lunes, octubre 31, 2016

Polvo al polvo (con perdón)

Tal vez usted pensó que la humanidad llevaba muriéndose muchísimo tiempo (la humanidad toda no, para esto tiempo habrá) y que no necesitaba instrucciones sobre cómo proceder con sus difuntos.
Mas no.
Este Papa humilde y bueno (jesuita y argentino por si señas de humildad faltasen, de su bondad sobran datos) ha encargado a la Congregación para la Doctrina de la Fe (antes Santo Oficio y aún un poco antes Santa Inquisición, corporación cuyo expertise en producción de cenizas está fuera de toda duda) un manual de uso de los fieles difuntos que despeja  profundas dudas y corrige atroces prácticas hasta hoy consideradas aceptables para con nuestros seres extintos. Sí. Esto ha pasado.
Y ¡cuánta razón!
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Deudos inconscientes, con pabellón español, privando del Juicio
Final a su ser querido… y por la proa.
Porque, veamos: ¿con qué aspecto quiere llegar usted al valle de Josafat si, lejos de amontonarle en una urnita ad hoc  y depositar esta en lugar sacro, sus deudos lo espolvorean por cualquier parte con la nimia excusa de que aquello era caro? ¿Cómo espera ser llamado al Juicio Final si sus restos andan repartidos en pequeñas porciones que adornan escapularios, camafeos, pastilleros…?  ¿O si el tonto de su sobrino lo envió al espacio cumpliendo esa excéntrica última voluntad que dejó escrita sin intervención de notario o autoridad eclesiástica alguna?
-¡¿Pero dónde se ha metido Gómez?!- bramaría el Gran Juzgador nervioso por la proximidad de la hora del almuerzo y aún sin noticias del buen Gómez.
-Aquí tengo yo dos trocitos que hemos liberado de un reloj de arena- respondería quedo el oficial encargado del expediente.
No. No son formas, no.
Hombre de Dios, pase usted por caja, tenga la bondad. No convierta en polvo lo que del polvo viene (de uno en concreto) y, si lo hace, no lo avente por las esquinas so pretexto de la comunión con la naturaleza, que eso ya es muy viejo y está pasado de moda. No dificulte usted la resurrección de la carne, que en bastante mal estado se encontrará ya para cuando seamos llamados el último día a responder de lo que nos toque.  Contrátele a la abuela una cosa discreta, no hace falta que se gaste mucho, pero déjela en sagrado, ¿qué trabajo le cuesta?
¿No ve que estamos hondamente preocupados por la ordenación de la cosa? ¿No ve que mucho más allá de la dimisión de Pedro Sánchez, la entronización de Mariano Rajoy o la inmensa pobreza de la que mueren en el mundo seis niños por minuto -que eso a quién le importa-, la Santa Madre Iglesia está velando por la salvación de nuestras almas inmortales? ¡No la churrasque!
Ese gesto minúsculo, ese gesto y no otros, garantizará… garantizará… Bueno, no sé qué coño va a garantizar, pero son los dictados de la Santa Madre Iglesia, que en estos tiempos de zozobra está, ya queda meridianamente claro, en lo que tiene que estar.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

sábado, octubre 22, 2016

Aunque me joda

No contaré lo que ya es sabido porque, por sabido, resultaría una obviedad. Diré, por resumir, que nos va mal.
Me refiero, claro, a los socialistas, a los de izquierdas, a los votantes, militantes y deseantes de que la derecha deje de destrozar la convivencia en este país y la economía de los no favorecidos por su gracia.
Sabido lo que sabemos, mi opinión sobre el particular es que lo mejor que puede hacer el PSOE es abstenerse y posibilitar la investidura de un señor al que, por definirlo de una manera global, podríamos calificar de “persona no digna”.
¿Por qué? Porque creo que unas terceras elecciones engordarían enormemente los resultados de este señor no digno y que el partido que lidera gobernaría con más peso en la Cámara, que otra sangría de votos (otra) sumiría al PSOE en una situación económica aún más precaria que la que ya padece, que en el ala de la izquierda de las bancadas del Congreso un nuevo proceso electoral únicamente beneficiaría a Podemos que NO ES el pensamiento de izquierdas en el que modestamente yo milito y porque, honestamente, pienso que no sería bueno que el PSOE abandonase el liderazgo de la izquierda española en favor de Podemos (sin duda fin último de la joven formación).
¿Me convierte esto en un señor de derechas? ¿En un oportunista desalmado que solo piensa en mantener los privilegios de las oligarquías del partido? ¿En un defensor de las puertas giratorias y los aforamientos? ¿Querrá esto decir que comulgo con la vergonzante campaña de PRISA en todo este asunto? ¿Me tendré que quedar sin amiguitos por pensar, como persona de izquierdas, que la supervivencia del PSOE es importante para España y que ponerla en riesgo en unos terceros comicios es una enormidad?
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Un señor de izquierdas. Como yo mismo.
Leo, leo y leo las críticas más descarnadas contra quienes, como yo, piensan que la aritmética parlamentaria no alcanza para un gobierno de izquierdas (salvo apoyado por formaciones que defienden aquello que el PSOE no defiende, como es la separación de Cataluña del Estado) y, por ende, opinan que se debe dejar gobernar al PP y adoptar el modo oposición. Y es un debate que trasciende lo ideológico y alcanza lo estrictamente personal: el insulto directo. ¿No podemos, cada uno, manifestar nuestra opinión responsable y libremente? ¿Debatirla?
El domingo por la mañana se celebrará una reunión del Comité Federal en el mismo sótano que vivió hace un par de semanas una de las jornadas más vergonzantes del socialismo español. De este foro saldrá una posición que, sin duda, dará mucho que hablar. Mi exigencia como persona de izquierdas, como militante, como socialista, es que se produzca un debate limpio, que se diga la verdad, que se opongan las ideas y que se asuma la decisión que democráticamente se adopte. Es el Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español. El máximo órgano entre congresos del partido más importante de la izquierda española. Ya vendría bien no tomárselo a broma.
Aunque me joda infinito pensar que el PSOE pueda permitir que gobierne Mariano Rajoy absteniéndose en su investidura, por resumir, creo que es lo que toca. Y que a nadie le quepa la más mínima duda de que esta, la comparta o no, es una posición profundamente de izquierdas.
(El dibujito del señor de izquierdas es de mi hermana Maripepa.)

domingo, octubre 16, 2016

Canapés.

Me sorprendo ahora reconociendo el populismo como una forma más del pensamiento y la práctica política. Populismo versus transversalidad, que tampoco sé bien del todo lo que quiere decir. Y me invade un cansancio infinito. ¿Abandonar el populismo? ¿No hacerlo? ¿Abrazar la transversalidad? ¿Tampoco?
Pablo Iglesias prefiere estar con la gente de la calle y no comiendo canapés el día 12 de
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"Gente de la calle" y militar de alta graduación, con fajín, en modo gala.
octubre. Eso es populismo. (Fernández Díaz no dice eso, pero prefiero ni comentarlo, porque me da vergüenza ajena.)
¡Cielos! –pensé- ¿Seré yo uno de la calle y tendré que pasar con Pablo Iglesias el día de la fiesta nacional? ¿Con lo cansadísimo que es? Lo cierto es que casi me lo plantearía después del espectáculo de la cabra de la Legión disfrazada de Millán Astray en el desfile, desafiando a la inteligencia, o el romance de los “hernandos” bajo el paraguas desafiando igualmente a la inteligencia.
Pero volvamos al populismo: ¿se estarán refiriendo a mí todos estos hablanchines que declaman la expresión “gente de la calle” con el pecho tan henchido como aquellos otros que hablan de la infinitud de los valores patrios?
¿Seré yo, para mi desventura, su patria? ¿La patria de alguien?
Qué fácil les resulta hablar en mi nombre, compadecerse de mí, afirmar con ese tono enorme que su destino en lo universal es luchar por mi felicidad. Qué fácil, incluso, adueñarse en público de lo que pienso y quiero… Hablan de mí como de un todo compacto junto con los de mi clase, de cuyas penurias conocen y cuya suerte se empeñan en querer compartir ¡Nosotros, la gente de la calle! Gritan.
¡Qué antiguos! Creo que prefiero la transversalidad, sea lo que sea, a esta suerte de peronismo 2.0 que veo practicar a unos y a otros tras el advenimiento de la nueva política.
Yo, todo un descamisado, ¿qué tengo que hacer? ¿Me rindo a sus pies salvadores y me voy también yo a tomar canapés con la gente de la calle? ¿Paso de canapés? ¿Paso de patria? ¿Preparo e ingiero canapés de patria? ¡Qué casposo todo!
Me importa un huevo lo que piensen de la patria Pablo Iglesias, Almudena Martínez, Diego Álvarez y Fernández Díaz, en la misma forma en que estoy seguro de que a usted le importa un huevo lo que pienso yo de ella.
¿A vueltas de nuevo con la cosa de la patria? ¿Cada octubre?
¡Hagamos laborable el día de la patria! O ¡de precepto! Y, entre tanto, camarero, otra de chopitos. (De canapés ni hablemos).
Tal como el avieso lector ya habrá advertido, el dibujo es de mi hermana Maripepa.

En valores

Cada vez que escucho hablar de los “valores” se eriza mi piel y un punzante escalofrío me recorre la columna vertebral.
¿Qué se esconde para cada uno detrás de este vocablo cuasi universal? Los valores de la democracia, educar en valores, valores de Occidente… Estos banquillos que modernamente  han adoptado el formato de graderío están llenos de personas que hablan de los valores con lágrimas en los ojos, justo antes de meter su tarjeta black en un cajero automático para sacar 600. Poca broma, son 200 más que la ayuda de la que viven unos cuantos españoles. O justo antes de meterse en un despacho a negociar un desfalco en un  ere o en un contrato público con la inestimable ayuda de un edil de la Púnica educado en valores .
Educado en valores. Los valores en la escuela. Los valores de nuestra sociedad.
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Educando en valores... O no.
Si han pensado educar a mis hijos en valores ¿les importaría preguntarme cuáles son los míos? O ¿es que saben de unos valores universales que, precisamente, coinciden con los suyos y están ustedes decididos a incrustarlos en sus tiernas cabecitas queramos o no? Lo digo porque, hasta la fecha, nos está yendo fatal.
¿Qué valores en concreto estamos asumiendo como convenientes, mientras toleramos escandalosamente las actitudes más deleznables con un guiño de complicidad y, hasta en no pocas ocasiones, con un voto?
¿Por qué tengo la impresión de que los únicos valores que realmente cotizan son los bursátiles, mientras nos siguen intentando convencer de que lo que diferencia a los hombres del resto de los animales que pueblan el Globo es, precisamente, la construcción de nuestra arquitectura de valores? ¡Yo que pensaba que era la capacidad de disfrutar del arte!
La honestidad, la bonhomía, la solidaridad (esa que impediría que millones de sirios…), parecen valores viejos, del siglo XX. ¿Cuáles serán los valores del siglo XXI; de la era de Internet? A lo mejor nos dan una sorpresa e incorporan la comunicación, el conocimiento, el intercambio de las ideas o el valor, este sí universal, de no tocar los cojones al prójimo.
Por favor, ya no me eduquen más. Déjenme con mis valores y mis cosas. Es que a lo mejor no tengo. Y, si los tengo, les aseguro que es muy probable que se parezcan en nada a los suyos.
El dibujo es de mi hermana Maripepa. 

domingo, octubre 02, 2016

Cambio de tercio

He cambiado este blog de La Elipa, del que sigo enamorado perdidamente, por otro en Wordpress que parecía más "profesional" y que parece que es más atractivo y más cómodo para el sufrido lector.

Por esta razón este lo voy abandonando, aunque con pesar, y la actividad de las entradas que voy haciendo va pasando a pensabaporaqui.com que es la dirección del nuevo.

Seguiré subiendo (es roamnticismo) todas las entradas a este, al de toda la vida, pero, por favor, si vas a comentar, a compartir, a reutilizarlas de alguna manera, ve al nuevo.

GRACIAS POR SEGUIR ESTAS REFLEXIONES, y gracias por tus comentarios.

Saludos y eso.

El autor, con todo respeto.

Reza lo que sepas.

Felipe le dice a Sánchez que se tome lo que quiera, que lo tiene todo pagado, pero que cierre por fuera. Sánchez le dice a Susana que no haberle puesto ahí, que total para quitarle luego que hubiera dejado a Madina. Iglesias suspende un viaje, se ríe de medio lado, hace un par de llamadas. Errejón envía un twit. Bescansa otro. Rajoy, nada. Oye: nada. Escuché a Gabilondo decir que es el único animalito de este universo mundo que sin moverse ¡avanza!  El chico este de naranja (ese que parece el hermano responsable de una familia cristiana) sigue con su lobby de autónomos erre que erre saliendo en la tele. Feijoo dice algo así como que si te he visto no me acuerdo. Urkullu, to serio, revalida y hablará con el PSOE (¿con cuál de ellos? ¡Pues con el vasco!). Uno de Logroño afirma en tono de verdad teologal que aquí solo manda el secretario general. No, el Secretario General, que lo dice con mayúsculas, que lo he oído yo. Ferreras con el pactómetro haciendo la suya. Uno alto del PP, que ellos no se meten, que son cosas de otros partidos y que les desean lo mejor;img_0464 y se santigua. Saez de Santamaría Jr. que el Gobierno no comenta. Aute sale del coma. Muy viejito. Muy gastado. Labordeta ya está muerto. Hay más que ya se han muerto. Mejor para ellos. Iceta flirtea con Puigdemont y le pide que ayude al cambio en España (¿Esos eran los de Macià, los de Companys? No, no. Los de Pujol. ¡Ah, coño! ¿Pero esos no se iban? En ello andan, se ve). Se piran diecisiete. Gritos en el sótano de Ferraz. En Génova han dado vacaciones. ¿Otra vez? ¡Otra vez! ¿Y los que se han tirado en caída libre? Esos son los de Pablo Iglesias,  el de verdad, este mayorzón barbudo, no confundir. ¡Madre mía! Sí. Y mía. En La Sexta especial de Al rojo vivo. En la cinco el telediario sigue pareciendo El Caso, no gastes mucho tiempo. En la uno el noticiario no da noticias, ni falta que les hace. Lo que está pasando de verdad no lo sabe nadie. ¿Y los españoles? Viendo Gran hermano. No es una metáfora, me refiero a Gran hermano. ¿Y los militantes? También. ¿De veras? Ya te digo.  Y ¿ahora qué hacemos? Este…  Tú eres de izquierdas, ¿no? Sí. Pues reza lo que sepas.
El dibujo es de mi hermana Maripepa. Y la historia, real.

domingo, septiembre 25, 2016

Y además, un chándal.

¿Tienes un hijo de nueve? Sin duda ya le has cogido cariño y te parece embarazoso deshacerte de él. Pero ¿te acuerdas de los 300 que acabas de dejarte en libros? ¿A que después de eso la separación de Angelina Jolie y Brad Pitt (cuya fortuna, pobres, por separado, se calcula en unos 200 millones de dólares por cabeza) te parece una gilipollez? Por cierto, ¿no tendrás también una hija que ronde los dos y a la que tengas que poner esa vacuna de 80 pavos que alguno de nuestros próceres sanitarios olvidó incluir en el calendario de vacunaciones? Pues ahora vístelos. ¡Cuidado con ese uniforme! ¡No querrás que sean los niños más andrajosos de todo el puto colegio concertado al que los llevas! Y, además, deportivas y un chándal. ¡Ah, no! Que la niña va a la guardería. No hay plazas públicas en el barrio. La guardería es privada. 300. Al mes. El precio de las actividades extraescolares, hará que se te olvide el otro gran divorcio de la semana, este de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.  Aún no se sabe bien por qué se pelean, ni por qué a sus riñas las llaman “debate ideológico”. Pero es como va. Y mientras, aquella quimera de los servicios públicos universales y gratuitos que nos llegamos a creer, ya no está.

Tu chico no va a hacer una ingeniería, ni tu chica acabará Ciencias Ambientales, como hubiera sido tu sueño. Seguramente, para cuando llegue el momento de tomar la decisión no tendrás más remedio que optar un módulo superior de cocina para él y para cuándo le toque a ella, con suerte, podrá elegir alguno que hayan inventado que tenga que ver con gestión de las redes sociales y, al menos, se lo pasará pipa haciéndolo. Y este es el futuro inmediato. El futuro desigual que forjamos día a día para nuestros hijos y para nuestras hijas. No para esos hijos hipotéticos concebidos como una radiografía de la humanidad que vendrá, sino para los tuyos, 9 y 2 años, que este curso empiezan la primaria y la guardería.

No. Tú no estás entre los elegidos. Has oído hablar de que las desigualdades se han acentuado extraordinariamente en estos últimos años. Has pensado que eso afectaba solo a otros, hasta que has comprobado que no te salen las cuentas. Tienes que quitar al niño de violín. Tendrás que comprar la ropa de este curso en las ofertas del hipermercado.


El futuro es de otros. En eso, en concreto, no estamos pensando. Y pinta fatal.


El dibujo es de mi hermana Maripepa. Y el informe de Save the Children... no tiene desperdicio.

domingo, septiembre 18, 2016

Yo me apeo.




Maquinista abandonando su tren en Osorno
Malditos sindicatos, maldito trabajo, maldito trasto infernal… ¿A que me apeo? ¿Habrá algún maquinista de paisano en el tren que me haga de esquirol? No. Tonterías. Lo hubiera reconocido. Tampoco somos tantos. Coño, estamos en Osorno. ¿Se les habrá perdido algo a estos en Osorno? Y son las nueve de la noche. Bueno, el sábado es la Virgen, ya estarán de fiestas. Y aún no hace tanto frío, no lo pasarán tan mal. El caso es que me apeo. Que son las nueve, que mi jornada laboral acaba aquí y que las horas extras no compensan. Malditos sindicatos. Años negociando y llenándose el buche a costa de los afiliados. Si fuera piloto no, pero soy maquinista. Pie a tierra, ya está. De esta igual me largan, claro. Algo encontrarán, seguro, porque para ponerse tiquismiquis se las buscan solos. Abandono del puesto de trabajo o algo. Me apeo, me bajo, que luego descarrilan y le echan las culpas a uno. A uno muerto, que ya manda cojones. Ese chiquete con cara de atontado seguro que me pone una reclamación. O me la ponen todos, que ya pudiera ser, porque la gente se pone muy nerviosa cuando le paran los trenes. Pero estamos en Osorno, aquí hay mucha vida en las fiestas. Deberían aprovechar y tomarse algo. Que se busquen la vida. No les voy a decir yo por la megafonía lo que tienen que hacer en Osorno. La parienta seguro que me entiende, estaba hasta el moño ya de este curro sin horarios. La hipoteca… Al tío del banco igual no le sienta tan bien. Veintitrés años en una cabina mirando a las vías. Y mira que son aburridas las putas vías. Pero es que ya se ha terminado mi jornada laboral y estos de la RENFE no tienen vergüenza. ¡Que pongan personal, joder! Años negociando para nada. Los sindicatos negociando, la empresa que si te he visto no me acuerdo y uno, el currito, ni una baja por enfermedad, ni un retraso en más de 20 años, ni un percance… Que hagan lo que quieran, de todos modos me voy a apear. Y si uno dice que se apea, se apea. Pues no es nadie uno apeándose de los sitios. Si fuera piloto, no. Entonces no. Pero esos ganan más. Mucho más. Y además menuda hostia si te bajas sobrevolando Osorno. Pero soy maquinista. Es otra historia, aquí no hay que tirarse. Horas y horas, kilómetros y kilómetros. Y la responsabilidad. Todo a los hombros de uno. No está pagado. Y a mí si me buscan me encuentran. Y no es por Rajoy, ni por Zapatero, que esto ya viene de años. Estos tampoco han hecho nada, ¡pero ninguno! A cualquiera le quería yo ver sentado en la cabina horas y horas sin perder la vista de las vías. ¡Qué aburrimiento! Pero, a ver, ¿no la lía parda aquí todo el mundo y se va a casa de rositas? ¿No se ha terminado mi jornada laboral? Pues yo me apeo. Me bajo del tren. Se lo dejo con el freno echado y en una estación ¿se puede pedir más de uno?






Los recortes de periódico son reales y el dibujo es de mi hermana Maripepa.


domingo, septiembre 11, 2016

Chico, ¡qué barbaridad!


No nos quedan referencias de aquellas de las que nos enorgullecíamos cuando éramos más jóvenes. El discurso político, el intelectual, no están. No están los líderes del pensamiento. No nos quedan.  

Este debe ser el milagro español.  

Del americano se dice que es que cualquiera puede llegar a presidente. El español no es ese: aquí cualquiera puede llegar a presidente –cualquiera, esto está constatado y hasta quedarse un rato sin que nadie lo juzgue milagroso. 

El milagro español debe ser nuestra capacidad para asistir impasibles a todas las cosas que pasan y dejar que sigan pasando fumando un cigarrillo light delante de un gin tonic, con la expresión ¡qué barbaridad! colgada del labio de abajo. 

Señor a la espera de que
acaben las noticias
Nos hablan del burkini como si de prohibirlo o no dependiera la pervivencia de la civilización en occidente y arqueamos las cejas con admiración antes de haber averiguado si se trata de un bañador muy tapado o de un helado de sabor exótico. Canonizan a una monja que decía que el sufrimiento de los pobres le va muy bien al mundo (frase más fácilmente atribuible a un emperador romano que a una monjita tan flaca) y decimos “¡qué barbaridad! exhalando una larga calada de humo. Le ofrecen un carguito de 200.000 a un exministro que dejó el empleo por prácticas de ingeniería financiera poco explicables y le damos un trago al combinado que hemos conseguido que nos sirvieran sin pepino. Nos dicen que el 25 de diciembre va a haber elecciones (las que hacen tres) y ni tosemos. Nos cuentan que dos millones de personas que huyen con sus hijos de las bombas se hacinan en no sé qué fronteras, que cincuenta millones de niños no tienen casa, y nos acordamos de aquel obispo piadoso que afirmaba que no son trigo limpio, que vienen con mucha mezcla, dando otra calada al cigarrillo y esperando que se acaben las noticias y empiece de una vez súper sálvame naranja. 

No podemos mirar a ningún ladoLas reacciones de nuestros políticos a las acciones de sus adversarios lo son en clave de fin del mundo, con la expresión máxima de denostación y enérgica protesta.  Pero luego el mundo no se acaba y, al final, con igual virulencia reacciona el adversario antes denostado a las acciones de su oponente o a sus afirmaciones acerca de cualquier sandez, porque de lo otro, de lo que importa, de eso en concreto, nadie está hablando. 

Algo se desvanece delante de la inmediatez que preside los acontecimientos. Parece que no queda sitio para la reflexión. El análisis de más profundidad que otras veces encontrábamos en los editoriales de algunos diarios, sirve ahora para sostener las tesis más convenientes a intereses que nada tienen que ver con nosotros. Y encima se nota. Tan zafios se han vueltoNuestras referencias, nuestros periódicos, nuestros líderes, o ya están muertos o han abandonado el pensamiento con pinta de ser para siempre. Y la vida sigue. Átona. 

– Oiga, que no, que el exministro ha renunciado al carguito.  
– Chico, ¡qué barbaridad! 

(Y el dibujo es de mi hermana Maripepa) 


domingo, septiembre 04, 2016

Maldito septiembre.


Se ha tomado en casa el primer café de la mañana, de Melita, a pesar de que no le gusta nada el café americano. Ha pasado de largo el bar en que solía desayunar y la parada del autobús que le llevaba al trabajo. Es miércoles. Puto miércoles. Su coche sigue aparcado en la calle de atrás. No sabe seguro si tendrá gasoil suficiente para llegar a la gasolinera. El día que fueron a cenar a casa de su hermana ya estaba la reserva a punto de agotarse, pero era el cumpleaños de su sobrina. No podía faltar.

Apenas son las ocho y media. 

Su smartphone se ha quedado algo antiguo. Dio de baja la tarifa de datos, así que no se puede conectar a internet hasta que no llegue a las inmediaciones de alguna cafetería que ofrezca WiFi gratis. Pero tampoco habrá ningún correo electrónico que descargar más allá de los comerciales que le volverán a ofrecer un viaje idílico a precio ventajosísimo o habitaciones de hotel al 50% que no necesita. Las nueve menos cuarto. El País digital dice que no ha habido investidura y que van a nombrar algo a algún corrupto, pero esto hace ya un rato muy largo que le importa un huevo. 

El headhunter que le recomendaron no era más que un cantamañanas que le robó mucho tiempo y algo de dinero. Es un gran currículum, hay algo adecuado a sus expectativas, hay algo para usted, le dijo con esa voz que inunda de seguridad almas y despachos hace ya cuatro meses. A lo mejor cinco. Ya no le coge el móvil. No volverá a llamarle, es perder el tiempo. Le queda un billete de cinco y algo suelto. Serán para un café y una tostada. No hay prisa por el cambio. Las diez y diez. Ayer fue demasiada humillación lo de la cola del paro. Ofertas de empleo. Las ojea a hurtadillas del señor del kiosco en las páginas salmón de un diario que no va a comprar. Nada que se ajuste a su perfil. A ambos lados de la calle hay personas que se mueven de un sitio para otro con pinta de ir a dónde alguien les espera. O a comprar. Ni una cosa ni la otra. 

Las niñas aun no lo saben. 

No han empezado las clases todavía. No puede volver a casa tan temprano. Sospecharían. No sabe bien si han entendido del todo que este año no hubiera apartamento en Santa Pola y mañanas de playa con los primos. La paella del chiringuito no la habrán echado de menos. Tampoco usted. Ni a sus cuñados. El teléfono parece averiado: ninguna llamada; ningún whatsapp 

Las doce. Maldito septiembre. 

(Y el dibujo es de mi hermana Maripepa.)