domingo, mayo 16, 2021

Gaza

 “El trece de mayo/ la Virgen María/ bajó de los cielos/ a Cova de Iria.” (Popular).

No fue a la franja de Gaza, que era un hervidero ya por entonces y estaba a punto de liarse aún más con la que sería la creación del Estado de Israel.

El Estado de Israel empezó a fraguarse por la proba actividad de la Agencia Judía, creada en 1920 en el seno de la Sociedad de Naciones (predecesora de la actual Organización de las Naciones Unidas), que se ocupó de que la población de judíos en Palestina pasara de los 84.000 que la ocupaban en 1922 a los 485.000 que andaban por allá en 1942, solo veinte años más tarde. Cabían malamente.

Conocido es que la omnisciencia es tributo solo atribuido a Dios Nuestro Señor, pero digo yo que, si de pacificar se trataba, estado a punto de liarse la que se iba a liar, bien podría haber enviado a su madre a su tierra natal en lugar de a Portugal que, solo 80 años después y aún separadas la Iglesia y el Estado, nos daría una lección a todos los vecinos de democracia y de gestión.

Sin embargo, fue a la Cova de Iría, dónde los republicanos portugueses habían logrado la separación de la Iglesia y el Estado pocos años antes (1910, 5 de octubre) en la revolución que dio al traste con la Casa de Braganza Sajonia-Coburgo y Gotha y su último jefe, Manuel II. Piénsese que todo esto del milagro del Sol y de los pastorcillos tenía lugar allá por el año del Señor de 1917, lo que viene a demostrar, primero, que la histeria colectiva existe (más de 45.000 personas afirmaron ver al Sol bailando la danza del vientre) y, segundo, lo oportunas que resultaban las apariciones marianas para los sacros intereses de la clerecía.

Muy de tener en cuenta, pues, las habilidades para la geopolítica de la Virgen María y del grupo de asesores que planificaran su actividad en la Tierra (ello antes de que se inventaran los teléfonos con cámara, claro). Recordemos que el milagro de Lourdes y la pastorcilla Bernadette estuvo muy relacionado con el reconocimiento como dogma de la virginidad de María, que había generado (y aún genera) profundas divisiones en la cristiandad. Si tal reconocimiento se produjo en 1845 por Decreto del papa Pío IX (el de los pastelitos), la joven vino a confirmarlo en 1858, aunque bien es verdad que lo tuvo que consultar primero con el cura del pueblo porque cuando, según cuenta la tradición popular, la Virgen se presentó a la chiquilla diciéndole ‘Yo soy la Inmaculada Concepción”, Bernadette no podía tener la más remota idea de a qué se estaba refiriendo su aparecida con eso que le decía.

Contaba estas historias solo para lamentar que ese don de la oportunidad con el que, sin lugar a dudas, se adorna Nuestra Señora, no se hubiera utilizado para más grandes empresas, que si bien no son pequeñas estas en las que afana (la llevanza de la Verdad al mundo todo), no hubieran sino menores las de evitar las matanzas de seres humanos que por causa de las religiones, las razas o las ideologías, se siguen sucediendo por el mundo sin intervención divina que las contenga.

Como estamos en el mes de la Virgen, me parecía más oportuno que nunca recordar y poner en relación estas no intercesiones: “El trece de mayo la Virgen María bajó de los cielos a Cova de Iria.”, Pero no se le ocurrió pasarse por Gaza, ni por Somalia, ni por Sudán del Sur.

Ocho de los diez miembros de una familia que aparecieron muertos el viernes por el fuego israelí eran niños.  Fuentes médicas palestinas cifran sus muertos en 140 (34 de ellos niños). Otros 8 son judíos. Las refriegas, tan desiguales como incomprensibles, a nadie parecen interesar. Nadie parece ir a ponerle coto de una vez por todas, cuando llevan 5 días de operaciones militares israelíes que se desarrollan por tierra y por mar.

Parece que el Estado de Israel, libre ya de la pandemia tras alcanzar la inmunidad de rebaño, hubiera decidido continuar con la muerte, ahora de su propia mano, exterminando a los árabes que pueblan lo que consideran suyo. La franja de Gaza. No íbamos a salir mejores de este lance de la covid-19. Se impone con fuerza la vuelta a las rutinas, con violencia los violentos, con cañas los madrileños, los israelitas con muerte.

No importa demasiado ahora discernir quién se vengaba de qué. Si el primer cohete tiró uno u otro, si Israel tiene más derecho que los gazatíes sobre los territorios que ocupa en la Franja. Ni siquiera importa distinguir qué es Israel y qué es Palestina, ni si el papel de Egipto, de la ONU o de los Estados Unidos es el que toca o si los británicos jugaron bien sus cartas cuando abandonaron la región tras la primera Gran Guerra.

Importa dejar de matar.  Mejor hoy. Mejor hoy que mañana.

Y en este mes de mayo la Virgen no se va a aparecer en la franja de Gaza.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 09, 2021

Hacerse un Trump

No hay soluciones fáciles a problemas complejos, del mismo modo que no existen respuestas sencillas a preguntas complicadas.

O a lo mejor sí.

Porque la complejísima realidad de la sociología de Madrid se ha atajado de la manera más simple: ha bastado una palabra (robada a la izquierda) para que la derecha remueva las conciencias de un pueblo que, por lo que se ve, está cansado de sus problemas y busca descomplicar su existencia con pocas explicaciones.

El bueno de Ángel Gabilondo (hoy ya un recuerdo que casi produce ternura, como Pablo Iglesias) citaba a Kant en la campaña con aquella reflexión de los pájaros y los peces que se quejaban del aire y del agua sin comprender que, simplemente, eran su medio. Ayuso no citaba a Kant (ni a ningún otro u otra). Ni falta que le hacía. Porque no era la idea.

Tampoco le fue preciso hablar de la vivienda, de las escuelas o de los ambulatorios, aunque a Mónica García no le fue tan mal haciéndolo. No había que apelar a la razón: la razón es pausada, discurre a través del pensamiento lógico, confronta ideas, prevé consecuencias, analiza escenarios. O sea, un coñazo.

Era la fibra sensible de los electores. De todos los electores. La combinación bien guisada de un sentimiento identitario inventado (que ya veremos a dónde conduce), el miedo a un comunismo que tampoco asoma por ninguna parte y el anhelo de una libertad que, siempre según Ayuso, el “sanchismo” cercenó.

El resumen: libertad.

¿A quién importa que esté mal o bien entendida?

Madrid first. Madrileños first. Madrid open. Vivir a la madrileña. Aquí están las claves. No había más.

Algunos votantes de izquierdas

Monedero dice que todos los madrileños son gilipollas (poco más o menos). Y yo creo que los gilipollas somos él y yo (igual un poco más él). Él por seguir tocándole los cojones a todo el mundo y creerse que eso le sitúa por encima del bien y del mal. Y yo (y otros cuantos como yo) por no haber sabido, sin citar a Kant, tocar esa otra fibra que hace sentir que bajando los impuestos se debilitan los servicios públicos, que a quien no nos los van a bajar es a usted ni a mí, que abriendo los bares se pone en riesgo la salud del personal y es tremenda irresponsabilidad, que cuando venden las viviendas de protección a fondos ‘buitre’ destruyen los pilares que cimentan nuestra sociedad, que cuando privatizan sanidad o educación nos desnudan a usted y a mí de derechos que nos hacían (esos sí) libres.

Ayuso encontró al enemigo contra el que plantear la verdadera lucha. ¡Era tan fácil! Con Ayuso, la derecha ha sabido poner la diana en la verdadera amenaza para las libertades: Pedro Sánchez. Y, a pesar de su pobreza intelectual y dialéctica, lo ha contado de manera magistral. Ha convencido a la ciudadanía de que la amenaza no es el virus, de que el Estado nos roba, de que el comunismo está agazapado a la vuelta de la esquina (¡qué enormidad!). Y las desclasadas clases medias nos lo hemos creído a pies juntillas, porque  nos han inoculado el miedo a que okupen nuestras casas, a que nos confisquen el salario… a que nos pongan un ‘chis’ (el presidente de la Universidad Católica de Murcia no sabía pronunciar chip). Han conseguido que ni nos planteemos que, en definitiva, el enemigo no es ese comunismo inexistente, sino ese liberalismo atroz, que nunca creyó en los servicios públicos y que se anda enseñoreando de nuestras instituciones democráticas con los apoyos inestimables de quienes creemos que al votarles estamos protegiendo nuestro bienestar.

Es eso, o es que nos importa un huevo el bienestar colectivo, con tal de que el nuestro propio permanezca intacto, esto es, que nos hemos vuelto una cosa muy fea. Pero en eso prefiero no pensar.

Del ‘trumpismo’ también se sale. A Trump lo sacaron.

Lo han cambiado por uno que dice que a lo mejor hay que subirle los impuestos a los ricos y bajarlos a los pobres. Que dice que hay que liberar las patentes de las vacunas para que puedan llegar a toda la humanidad. Sensato ¿no? (Si lo hubiera dicho Pablo Iglesias le hubiéramos obligado antes a dejar todos sus cargos).

Pues eso, que del ‘trumpismo’ se sale. Que a lo mejor, en el próximo viaje, en lugar de un Trump, nos hacemos un Biden.

Que a lo mejor solo es cosa de aprenderlo a contar o de, al menos, tener la humildad de reconocer que no hemos sabido contarlo.

Entre tanto, desolados.

domingo, mayo 02, 2021

Primero de Mayo: ¿día de qué?

Unai Sordo, que es el secretario general de la Confederación Sindical de Comisiones Obreras, ha dicho este primero de mayo: “los tiempos están cambiando, que decía Bob Dylan”.

(Léase aquí un largo silencio de entre estupefacción e incredulidad.)

¡Bob Dylan!

Si alguien tenía alguna duda de que los sindicatos, globalmente considerados, están perdiendo el sitio, este Primero de Mayo ha debido quedarle meridianamente claro. Pero ¡no alarmarse!, que para eso Vox,  rizando el rizo del cinismo político, ha puesto hoy de largo el suyo con la misión de denunciar la mafia sindical y el abandono de los trabajadores que ellos y solo ellos, tienen la encomienda divina de defender con su sangre. Simple cinismo. O una nueva amenaza al sindicalismo de clase.

Manifestación del Primero de Mayo.

El caso es que ese joven entregado a la investigación del “machine learning” (una de las especialidades pujantes en el mundo laboral sobre la que mi madre no ha oído hablar y que hubiera dejado sin palabras a mi padre) no está preocupado porque se hayan restringido tanto los actos del primero de mayo y, con toda probabilidad, no ha escuchado a Sordo citar a Bob Dylan como referente de lo que está sucediendo en el mundo. Hubiera enmudecido igualmente, como mi padre.

En algo sí tiene razón: el mundo está cambiando, por más que el bueno de Dylan se estuviera refiriendo a un cambio que ahora juzgamos próximo al pleistoceno.

La realidad es tozuda.

Y la desaparición de las clases trabajadoras o, por mejor decir, la desaparición del sentimiento de pertenecer a ellas, es igualmente tenaz.

No sirve quejarse, porque las quejas en solitario conducen a la melancolía y las reivindicaciones que se leen en los medios de comunicación o en las redes sociales, tienen que ver con los despidos cuando son masivos (banca, siderometalúrgica…), que si no importan un huevo y con las pensiones. Debe ser que los pensionistas pertenecen a otro mundo, uno anterior que sigue llevando la lucha a la calle y es en mitad de la calle donde vocean por un “salario” justo. De las condiciones laborales ya no se habla. Los jubilados porque dejaron de ser una preocupación cuando se dieron de bruces con la condición de “clases pasivas”. Los amenazados de despido… por razones obvias.

—Mamá, ya soy project manager.

—Hijo mío, ¡lo que vales!

Si a Marcelino Camacho le hubieran hablado de las condiciones laborales de los ingenieros en “fin-tech” (finanzas y tecnología, traducido al lenguaje de las personas), hubiera perdido el sentido. Como Unai Sordo, que está en la clave de que la sociedad está en deuda con los trabajadores en un mundo en el que, paradójicamente, solo se sienten unidos por esta conciencia de clase los jubilados y los que están directamente amenazados por un expediente de regulación de empleo.

Porque los pilotos de dron (otra de las profesiones del futuro) ni se asemejan a aquel concepto de trabajador que sigue rondando por las cabezas de los mayores de cincuenta (¿sesenta?) años y que ha desaparecido por completo aquí donde la inteligencia artificial y la robótica han hecho de la mano de obra (cara o barata) el viejo recuerdo de “aquellos tiempos”.

Las reivindicaciones laborales ya no están. La subida del sueldo se la negocia cada uno con el CEO (chief executive officer o director ejecutivo si se prefiere) de su empresa al cierre del ejercicio y según sus “resultados”. El salario mínimo interprofesional lo sube el Gobierno (solo si es bolivariano, claro) sin apenas presión sindical, la jornada semanal de cuatro días es una pretensión puramente política (solo de algunos partidos a los que llamaremos comunistas y contrarios a la libertad a partir del 5 de mayo): no es un clamor de las clases trabajadoras. No existen.

Por si quiere adivinar hacia dónde se mueve el mundo de la banca, piense que Bizum, que es una aplicación que se lleva en el móvil y vale para hacer transferencias de dinero, mueve a más de quince millones de usuarios con siete empleados.

—¿Que dices que te has apuntado a clases de qué?

—A un curso de “data sciencist”.

—Hijo mío ¡lo que vales!

Y encofradores, camareros, empleados de notaría, banca o aseguradora, lampistas, funcionarios, maestros, “kelys”, camioneros, andamos como vaca mirando a un tren que transporta el “Internet de las cosas”, atónitos delante de una realidad que nadie sabe interpretar exactamente ni intuye adónde conduce. Lo otros, los falsos autónomos, los que soportan empleos basura amparados por una reforma laboral aún vigente, esos repartidores que tantísimo han enriquecido a los emporios del e-comerce, continúan sorteando el tráfico y la suerte soñando con un futuro que nadie les dará la oportunidad de procurarse.

El lema este Primero de Mayo: “Ahora toca cumplir. Un país en deuda con su clase trabajadora”.

Y no digo yo que esté mal pero ¿a quién coño se refieren?

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 25, 2021

Lo irreal. Lo real


Esperanza Aguirre vendía un Goya de estraperlo. Los hay. No deben ser muchos, pero la noble familia política de Esperanza Aguirre tenía uno opaco. Sin registrar. Como había sido ministra de Cultura y era la presidenta de la Comunidad de Madrid, sabía lo que hacía. Y sabía cómo tenía que hacer para burlar la normativa que ella misma estaba llamada a vigilar. Y eso ¿por qué? Porque las normas no son para ellos. Porque una cosa es que la gente de la calle, la plebe, vaya vendiendo goyas por ahí a tontas y a locas, que eso no se podría tolerar, sería tráfico de obras de arte, y otra bien distinta que nosotros, la nobleza, no tengamos derecho a vender nuestros goyas como nos dé la real gana.

Nosotros la nobleza, la elite económica, los de siempre, los de los apellidos compuestos, los de la alcurnia, lo podemos todo. Entiéndase que las normas están hechas para mantener el orden. Pero nosotros, los de siempre, somos el Orden. Es el mundo de la irrealidad, el que solo incumbe a los pocos elegidos a los que las normas no afectan, porque somos el Orden, lo entienda usted o no.

Azote del comunismo (si es que lo hubiera)

El mundo de la realidad es mucho más básico. Como más elemental, diríamos. Para combatirlo hemos bajado a la arena a Rocío Monasterio (una inmigrante cubana muy bien casada que, por ello, ha ascendido de condición y no es una de esas MENA que nos salen tan caras), armada con una navaja barbera y un título de candidata. Y hemos afilado nuestras balas y las mandamos por correo a los ministros del rojerío, a directoras generales, a otros candidatos que no merecen el título de tal, porque no son de los nuestros. O ¿qué se habrán creído?

Las cosas pueden llegar hasta un límite. Pero ya se ha sobrepasado y Rocío Monasterio ha llegado para que las aguas vuelvan al cauce del que nunca debieron salir.

Rocío no, pobre. Rocío solo tiene su navaja barbera algo mellada y sus títulos de candidata y biencasada (el de arquitecta lo obtuvo demasiado tarde para ejercer). Romperlo todo, exasperar al respetable, llenar de odio las calles y las estaciones de Metro es, en realidad, el objetivo de quienes somos el Orden.

¿Cree usted acaso que nosotros estamos obligados a cumplir las reglas? Pregúntele a Esperanza. Y no se equivoque. Hemos entrado en el sucio juego de la democracia (democracia, ¡qué palabreja!) porque ellos nos han obligado a atacarla desde dentro. Porque las cosas estaban pasando de castaño oscuro con tanta leyecita de pacotilla y tanto sueldecito y tanta mamandurria. ¿Qué es eso de que usted se pueda casar con quien le dé la gana o pueda elegir libremente el momento en el que ha de morirse o el género con el que se identifica? Y, sobre todo, ¿Qué pamplina es esa de que nosotros tengamos también que pagar impuestos por nuestros goyas o por nuestras riquezas? ¡A ver si se cree que a mi bisabuelo el vizconde se las regalaron!

¿Es que no ve la de personas que están dispuestas a partirse el pecho por nuestra causa en el momento que entonamos la palabra libertad? ¿No se dan cuenta de la clase de sociedad que han creado con tanta gilipollez? ¡Ahí los tienen convertidos en votantes apasionados! ¡Ja!

Se han acabado los debates electorales. Se acabaron. ¿Qué clase de democracia es esta en la que me exigen repudiar práctica tan democrática como enviar amenazas de muerte en forma de balas de cetme a mis oponentes? ¡Rocío, échalos del plató! Bastará esa insolencia cínica y esa sonrisa halitósica de suficiencia para que se vayan marchando. No tienen media hostia. “Vamos, valiente, levántate y lárgate, que es lo que queremos todos los españoles”. ¿O no cree usted que Rocío Monasterio encarna en sí misma (no por nación, sino por matrimonio), el parecer de España toda?  

Se acabaron los debates electorales. Vamos poco a poco a por la democracia (¡qué palabreja!) “Pablo, cierra al salir”, tú no eres del Orden.

Esto se acaba. La amenaza del comunismo es el arma más eficaz. Esa y la navaja barbera de Rocío Monasterio, agitada (no batida) con la pose castiza de Isabel Díaz Ayuso, otra débil mental que también ondea, junto con su título de candidata, los colores de la bandera.

¿Importa algo retomar las viejas tácticas del período de entreguerras (balas, miedo, golpes de estado si llegara el caso) para lograr el alzamiento?

La amenaza del comunismo provocó 16 golpes de estado en Europa entre 1920 y 1938, todos de corte fascista. Todos salvando a las respectivas patrias de la amenaza bolchevique que, fuera real o no, encarnaba la destrucción de los privilegios de las grandes fortunas, de la aristocracia, del Orden.

Obreros del mundo: ¡cuidado con el comunismo! Obreros de España: ¡Cuidado: nos roban la libertad! ¡No quieren que vendamos nuestros goyas! ¡No podéis permitirlo!

¡A la lucha!

Eso es lo real.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 18, 2021

La madrileña

Chabacana pero simpática

Mi hermana Maripepa dice que Ayuso barrerá en las elecciones del 4 de mayo, porque se le entiende todo.

Ese lenguaje cuidado de los politólogos que han invadido todo lo que se mueve a la izquierda del PSOE, nos tiene a todos un poquito hasta los cojones. Porque es una verdadera pesadez escuchar la pedantería esta de los espacios de co-decisión política en escenarios de gobernanza compartida, cuando lo que quieres decir es que tú también mandas y que si no te dejan la vas a liar parda.

Ayuso guiando al pueblo

Ayuso no dice espacios de co-gobernanza. Ni se le ocurre. Se trastabillaría sin ningún género de dudas. Ayuso dice ¡Comunismo o libertad! Y en pose de Libertadguiandoalpueblo, pero más tapada, como si de la Revolución Francesa se tratara, ondea su bandera de estrellas y lanza a su pueblo contra el inquilino de la Moncloa, principio y fin de todos los males de la hostelería.

El discurso ramplón enfebrece a las masas. Se le entiende todo a esta muchacha que, para cuando queramos darnos cuenta, habrá hecho del nacionalismo madrileñista ese licor suavísimo que reconforta a los propios y enerva a los extraños. España dentro de España ¿qué otra cosa es Madrid?

Madrid, castillo famoso/que al rey moro alivia el miedo,/arde en fiestas en su coso,/por ser el natal dichoso/de Alimenón de Toledo. (Nicolás Fernández de Moratín, dixit).

Y, sin embargo, el daño será enorme. No puede ser de otra manera. Porque un pueblo cuyo hecho diferencial más notorio había sido la ausencia de hecho diferencial, se identifica ahora con las consignas facilonas que envuelven de magia cateta, hostelera y pseudo-libertaria, un madrileñismo convertido en conjura contra todos.

Ayuso agrede la inteligencia política más liviana. Igual que la agredía Trump o que la siguen agrediendo Bolsonaro u Orbán. Es el catetismo de derechas llevado a sus últimas consecuencias, ese que llega a la fibra sensible del elector con el grito de ‘¡nos quieren arrebatar la libertad!’.

Bajar y bajar impuestos (una comunidad rica, que se puede permitir tal lujo a base de contar con un endeudamiento desproporcionado y de dejar bajo mínimos la calidad de los servicios públicos esenciales, privatizando aquello que por su naturaleza no puede privatizarse). Bajar impuestos y abrir los bares. Despreciar las normas más elementales de convivencia entre los pueblos en tiempo de pandemia, aunque sea a costa de despertar esa madrileñofobia de la que ya habló el doctor Simón. Convertirse en el azote del Gobierno de España para batirse, no con Sánchez, sino con Casado, por ocupar la gran silla que da acceso a las mieles del poder. Eso y despertar en cada madrileña, en cada madrileño, ese prurito de superioridad moral que otorga formar parte de la capitalidad del Estado. 

Romperlo todo.

Y en Leganés, en La Elipa, en Carabanchel, en Móstoles, entrando en olor de multitudes a esos mítines en los que no dirá nada, en los que no hablará de su proyecto de comunidad, en los que no significará nada la economía, ni el desempleo, ni la degradación del medio ambiente. En esos mítines en los que se escuchará que el Gobierno bolivariano nos quiere robar la libertad que hemos conseguido con tanto esfuerzo y que ella, Ella, ha sido llamada para impedirlo.

¡Madrileñismo o muerte! ¡Los bares abiertos y el chocolate espeso!

Y cuando, con Vox, gobierne en la Comunidad y demuestre a ciencia cierta que ¡sí se puede!, se batirá el cobre con su jefe de filas con todo el bagaje de haber sido la primera candidata en rozar la mayoría absoluta en un pueblo que, eso sí, entendía todo lo que decía.

Parece un mal sueño, pero si Trump pudo, Ayuso va a poder. Y, recordando a Gómez de la Serna, “Una pedrada en la Puerta del Sol mueve ondas concéntricas en toda la laguna de España”

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 11, 2021

La tasa Covid

 Sé que no sucede con mucha frecuencia pero el mundo, de cuando en cuando, nos sorprende con alguna propuesta que nos deja ojipláticos ante el ordenador al repasar la prensa del día.

Cuando la realidad económica parece centrada en la subida de la electricidad y los carburantes, ajena a la lentitud de la recuperación económica y, por ende, al sufrimiento de la ciudadanía (a los grandes operadores de la energía les importa un huevo que las familias se sigan quitando el hambre a hostias mientras el Gobierno les ingresa o no lo que les corresponde del ERTE en el que están metidos), aparece un atisbo de racionalidad de la mano del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se atreve a decir en alto lo que, en realidad, todos tenemos en mente desde la aparición de la covid-19 y de la pandemia económica que lleva implícita.

¿Por qué no pagan la factura los que se están forrando a su costa?

Parece una simpleza; la reflexión de cualquier iletrado y, sin embargo, también el FMI ha caído en la cuenta: que los más ricos ayuden a pagar la factura de la crisis y, especialmente, aquellos que se han enriquecido como consecuencia de ella, las farmacéuticas, las empresas altamente digitalizadas.

No es la conclusión a la que ha llegado una colla de comunistas irredentos que buscan destruir el sistema a base de terminar con el capitalismo, que es de lo que comúnmente acusamos a todo aquel que mira hacia los poderosos con intención de que repartan un poquito más. Es la recomendación del último informe “Monitor Fiscal” del FMI que no son, precisamente, un peligroso grupo de revoltosos.

El dato es que el Fondo Monetario aboga por que “para ayudar a satisfacer las necesidades de financiación relacionadas con la pandemia, los responsables de formular las políticas podrían considerar una contribución temporal de recuperación de la Covid-19, que grave los ingresos más altos y la riqueza”. ¿Cómo se queda?

Indican que la fórmula no puede ser homogénea y que mientras “en las economías emergentes y de bajos ingresos, la prioridad será mejorar la administración fiscal y recaudar más impuestos al consumo”, “en las economías avanzadas observamos una erosión de los ingresos del impuesto de sociedades y también vemos una erosión en la recaudación de la renta de las personas en la parte más alta de la escala de riqueza”.

El resumen, una tasa temporal que grave los ingresos más altos y la riqueza, a modo de la que ya se impuso en Alemania para ayudar a la reunificación del país tras la caída del Muro de Berlín o a las que ya se ensayaron en Australia o Japón en la segunda década de este siglo (2011y 2013 respectivamente).

La fórmula es tan simple que seguramente, en casa, a la hora de comer, ya se ha formulado una y otra vez: ¿es posible que la industria farmacéutica, cuyos beneficios a costa de la pandemia no creo que se puedan calcular, no esté colaborando en paliar las consecuencias de esto que la enriquece hasta ese punto? ¿Puede ser que las tecnológicas, con un repunte en las bolsas no conocido hasta hoy, sean ajenas al esfuerzo de la recuperación? ¿Podemos permitir que la gran banca siga haciendo oídos sordos al clamor de la sociedad por un reparto más justo del sufrimiento?

Segundo: Hambre cero

El FMI ve en peligro la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible marcados por la ONU en la Agenda 2030: Fin de la pobreza, Hambre cero, Salud y bienestar, Educación de Calidad, Igualdad de género, Agua limpia y saneamiento, Energía asequible y no contaminante, Trabajo decente y crecimiento económico, Industria, innovación e infraestructura, Reducción de las desigualdades, Ciudades y comunidades sostenibles, Producción y consumo responsables, Acción por el clima, Vida submarina, Vida de ecosistemas terrestres, Paz, justicia e instituciones sólidas, Alianzas para lograr los objetivos.

El FMI, decía, ve en peligro los ODS. Los enumero para reafirmar su contundencia. Los diecisiete. Yo he bajado quince peldaños esta primavera y estoy pensando solo en los dos primeros: Fin de la pobreza, Hambre cero. ¿A quién ofende que esto lo paguemos entre todos? ¿A quién ofende que alguien pueda estar pensando en que los que tienen tanto más que los demás paguen una factura más alta?

La propuesta apenas ha tenido acogida mediática. Vicente Vallés estaba tan ocupado en lucir su luto por la (no exactamente temprana) desaparición del duque de Edimburgo, que olvidó que las más altas instancias económicas del mundo están pensando, al fin en alto, en un reparto más justo de la riqueza planetaria. Los telediarios prefirieron abrir con la transcendental noticia de la muerte de un príncipe británico del que no se conoce más aportación a la humanidad que haber sido el educado consorte de una reina.

Esto de la tasa Covid… ¿será cosa de comunistas?

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 04, 2021

Año II

 Aquello que llamábamos ‘nueva normalidad’ se va convirtiendo en ‘simple normalidad’. Y no mola.

Habíamos aprendido que se puede vivir sin fútbol y que las enfermeras que se afanan en las unidades de cuidados intensivos velando por la vida de los afectados por la covid-19 son más importantes que los futbolistas aunque ganan un poco menos.

Este año hemos aprendido que también se puede vivir sin procesiones y que no vale la pena ponerse tristísimo por la cosa de la muerte de Jesucristo, toda vez que tenemos la experiencia de que va a resucitar (todos los años pasa en un domingo como hoy).

Entre tanto, hemos aprendido, salvo en Madrid, que se puede vivir sin bares, con las horas de circulación acotadas, con los comercios a medio gas, sin invitados en casa, con el número limitado de personas con las que dar un paseo, sin ver a nuestros sobrinos, a nuestros nietos quienes contamos ya con edad para tenerlos, sin viajar al extranjero, sin expectativas.

Hemos aprendido a que cada día el número de muertos ascienda o disminuya (150, 300…) según el estado del número de ola pandémica en la que nos encontremos y a asimilarlo como una cifra más de las que nos ofrecen los informativos con el mismo tono monocorde: sube el paro, bajan los muertos, se prevé crecimiento negativo (¿qué coño querrá decir?) de la economía para 2021. Cifras, al cabo.

La disnormalidad se ha convertido en lo cotidiano.

Supongo así que, para romper la monotonía, no debe extrañar que una sede de Podemos, la de Cartagena, sea atacada por un grupo de necios con artefactos explosivos o que el Capitolio, sede del Congreso de los Estados Unidos, sufra un atentado (el segundo en tres meses) perpetrado por un tipo que buscaba no sé qué alivio estrellando su coche contra la protección del edificio. Los franceses son más pacíficos, sin embargo, y pueblan la capital de España en busca de la cerveza que en su país le niegan. Alguien les ha dicho que en Madrid está todo abierto (y es verdad) y sus calles no estaban tan pobladas de gabachos desde 1808.  

Alegres muchachos de fiesta en Madrid

Y es que la presidenta madrileña no cree en las ‘medidas’. De alguna manera es normal: no ha leído mucho y tiene como asesor al mítico Miguel Ángel Rodríguez (poco que añadir), tándem que ha decidido que si haces lo que nadie más hace, te diferencias. Y ¡vaya que sí te diferencias! Para eso tiene que faltarnos a todos al respeto (y vulnerar nuestro derecho a la salud), pero pocos lo advierten. De hecho, le funciona, porque el concepto de libertad que maneja esta derecha nuestra, ajeno a todo lo que comporte no hacer lo que te salga de los cojones si es que puedes y si no peor para ti, funciona muy bien para estos que sí pueden. Y no creo que sea un efecto de la pandemia que haya abotargado su mente infantil. Más bien creo que es una estrategia bien medida que conducirá el 4 de mayo a otra victoria de esta “derecha libertaria” que se amamantó a los pechos de Silvio Berlusconi y se hizo fuerte a los de Donald Trump.

Pero entonces no había pandemia en el planeta: cada uno podía volver a casa a la hora que quisiera y cocerse a cañas en el bar de su elección en cualquier lugar del mundo dotado de electricidad. Ahora no. Entonces ya jodía, pero ahora jode un poco más porque ya no nos quitan solo esas verdaderas libertades que falsamente enarbolan, ahora nos contagian de una cosa que mata.

Andamos apenados, sujetos a una forma de estar que no es la nuestra, limitando todo aquello de lo que hace poco más de un año disfrutábamos sin saber que eran lujos. Soportando los ERTE que nos permiten apenas pagar los gastos, entendiendo con dificultad las restricciones que nos imponen e imponiéndonos otras añadidas, por ese respeto tan poco de moda: para no sentirnos portadores del mal en la casa de nadie. Y toleramos los vídeos jocosos de los chicos listos que se fueron de fiesta a Madrid (o a la estación de esquí) para sentirnos pelín gilipollas por ser quienes sí cumplimos con las reglas.

Las reglas, las putas reglas. Semana Santa de mierda fumando un cigarrillo en el balcón de casa, con la única alegría de que este año las calles no estarán resbaladizas por la cera de los velones. La putas reglas que nadie parece entender pero que todos sabemos para lo que sirven.

Ya hemos aprendido que se puede vivir sin procesiones y sin fútbol y sin bares. Ahora nos toca aprender a soportar a quienes se mean en nosotros en nombre de su libertad. Pero esto va a ser más difícil.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, marzo 28, 2021

Rociíto (o tal)

No había vuelto a saber nada de Antonio David desde que, hace mucho tiempo, escuché en Tele5 a uno que era idiota diciendo sandeces sobre el asunto de ETA. Antes de cambiar el canal, averigüé que se trataba de un guardia civil que guardaba para sí el producto de las multas que imponía, cuyo único éxito personal había consistido en casarse con una señora que tenía una madre que cantaba copla.

Aquello no me volvió a ocupar, excepto por haber constatado quiénes son los que en este país nuestro crean y difunden opinión: los guardias civiles que se casan con hijas de señoras que cantan copla, comprendí. Y me sumí en mis pensamientos con una cicatriz más en mi inteligencia ya maltrecha.

Supe después que también eleva a las cumbres de la difusión del pensamiento el hecho notorio de concebir una criatura con un torero mediocre, pero para entonces mi televisor ya no sintonizaba Tele5, de manera que este aprendizaje tardó poco en disiparse de mi entendimiento junto con la figura esperpéntica de la señora que lo representaba y del torero con el que engendró.

Pues bien, de esa máquina de crear seres abominables que es Tele5, también hemos sabido en estos días que es capaz, como Saturno, de devorarlos en espectáculo emitido en ‘prime time’ y, oh prodigio del mundo ‘mass media’, forrarse con tal ejercicio de canibalismo.

Así hemos conocido que Rociíto, hija de Pedro Carrasco y Rocío Jurado —la más grande— (fuente: Wikipedia), el boxeador y la cupletista como representación empírica de que la realidad supera y no por poco la ficción, Rociíto, decía, se unió en matrimonio morganático (él no pertenecía a los círculos exclusivos de la grandeza del colorín) con un guardia civil que el programa Aquí hay tomate —lo supongo por la época— elevó a la categoría de divulgador.

El tal Antonio David tuvo, por lo que supimos, que abandonar la Benemérita cuando se descubrieron sus prácticas poco o nada decorosas con el dinero de los infractores de las normas de circulación, y esta oportunidad, adornada por el poder mediático del sujeto y de la esposa del sujeto, se aprovechó por la cadena para darle beneficio (oficio no se le recuerda) como tertuliano. Otro prodigio, porque no existe atisbo de que el chaval tenga solvencia alguna en ninguna materia que pueda resultar de interés para un medio cuyas funciones en la sociedad son informar, formar y entretener.

Sería necesario aquí hacer una reflexión sobre el concepto ‘entretener’: qué entretiene y qué no, que es lícito exhibir para entretener y qué no, a quién entretiene qué y cuánto dinero da que tan gruesa franja de la audiencia se entretenga con el espectáculo obsceno de exhibir la intimidad de las belenes esteban que en el mundo hay vivas. Sea esto dicho en el bien entendido de que, ni el rabo de Antonio David, ni las tetas de Belén Esteban, resultarían tan obscenas como aquello otro que exhiben sin pudicia alguna.

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En la tele con sus cosas

La cosa es que rizando el rizo de la obscenidad, el presentador de Sálvame entre lunes y jueves (el programa del viernes lo conduce Paz Padilla), Jorge Javier Vázquez Morales, (Badalona, Barcelona, 25 de julio de 1970) (Fuente: Wikipedia), presentó el otro día en su espacio para el vómito colectivo el documental ‘Rocío, contar la verdad para seguir viva’ o algo así. El producto televisivo consiste en una sentida declaración de esta hija de una cupletista —la más grande—, construida en varios capítulos, en el que cuenta (y contará: aún no se han emitido todos) lo más granado de su vida en común con el ex guardia y la descendencia de ambos: dimes, diretes, denuncias, alegatos, custodias, agresiones físicas, agresiones verbales, infamias, infundios, o sea, un festival.

Y, oh nuevo prodigio del mundo ‘mass media’, triunfó. Como la Coca-Cola.

La ministra de Igualdad, Irene Montero, el líder de Más País, Íñigo Errejón, la portavoz del PSOE en el Congreso de los Diputados, Adriana Lastra, la de Vox, Rocío Monasterio… Todos y todas han dado su opinión sobre un asunto del que no tienen más datos que las monstruosidades que Mediaset ha fabricado para el lucro indecente de la cadena. Todos y todas tienen juicio certero sobre dos productos televisivos y su descendencia, un puñado de seres informes cuya intimidad desordenada por el efecto de la fama ha alimentado el morbo indecoroso de una audiencia ávida de la desgracia ajena.

Porque la opinión no era sobre la urgencia de clausurar Tele5 por dar pábulo a las digresiones grotescas de un maltratador (si lo fuera), o sobre si es lícito pagarle dos millones (si ello fuera así) a la hija de una cupletista —la más grande— por poner denunciar las torturas de su exmarido en público testimonio emitido en prime time, no. La opinión era sobre la vida privada de los sujetos en cuestión, sobre los delitos que han cometido o no, sobre la conducta de dos personajes que, de existir, solo existen en las mentes excitadas por el morbo de la audiencia.

Tele5 se convierte en juzgador. Sentencia y ejecuta la sentencia. Hunde o encumbra la reputación de los personajes deformes que crea, escudriñando sus vísceras en audiencia pública, supongo, amparada en el sagrado principio de la libertad de prensa. Encumbró a un maltratador generando la indulgencia de millones de personas ante un comportamiento infame, y ahora se lucra con el sufrimiento de la maltratada a la que da voz, no para reivindicar la atrocidad, sino para hacer caja con cuotas de pantalla desmedidas y facturas de publicidad impensables.

Y lo hace hasta tal punto que yo mismo, usted, que somos personas decentes que jamás hemos durado más de un minuto en presencia de Jorge Javier Vázquez, estamos hablando de esto un domingo por la mañana. Hasta tal punto que ministras del Gobierno toman partido, mis compañeros y compañeras de trabajo ya lo han tomado.

Si la excusa para opinar de semejante inmundicia es visibilizar el problema del maltrato psicológico a la mujer, el hostión ha sido inmenso: todo aquel a quién he oído opinar sobre el particular fuera de los medios oficiales se ha decantado por él y abominado de ella. Curioso, sin duda, porque se trata al parecer de un tipo que no ha vivido sino del nombre de ella (o de su madre de ella —la más grande—) y de sus desgracias personales.

Si la excusa es alimentarse de las vísceras de una familia, entonces no hay excusa.

Informar, formar  y entretener. Los medios de comunicación que deforman incumplen el fin primordial que tienen encomendado. Si, además no informan y, encima, entretienen a base de fomentar la insidia, no hay más explicación que dar. Por mucho dinero que ganen se tienen que ir.

Una sociedad que se alimenta de basura es una sociedad basura. Esto, por mucho que duela.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, marzo 21, 2021

Esa libertad de la que usted me habla

Aclarado el panorama, ya sabemos que la iniciativa de Iglesias de liderar aquello que hay a la izquierda del PSOE en la Comunidad de Madrid (y quién sabe), no ha tenido éxito.

Ya sabemos que lo de Murcia se apañaba con tres o cuatro sillones de a 76.000 en el Consejo de Gobierno.

Ya sabemos que a Ciudadanos le quedan tres cuartos de hora más lo que dure en Andalucía.

Y sabemos que Yolanda Díaz se perfila como la primera mujer importante de este país nuestro en política (en el bien entendido de que Arrimadas solo ha recibido una herencia envenenada y que Rosa Díez no importó nunca).

Buscando a Sánchez

Sabemos que ‘socialismo o libertad’ (aquella frase de Trump que Ayuso adoptó como suya) se les quedaba corto. Es verdad: ‘comunismo o libertad’ es mucho más concluyente, porque todo el mundo sabe que Sánchez está entregado a los brazos de Belcebú, y todo el mundo sabe que el demonio es comunista. Comunista perdido.

Y todo de lunes a jueves, que el viernes no pasó nada.

Se ve que la palabra libertad es muy engañosa.

Uno la entona y como que se le ensanchan los pulmones. Se te llena la boca de aire de la sierra, ese aire puro que nuestros padres buscaban para nosotros con ocasión y sin ella. ¿Hay algo más hermoso?

¡Comunismo o libertad! ¡Precioso!

Veo ‘cayetanos’ y ‘cayetanas’ sin mascarilla llamándola por las calles de Madrid y me sonrojo. Quieren libertad. Les hace falta.

Es muy difícil convencer a un imbécil de que su libertad de comerse todos los pollos atenta gravemente contra el derecho universal al pollo. Que su libertad para caminar sin mascarilla afecta a la mía de no ser contagiado. Y, si cuando uno tiene todo el dinero, se puede comprar todos los pollos, la justicia sufre tanto que la libertad palidece.

Son los dos grandes principios que se miran de reojo: los que lo tienen todo quieren ser libres para gastárselo, los que tenemos muy poco queremos que un punto de justicia nos deje disfrutar a nosotros también. Dicho de otro modo, a un niño somalí la libertad le importa un huevo. Quiere comer.

De este modo, tu libertad para comprarte tres diputados (los de Ciudadanos por lo visto están a buen precio ahora) y regalarle a Vox la cartera de Educación, pin parental incluido, choca contra la voluntad expresada libremente en la urnas por las personas que, seguramente, reclamarán justicia para que su libertad siga dibujada en el arco parlamentario de la Región de Murcia según la expresaron.

Y la libertad que Isabel Díaz Ayuso otorga graciosa a los madrileños de salir a contagiar a diestro y siniestro por el mundo entero, o a los de los bares de seguir poniendo cañas caiga quien caiga, choca contra la que tenemos los que cada fin de semana nos veríamos invadidos de madrileños contagiantes, si no fuera porque los comunistas que nos gobiernan han confinado perimetralmente los territorios en los que vivimos.

Comunismo o ¿libertad?

Diferenciar, pues, libertad de gilipollez es una de las asignaturas que deberían impartirse en primero de primaria, lo que en Murcia no va a suceder con Vox manejando las riendas de la educación, ni en Madrid, con nadie manejando rienda alguna.

Esta nueva manera del populismo fascista de diferenciar la izquierda y la derecha, en realidad, solo busca seducir para engrosar sus filas a aquellas almas de izquierda que creyeron que lo malo del franquismo fue que no había libertad. Y no la había (tal y como pretenden los que hoy claman por ella) sino para quienes tenían los recursos necesarios para comprarla (comprar sus abortos en Londres, sus divorcios –nulidades matrimoniales que queda más fino– en el Tribunal de la Rota…). Pero lo malo no era eso, lo terrible del franquismo fue que no hubo justicia (tal y como pretenden los que hoy claman por la libertad).

Ideología. Eso de lo que tantos presumen de prescindir. Eso que parece que se ha vuelto innecesario cuando la pugna se resuelve con cuatro sillones comprados con dinero público. Eso que los que dicen no ser de izquierdas ni de derechas, sino solo personas, tienen arraigado hasta la médula espinal, sin siquiera sospecharlo cuando meten en la urna el voto para Vox. Comunismo. Eso que empuja a Pedro Sánchez a llevar a las Cortes la ley de eutanasia o el Salario Mínimo Vital, en plena alianza con el Maligno. Libertad. Eso que vale para justificar que uno puede hacer lo que le salga de los cojones ignorando que por ahí hay alguien más.

Así que, señor de derechas, esa libertad de la que usted me habla, con todo el respeto, permita que yo me la pase por el forro de los huevos.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.