación de esquí) para sentirnos pelín gilipollas por ser quienes sí cumplimos con las reglas.

Las reglas, las putas reglas. Semana Santa de mierda fumando un cigarrillo en el balcón de casa, con la única alegría de que este año las calles no estarán resbaladizas por la cera de los velones. La putas reglas que nadie parece entender pero que todos sabemos para lo que sirven.

Ya hemos aprendido que se puede vivir sin procesiones y sin fútbol y sin bares. Ahora nos toca aprender a soportar a quienes se mean en nosotros en nombre de su libertad. Pero esto va a ser más difícil.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, marzo 28, 2021

Rociíto (o tal)

No había vuelto a saber nada de Antonio David desde que, hace mucho tiempo, escuché en Tele5 a uno que era idiota diciendo sandeces sobre el asunto de ETA. Antes de cambiar el canal, averigüé que se trataba de un guardia civil que guardaba para sí el producto de las multas que imponía, cuyo único éxito personal había consistido en casarse con una señora que tenía una madre que cantaba copla.

Aquello no me volvió a ocupar, excepto por haber constatado quiénes son los que en este país nuestro crean y difunden opinión: los guardias civiles que se casan con hijas de señoras que cantan copla, comprendí. Y me sumí en mis pensamientos con una cicatriz más en mi inteligencia ya maltrecha.

Supe después que también eleva a las cumbres de la difusión del pensamiento el hecho notorio de concebir una criatura con un torero mediocre, pero para entonces mi televisor ya no sintonizaba Tele5, de manera que este aprendizaje tardó poco en disiparse de mi entendimiento junto con la figura esperpéntica de la señora que lo representaba y del torero con el que engendró.

Pues bien, de esa máquina de crear seres abominables que es Tele5, también hemos sabido en estos días que es capaz, como Saturno, de devorarlos en espectáculo emitido en ‘prime time’ y, oh prodigio del mundo ‘mass media’, forrarse con tal ejercicio de canibalismo.

Así hemos conocido que Rociíto, hija de Pedro Carrasco y Rocío Jurado —la más grande— (fuente: Wikipedia), el boxeador y la cupletista como representación empírica de que la realidad supera y no por poco la ficción, Rociíto, decía, se unió en matrimonio morganático (él no pertenecía a los círculos exclusivos de la grandeza del colorín) con un guardia civil que el programa Aquí hay tomate —lo supongo por la época— elevó a la categoría de divulgador.

El tal Antonio David tuvo, por lo que supimos, que abandonar la Benemérita cuando se descubrieron sus prácticas poco o nada decorosas con el dinero de los infractores de las normas de circulación, y esta oportunidad, adornada por el poder mediático del sujeto y de la esposa del sujeto, se aprovechó por la cadena para darle beneficio (oficio no se le recuerda) como tertuliano. Otro prodigio, porque no existe atisbo de que el chaval tenga solvencia alguna en ninguna materia que pueda resultar de interés para un medio cuyas funciones en la sociedad son informar, formar y entretener.

Sería necesario aquí hacer una reflexión sobre el concepto ‘entretener’: qué entretiene y qué no, que es lícito exhibir para entretener y qué no, a quién entretiene qué y cuánto dinero da que tan gruesa franja de la audiencia se entretenga con el espectáculo obsceno de exhibir la intimidad de las belenes esteban que en el mundo hay vivas. Sea esto dicho en el bien entendido de que, ni el rabo de Antonio David, ni las tetas de Belén Esteban, resultarían tan obscenas como aquello otro que exhiben sin pudicia alguna.

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En la tele con sus cosas

La cosa es que rizando el rizo de la obscenidad, el presentador de Sálvame entre lunes y jueves (el programa del viernes lo conduce Paz Padilla), Jorge Javier Vázquez Morales, (Badalona, Barcelona, 25 de julio de 1970) (Fuente: Wikipedia), presentó el otro día en su espacio para el vómito colectivo el documental ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’ o algo así. El producto televisivo consiste en una sentida declaración de esta hija de una cupletista —la más grande—, construida en varios capítulos, en el que cuenta (y contará: aún no se han emitido todos) lo más granado de su vida en común con el ex guardia y la descendencia de ambos: dimes, diretes, denuncias, alegatos, custodias, agresiones físicas, agresiones verbales, infamias, infundios, o sea, un festival.

Y, oh nuevo prodigio del mundo ‘mass media’, triunfó. Como la Coca-Cola.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, el líder de Más País, Íñigo Errejón, la portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, la de Vox, Rocío Monasterio… Todos y todas han dado su opinión sobre un asunto del que no tienen más datos que las monstruosidades que Mediaset ha fabricado para el lucro indecente de la cadena. Todos y todas tienen juicio certero sobre dos productos televisivos y su descendencia, un puñado de seres informes cuya intimidad desordenada por el efecto de la fama ha alimentado el morbo indecoroso de una audiencia ávida de la desgracia ajena.

Porque la opinión no era sobre la urgencia de clausurar Tele5 por dar pábulo a las digresiones grotescas de un maltratador (si lo fuera), o sobre si es lícito pagarle dos millones (si ello fuera así) a la hija de una cupletista —la más grande— por poner denunciar las torturas de su exmarido en público testimonio emitido en prime time, no. La opinión era sobre la vida privada de los sujetos en cuestión, sobre los delitos que han cometido o no, sobre la conducta de dos personajes que, de existir, solo existen en las mentes excitadas por el morbo de la audiencia.

Tele5 se convierte en juzgador. Sentencia y ejecuta la sentencia. Hunde o encumbra la reputación de los personajes deformes que crea, escudriñando sus vísceras en audiencia pública, supongo, amparada en el sagrado principio de la libertad de prensa. Encumbró a un maltratador generando la indulgencia de millones de personas ante un comportamiento infame, y ahora se lucra con el sufrimiento de la maltratada a la que da voz, no para reivindicar la atrocidad, sino para hacer caja con cuotas de pantalla desmedidas y facturas de publicidad impensables.

Y lo hace hasta tal punto que yo mismo, usted, que somos personas decentes que jamás hemos durado más de un minuto en presencia de Jorge Javier Vázquez, estamos hablando de esto un domingo por la mañana. Hasta tal punto que ministras del Gobierno toman partido, mis compañeros y compañeras de trabajo ya lo han tomado.

Si la excusa para opinar de semejante inmundicia es visibilizar el problema del maltrato psicológico a la mujer, el hostión ha sido inmenso: todo aquel a quién he oído opinar sobre el particular fuera de los medios oficiales se ha decantado por él y abominado de ella. Curioso, sin duda, porque se trata al parecer de un tipo que no ha vivido sino del nombre de ella (o de su madre de ella —la más grande—) y de sus desgracias personales.

Si la excusa es alimentarse de las vísceras de una familia, entonces no hay excusa.

Informar, formar  y entretener. Los medios de comunicación que deforman incumplen el fin primordial que tienen encomendado. Si, además no informan y, encima, entretienen a base de fomentar la insidia, no hay más explicación que dar. Por mucho dinero que ganen se tienen que ir.

Una sociedad que se alimenta de basura es una sociedad basura. Esto, por mucho que duela.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, marzo 21, 2021

Esa libertad de la que usted me habla

Aclarado el panorama, ya sabemos que la iniciativa de Iglesias de liderar aquello que hay a la izquierda del PSOE en la Comunidad de Madrid (y quién sabe), no ha tenido éxito.

Ya sabemos que lo de Murcia se apañaba con tres o cuatro sillones de a 76.000 en el Consejo de Gobierno.

Ya sabemos que a Ciudadanos le quedan tres cuartos de hora más lo que dure en Andalucía.

Y sabemos que Yolanda Díaz se perfila como la primera mujer importante de este país nuestro en política (en el bien entendido de que Arrimadas solo ha recibido una herencia envenenada y que Rosa Díez no importó nunca).

Buscando a Sánchez

Sabemos que ‘socialismo o libertad’ (aquella frase de Trump que Ayuso adoptó como suya) se les quedaba corto. Es verdad: ‘comunismo o libertad’ es mucho más concluyente, porque todo el mundo sabe que Sánchez está entregado a los brazos de Belcebú, y todo el mundo sabe que el demonio es comunista. Comunista perdido.

Y todo de lunes a jueves, que el viernes no pasó nada.

Se ve que la palabra libertad es muy engañosa.

Uno la entona y como que se le ensanchan los pulmones. Se te llena la boca de aire de la sierra, ese aire puro que nuestros padres buscaban para nosotros con ocasión y sin ella. ¿Hay algo más hermoso?

¡Comunismo o libertad! ¡Precioso!

Veo ‘cayetanos’ y ‘cayetanas’ sin mascarilla llamándola por las calles de Madrid y me sonrojo. Quieren libertad. Les hace falta.

Es muy difícil convencer a un imbécil de que su libertad de comerse todos los pollos atenta gravemente contra el derecho universal al pollo. Que su libertad para caminar sin mascarilla afecta a la mía de no ser contagiado. Y, si cuando uno tiene todo el dinero, se puede comprar todos los pollos, la justicia sufre tanto que la libertad palidece.

Son los dos grandes principios que se miran de reojo: los que lo tienen todo quieren ser libres para gastárselo, los que tenemos muy poco queremos que un punto de justicia nos deje disfrutar a nosotros también. Dicho de otro modo, a un niño somalí la libertad le importa un huevo. Quiere comer.

De este modo, tu libertad para comprarte tres diputados (los de Ciudadanos por lo visto están a buen precio ahora) y regalarle a Vox la cartera de Educación, pin parental incluido, choca contra la voluntad expresada libremente en la urnas por las personas que, seguramente, reclamarán justicia para que su libertad siga dibujada en el arco parlamentario de la Región de Murcia según la expresaron.

Y la libertad que Isabel Díaz Ayuso otorga graciosa a los madrileños de salir a contagiar a diestro y siniestro por el mundo entero, o a los de los bares de seguir poniendo cañas caiga quien caiga, choca contra la que tenemos los que cada fin de semana nos veríamos invadidos de madrileños contagiantes, si no fuera porque los comunistas que nos gobiernan han confinado perimetralmente los territorios en los que vivimos.

Comunismo o ¿libertad?

Diferenciar, pues, libertad de gilipollez es una de las asignaturas que deberían impartirse en primero de primaria, lo que en Murcia no va a suceder con Vox manejando las riendas de la educación, ni en Madrid, con nadie manejando rienda alguna.

Esta nueva manera del populismo fascista de diferenciar la izquierda y la derecha, en realidad, solo busca seducir para engrosar sus filas a aquellas almas de izquierda que creyeron que lo malo del franquismo fue que no había libertad. Y no la había (tal y como pretenden los que hoy claman por ella) sino para quienes tenían los recursos necesarios para comprarla (comprar sus abortos en Londres, sus divorcios –nulidades matrimoniales que queda más fino– en el Tribunal de la Rota…). Pero lo malo no era eso, lo terrible del franquismo fue que no hubo justicia (tal y como pretenden los que hoy claman por la libertad).

Ideología. Eso de lo que tantos presumen de prescindir. Eso que parece que se ha vuelto innecesario cuando la pugna se resuelve con cuatro sillones comprados con dinero público. Eso que los que dicen no ser de izquierdas ni de derechas, sino solo personas, tienen arraigado hasta la médula espinal, sin siquiera sospecharlo cuando meten en la urna el voto para Vox. Comunismo. Eso que empuja a Pedro Sánchez a llevar a las Cortes la ley de eutanasia o el Salario Mínimo Vital, en plena alianza con el Maligno. Libertad. Eso que vale para justificar que uno puede hacer lo que le salga de los cojones ignorando que por ahí hay alguien más.

Así que, señor de derechas, esa libertad de la que usted me habla, con todo el respeto, permita que yo me la pase por el forro de los huevos.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, marzo 14, 2021

Vergüenza


—Y, entonces, ¿por eso le hemos puesto su nombre a una pizza?

—Pero ¡qué pizza!

—Sí, jolín, a la Ayuso, que le hemos puesto el nombre de una pizza… Madonna Ayuso. ¡Santa Madonna!

—Que no, que lo que ha hecho la Ayuso es convocar elecciones a la Comunidad de Madrid.

—¿No habían sido en Murcia?

—No, no, en Murcia habían presentado una moción de censura.

—¿Ya no?

—No. Bueno sí, una moción hay, pero el PP se ha comprado tres diputados de Ciudadanos para que la pierdan.

—¿Se compran?

—Se ve que sí

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Intentando comprender; intentando explicarlo.

—Y ¿son caros?

—No creas.

—¡Ah! ¡Como en Madrid!

—Aquellos fueron más caros.

—¿Qué han costado estos?

—Una consejería cada uno.

—¡Ah! Pues no, no ha sido tanto.

—No. Que sepamos.

—Y en Madrid ¿qué dices que pasa?

—Elecciones. O no.

—Mira, Mari, no te entiendo.

—A ver, que Ayuso ha convocado elecciones anticipadas para que no le pasara lo que a Murcia.

—No quería comprar diputados otra vez.

—Se ve. Quería adelantarse a que los de Ciudadanos y los del PSOE  le pusieran otra moción de censura y evitar que Sánchez ‘asaltara’ la Comunidad de Madrid, como hizo con España, que Sánchez es muy de asaltar los sitios. Lo que pasa es que ya se la habían puesto los del PSOE y los de Más Madrid, y ahora andan en los tribunales viendo a ver quién fue primero. Por eso te digo que habrá elecciones…  o no.

—Y, si hay elecciones ¿puede ganar el ‘coletas’?

—Ahora lleva moño.

—¿Y va a ganar?

—Pues no.

—¡Lástima! Me gusta a mí ese hombre. Con moño y todo.

—¡Pero que no se presenta! Que ese es el vicepresidente del Gobierno de Sánchez.

—¡Ah! Pues entonces que gane Sánchez.

—Que no… Que son elecciones a la comunidad autónoma y ahí se presenta Gabilondo.

—¿El de la SER?

—Su hermano.

—¡Qué familiar todo! ¡Qué bonito!

—Y ha dicho que está contento, porque las elecciones son la fiesta de la democracia.

—¡Qué gilipollas!

—Ya te digo.

—No ganará.

—No. Ganará Ayuso y esta vez sin comprar diputados ni nada. Como en Madrid hay cuarenta partidos de izquierda, están todos desaparecidos y no les sale de los huevos ponerse de acuerdo, pues no les da la vida.

—¿Y tendrá que gobernar con Vox?

—Sí, sí.

—Y ¿no les da como corte?

—No creas.

—Y a los que se compran diputados ¿tampoco les da corte?

—Tampoco.

—Eso va a ser la pandemia. La pandemia pone las cabecitas muy mal. Lo he leído: se llama ‘fatiga pandémica’ que quiere decir que las personas están hasta los cojones de no poder ir a los sitios.

—Pero ¿eso que tiene que ver con que Ayuso haya convocado elecciones?

—Eso digo yo, que qué tiene que ver.

—¡Pues no digas tonterías!

—¡¡Anda!! ¡Si ahora soy yo la que dice tonterías…!

—No, mujer, no digo eso. El que dice tonterías es Gabilondo… 

—Antigüillo, ¿verdad?

—Sí, sí. Antigüillo, sí. O la Ayuso.

—¿Y esa qué dice?

—¡Socialismo o libertad!

—(Jijiji) ¡Se la ha copiado a Trump! ¿Verdad?

—Sí. Debe ser su referencia intelectual más sólida, después de la perrita Pecas.

—Podía haber gritado ¡vamos a vacunar a la gente de una puta vez!, que en Galicia están vacunando ya a los de 50 y aquí no hemos empezado aún con los de 80.

—Tampoco es mal grito. Ni sería un mal plan.

—Oye… ¿Estamos en la mierda?

—No te quepa duda.

—¡Sastremasgrandediosmio!

…En las elecciones a la comunidad de Madrid de 2003, el PP compró a dos diputados del PSOE para evitar la investidura de Rafael Simancas (PSOE) como presidente de la Comunidad. Y la evitó. Por entonces se dijo que la cosa había costado unos siete millones de euros (cinco para Eduardo Tamayo y dos para María Teresa Sáez, que como era mujer, cobró un poquitín menos por lo del techo de cristal). Por mucho menos dinero, que sepamos (unos 76.000 al año es lo que cobra un consejero en Murcia), el PP ha vuelto a garantizar el gobierno de una comunidad autónoma comprándose tres diputados, esta vez de Ciudadanos, por el procedimiento de darles un cargo a cambio de salirse de la disciplina de su partido y no votar a favor de la moción que han firmado.

A esta costumbre del PP de comprase personas para garantizar gobiernos se le llama comúnmente ‘transfugismo político’ y es una cosa que está muy fea. Bien es verdad que tiene más nombres, pero suenan fatal. Y también lo es que se entiende regular que la ciudadanía soporte prácticas de este nivel de asquerosidad con tanta mansedumbre.

Isabel Díaz Ayuso, por su parte, acojonada con el affaire murciano, ha cesado a todos los consejeros de Ciudadanos y, al grito trumpista de ‘¡socialismo o libertad!’, ha convocado elecciones justo después, parece, de que Más Madrid y el PSOE, registraran en el Parlamento madrileño una moción de censura cada uno. Ahora los tribunales dirán qué pasó primero, si la disolución de la Cámara o la presentación de las mociones de censura, porque ni estas se pueden presentar con las Cortes disueltas, ni las Cortes se pueden disolver con una moción de censura en trámite.

Este es el pollo: PSOE enviando negociadores por ahí para agrandar su poder en el territorio, Ciudadanos en abierta descomposición rompiéndolo todo y a sí mismo y PP buscando su hueco para evitar que Vox se haga con la hegemonía de la derecha española.

Estos chicos del PP llevan toda la vida viajando al centro (no sé ya si ese ‘centro’ no será el de la tierra). Alfonso Guerra se preguntaba que de dónde vendrían, pero ahora parecen los cómicos de Fernando Fernán Gómez en su Viaje a ninguna parte, pero ya sin dignidad.

El caso es que andan todos jugando a la suya en el momento más complicado que ha atravesado España desde el golpe de estado de Tejero o desde la gran crisis de 2007. Y ¿cuál será la de cada uno? Lo de las personas parece que no.

Entre tanto, observamos absortos al campeón de lanzar de güitos de aceituna, Teodoro García Egea, definir como de ‘mantenerse firmes’ la actitud de los tres diputados que, después de firmar la moción, anuncian su voto en contra a cambio de una silla de 76.000 (sillón, por tanto) en el Consejo de Gobierno. No tiene más significación que la de apreciar como cada uno justifica las barbaridades que hace acudiendo a palabras inmensas como esta de la ‘firmeza’ de espíritu, referido a quienes no son sino lacayos de fuerzas que, estoy seguro, ni comprenden.

Esto es un puto lío. Y de todo él se me ocurren solo dos conclusiones, a saber.

La primera es que no se compra a las personas (ni estas debieran venderse) y menos cuando lo que venden es la representación de quienes les han confiado su voto.

La segunda es que el panorama no está para gilipolleces.

Y me cabe aún una tercera: si la política tiene que dejar de dar vergüenza y esto es imperioso para que la sociedad avance y las cosas funcionen, los políticos tienen que dejar de dar vergüenza primero.

Me jode enormemente referirme a la clase política en términos despectivos. Ya hay quien lo hace constantemente y nunca me ha parecido que aportara ningún bien. Pero esta semana...

El dibujo es de mi hermana Maripepa