domingo, mayo 31, 2020

Ingreso Mínimo Vital

Fidel Castro, que era un dictador muy malo que sacó al Estado Cubano de la miseria en la que le había sumido la tiranía de otro dictador, dijo una vez: ‘En Cuba hay muchos que tienen poco, pero nadie carece de todo’.

(Cabe anotar que durante esa dictadura ignominiosa, se forjaron un sistema educativo y una sanidad pública –no podía ser de otro modo en un Estado comunista– que hoy ha exportado cientos de médicos voluntarios a todo el planeta para combatir el covid-19.)

¿Se imaginan un país en el que no muchos tengan que tener poco (porque hay riqueza suficiente) pero nadie carezca de todo?

Llamamos cariñosamente a este fenómeno (a la herramienta que lo hace posible) Ingreso Mínimo Vital.

IMG-20200530-WA0007Y no, no es una fábrica de vagos, maleantes y desocupados ricos (de estos ya tenemos de sobra); es la garantía de que en todas las neveras del país hay leche para el desayuno de los niños. Nada más. Nada menos.

Después discutimos sobre cómo se evitan los abusos, cómo se combina con otras prestaciones, cuánto vale, quién es y quién no candidato a obtenerlo, en qué plazos… Hoy lo que sabemos es que ayer el Gobierno de España aprobó un real decreto ley (que tendrá que ratificarse por el Congreso de los Diputados en una sesión que intuyo bochornosa) por el que se garantiza que habrá leche para el desayuno en todas las neveras.

¿Recuerdan todo lo que se habló cuándo el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero propuso al Congreso –y este aprobó– la Ley de la Dependencia? ¡Una ley sin financiación! ¡Una utopía! ¡Una entelequia!… Hoy nadie duda de ella a pesar de las deficiencias de gestión que pueda haber en según qué comunidades autónomas. Ahí está.

Entre el ruido monstruoso de una oposición capaz de caminar sobre los muertos con tal de derrocar al Gobierno legítimo de la nación, que esta semana nos ha dejado perlas de las que mejor no hablar, Sánchez ha colado vía decreto ley la implantación del derecho a la subsistencia de todos los españoles.

Sabemos que ha costado mucho trabajo encontrar el acuerdo entre los partidos que se sientan en la mesa del Consejo de Ministros. Sabemos que el PP brama contra la tramitación de la norma vía decreto ley (que no le permite introducir enmiendas, como si la que tienen liada les diera opción a intentar nada con ellos). Sabemos que la implantación del Ingreso Mínimo Vital dará muchos quebraderos de cabeza. Dudamos de la capacidad del Estado para conseguir la financiación… pero ya es Ley. Ya está aquí.

Con toda seguridad será uno de los grandes progresos sociales que producirá este momento agónico; lo único bueno que podamos sacar de todo este inmenso lío. Y ya es un hecho.

Hará que cambien las relaciones laborales (nadie tendrá que mendigar un empleo de mierda a cuatro euros la hora). Hará que cambie el panorama de nuestras ciudades y de nuestros pueblos (nadie tendrá que mendigar un pedazo de pan). Hará que la sociedad sea más justa y que otros no se puedan enriquecer explotando a sus semejantes en la economía sumergida (nadie tendrá que volver a coser pantalones en un sótano). Y hará que algunas personas abusen (¡y qué coño vamos a hacer!). No busquemos excusas para denostarlo: se trata de dignidad.

Esa cantidad de dinero inyectada en el tejido social, hará también que se alegre el negocio de las panaderías, las charcuterías, las tiendas de variantes, los mercadillos, las lencerías o los comercios de electrodomésticos, pero de eso tendremos más ocasión de hablar.

Hoy importa que se ha levantado el cuarto gran pilar del Estado del bienestar. Cerrando el círculo. Orgulloso del Gobierno de España; hoy no es día para mirar a la derecha sino con lástima por lo que ha desvelado de ellos la estrategia rastrera de acoso y derribo que se han marcado para el peor momento de la historia reciente de España. Ellos dirán que no (les horroriza pensar que la ciudadanía esté aprobando su gestión y la difamarán por los medios posibles). Nosotros, que somos muchísimos más, diremos que sí. Porque después de hoy, aquí, nadie carecerá de todo.

Ha sido el Gobierno progresista PSOE-UP. Que no se nos olvide.

El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, mayo 24, 2020

Geometría variable

De eso nuestros parlamentarios no hablan.

Hablan de otras cosas. De máximo interés todas. Pero no de eso.

Hablan de la insultante intrusión del Estado en las competencias autonómicas y de la activación o no de la mesa de diálogo Cataluña-España, porque si no se reactiva la mesa, ERC no vota la prórroga del estado de alarma.

¡Con cuidado! Porque si se reúne la mesa, quien no vota la prórroga es Ciudadanos.

Hablan del Concierto Vasco y de en qué cosas debe mandar la autonomía y no el Gobierno de España en las fases de desescalada, con el fin de no sentir cercano el aliento pestilente del centralismo a la hora de tomar las decisiones. Ello aunque, en definitiva, el bicho entienda poco  de fronteras y más de señoras y señores, vivan estos donde coño vivan o hablen la lengua que hablen.

Hablan de financiación autonómica, de deuda histórica, de líneas rojas, azules y polícromas que deben o no traspasarse en las negociaciones.

De lo que no hablan, en sí, es del bicho.

Y ahora hablan también de la reforma laboral.

¡Coño!

¿Cómo se argumenta con un mínimo de sentido común el aserto ‘o me derogas la reforma laboral o no te voto la prórroga del estado de alarma? ¿O el de ‘te sientas en la mesa de Cataluña o te suelto a la población y a contagiarse todo dios’? ¿O que ‘o revisas la financiación de mi autonomía y me largas no sé cuántos cientos de millones o abro las playas e infecto hasta a los marrajos’?

¿Cómo se puede salir a la calle después de haber votado en el Congreso de los Diputados en contra de la única medida que puede contener la expansión del puto coronavirus este, so pretexto de que el Gobierno lo que quiere es prolongar sine die una ‘dictadura constitucional’ (si es que tamaña figura cupiera en constitución alguna)?

Las posiciones de Vox la verdad es que me importan un huevo: el discurso intelectual que sujeta la ideología del partido (por más escaños que ocupe, más caceroladas que impulse o más coches que convoque a pitar por las calles de las ciudades para intentar tumbar al Gobierno) no soporta el más liviano análisis político ni por la izquierda ni por la derecha. Las del PP me preocupan muchísimo más, aunque solo sea por la sospecha de que en algún momento quienes hoy las esgrimen pueden encontrarse con la responsabilidad de llevarlas a cabo. Nada que llevar a cabo, ahora que lo pienso: ninguna propuesta se encuentra detrás de la posición numantina del ‘de qué se habla, que me opongo’, más allá de la declaración de luto nacional y alguna otra gilipollez del estilo. (Que no digo yo que no estemos de luto, pero que declarado o no declarado e izadas o no a media asta las banderas, el bicho va a seguir corriendo igual si la propagación no se evita con medidas más contundentes que estas).

No sé si un partido que vota junto con Vox se puede escandalizar de que otro lo haga junto con Bildu o junto con ERC. A mí, desde luego, no me escandaliza: las tres son fuerzas políticas legítimamente representadas en el Parlamento Español, y el mal que quieren unos (según lo ven los otros) es perfectamente asimilable al que buscan los otros (según lo ven los unos). No sabría valorar si es más grave la independencia de Cataluña que pretende una parte del parlamento, o la vuelta a la moral hipócrita del franquismo que pretende esa otra.

Pero sí me escandaliza que los partidos del Gobierno anden a la greña peleando por un asunto que hoy, rigurosamente hoy, es absolutamente irrelevante.

IMG-20200523-WA0010_Me jode como a cualquiera (de izquierdas) que siga vigente la reforma laboral del PP. Pero ¿Ahora? ¿En plena crisis sanitaria mundial y a las puertas del mayor cataclismo social que se ha conocido en España desde el fin de la Guerra Civil? ¿Hoy tenemos que derogarla? ¿Esta semana? ¿En diez días? ¿Antes de que se declare la ‘nueva normalidad (de los cojones)’ piensa alguien que se puede modificar toda la estructura normativa que soporta las relaciones laborales de un país?

¡Qué gilipollez, por favor!

Y ¿Qué mierda tiene que ver eso con mantener o no las medidas que nos llevan a esa nueva normalidad, esto es, las que controlan la progresión de la pandemia?

¿De verdad Pedro Sánchez se ha visto obligado a sacar adelante la prórroga del estado de alarma a cambio de pactar ‘derogación íntegra’ de la reforma laboral?

¿De verdad Pablo Iglesias lo ve ‘cristalino’ (según apunta una y otra vez en los medios de comunicación) y va a hacer de eso su gran causa en un momento como el que vivimos?

Se ve que no es solo el PP el que anda buscando tajada de este drama.

¿Nadie va a escuchar a Nadia Calviño?

Si el Partido Socialista no se afianza definitivamente y consigue liderar este asunto imponiendo la cordura que se precisa (insisto, se precisa) más pronto que tarde, independientemente de mesas de diálogo, negociaciones presupuestarias, geometrías variables y reformas legislativas que son ajenas al problema, en este país se va a liar muy gorda.

O a lo mejor está ya liada así de gorda.

No es solo falta de talla política. En uno de los peores momentos de nuestra historia reciente no ha habido altura moral.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 17, 2020

Mutación

—Perdona Borja Mari, ¿tu cacerola es Inox 2000, induction technology?

—Ay, chico, ni ‘pu…’ idea, me la ha alcanzado la filipina de mamá, ay, como se llama…

—Mira, de verdad, oye, o sea, si tuviéramos que aprendernos todos esos nombres

—Lo que pasa es que mamá a todas las llama Merry, que les da un aire como muy occidental

—¿Ha bajado?

—¡Uy sí! ¡No se pierde ninguna!

—¡Qué suerte, Borjita, osea! ¡Está hecha una cría!

—¡Su dinero le cuesta, no te pienses tú!

—¡Y la clase que tiene, oye mira!

Una prestigiosa universidad europea estudia alarmada la última mutación de la COVID-19 y los efectos perniciosos que está produciendo en un importante sector del grupo humano conocido como de los covidiotas, que ha venido en identificarse como el de covifaltosdesolemnidad.

La mutación, de etiología por determinar, se ha detectado originariamente en el privilegiado barrio de Salamanca de la capital de España y afecta a los individuos pertenecientes a las clases más pudientes. Esta circunstancia ha alertado a la comunidad científica toda vez que, hasta el momento, se había creído que la enfermedad provocada por la pandemia enrasaba a ricos y pobres afectando por igual a los individuos del grupo independientemente de su capacidad económica o posición social.

La rebelión de los cayetanos, efecto de la mutación del virus, se está extendiendo ya por otras capitales del país. Se especula con la posibilidad de que pueda tener su paciente cero en Alemania, donde grupos de extrema derecha muestran similares síntomas a los detectados en el territorio nacional.

Otras líneas de investigación sitúan al paciente cero en los grupos ultracatólicos (alineados con Vox en el caso español) representados por organizaciones como Hazte Oír, la Asociación Católica Propagandista, la de Abogados Cristianos, la Fundación Villacisneros o la presidida por el ínclito Jaime Mayor, One of Us (asociación antiabortista de ámbito europeo que aglutina 48 agrupaciones de toda nacionalidad). Esta corriente basa su investigación en las conclusiones del reciente debate celebrado en Internet bajo el título ¿El fin de nuestro modelo de sociedad? Un debate tras el covid-19, entre las que destaca la propuesta enfermiza de retirar el derecho al voto a los parados y a todo aquel que sobreviva gracias a la ayuda del Estado (se ignora por el momento si esto nos incluye a todos los que cobramos de los presupuestos públicos –funcionarios, políticos o contratistas de la Administración–, o se circunscribe únicamente a parados, pensionistas o personas incorporadas a expedientes de regulación de empleo).

IMG-20200516-WA0015La sintomatología es uniforme: se profieren gritos de ¡no a la dictadura! Bajo la ondeante bandera del franquismo (¡sorprendente!), se canta el Bella Ciao (qué coño sabrán) y se golpean aparatos Thermomix® TM6 con palos de golf de alta gama marca Callaway®, a falta de poder localizar en la cocina aquellas cacerolas comunes y cucharones de palo con las que el pueblo llano se viene a manifestar.  Polos de marca y relojes suizos, acompañan gritos de ¡libertad! y ¡Gobierno dimisión! Todo ello en ambiente de falsa reivindicación proletaria que parece tener por objeto la caída del Gobierno socialcomunista que rige nuestros destinos y amenaza con subirle los impuestos a los poderosos para asegurar el Estado del bienestar (¡anatema!).

Fatalmente, la mutación ha afectado también a individuos aforados en las instituciones democráticas que, lejos de difundir las medidas de protección aprobadas por los comités científicos que asesoran al Gobierno y (sin duda) con el intelecto confundido por la enfermedad, alientan alborotos callejeros ajenos a los protocolos recomendados exponiendo al contagio a los sujetos potencialmente sanos buscando, al parecer, la inmunidad de rebaño. El sorprendente ‘caso Ayuso’ (de estudio singular) ha demostrado, además, que los efectos de la enfermedad se pueden prolongar durante toda la vida del paciente afectado y que, incluso, pueden llegar a agravar las patologías previas relativas a la estupidez humana, lo que vendría a justificar empíricamente el origen del comportamiento de determinados sujetos con responsabilidades públicas durante el proceso pandémico. Es ciencia.

Usted, invadido por el espíritu solidario que ha colmado las nobles conciencias del pueblo durante este proceso, podría estar contemplando el fenómeno con alguna benevolencia, incluso con el punto de ternura que inspiran ciertas afecciones mentales en el prójimo, en la sana esperanza de que la investigación hará que sanen y procurará a la sociedad una vacuna eficaz contra el mal. Científicos dicen haber descubierto ya la secuencia del genoma vírico que afecta a la parte del cerebro que gestiona reglas de las relaciones humanas como la solidaridad, el civismo o el respeto a las instituciones democráticas.

Pero los científicos también lo saben: la gilipollez no tiene cura.

 

Nota: Ayer sábado, muy temprano, se murió Julio Anguita. Era uno de los grandes cuando ya casi no quedaban políticos grandes. Y ya no está.

El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 10, 2020

Entre balcones

–¿Cómo va a ser?

–Va a ser con miedo.

–¿A qué?

–A las demás personas.

–¿Entonces?

–El mundo va a llenarse de mamparas.

–¿Y los besos?

–Con el codo

–¡Vete a la mierda!

–Ya lo verás. Se han acabado los besos.

–Pero ¡cómo van a darte miedo las demás personas!

–Por si lo tienen.

–El bicho…

–El bicho. Cada uno en su burbuja imaginaria, cuidando de que nadie se te acerque y te lo pueda contagiar; con un espray de lejía en un bolsillo y un botecito de hidroalcohol higienizante en el otro para limpiarse las manos.

–Y una mascarilla.

–Eso es. Gestos sin boca. Palabras sin gesto. Precisión en las horas, en las cosas que hacer, en las frases que cruzar. Todo medido.

–Muy nórdico.

–Por eso les va tan bien.

–Me aburro (de pensarlo).

–Ya.

–¡Un mundo sin cuñados! Igual no está mal.

–Para eso tienes que quitarte del WhatsApp.

–Es verdad. Siguen ahí. ¿Qué vas a echar de menos?

–A lo mejor nada.

–¿Nada?

–A lo mejor los besos que me he dejado sin dar. ¿Y tú?

–El mes de abril, el olor de los perfumes, el tacto de las manos de la gente, los encuentros, la ternura, las charlas con el café, las voces de los niños en la calle…

–Los niños ya no estaban en la calle.

–Es verdad.

–Tampoco la ternura estaba. Ya no estaba. No era práctica.

–Es verdad.

–El café ya no invitaba a charlar: te levantaban a medio terminar para ‘doblar’ la mesa.

–Es verdad.

–Hemos desaprovechado nuestro tiempo. Y se nos ha hecho tarde. ¡Qué tontos hemos sido!

–Eso también es verdad.

 

(Nota al pie: Antonio González Pacheco (Bily el Niño) se ha muerto esta semana. ¡Que costumbre tan fea hemos cogido de dejar que los torturadores se nos mueran con todos sus ‘honores’ puestos!)

Y el dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, mayo 03, 2020

Sepulturero

El señor Abascal, en sede parlamentaria, se permitió el lujo de llamar sepulturero al presidente del Gobierno de España.
20200502_170433Otra señora de su formación, una que luce bozal verde caqui tocado de banderita tu eres roja, banderita tú eres gualda, dijo que se durante la pandemia había utilizado la eutanasia, porque no había podido aprobar la ley que la regula. Tal cual. El lanzador de huesos de aceituna del PP hizo una rima, que le encantan, pero no me acuerdo del literal y no me apetece buscarlo. Pablo Casado le llamó ridículo (al presidente). Y el que fuera abogado del Estado, hoy en la filas de Ciudadanos por un quítame allá esa rebelión o sedición (después el Supremo le quitaría la razón), dijo que el plan no era serio. Dijo más: Dijo que el plan no era serio y que hacía falta un plan, pero serio. Más no dijo: ignoramos que entiende el ex abogado del Estado por un plan serio. Torra ya había dicho que España mata, pero ese hombre siempre dice cosas enormes.
El caso es que el plan de desconfinamiento del Gobierno a todo el mundo le parece un desastre. Sosiega pensar que les hubiera parecido el mismo desastre fuera cual fuese y que, fuera cual fuese, el presidente del Gobierno habría sido un sepulturero para el señor Abascal, un ridículo para Pablo Casado, un ‘eutanasiador’ para la señora esa del bozal, un tío poco serio para el ex abogado del Estado y algo que rimara con cinco para el lanzador de huesos de aceituna del PP, que le gustan los ripios al pobre.
No profundizo más en el detalle de las posiciones porque no me las sé mejor. Y no me las sé mejor porque estoy hasta los cojones de oír bramar a los bramadores profesionales en el Congreso de los Diputados, cuya idea más ingeniosa hasta la fecha ha sido exigir que se declarara el luto nacional y se pusieran las banderas a media asta en respetuosa señal de duelo. Propuestas, lo que se dice propuestas de lucha contra la pandemia, no. De eso no saben, no contestan.
Bueno… veamos: Saber sí saben, por lo que se ve. Pero no contestan. Y si lo que contestan es “que a un niño le den una pizza no creo que sea un problema” (Isabel  Díaz Ayuso dixit), casi mejor que sigan sin hacerlo.
El plan de desescalada es complicado, claro. Como la situación lo es: es que hay una pandemia puta madre en España (y en todo el mundo, no lo olvidemos) y eso complica un poco las cosas en general. Buscar soluciones fáciles a problemas complejos es, simplemente, una gilipollez y si, además, hay que hacer que rimen para que le gusten al de los huesos de aceituna, pues una todavía más grande.
Cuatro fases a aplicarse en los territorios tras acreditar que se cumplen en cada uno las medidas que indican que el riesgo va bajando. Cuatro fases que promedian el riesgo, la libertad individual y el relanzamiento de la economía que son, sin lugar a dudas, los tres grandes factores a ponderar. Piénsese que un repunte del número de contagios en este momento tan crítico supondría un desastre de considerables proporciones, tanto para la economía, importante, como para la capacidad de absorción del sistema sanitario, muy debilitado ya por el estrés al que ha sido sometido hasta ahora.
Desconfinamiento gradual para relajar la falta de libertad de movimientos, con horarios determinados por edades y tipos de actividad para minimizar el riesgo de contagio. ¿Alguna objeción?
Apertura gradual de los establecimientos para ir lanzando la economía, con aforos limitados por tipo de comercio y fase para evitar las aglomeraciones que puedan dar lugar a riesgo potencial y con medidas para evitarlo. ¿Objeciones?
Autorización para viajar a segundas residencias limitada inicialmente a la provincia, para evitar el contagio innecesario de la infección entre territorios. ¿Problemas?
Y la provincia como unidad de gestión del plan. Bueno, pues tampoco. Mejor el área sanitaria… mejor la comarca, mejor el barrio, mejor el bloque, ¿la escalera? Me pregunto qué hubieran pensado los ciudadanos de Tomelloso, un poner (área sanitaria de La Mancha-Centro), si lo más lejos que les hubieran dejado llegar fuera a Alcázar de San Juan (ciudad esta de bellísimos enclaves), sin poder alcanzar la capital administrativa de la provincia (Ciudad Real), cuando el desconfinamiento hubiera llegado a la fase en la que se permiten los desplazamientos a cortas distancias.
Es, a mi juicio, un buen plan que (¡claro!) habrá que ir afinando a medida que se concreten las actuaciones y se avance en su desarrollo. Y esto ¿crea confusión? ¡Pues claro! Pero es que a nuestra derecha se la lleva con mucha facilidad a la duda, coño. Me encantaría haber conocido el plan Abascal para este lío… Me encantaría. Pero solo verlo sobre el papel: No me quiero imaginar lo que hubiera sido ver cómo lo aplica.
El Gobierno de España, nos caiga mejor o peor el presidente, está haciendo un esfuerzo de comunicación jamás visto antes, ha demostrado tener capacidad para reconocer y rectificar cuando se equivoca (pásmense ¡se equivoca!), no ha sugerido que nadie se inyecte lejía, ni pretendido que un contagio masivo inmunizaría a la población, ha liberado todas las partidas económicas que han sido necesarias para proveer al sistema sanitario de aquello que ha podido adquirir rebuscando en todos los mercados mundiales, ha evitado que camiones llenos de cadáveres se desangren aparcados frente a las morgues como ha pasado en Nueva York y, a la vez, está soportando estoicamente las diatribas (y los bulos y las mentiras en las redes y en sede parlamentaria de las que el mismo Casado se ha hecho incondicional) de una oposición indigna de un país avanzado, infinitamente más preocupada por sacar ventaja de los muertos que por evitarlos.
A lo mejor tenemos que aplaudir a rabiar a la ministra de Trabajo (Yolanda Díaz, UP), cuyo departamento junto a los servicios de empleo de las comunidades autónomas,  está haciendo un verdadero milagro administrativo (si esto existiera) tramitando a toda velocidad los casi 500.000 expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) que afectan a más de tres millones y medio de trabajadores, intentando por todos los medios llegar a tiempo al pago de las prestaciones. Pero solo la pondremos a parir por los que no consigan pagarlos en fecha, porque la otra realidad no nos importa.
Y una última apreciación: Esté pendiente según avanzan los días y si no le agobia ya tanta información, de las cifras que van apareciendo en países que nuestra oposición ha puesto como ejemplo de gestión brillante, no sea que al final, la que ha hecho nuestro Gobierno (con todos los errores que se han cometido) no haya sido la peor del mundo.
Porque esto no ha terminado aún.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 26, 2020

Lo imprescindible

Esta mañana ha vuelto a comprobar que la nevera no tiene comida.
Ha añadido un poco de agua al cartón de leche para que llegara el desayuno a todos.
Se ha estrujado la cabeza pensando en cómo resolver lo imprescindible. No hay para comer. Un vistazo al monedero: dos euros con veinte. Da para el pan. Hoy.
20200425_215721Los niños saben que los tuppers que pone en la mesa al mediodía vienen de la parroquia. Ni les importa. Están calientes. Y ricos. Son de Cáritas. Esto lo hacen muy bien, porque la caridad siempre se le ha dado muy bien a la Iglesia. Ha escuchado en la cola que ahora las raciones son más pequeñas porque viene mucha gente más a por comida por lo del coronavirus. Y lo ha entendido: usted misma no había venido nunca antes de ahora. No le da vergüenza. Bueno, a lo mejor un poco.
Ha guardado la mitad de lo que traía para que quedara para la cena. Había de sobra para comer casi bien con la otra mitad.
Los niños han montado una pista de monopatín en el pasillo, aislada con mantas en el suelo para no molestar a los vecinos con el ruido. Da igual: hacen no mucho ruido de todas maneras, no tienen muchas energías que gastar.
El padre de las criaturas hace ya dos años que no porta por casa. Casi mejor porque, aunque nunca le puso una mano encima, el maltrato adopta formas igual de crueles que las hostias.
En la casa en la que limpiaba ya no limpia. Y en la escalera que limpiaba tampoco ya limpia; se han organizado entre los vecinos, por lo que se ve. No es la crisis, no. Es el miedo. Iba cuatro horas a la semana al apartamento de una mujer que le sigue pagando aunque le pidió que dejara de ir por allí. Mañana irá a cobrar. Le da mucha vergüenza, pero no puede hacer nada. Casi cien a la semana. Dará para los desayunos y podrá resolver algún recibo. A lo mejor no.
Para celebrar el cumpleaños de la pequeña ya pensará en algo.
Ha oído decir algo sobre una renta básica. Quiere decir que están pensando que nadie puede carecer de lo imprescindible. Pero no se lo ha creído: ¿usted se imagina un mundo en el que nadie carezca de lo imprescindible? ¡Tonterías!
Ha oído que la Conferencia Episcopal ha dicho que no le gusta un pelo y algo de peces y cañas de pescar que no sabe bien bien lo que quiere decir, porque en Cáritas le dan peces (y a veces patatas con carne) pero no cañas de pescar ni cuchillos de deshuesar vacas; así que no ha hecho caso. Usted piensa que cuando todo esto pase volverá a limpiar en las casas de siempre y en las escaleras de siempre y que la señora que le paga aunque no vaya le seguirá pagando cuando pueda ir, con más razón. Y con eso se apañaba casi bien. Para lujos no, eso no. Pero casi bien.
¡Maldito bicho inmundo –ha pensado–! Teníamos que hacer como Trump, inyectarnos desinfectante y que se joda. ¡O nos jodíamos nosotros –ha pensado–. Pero más jodidos…! Luego ha pensado que ese tipo tiene que ser tonto.
Y ha repartido para la cena lo que guardó a la hora de comer.
Los niños se han dormido. No vale la pena volver a mirar la nevera. Mañana no habrá leche para el desayuno. Ha pensado que quizás alguna vecina… pero no, ¿y si le dicen que no? ¿Con qué cara las iba a mirar luego?
Por la tele pasan una de Jackie Chang repartiendo hostias como panes a diestro y siniestro. Menos mal. Se dormirá antes de que el bueno se case con la china esa más guapa a la que le va la vida tan mal. A esa sí que le va mal la vida.
Pero pensándolo bien… sí que se puede imaginar un mundo en el que nadie carezca de lo imprescindible. Sí que puede.
No puede imaginarse cómo se resuelve el problema de la geometría variable en el reparto del poder entre las grandes naciones: lo del G7 y lo del G9 no sabe si tiene arreglo o no, pero sí que puede imaginarse un mundo en el que haya leche para el desayuno en todas las neveras.
Eso –ha pensado– ni siquiera deber ser tan caro. Y ahí le venció el sueño.
El dibujo es de mi hermana Maripepa.

domingo, abril 19, 2020

El silencio de los confinados

Pasan los días.
La pandemia no es propiedad de los enfermos, ni de los sanitarios, ni de los confinados, ni de los muertos, que no la quieren para nada. La política se ha adueñado de la enfermedad, de sus consecuencias, de eso que vino en llamarse ’el relato’, de los soliloquios que nos marcamos delante del televisor a falta de mejor interlocutor (ni peor).
IMG-20200418-WA0008No hablamos de la mujer que se ha muerto sola en la cama de un hospital sin entender qué le estaba pasando, de los cuerpos que nadie ha reclamado, ni de la pena: no hemos hablado de la pena de cualquier hombre que despidió a su mujer apretando la mano de sus dos niños, solos los tres y los sepultureros en el cementerio inmenso que estaba vacío, y luego llamó uno a uno a sus hermanos, a sus tíos, para contarles que la cosa había acabado mal.
Solo hablamos de la culpa.
Pero ¿sabe? No hay culpa.
Algún imbécil ha rebautizado el COVID-19 como la pandemia del 8-M, porque así regocija sus entrañas podridas y descarga la hiel que se lo come por dentro sabe Dios por qué coño.
Otros han dedicado su tiempo a confundir, a mentir, a explotar el dolor para hacer algún tipo de caja. Miserables…
El común de las personas estamos a otra cosa.
Los menos cosen mascarillas de poca utilidad aferrados a la vieja Alfa de pedal, sin pensar muy bien a quién servirán para qué, mirando bizcos la aguja que sube y baja con el hilo enganchado fijando como por encanto las puntadas en la tela verde.
Los más, los más, desentrañan el lenguaje imposible de las aplicaciones informáticas en las que viajan los deberes de los niños por la mañana y, por la tarde, se asoman a la ventana a ver la vida aplaudir. Esta palmada por los sanitarios, esta por la policía, esta por los bomberos, esta por la madre que me parió, compartida con el ministro de Justicia, que tiene cara de buena persona.
Y cuando suena el teléfono se hiela la sangre. Porque es del hospital y de allí no llaman para tonterías. Y apagas la tele. Por si se apaga el mundo.
Y pasan los días.
Y a medida que pasan, la cosa va perdiendo gracia, porque maldita la gracia que tiene. Y el virus sigue matando y la tele los sigue contando y la política sigue dueña y señora del dolor escondido de los dolientes, porque de eso no sabemos hablar.
Alguien ha pintado ‘rata contagiosa’, todo con mayúsculas, en el coche de una médica. Seguro que por la noche, después del aplauso. Y han colgado un cartel en la puerta de un vecino que dice que con el virus a otra parte, que muy agradecidos por su labor ingente, pero que a otra parte.
‘No son números –grita algún que otro necio que pide luto y luto–, son seres humanos’.
¡No te jode…!
Ese sí que ha sabido captar la esencia. ¡Oye, fíjate, seres humanos! ¡Y yo que pensé que eran números! Pues que si no me lo recuerdan, oye, que ni caer. Y otro ministro en la tele tratando inútilmente de explicar el cambio de método en el conteo de víctimas y contagiados; y una señora tocada de mascarilla con bandera de España (¡eso sí que es ser española!), trayendo a sede parlamentaria otra noticia de escándalo que le ha mandado su cuñado por WhatsApp. Y el ministro que no y ella que sí. Y el ministro, que no… ¡Y ella que sí!
Y un ‘covimbécil’ grita por la ventana a una señora que sale a la calle con su hijo porque no sabe, el covimbécil, que con una parálisis cerebral no puede dejarlo en casa solo para bajar a la compra. Pero hay que supurar la ira por algún poro. Y las glándulas que producen el sudor están paradas. Las de Rajoy no.
Y ahora cálculos, curvas, proyecciones. Científicos, ministros, jefes de la oposición, hacen la suya.
Nosotros tendremos que hacer la nuestra. No abandone la cordura. Le va mucho en ello.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 12, 2020

Entonces pasó un año

Lo de la barba ha dejado de ser una broma.
Ahora tengo barba.
Desde la ventana se ven los bloques de hormigón que se usaron para aislar la calle. Aquí los casos se habían parado hacía ya cuatro o cinco meses, pero sabíamos que la ciudad no estaba limpia. No todos apoyaron la medida.
Los hombres salen  por la mañana a recoger los víveres que deja el camión de reparto exactamente a las 6:35. No se sabe quién lo conduce: el brazo de la grúa deja el contenedor azul de acero con el nombre de la calle delante de las vallas de hormigón y lo recoge puntualmente treinta minutos más tarde, a las 7:05, cuando los hombres han distribuido el contenido por los portales. Cada piso tiene su hora de recogida del portal. A mí me toca a las 7:02 pero, en realidad, basta con oír cerrarse la puerta del ‘C’ para saber que es tu turno: 3º B, vía libre. Arroz, sardinas, fruta fresca, pasta, un filete de algo que pudiera ser ternera, dos yogures, sopa de sobre, algo más de comida deshidratada, como de astronauta, ¡dos cervezas! Más que suficiente para pasar el día. Los domingos viene un ‘tupper’ con paella o pollo en salsa. Solo hay que calentarlo. En el ‘A’ viven un ciento de niños ruidosos que se pelean por las escaleras cuando bajan a por el paquete. He visto por la mirilla que el suyo es más grande que el mío. No sé cuántos están en esa casa; deben ser bastantes. A veces los hombres se hacen un lío con los pedidos de internet y nunca ves llegar el tuyo. A mí ya me ha pasado con alguno. No digo yo que se los queden, pero claro, te hace sospechar.
Al principio, los ciudadanos ejemplares colaboraban con la policía a detectar a los infractores. Yo nunca delaté a ningún vecino… me daba como pudor. Después la geolocalización del móvil se perfeccionó y ya se sabía dónde estaba a la gente por su GPS. Estaba prohibido salir a la calle sin el teléfono. Te multaban. Ahora casi no la usan. Después de muchos muertos comprendimos que la cosa iba en serio. Menos mal, porque las redes ya no funcionan durante todo el día: la televisión avisa por el canal autonómico de las horas y localizaciones a las que se activan. Va por compañías y por códigos postales: hoy en mi distrito Movistar de 13:00 a 18:00; Vodafone de 21:00 a 24:00… las demás ni las sé. Muchos se han dado de alta en varios operadores para tener más tiempo. Es legal, pero a mí me parece un abuso. El espacio radioeléctrico se utiliza para la señal de los drones.
Al Ejército ya casi no se le ve. He oído que solo vigilan las entradas principales de las ciudades. Ya no se les ve. Acojonaban. Se comprende que era necesario, pero acojonaban. Sobre todo cuando dejó de ser la UME que se dedicaba a desinfectar residencias y eso, y ya eran soldados armados los que vigilaban el confinamiento. Los drones vigilan ahora. Y también distribuyen las cosas de la farmacia.
A las 19:00 el Gobierno actualiza los datos del día: contagiados, fallecidos, dados de alta, consumo de combustible, pureza del aire por municipio, emisiones de CO2, actividad industrial por áreas, delincuencia, gasto por habitante en bienes de primera necesidad, ahorro familiar, toneladas de plástico ahorradas y reutilizadas; es una voz neutra, sin tono. Hoy ha habido un repunte en gasolina 95 y ha salido el ministro explicando no sé qué de la media de envejecimiento del parque automovilístico y avisa de una posible subida sostenida junto con el correspondiente paquete de medidas… en fin, como siempre. Está lloviendo. Ese ministro tiene muy mala cara; seguro que lo ha pillado.
La semana que viene tenemos que quitar el bloqueo para que pueda pasar el furgón de los test. Viene de martes a jueves, ambos incluidos. Yo siempre doy negativo. De todas maneras me encanta bajar. El enfermero que hace las extracciones es un hombre amable y siempre cuenta algún chascarrillo de otras calles. Sus ojos sonríen cuando te ve y te llama por tu nombre. No creo que se lo sepa, supongo que mira la ficha cuando te llega el turno. Yo estoy citado a las 11:15 del jueves. A lo mejor me afeito para ir y me la dejo crecer otra vez. Bueno, a lo mejor. Tampoco es para tanto.
IMG-20200411-WA0014A las 21:15, después del parte, me toca bajar la basura. Un día a la semana. No hay más turnos. A los del ‘A’ les han dado más horas, pero ellos hacen más que yo. Para mí es suficiente. Los contenedores están en la avenida, más allá del bloqueo. En la avenida hay algún comercio abierto. En realidad no hace falta porque con el paquete hay más que suficiente y todo demás se puede conseguir por internet, aunque a veces no llegan las cosas, eso es verdad. Debe ser para casos urgentes. En la avenida sí hay policía y se oye que los ciudadanos ejemplares están activos todavía. Y luego están los drones. Hay que tener mucho cuidado al salir a la avenida. En mi calle está uno más seguro.
Tengo ventana de datos ahora con mi compañía. Trataré de hablar con alguien.
El dibujo es de mi hermana Maripepa

domingo, abril 05, 2020

Obligados a aprender

Cada uno andará sacando ya sus propias conclusiones. Con tanto tiempo para pensar, una vez que el canal fútbol ya no vale para nada, y con la enorme cantidad de información (y desinformación) que mana de los medios tradicionales y las redes; con 15 días ya de experiencia en el confinamiento parcial y 7 más de hibernación casi total de la economía, ya tenemos almacenados datos suficientes para ensayar las primeras ‘grandes verdades’ que arroja esta situación tan nueva.

Aquí van las que yo intuyo, sin perjuicio de que el prolongamiento de la cosa las pueda modificar parcial o totalmente (recuerde, ‘estos son mis principios, si no le gustan…’)
La primera gran verdad que se me viene a la mente es que Leonel Messi no se gana el sueldo. España puede sobrevivir dignamente sin que el calendario de la Liga llene los espacios de ocio de la ciudadanía. No hay fútbol y no pasa nada, salvo para los que se enriquecen con el colosal negocio del balón.
La segunda abunda en la primera. Leo Messi no se gana el sueldo y los investigadores de este país (¿del mundo entero?) están tan infravalorados que da vergüenza poner en comparación las cifras. La diferencia es que Leo Messi te salva la tarde de un domingo (solo si eres del Barça) y un investigador que levanta al mes 1.800, le puede salvar la vida a la sociedad toda. Jugar a pelota, aunque sea como los propios ángeles está, pues, sobrevalorado. Estoy dispuesto a dar un euro por cada científico al que usted conozca con nombre y apellidos, indicando para qué organización trabaja y de cuántos artículos es autor en publicaciones internacionales de prestigio. Yo ya le digo que no me sé ninguno.
aprender por oblibaciónLa tercera gran verdad es más enigmática. Yo mismo aún no sé  qué conclusión sacar de ella siendo, como es, cierta: Mientras en Europa la pandemia termina con las existencias de  papel higiénico, en Estados Unidos lo que se acaban son las armas de fuego. Se conoce que cagarnos nos cagamos todos, pero mientras los unos ventilamos nuestros miedos en la intimidad del excusado, los otros se envalentonan y se disponen a terminar con ellos a tiro limpio. Debe ser la consecuencia de los héroes que modelaron el imaginario de las infancias de cada cual, los nuestros Rompetechos, Carpanta, Mortadelo y Filemón, los suyos el Capitán América, Batman, Superman. Esto debe conformar la personalidad colectiva de los pueblos.
Otra: el uso que las personas hacemos de la tecnología va a cambiar por completo y en todos los ámbitos de nuestra vida. No solo hemos aprendido a teletrabajar y comprendido los conceptos ‘escritorio remoto’ o ‘herramienta colaborativa’; hemos aprendido a hacer la compra por Internet (por mal que están funcionando las aplicaciones de las grandes plataformas de distribución domiciliaria de alimentos), pero no solo la nuestra, también la de nuestros padres e incluso en según qué supuestos, la de nuestros hijos; hemos aprendido a utilizar eso del Movistar+ que nos vendieron junto con una línea de móvil que no necesitábamos al contratar los datos de nuestra casa, más allá del canal fútbol; hemos descubierto qué quiere decir Netflix. No es cosa menor (o, como diría Rajoy, es cosa mayor): el tráfico de datos en estos días ha experimentado un crecimiento tal que las grandes plataformas han temido por su capacidad para transmitirlos, augurando en algunos casos una posible saturación de los sistemas. Pero hay más. El tirón que la pandemia va a dar de la tecnología, del llamado ‘big data’, de la robótica, de las aplicaciones científicas, es abrumador y, con toda probabilidad, cambiará nuestra forma de acceder a la información (esto ya ha cambiado), a los bienes de consumo, nuestros hábitos de movimiento, nuestras costumbres en todo lo que se refiere al ocio, nuestros métodos de aprendizaje, nuestra forma de relacionarnos, incluso, con nuestro entorno inmediato.
Una más: la Corona puede renunciar a parte de la Guardia Real y poner a los chicos a hacer cosas útiles. Enorme, simplemente, enorme. Sobrecogedor.
La penúltima: el Estado funciona. A pesar de la ignominiosa oposición a la que se ha sometido al Gobierno por parte de quienes no dudan en sacar tajada política de los muertos (ya lo demostraron con el desastre de ETA, con el 11-M, con la guerra de Irak o con el accidente del Yak-42 en Turquía), el Estado ha demostrado funcionar. Con los errores cometidos (no faltaría más) se ha constatado que la autoridad central se puede superponer a las competencias autonómicas cuando la cosa se pone fea e implantar un único espacio de toma de decisiones para adoptar las medidas que se consideran precisas para el interés de España. Los mecanismos de colaboración entre el poder central y el territorial se han desvelado más que razonablemente eficientes, excepción hecha de los contados casos que todos conocemos y que nada tienen que ver con la pandemia; la sociedad ha respondido de manera impecable a la exigencia de confinamiento ordenada por el Gobierno, nada sencilla ni de tomar, ni de acatar; las medidas económicas, con sus luces y sus sombras, tienden a no dejar a nadie atrás. Con sus luces y sus sombras. La actuación coordinada bajo un mando único de Policía Nacional, Guardia Civil, policías autonómicas y locales, cuerpos de bomberos, Ejército (de aplaudir la colaboración de la Unidad Militar de Emergencia), son un ejemplo también impecable de Estado que funciona.
El gran ‘pero’ de todo esto se esconde en la poquísima utilidad práctica que han demostrado las grandes organizaciones transnacionales, léase la ONU, la OTAN y, desde luego la Unión Europea que, sin una estructura clara de poder político, no ha sabido (¿podido?) estar a la altura de las circunstancias que se plantean cuando lo que se viene encima entraña un riesgo cierto e inmediato, insensible a la subida o bajada de los tipos de interés o a la aplicación de medidas de contención del déficit público. Europa, amén de unas dosis de insolidaridad que rozan el esperpento, ha reaccionado tarde y mal, manteniendo su actitud ya clásica de desprecio a los países del sur.
Y la más gorda: los fines del Estado, según los conocemos hoy, son antiguos. El concepto de ‘seguridad pública’ ha cambiado radicalmente en el último mes. No es de las balas de lo que hay que protegerse. Es de otra cosa. Y es muchísimo más peligrosa. Mata más. Y mata globalmente, porque las amenazas no son locales.
Protegerse de esto implica, primero, comprender que el problema es global y, después, potenciar de manera drástica e inevitable nuestra capacidad para la investigación y a nuestros investigadores, nuestra sanidad y a nuestros sanitarios, nuestros recursos sociales y de protección de la dependencia, los efectivos humanos, técnicos y económicos que somos capaces de poner a disposición de las situaciones de catástrofe. Porque si del llamado ‘estado del bienestar’ quisimos (quisieron) evolucionar al ‘estado de la seguridad’ (de tiente mucho más económico que policial, por cierto), definir el concepto de ‘seguridad’ se hace hoy más necesario que nunca. Disponer de los mecanismos precisos para hacer que esa seguridad sea posible implica repensar integralmente los Presupuestos  de la Unión Europea, los Generales del Estado, los de las comunidades autónomas y los de las corporaciones locales. Seguramente también los de la OTAN, los de la ONU (especialmente los de la OMS). Dotar a los pueblos y a las personas de medios de subsistencia que garanticen vidas dignas, donde subsistencia significa algo más profundo que llegar vivo a fin de mes.
El dinero, no me cabe duda hoy, hay que dedicarlo a otra cosa. La responsabilidad social de las empresas hay que hacerla valer más allá de las donaciones graciables de aparatos carísimos a los hospitales (que bienvenidos sean a falta de otros caminos para ejercitarla). La fiscalidad tiene necesariamente que cambiar.
‘Estar seguro’ es lo que quiero que hoy me dé el Estado.
Nota al pie: ayer por la mañana se murió Luis Eduardo Aute. Me atreví a parafrasear una de sus canciones para titular este blog. En este tiempo de muerte parece solo una más. Pero es mi adolescencia, mi juventud y una buena parte de mi edad madura. Hasta siempre, hermano Eduardo.
Y el dibujo es de mi hermana Maripepa.